martes, 23 de julio de 2013

Fade. Capítulo 9.

<3
Fade. Capítulo 9.

El cuaderno. Página 9.
A veces los ojos no son sólo ojos. A veces son ventanas. Ventanas a lugares oscuros dónde la verdad que nunca quisiste saber habita, esperando que salgas para poder consumirte.


--¿Vas a salir de nuevo con ese chico?Pregunta David tranquilamente, estirando su brazo para tomar la mantequilla a mi lado.
--Sí.
Él asiente.
Pero es mentira. Voy a salir, claro, pero no con él.
--Se ve… amable. ¿Es lindo contigo?
¿Usó la palabra lindo?
Humm…
--Sí, es bastante genial.
--¿Y qué planes tienen hoy?
--Creo que iremos al cine o algo, no estoy segura. Me encontraré con él; Voy a usar el auto de mamá.
    Pero veinte minutos después, estoy muy segura a dónde me dirijo.
Cuando veo el edificio enfrente de mí, sé que no debería hacer esto. Sé que probablemente no me dejarán entrar, pero sobre todo, no estoy segura de querer estar ahí. No estoy segura de querer escuchar las alucinaciones de mi madre loca.
 Pero aun así, salgo del auto y arrastro mi trasero hacia la entrada. La recepcionista me mira con ojo crítico y la tranquilizo diciéndole qué sé las reglas: Nada de contacto físico.
--No deberías de estar aquí. A tu familia no le gustaría.
--Es mi mamá.
--Que se puso agresiva la última vez que estuviste aquí.
Espero a que me den el pase, callada.
Ella suspira.
--Muy bien, pero te meterás en problemas, no digas que no te lo advertí. Y, por el amor de Dios, no le digas nada que le pueda afectar. Ya tiene mucho por su cuenta.
Me tiende la tarjetita y yo me la cuelgo de la blusa, volviéndome hacia el pasillo hasta la sala común, dónde todas estas personas se entretienen e intentan olvidar sus vidas.
  Y ahí está ella. Está sentada en una mesa barajando unas cartas, sola. Se ve aún más delgada que la última vez, más acabada y… Sola. Tan sola.
--¿Mamá?
Con el sonido de mi voz, voltea y sonríe. Y de pasada rompe mi corazón.
--¡Cassidy! Volviste.
Sonrío y me siento en la silla frente a ella.
--Claro que sí, mamá.
Sonríe dulcemente.
--Pensé que después de lo de ayer no te dejarían entrar hoy. Es una alegría que estés aquí.
--¿Ayer?
Asiente, esparciendo las cartas por toda la mesa.
--Ya sabes, esa espantosa enfermera diciendo “¡No se permite el contacto físico!”.
¿Ayer? Eso pasó hace una semana.
--Claro. Estoy segura que ella no nos molestará hoy.
--¿Hablaste con ella?
Asiento.
--¿Has hablado con Isabel?
Ella asiente, sonriente.
--Dice que ha estado viajando. Está yendo a diferentes hospitales en diferentes países. Está estudiando medicina.
  ¿Estudiando medicina? ¿Su hija muerta de casi dieciocho años? ¿Y viajando? ¿No es esa la excusa que usó para Cam?
--Oh.
--Le pregunté por qué no ha ido a visitarte, me dijo que sus horarios no coinciden con los tuyos. Oh, cariño, pero tu hermana te ama. Sé que encontrarán la manera de verse de nuevo.
  Lo dudo.
Sonrío y asiento.
--¿Has hablado con Cam?
Ahora sacude su cabeza, confusa, algo… ¿Frustrada?
--Creo haberla visto. Estaba ahí, pero luego, no estaba. Maggie me dijo que nunca había visto a nadie.
--¿Quién es Maggie?
--Mi enfermera.
--Oh. ¿Y qué me dices de Vivian? ¿La has visto?
Ella me frunce el ceño.
--Claro que no. Vivian está muerta.
Suspiro. Bueno, al menos no la veo a ella.
