martes, 21 de mayo de 2013

Unspoken. Capítulo 5.

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Unspoken. Capítulo 5. "Tiempo".


--¿Qué haces?
Gracie se sienta en la isla de la cocina y deja su libro en la mesa, mirándome.
--Preparándome una palomitas. Voy a ver un maratón de La Ley y el Orden, ¿Quieres acompañarme?
  Cuando ella guarda el libro en la mochila y asiente sonriente, me río; Tiene que haber un terremoto para hacer que Gracie suelte un libro que está leyendo. Y aún así sería difícil.
--¡Sólo voy a cambiarme el uniforme!
Ella toma su mochila y sube corriendo por las escaleras.
Yo saco las palomitas del microondas y lleno dos vasos con el Té helado que compré. Luego lo escondo hasta el fondo del refrigerador, porque si mi madre se entera de que consumo cosas “no sanas”, me da un sermón de dos horas. Que bueno, ya tengo diecinueve años (Veinte en unas semanas), pero no maduro mucho en ésos aspectos. O no tanto como a mi madre le gustaría.
  Gracie aparece ya cambiada y toma un vaso.
--¡Azúcar!
Le alboroto el pelo y luego nos dirigimos hacia la sala.
  No pasan ni diez minutos cuando yo ya me he ido.
  Tyler me besó primero.


--¡Te estoy diciendo que no estoy enojada!
Él me siguió a través del patio trasero de mi casa, dónde yo rejuntaba los peluches tirados de Gracie.
--Pues bueno, no fue lo que pareció.
Rodeé los ojos y recogí un feo peluche de abeja que una vez, tiempo atrás, fue mío.
--Tú sólo ves lo que quieres ver.
--Veo lo que me muestras.
Se agachó a mi lado y me tendió una oveja. Se la arrebaté y le metí en la caja de plástico.
Mataría a Gracie si deja sus peluches tirados de nuevo.
--Te estoy diciendo que no estoy celosa, caray.
No me dijo nada, pero lo vi sonreír. Tomé un peluche y le golpeé el brazo con él.
Soltó una carcajada limpia.
--Eres adorable cuando estás celosa.
--¡Yo no…!
--Sí lo estás.
Era verdad, pero, oye, yo tenía mi orgullo.
--NoLe dije a la cara, descaradamente, y luego me alejé.
--Entonces, dime, ¿Por qué estás tan enojada?
--¿No tienes que estar en algún otro lugar?Hago una pausa y murmuroComo con esa zorra pelirroja.
--¡Lo ves!
Parecía muy feliz, la verdad.
Fingí no haberlo oído y avancé por el jardín.
Entonces Tyler jaló de mi mano hacia atrás y yo me estrellé contra su pecho. Perdí el equilibrio y empecé a caer hacia atrás, llevándome a Tyler conmigo.
   Así que, yo estaba debajo de él, y Tyler se estaba riendo. Iba a discutir pero un destello en sus ojos azules profundos me distrajo y me quedé observando. Sus ojos eran exactamente del color azul del mar en una tormenta; Oscuros y hermosos. Tyler sonrió lentamente y liberó su peso de mi cuerpo, pero se tumbó a mi lado, muy cerca de mi cara. Y yo aún seguía observándolo.
  Tyler se acercó más. Y, me besó.
Al sentir sus labios calientes moviéndose con los míos algo dentro de mí se encendió, como una alarma, como prender un botón. Exactamente, como un temblor. Uno que indicaba que era real.
 Cuando se separó de mí, ambos dijimos al mismo tiempo:
--Tienes rojo…
 Reímos al mismo tiempo y estiré la mano para retirarle mi labial rojo de la boca y un poco de su mejilla.
--Creo que lo estoy haciendo peorAdmití, al ver que la mancha roja sólo se expandía.
--Es que no lo estás haciendo bien.
--¿Ah, sí? ¿Y cómo se debe de hacer?
Él sonrió y acercó sus labios a mí. Diez minutos después, cuando nos separamos, miró mis labios y ladeó la cabeza. Con la yema de un dedo, frotó por debajo de mi labio inferior unos segundos, y luego sonrió.
--Listo. Lo quité todo.
Lancé una carcajada al tiempo que las comisuras de mis labios se levantaban en una sonrisa.
--Ahora es tu turnoMe dijo, señalando sus labios con un dedo…


