martes, 28 de agosto de 2012

Mine, capítulo 39.


Mine, capítulo 39. "Es difícil verte cuando hay tanto dolor".

Justamente como yo pensaba, las cosas no fueron siempre fáciles para nosotros dos; Tuvimos la primera pelea dos semanas después.  Claro que ya las habíamos tenido antes, pero no contaba como "Pelea", era una de nuestras discusiones infantiles que amaba, que siempre terminaban con un beso. Pero esta vez no era así, era real. Era fuerte. No sobre Clea, ni sobre Oliver, ni siquiera sobre nosotros dos.
 Esta vez, era algo diferente.
Muy diferente.
 Estabamos en el sillón; Yo estaba sentada y Lucas acostado, con una almohada sobre mis piernas mientras yo jugueteaba con su  cabello. Estabamos viendo una película, o eso su suponía, pero lo único que hacíamos era pláticar y reírnos irremediablemente. Él me hacía cumplidos lindos por el que todas las chicas matarían y yo me avergonzaba y le decía que era mentira, ocultando mi rostro con mi cabello y dandole golpes pequeños en el brazo, con él fingiendo que le dolían.
--Es enserio--Dice.
Bajo la cabeza para verlo.
--Mentira.
--¡Que sí!
--Cállate o te correré--Le amenazo con una sonrisa.
Se levanta lo suficiente como para besarme ligeramente y luego volver a acosarse sobre mis piernas.
--No, no lo harás.
--¿Quieres hacer una apuesta?
Antes de que conteste mamá entra por la puerta con el correo en sus manos. Lucas la saluda aún con la cabeza recostada sobre mis piernas, y mamá lo saluda distraídamente. Antes de poder decir cualquier cosa, ella dice:
--Lena, creo que aquí hay algo para ti.
Y como nunca hay correo para de nadie más que no sea mi papá, cierro los ojos cuando mamá se acerca  y me entrega la carta. Suspiro, deseando que fuera sólo un sueño. Y sueño, muy, muy feo.
 No es sorpresa cuando veo su nombre ahí escrito, pero en vez de empezar a hiperventilar, la pongo enseguida de mí en el sillón. Mamá ha visto también el nombre, así que se queda ahí parada esperando a que diga algo.
 ¿Es que nunca leía quién me las ha estado mandando?
--Gracias, mamá.
Ella suspira y se aleja diciendo que estará en su cuarto, por si la necesitamos. Y entre sus palabras está escondido un : "Estoy escaleras arriba, no hagan nada inadecuado".
 Tomo el control de la tele y cambio el canal.
Noto la mirada de Lucas desde abajo.
--¿Porqué te afecta tanto?--Pregunta.
Sonrío, como si estuviera confundida.
--¿Qué cosa?
--Deja de fingir. Me refiero a tu papá y a todos los mensajes. Creo que sólo quiere hablar contigo, ¿No crees?
 Lo miro de reojo, mientras mi sonrisa se desvanece.
--Tú no sabes nada--Murmuro--¿Te gusta este programa?--Señalo la pantalla con el control.
--Entonces explícamelo--Dice.
Sin mirarlo, aplasto los botones del control.
--Entonces hay que cambiarlo.
El me quita el control de la mano y se levanta a mi lado, tomando la carta para no sentarse sobre ella.
Se la arrebato y la guardo en uno de los cajones enseguida del sillón.
--Lena...
--No quiero escuchar ni una palabra. Cámbiale al canal.
--Sólo quiero ayudarle.
Me niego a mirarlo.
--Cambia el canal.
--¿No confías en mí?
Lo miro y me cruzo de brazos.
--Lucas.
--¿Qué?
--Esta es una de esas cosas que no tienes derecho a tocar.
Y como ya he utilizado esas palabras antes por lo de Ellie, el mira al techo y luego me mira a mí, incrédulo.
--Espera. ¿No me lo quieres decir porque yo no te digo qué pasa con mi hermana?
--No es eso.
--Es lo que parece.
Intento quitarle el control, pero lo aleja de mí, mirándome a los ojos.
--¿Porqué haces esto?--Le recrimino.
Levanta las cejas.
--¿Crees que me gusta verte como si alguien se hubiera muerto?
--Yo no...
Antes de terminar la oración, él me interrumpe.
--Sí, sí lo haces.
Me quedo de brazos cruzados mirándole, completamente callada.
--Creo que es un asunto muy personal.
--¡Es difícil verte cuando hay mucho dolor!
Se queda mirándome, esperando  a que yo diga algo. Me tallo mis ojos.
--¿Y entonces qué se supone que tengo que hacer?--Digo, a punto de entrar en lágrimas.
--Creo que tienes que enfrentarlo, Lena.
--¿A qué te refieres?
--Tú me dijiste que quería verte, ¿No? Por eso los mensajes. Todas las cartas. Entonces ve a verlo, habla con él.
Me levanto del asiento y me voy directa a la cocina hecha una furia.
--Haces que suene muy fácil.