--Oh, Cass, mi niña. Tu padre no ha venido aún y yo estoy aquí. ¿Puedes hacerme un favor? Ve a hablar con la señora Rossemount.
--¿Con la mamá de Vivian?
--Debe sentirse tan sola.
Parpadeo, pero asiento.
--¿Cómo te ha ido, Cassidy?
--Bien. Ocupada.
Quiero contarle. Quiero contarle que fui a descubrir quién era mi hermana, que no he encontrado nada. O todo lo contrario: Que encontré algo que no quería encontrar. Quiero contarle que me siento tan confundida. Que no sé si quiero excavar más y que no me guste las respuestas.
   Pero, por supuesto, no puedo hacerlo. Ella tiene suficiente en su plato.
Mi mamá cambia de tema muy de repente.
--¿Recuerdas ésas canciones que Isabel solía cantar?
Asiento.
--Sí. Vi su guitarra en el sótano.
--Ella quería ser escritora, ¿Sabías? Tenía una facilidad para las letrasMurmura, volviendo su atención hacia las cartasParecía que la llamaban. E Isabel obedecía, y sus manos se llenaban de tinta, sus dedos se movían en el teclado de la computadora como si su vida dependiera de ello, y en ciertas ocasiones tomaba esa vieja guitarra y tocaba unas notas, escribía unos versos y… Dejó de hacerlo después de esa noche.
  Junta las cartas de nuevo en dos pilares sobre la mesa.
--¿Te dijo por qué dejó de hacerlo?
Se encoje de hombros.
--Nunca habló con nadie después de eso. ¿La recuerdas tocando, Cassidy?
--A penas.
--Ella me canta algunas veces, cuando estoy durmiendo. Puedo escucharla.
Y las grietas se forman en mi armadura.
--¿Recuerdas cuando ella te cantaba en las noches?
--Ella nunca me cantó por las noches.
--Claro que sí. Sólo que tú no sabías. Te quedabas dormida.
La impaciencia surge.
--¿Cuál es el punto de cantarme si yo ya estaba dormida?
--Lo hacía porque te amaba.
   Mis puños se aprietan.
--Ella ni siquiera me hablaba.
--Tenía su manera de expresarlo, eso es todo.
--No es ciertoMurmuro.
Levanta la cabeza, haciendo una mueca.
--Claro que sí, Cassidy. Ella me lo ha dicho.
Y me quiebro.
--No, no es cierto. Ella está muertaMe levanto de la silla y me inclino hacia ella, con rabia en mi pecho--¡Está muerta, mamá, muerta!
    Mi madre empieza a negar y se tapa los oídos, lo que me hace gritar más fuerte. Las enfermeras y doctoras vienen hacia mí y me sostienen por los brazos mientras lágrimas calientes corren por mi rostro. De rabia. De frustración. ¿Cómo mis padres me han abandonado? Me agarran de los hombros y me arrastran fuera. Ahora mis lágrimas son de tristeza, porque me siento tan sola. Me dicen cosas. ¿Qué me dicen? No importa. Seco mis lágrimas con el borde de mi manga. Me sientan, como si fuera una niña pequeña y me dan un vaso de chocolate caliente. Creo que me preguntan por mis padres. Supongo que luzco en cierta manera como una niña: Con el vestido rosa y conservador y mi pelo recogido en un moño, con una cinta rosada alrededor. Creo que tiene sentido. Creo que está bien. Creo… ¿Qué creo? Siguen hablando. Dejen de hablar, dejen de hablar. Déjenme pensar. Está muerta. Ella está muerta. Y no sé qué hizo de su vida en todo ese tiempo. No sé quién era antes de morir en aquél accidente. ¿Por qué siguen hablándome? ¡Largo! La recepcionista sale de alguna parte y dice que contactó a David. ¿Tenía el número de David? ¿Se lo di yo? No importa. No importa…
--CassidyUnas manos se posan en mis rodillas después de unos minutos.