--…Y entonces te decía que después de quemarle el pelo, robé su cartera de su casillero. Sólo para que supieras.
  Miro a Gracie.
--¿Qué tú hiciste qué?
Ella suspira y se toma el último trago de su vaso.
--Bueno, al fin reaccionas. He estado hablándote por casi un minuto. ¿Hay algo de lo que quieras hablar?
--Cálmate, psicóloga.
Gracie me sonríe.
--Descubrirás que soy una caja fuerte.
Ruedo los ojos y miro la televisión, sonriéndole suavemente para que no se ofenda.
--Está bien. Cómo tú quieras. Entonces, ¿Cómo lo llevas con el asunto de Tyler?
Levanto una ceja.
--¿Y tú cómo sabes sobre Tyler?
--Todo el mundo sabe sobre Tyler. Cuando mamá me dijo que venías antes a Nashville inmediatamente supe que era por él.
--No es por él, Gracie. Nunca ha sido por él. Es por ti. Por mamá y papá, y Emma.
--Ajá. ¿Cuántas veces te intentaste convencer a ti misma de eso antes de decirlo?
--¡Gracie! Estás siendo grosera.
--Estoy siendo honesta. Enserio. ¿Estás bien? Quiero decir, tú viniste por él y el niño ya tiene una nueva novia.
  Me vuelvo hacia ella.
--¿Qué?
--Que tú vienes por él…
--La otra parte.
Ella abre los ojos y se pasa la lengua por el labio superior.
--Demonios. Tú no sabías. Lo siento.
   Una sensación muy familiar me inunda.


 --Voy a arrancarle el pelo, lo juroLe dije a Meg
Meg miró en mi dirección, y luego hacia donde yo tenía los ojos clavados.
Ahí estaba esa chica pelirroja, Annie. Coqueteando con mi novio.
--Oh, vamos. Son sólo amigos.
--¡Se le está echando encima!
--Y Tyler no le da ni la hora.
Miré de nuevo hacia ellos. A Tyler, sentado en el escenario del Bluebird Café, preparando su guitarra, y a la nueva mesera, sentada en el suelo del escenario, hablándole con una sonrisa pintada en su rostro, bajando disimuladamente el escote de su blusa.
 Gruñí.
--Igual no me gusta.
Meg me sonrío, con sorna.
--Alguien está celosa.
--No estoy celosa.
 Es solamente que lo mío era mío, y ya.
De acuerdo, tal vez si estaba celosa…

Pero esta vez, es diferente. Esos celos eran ardientes, como fuego, furiosos. Éstos son sólo una mala sensación en el pecho.
Tardo unos segundos en acordarme de respirar.
--¿Cómo te enteraste tú?
--Emma estaba comentándoselo a mamá.
  Es por ello que Emma me dijo que era mejor que lo dejara ir. Y luego recuerdo a Meg, diciéndome que me cuidara.
Dejo salir el aire atrapado en mi pecho lentamente.
--Lo siento, Terra. No sabía que tú no sabías.
Se escucha afectada.
La miro y sonrío.
--Está bien, Gracie. Tenía que enterarme de cualquier manera.
Gracie parece tímida cuando dice lo siguiente:
--¿Significa que ya no vas a ir tras él? ¿O qué?
  Una novia, eso es lo que me hace verlo todo claramente; Él no sólo siguió sobre mí, sino que siguió con toda su vida. Él empezó de cero. Yo soy la parte del rompecabezas que ya no encaja. No tuvo exactamente que ver conmigo, es sólo que así son las cosas: Olvidamos y avanzamos.
  Y creo, creo que yo tengo que hacer lo mismo.
Ya es tiempo.


                                                              


--¿Meg?
--Hola.
Giro sobre mi cama y miro el reloj en la mesita de noche. Son las siete.
--¿Porqué me levantas tan temprano?
Ríe al otro lado de la línea.
--Llegué anoche. Te invito a desayunar. Vamos, levántate.
Generalmente le hubiera dicho que no me llamara tan temprano nunca más, sin embargo, me encanta desayunar en su casa, ya que su familia acostumbra a irse a la mesa de jardín del patio, dónde todo está lleno de flores de diferentes tipos y diferentes olores. Es en verdad muy precioso. Además, Meg hace unos hot-cakes geniales. O, bueno, al menos mejor que los míos.
--¿En una hora?Le ruegoNo soy madrugadora como tú, Meg. No puedo abrir mis ojos.
Ella ríe al otro lado de la línea.