El también se levanta y me sigue, lo que es peor, porque a diferencia de muchas veces, sólo lo quiero lejos.
Tomo agua del refrigerador la empiezo a verter en un vaso.
--Es que lo es.
El agua cae en el suelo, un poco. La dejo con manos temblorosas en el lava trastes y lo miro.
--No. No lo es. Tú no sabes nada.
--¿No crees que deberías entonces explícarmelo?
--No.
Me doy la vuelta, dándole la espalda y me obligo a tragar el agua que se queda atascada en mi garganta. Mi nariz empieza a arder, lo que significa que voy a llorar en cualquier momento. Lucas se queda en silencio unos momentos y luego se pone detrás de mí. Recarga sus manos en la encimera, de tal forma que me rodea. Y pone la barbilla en mi hombro.
 Primero pienso que se va a quedar callado hasta que yo diga algo, pero luego dice:
--¿Sabes? Siempre quise hacer esto.
--¿Qué cosa?
--Esto.
Quita las manos de la encimera y me abraza, aún con la barbilla en mi hombro.
Pensé que seguiríamos peleando.
Me hecho a reír, pero después de unos segundos tengo que detenerme, porque las lágrimas silenciosas empiezan a desbordarse.
 Pero él no empieza a decirme esas cosas que los psicólogos dicen "Estás a salvo", "Todo va a estar bien". Sólo empieza a darme besos en el pelo.
--Es doloroso verte tan asustada--Murmura.
--No estoy...
Ni siquiera me molesto en terminar. Ambos sabemos que no es así.
--Si alguna vez quieres contármelo... Ya sabes--Sonríe--Mi hombro está disponible.
Levanto una ceja y sonrío levemente.
--Las personas tienen secretos--Le digo, voltéando hacia él, liberándome de su abrazo--Tu también me tienes secretos, ¿No?
--Sólo porque no es mío, si no te lo contara. Y tú lo sabes, porque ya hemos hablado de esto antes.
--Pues...--Comienzo, pero me quedo corta. Levanta una ceja, esperando a que diga mi excusa--Tú... No puedo.
Se cruza de brazos.
--¿No crees que si sólo lo ves una vez...?
--No, Lucas, las cosas no son tan fáciles. No me dejará en paz nunca.
--No lo hará hasta que te vea.
Respiro fuerte.
--He dicho que no.
--¿No lo harías ni siquiera por mí?
--No lo hago ni siquiera por mí.
Entrecierra los ojos.
--Está bien. No lo veas. No me hagas caso. ¿Pero porqué no lees las cartas? Puedes simplemente leerlas y luego abandonarlas y él no se dará cuenta.
--¿Qué parte no entiendes de No Puedo?
Me agarra de los brazos y se inclina hacia a mí.
--No quiero discutir contigo, ¿Bueno? Cálmate.
Respiro fuerte.
--Pero no dejaremos de discutir acerca de esto, ¿No?
Se inclina de hombros.
--Yo sólo quiero ayudarte.
--Y lo aprecio, pero no.
--De hecho quiero ayudarnos a los dos.
Me cruzo de brazos como él y sonrío ligeramente.
--Ah, ¿Sí? A ver.
--Ya te lo dije: Es difícil verte cuando hay mucho dolor.
Es un poco diferente esta vez: Intento decirle que estoy bien, que estoy feliz con mi vida. Aún más para su sorpresa, ya que nunca pero nunca le digo nada parecido, le dije que era feliz estando con él y que lo quería. Le dije que mi vida estaba bien hasta que perdí el control y terminé gritándole. Él sólo quería ayudarme, yo lo sabía. Dios, lo sabía. Pero soy muy terca y me estaba saliendo de mis cabales. Al final no estoy muy segura de qué terminamos discutiendo, porque ambos comenzamos a gritar perdiendo abosultamente todo el control, aún cuando él intentó calmarme y calmarse a sí mismo. Le dije que no lo entendía, que no era su padre, que era el mío. Que eramos diferentes. Que no creía que en mi lugar lo pudiera hacer mejor.Y me respondió. Me respondió que sólo quería ayudar y que era muy egoísta de mi parte mandarlo al carajo. Me dijo que era muy terca y me preguntó si me parecía justo que él me viera tan asustada y atrapada cuando él me amaba tanto. Lo cuál, por cierto, me dejó tanstornada. Estaba acostumbrada que fuera él el romantico entre nosotros, pero me dejó sin aliento.
Me preguntó si me parecía justo que utilizara a Ellie en su contra. Y seguímos gritándonos hasta que mamá bajó las escaleras y nos preguntó que estaba pasando.
 Lucas le dirige una mirada y luego me mira a mí.
Y al final tengo que murmurar:
--Creo que tienes que marcharte.
Y después de saludar a mi mamá educadamente, sale por la puerta.
Limpio mis lágrimas furiosas mientras mi madre me reclama con la mirada.
Y no tengo más que girarme y encogerme de hombros.


-Sthep Stronger.

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