Reconozco la voz de David. Supongo que ha pasado un tiempo: El chocolate está frío en mi mano.
--Cassidy, mírame.
Y lo hago. David está preocupado. Está inclinado enfrente de mí, con sus manos en mis rodillas.
--¿Puedes llevarme a casa?Murmuro.
Él asiente después de inspeccionar mi rostro y me jala gentilmente de mi mano para levantarme. Pone un brazo sobre mis hombros, protectoramente.
  En el auto, dejo que él haga todas las cosas que no le he permitido hacer: Abre la puerta para mí y me ayuda a ponerme el cinturón.
 Cuando arranca el motor y prende el aire acondicionado, me vuelvo hacia él y pregunto:
--¿Cómo has sabido? ¿Qué yo estaba aquí?
 Suspira.
--¿Creíste que no me iba a enterar? ¿Qué cuando la primera vez una niña causó un disturbio con la persona a quién yo ingresé no iban a informarme?
--¿Lo sabías? ¿Sabías que yo vine aquí antes?
--Sí.
--¿Entonces, porqué…?
--Pensé que, después de lo que pasó ese día con tu madre… Pensé que te habías asustado y convencido de que yo tenía razón: Que estés ahí no hace bien a nadie. Fue tu advertencia. Así que lo dejé pasar. Pero volviste. ¿Por qué volviste, Cassidy?
--Porque es mi mamá. ¿Por qué tú no me dejas verla?
--Porque eres mi sobrina.
De alguna manera, la conversación termina ahí. Dejamos que la radio rompa el punzante silencio mientras manejamos.
  En casa, subo las escaleras hacia mi cuarto, y cuando él me sigue y me arropa, estoy secretamente agradecida, a pesar de que no voy a dormir. Necesito tiempo a solas. Necesito tiempo para pensar. Necesito tiempo. Creo que él lo sabe, porque no insiste más acerca de nada. Me da un beso en la frente y se va.
   Miro a la nada por un tiempo, y entonces estiro mi mano hacia el cajón de la mesita de noche y saco el bote con las pastillas. Abro la tapa. El olor es embriagante. Estoy segura de que las pastillas que yo he tomado a lo largo de mi vida no tienen un olor en especial (Generalmente las pastillas para el dolor y la fiebre), pero éstas son diferentes. Son más potentes. Medicinas más potentes como, no sé, los antidepresivos para mamá o sus pastillas super potentes de dormir.
   Sé que nunca nadie me dejaría tomarlas. No soy estúpida, he puesto atención en clases. Sé que es el tipo de pastillas que simplemente son demasiado para mi cuerpo. Sé que no puedo.
  Pero.
No me importa. Pienso que, tal vez las utilizaría, honestamente, si llego al límite. Si sólo quiero tumbarme horas como mamá sin saber nada del mundo. Si no quiero ver nada más. Lo que ahora es más probable. Pienso en Sophie, que lo que le pasó está tan mal… Y bueno, pienso en bastantes cosas que están mal. Supongo que simplemente unas cuantas pastillas no va a hacer daño.
   Pero es una mentira.
Si yo no supiera mejor… Si yo no supiera… ¿Qué haría si yo no supiera? Un mundo de posibilidades vienen a mi cabeza, y veo el final de muchos de ellos. Veo que no son buenos. Veo todas las maneras en que estaría acabada si yo fuera estúpida con éstas pastillas. No sólo con las pastillas, con todo lo demás. Lo veo y… Y no me importa. Quiero tomarlas.
  La cosa es que, lo hago: Sé mejor. Es por eso que no puedo hacerlo. No ahora, al menos.
Me levanto y escondo una solitaria pastilla por si alguna vez la necesito en el interior de un collar de corazón mediano hueco que puede abrirse.
  Por si acaso.