                                                                        
          


Cuando llego a casa de Meg, ella ya me está abriendo la puerta incluso antes de que yo toque. Así es Meg; es una pequeña niña ansiosa. Es mi mejor amiga.
Meg me abraza en cuanto me ve subir los escalones y le devuelvo el abrazo. Reímos juntas.
Ha pasado tanto tiempo.
Me mira de pies a cabeza y sonríe.
--Te ves genial, Terra.
--Podría decir lo mismo.
Puedo.
Meg es ahora unos centímetros más alta y su cabello ha crecido. Su sonrisa es un poco más radiante. Ella es un poco más brillante.
  Parece absolutamente feliz con su vida.
Y me alegro por ella.
Sonríe más y me toma del brazo, conduciéndome dentro de la casa.
--Siento que te enteraras de lo de Charlotte de esa manera, corazón. ¿Quieres hablar al respecto?
La miro, un poco confundida.
--¿Qué?
Es ella ahora quién me mira confundida.
--CharlotteRepite--¿La novia de Tyler? Gracie me dijo que accidentalmente te contó sobre ello.
--¿Cuándo hablaste con Gracie?
--Anoche. Tú estabas dormida y ella contestó el teléfono. Se oía un poco perturbada, y le pregunté qué pasaba. Terra, ¿Estás bien?
Asiento.
--Estoy bien.
Entramos aún agarradas del brazo a su casa y atravesamos la sala hasta la puerta del patio.
--No es como si yo en verdad esperaba que me aceptara de regresoContinúoDespués de tanto tiempo.
  Pero en verdad yo estaba esperando eso.
Creo que es la peor parte. Fui bastante ingenua como para creérmelo de verdad.
   Meg me mira con compasión, como si pudiera ver a través de mi alma. Creo que puede hacerlo, ha estado pegada a mí tantos años.
Cómo la he extrañado.
--Estoy bienDigo.
Parece que por primera vez, Meg no sabe qué responderme.
--Princesa…
Pero no continúa. En vez de eso toma de mi brazo más fuerte y me lleva al patio, dónde su madre está sentada hablando con un muchacho probablemente de nuestra edad. Su madre sonríe cuando me ve y yo la saludo. Luego se gira hacia el joven.
--Mi sobrino, Jason.
El chico me sonríe educadamente. Es muy lindo, tengo que admitir. Guapo: Cabello marrón y grandes ojos verdes.
Le sonrío de vuelta.
--Hola—Respondo.
Meg me da un empujón en la cintura y me levanta una ceja.
Sé lo que piensa, y ruedo los ojos para ella en respuesta: “¡De ninguna manera!”.
Si me pongo a pensarlo, todos mis novios los he conocido gracias a Meg. Ya es tiempo de que deje de ser mi ángel de San Valentín.
Ríe.
--Comeríamos con ustedesdice la madre de Meg educadamente, acomodando su cabello teñido de rojo detrás de su orejapero nosotros ya hemos desayunado. Ahora me disculpan, porque tengo que ir a ver un maratón de Esposas Desesperadas.
  La madre de Meg siempre me ha divertido. Es como una niña pequeña. Es como una versión mayor de Meg.
--Cariñodice, dirigiéndose a Jason--¿Quieres ayudarme con ésos platos?
--ClaroDice él suavemente.
Cuando se han ido, Meg me suelta el brazo y me mira.
--Ya sé lo que estás pensando. Y la respuesta es no.
Ella levanta las manos.
--No he dicho nada.
--¡Lo veo por todo tus ojos!
Ella sonríe.
--Jason es un muy buen chicoDice, como no queriendo la cosa mientras se dirige hacia la entrada de la casa por la comidaEs el único de mis primos que no me ha espantado a todos los novios.
  Meg tiene muchos primos, y siempre se queja de que la molestan. Aunque se ve que la quieren mucho. Sólo que ella es la única mujer y están un poco resentidos con la idea de que crezca. Sólo son un par de niños grandotes celosos. ¿Cómo en el mundo no es eso tierno?
Voy detrás de ella para ayudar y seguir discutiendo.
--Eso dijiste de Jake. Y de Tyler. Y mira cómo resultó.
Ella frunce el ceño.
--Ellos eran buenos chicos. Que no haya funcionado fue cosa del destino.
Hace una pausa y me mira.
Casi puedo leer en sus ojos la pequeña equivocación en su última frase: No fue culpa del destino, o al menos no del todo, yo tuve que ver.
Oh, genial.
Suspiro y ella vuelve a tomarme del brazo. Es como su manera de darme ánimos.
--Vamos. Hay que darle otra oportunidad a la cosa. Han pasado dos años.
--¡Un año y siete meses!
--Es lo mismo.
--Meg, prométeme que no vas a hacer nada. No le digas nada sobre mí a tu primo. ¿De acuerdo? Prométemelo.
--Mira, te prometo que no voy a hacer nadaDice mientras abre la puerta de nuevo y entra a la casaPorque estoy casi segura de que lo vas a hacer tú solita. Sin mi ayuda esta vez. Tal vez no con éste, pero con otro. Enserio.
Para mi gran bochorno, Jason estaba ahí, recargado en la isla de la cocina, esperando que unas palomitas salieran del microondas.
Nos sonrío al vernos.
--Hola, chicassaluda él, pero me mira.
--JasonDice MegElla es mi mejor amiga Terra. Te conté de ella antes.
--Claro. Un gusto.
  Y así pasó el desayuno.
Como Meg prometió, no interfirió. Y como ella venía diciendo; Yo solita me acerqué a Jason. No fue a propósito, es sólo que él empezó a ser muy amable. Y a mí me encanta hacer amigos. Realmente no sé porqué, nunca lo he sabido, pero no soy de ésa clase de persona conservadora. Pronto estábamos riéndonos los tres y haciendo bromas, mientras eg y yo comíamos nuestros Hot-cakes y él la bolsa de palomitas.
  Me di cuenta de que, quizá en algún futuro lejano le podría decir a Meg que tenía razón. Si yo intentara.
   Pero no voy a hacerlo. No con Jason, ni con ningún otro chico. No por ahora.
Voy a darle a mi corazón unos momentos para respirar antes de dejarlo caer y encajarse los fríos cristales hasta lo profundo.
 Unos momentos para que mi corazón descanse. Que borre a Tyler antes de empezar de nuevo.
Porque voy a empezar de nuevo.


                                                                     
 


Emma me saluda cuando llega a casa del trabajo. Ella deja su bolso negro en la sala y va directamente a la cocina, dónde yo estoy sentada en la isla.
--¿Porqué no simplemente me lo dijiste? Tuve que enterarme por Gracie. La pobre se puso de nervios cuando supo que yo no sabía aún. Pude habérselo ahorrado.
Emma se da la vuelta y cierra la puerta del refrigerador que había abierto. Yo meto los bollitos al horno. O mi intento de ellos.
--¿Qué cosa?
--Que yo venía esperanzada con Tyler y él ya tenía novia. No sé, pudiste decírmelo.
Emma se queda ahí parada.
--Yo… No… Uh… Mira, no te enfades conmigo, ¿De acuerdo? Pensé que era mejor que lo descubrieras por tu cuenta. No era bonita la idea de decírtelo. Lo siento.
Me sacudo las manos llenas de harina.
--No estoy enojada, Emma. Lo entiendo, enserio. Es sólo que cuando me llamaste esa vez que regresaba a casa, supe que ocultabas algo. Honestamente no puedo recordar la última vez que te callaste algo… ¿No se hará costumbre, verdad?
--No.
Suspiro.
--Está bien, entonces.
Mi hermana se acera a mí.
--¿Terra? ¿Te puedo aconsejar algo?
Asiento.
--Odio que mi hermanita esté en esta situación, así que… Mi consejo es que lo intentes. Quiero decir, que lo intentes de verdad. Deja todo sobre la mesa, y luego aléjate. Te hará bien.
--¿A qué te refieres?
--Tyler. Explícale lo que en verdad pasó.
--Emma, ¿De qué va a servir? No va a querer verme después incluso aunque le haya contado la verdad.
--Va a aliviar tu corazón. Lo va a liberar. La verdad siempre lo hace,
Ella se inclina y besa mi cabeza.
--¿Y si aún me odia?Insisto, con mi aliento golpeando su cuello.
--Deja que él lo resuelva por sí mismo. Dale tiempo.
--¿Para resolver qué?
--Sus sentimientos.
--¿Sus sentimientos?
--Creo que él te amó, Terra. Y creo, que cuando amas... no puedes hacer que se desvanezca. Así que dale tiempo para resolverlo después de hablar con él. Dale tiempo para que su corazón le susurre la respuesta.


-Sthep Stronger.

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