                                                                             




--Eh, holaDice Cora, entrando por la puerta--¿Me extrañaste?
A diferencia de mí, ella se quedó el fin de semana.
--ClaroSonrío.
Pongo  mi pequeña maleta sobre la cama y desdoblo mi ropa cuidadosamente. Las pastillas suenan con el movimiento. Cora no se da cuenta.
 Ella se acuesta en su cama y hablamos sobre Sophie un poco antes de que ella se quede dormida. Cora es así; Ella duerme todo el tiempo.
  Salgo a pasear. Simplemente camino por ahí, hasta que encuentro a Alex en una de las pequeñas canchas de básquet. Se encuentra con mis ojos y sonríe.
--Mira a quién tenemos aquí. ¿Buscando por una partida?
Miro mi vestido floreado y mis zapatos tipo ballerinas.
--Uh, los deportes nunca han sido lo mío.
Sonríe.
--No me refiero al básquet.
Frunzo el ceño.
--Amigos, ¿Recuerdas?
--Sabes que voy a ganar.
--Porque eres tan encantadorBufo con sarcasmo.
Ríe y pone la pelota bajo su brazo
--Ya había oído eso antes.
--Eres un presumido.
Se encoje de hombros.
--Me han dicho cosas peores.
Río cuando pienso en Marina.
--Sí, lo he visto.
Sonríe un poco más y suaviza la mirada, mirando mi rostro.
--Te ves muy bonita hoy.
  Hay que admitir que el chico sí que sabe cómo jugar su partida. Pero yo también.
--Lo sé. Pero gracias.
Hay una chispa en sus ojos y me va a decir algo, pero entonces...
--¡Isabel!
Volteo y veo a Graham. Levanto una mano y lo saludo, pero él ya viene caminando hacia nosotros.
--Hola, chicosSaluda.
Sonrío. Alex pone mala cara.
--No te había vistoComento.
Se encoje de hombros.
--He estado en el taller de carpintería toda la semana haciendo un proyecto.
--¿Hay un taller de carpintería?
--Sí, en el bosque. Una semana ocupada.
--Cuando no estás ocupado metiéndote en los pantalones de las chicasInterviene Alex con amargura.
Graham entorna los ojos hacia él.
--Mira quién lo dice.
A tu novia no le gustaría.
Ese simple comentario basta para que su mirada se convierta en hielo. Pero hay algo más. El rostro de Graham se convierte en una sombra. En algo oscuro.
Se fulminan el uno al otro por unos segundos antes de que Graham se gire hacia mí:
--Hay una fiesta  en el lago pronto. ¿Vendrías conmigo?
--LástimaInterviene Alex de nuevoYa se lo pedí yo.
Retrocedo un paso, levantando mis manos.
--Eh, chicos. Deténganse. Primero, tú, no me has pedido nada. Y segundo, tú, ¿Tienes novia?
--No, no la tengo.
--Qué fácil te olvidaste de tu amorAlex ataca de nuevo.
Entonces, pasa: Graham le da un puñetazo a Alex. Retrocedo como reflejo y pongo una mano en mi boca cuando Alex se lo devuelve.
¡Por la Santísima Trinidad!
--¡Basta! ¡Chicos, deténganse!
Se dan unos golpes más, ignorándome. La gente se ha empezado a agrupar alrededor y yo no sé qué hacer. Entonces es cuando veo a An abriéndose paso por las personas hacia los chicos y gritarles:
--¡Ustedes dos! ¡Dejen de ser un grano en el culo y párense, que están haciendo que todos éstos imbéciles aquí parados no me dejen avanzar a la cafetería! ¿No me oyeron, niñatos? ¡Tengo hambre!
  Con los gritos de An ellos dos la miran, y me miran a mí, recobrando la compostura. Se sueltan mutuamente, sobando sus ojos morados o sus muñecas lastimadas.
  An sacude la cabeza con irritación y toma a Graham de la mano para levantarlo.
--¿Estás bien?Pregunta, no como una amiga preocupada, si no como si fuera un entrenador y tuviera que asegurarse de que su jugador no tuviera ningún daño.
  Típico de ella.
--Sí.
--Entonces tal vez yo debería romperte algo para que dejaras de ser una cría. ¿En qué estabas pensando?
  Él frunce el ceño.
--No es tu asunto, Ángela.
An frunce el ceño.
--Muy bien, como quieras. Salva tu trasero tú mismo.
--No pedí tu ayuda.
Ellos se meten en una discusión mientras Alex se incorpora y mueve su mandíbula.
--EntoncesMe dice--¿Quieres ir conmigo a la fiesta?
Ni siquiera le contesto. Me limito a cruzarme de brazos.
--Oh, vamos. Es sólo una pelea, Is.
--¿Sólo una pelea? ¿Qué fue eso?
--Dos chicos en una enemistad.
--¿Por qué?
Alex mira a Graham y me doy cuenta de que An ha desaparecido de su lado y él ahora nos mira.
--Simplemente no nos entendemosTermina.
Graham escupe sangre en el suelo y se marcha.
Miro a Alex.
--Escucha, sé que él parece todo mono, pero no lo es, Is. Él… No salgas con él.
--¿Qué? ¿Por qué?
--Él es diferente.
--Oh, enserio. Porque también me advirtieron sobre ti. Sobre que engañas a las personas para obtener lo que quieres. Me dicen que juegas.
  Me mira a los ojos.
--Rumores.
Levanto unas cejas.
--¿Enserio?
--¿Vas a juzgarme por salir con un par de chicas con las que no funcionó?
Me cruzo de brazos de nuevo y aparto los ojos, porque sabrá si me mira que no es exactamente por eso por lo que lo estoy juzgando. Y es que no me importa si salió con miles de chicas. Me importa lo que les hace. Me importa lo que le hizo a Serena y a Isabel. Mi hermana.
--No intentes desviar la reputación de bastardo hacia Graham, Alex. Creo que eso es sólo cosa tuya.
  Levantó una ceja, y yo retrocedí hasta darme la vuelta y desvanecerme de su vista.



                                                                




Busco a Graham todo el día, pero no lo encuentro hasta el día siguiente. En verdad no lo hubiera encontrado en un tiempo hasta que recordé que decía algo de taller de carpintería en el bosque.
  Me cuesta un poco encontrar la pequeña cabaña, así que es un poco tarde cuando llego y unos chicos y chicas se retiran. Suspiro pensando que Graham ya debió de haberse marchado, pero me adentro de cualquier manera a comprobar.
  Lo encuentro solitario en lo que parece ser un garaje enseguida de la cabaña. Golpeo mis nudillos contra la puerta de madera para que sepa de mi presencia.
--Toc, toc.
Se voltea y le sonrío amablemente.
--Hey.
Doy unos pasos dentro, mirando alrededor.
--Chico, eres un poco complicado de localizar.
--¿De qué hablas? Estoy aquí todo el tiempo.
Sonrío y me pongo frente a él. Pongo unos mechones que se me han escapado de la trenza detrás de mi oreja.
--Sólo venía a checarte.
--¿A checarme?Dice, quitándose unos guantes marrones de aspecto roñoso.
--Ya sabes, por lo de la pelea ayer. ¿Estás bien?
Lo miro fijamente. Ha tenido suerte; Parece igual que el día anterior.
--Sólo tenía una hinchazón. Estoy bien. ¿Entonces irás conmigo a la fiesta?
 Manoseo el tirante en mi hombro del pequeño bolso que choca contra mi cintura, nerviosa.
--Uh. Yo…
--¿Es por lo que Alex dijo?
--Humm…
--No tengo novia.
--¿Entonces…?
--Solía tenerlo. A Alex sólo le gusta poner el dedo en la herida.
Frunzo el ceño.
--¿Por qué?
Se encoje de hombros.
--No nos llevamos bien. Nunca lo hicimos… O casi
--¿Casi?
Se encoje de hombros de nuevo y mueve unas herramientas de la mesa en dónde estaba trabajando.
--Solíamos ser cercanos antes.
--¿Enserio? ¿Qué cambió?
--Cosas, Isabel. ¿Estás intentando cambiar de tema?
Sonrío.
--No. Está bien. Iré contigo. Oye, tengo que irme, quedé con una amiga. ¡Nos vemos!
  Me apresuro hacia la salida, esperando que Cora no haya visto ése maratón de Pretty Little Liars sin mí. La mataré.
  Estoy más o menos a medio camino cuando recuerdo que no le he preguntado cuándo es ni a qué hora, y como no tengo su teléfono para mensajearle, voy de regreso.
 No se da cuenta de que estoy ahí, porque está dándome la espalda y cantando. Sonrío, pensando en restregarle esto en la cara cuando me divise.
 Y yo lo haría. Si él hubiera cantado cualquier canción, cualquiera.
Excepto la que canta:

… Take you pen and write again
If you think it’s going to work

Try the words into your mind…

--Your revenge is coming hard?Completo, sin cantar, con una nota amarga en mi voz.
   No he pensado en This Old Game desde hace años, desde la primera vez que escuché a Isabel componiéndola en su habitación tiempo atrás.
 No he pensado en ella hasta ahora.
Graham se queda paralizado en su lugar y luego lentamente se da la vuelta.
Y cuando veo sus ojos, me mira. No sólo me ve; Me mira. Ve dentro de mi alma y entonces sé.
  Sé que él sabe.
--Hola, Cassidy.


--Sthep Stronger.

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