martes, 25 de junio de 2013

Fade. Capítulo 2.

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Fade. Capítulo 2.

La libreta: Página 2.
El problema con lo desconocido es eso: Que es desconocido. No hay ninguna manera de prepararte mentalmente para lo que pasará después. No hay nada a lo que puedas aferrarte. Es sólo caminar a ciegas entre la tiniebla, rezando para que el suelo no se caiga debajo de tus pies, contando tus pasos. No sabes lo que puedas encontrar. Y tampoco estás segura si quieres saberlo.
   Por otro lado, tu mente puede desarrollar muy bien las imágenes, cómo sería y qué dirías. Pero al igual que el primero, el resultado final es igual de desastroso, porque nada nunca es exactamente como lo imaginábamos.
  El problema con lo desconocido, es que nunca nos agrada del todo lo que hay del otro lado.




Intento mantener mi respiración mientras me veo en el espejo de cuerpo completo de mi habitación.
  Nunca les he mentido a mis padres.
Comenzar ahora, no se siente bien.
“El cumpleaños de Claire”. ¡Sí, claro! Ni siquiera conozco a una tal Claire. Sin embargo, ellos no saben eso.
--Lleva tu celular, CassieMe recuerda mi mamá, entrando en la habitación.
Mi madre se ha puesto histérica cuando le he dicho que voy a salir a una fiesta. Sin embargo, papá y ella se sentaron a hablar y me dijeron que tenía que llevar el celular siempre conmigo, que me iba a marcar cada media hora y si no contestaba, nunca jamás podría salir a ningún sitio. Y tengo sólo dos horas para encontrar lo que sea que estoy buscando en esa fiesta.
  Oh, cielos. Esto no va a ir bien.
--Ya está es mi bolsa, mamá.
--Entonces no olvides tu bolsaResponde bruscamente, doblando furiosamente la ropa que descarté para ponerme sobre mi cama.
Dejo de alisar las arrugar inexistentes de mi vestido color crema y la miro por el espejo. Ella suspira y se sienta. Me devuelve la mirada.
--Lo siento, cielo. Mamá está un poco alterada.
Y ni yo ni nadie pude culparla.
--¿Prefieres que me quede? Puedo quedarme.
Ella sacude su cabeza, porque ambas sabemos que esto no es justo.
--No, cielo, diviértete.
 Está conteniéndose para no decir algo que me haga quedarme.
Cepillo mi cabello rubio con los dedos  y seguido escucho la bocina del auto de Miranda.
Cuando bajo las escaleras, mi padre está ahí interrogando a mi amiga, y esperando a que yo baje para darme un abrazo.
 Tarda más de lo necesario para soltarme de sus brazos.


                                                              
   


--Realmente no piensas en ir allá con eso, ¿Verdad?
Miranda me dirige una mirada desde el asiento conductor.
--No es que te esté criticando, ni nada, enserio. Tu vestido es muy bonito. Pero no termina de encajar a dónde vamos.
  Mi vestido es muy yo: blanco, sencillo, con encaje. Es más o menos lo que uso diario, excepto que esta vez no tengo recogido el pelo.
--Es todo lo que tengo.
Miranda sonríe y sus ojos avellanas resplandecen.
--Lo imaginaba. Por eso te traje ese vestido tan mono de lentejuelas azules. En la parte de atrás.
Me giro lentamente y veo una cosa tendida en el asiento. Como dijo; azul, de lentejuelas. Reluce con las luces de la cuidad.
Pero entonces… ¡Por la Santísima Trinidad! Esto podría hacerse pasar por una blusa.
--¿Miranda? No.
--Oh, vamos, amargada. Sólo póntelo.
--No voy a hacer esto.
Ella resopla.
--Eres toda una monja.
Me cruzo de brazos.
Por lo general Miranda es genial, pero hay veces que hace este tipo de comentarios que hacen que de pronto ya no me sienta tan a gusto con ella. Mi familia es conservadora, ¿y qué? La última vez que alguien en esa casa se soltó la liga terminó muerta en un accidente de tráfico al salir de una fiesta cuando tenía quince años. ¿Enserio, Miranda? ¿Enserio?
  Pero no se lo menciono.
Porque al igual que en casa, Miranda y yo tenemos la misma regla que quiebra poco a poco a mi familia; No hablamos. Ninguna de las dos nunca saca a colación a Isabel. Y cuando pasa, cuando de casualidad pasa, ella se pone toda incómoda.
  Es realmente lo que odio de ser la hermana de aquella chica que murió joven: Todo el mundo lo tiene presente. Porque yo en verdad no soy Cassidy. Yo soy la hermana. Es lo que las personas murmuran por la calle.
--Como sea, no me lo voy a poner.
Miranda sacude la cabeza.
--Pero no digas que yo no te lo dije.
Miro por la ventana, intentando disimular mi molestia con mi mejor amiga.



                                                                     
 


Realmente no sé que esperaba.
Es realmente un poco decepcionante. No lo sé. Supongo que yo sólo esperaba que en cuanto pisara el suelo desconocido de repente todo el pasado de Isabel llegaría hacia mí. Todas las respuestas, todos sus porqués.
  Sin embargo, en aquella fiesta sólo pude saber un par de cosas innecesarias: El uniforme de algún chico que iba de paso, el uniforme de Ashford, de un color guinda con crema, a cuadros; Que Ashford es enorme; Que no tienen tolerancia en los chicos que beben alcohol, por eso han tenido qué engañar al entrenador para echarle vodka  al ponche. No importa, de cualquier manera, ya que él está muy ocupado fuera del edificio discutiendo por el teléfono con su ex esposa para ver lo que sus alumnos están haciendo dentro.
  Al igual que él, yo tampoco puedo hacerlo, ya que yo estoy afuera, viendo la fantástica jardinería (no es sarcasmo, es muy bonito en realidad) y bebiendo algo de ponche que logré salvar antes de que le vaciaran alcohol. Miranda se fue con un chico en cuanto tuvo la oportunidad y me dejó sola. No podría estar más disgustada con ella.
    Suspiro y me llevo el vaso a los labios mientras pienso en el desastre de esta noche. ¡Dios, no hubo nada! ¡Absolutamente nada que podría llevarme a porqué Isabel no volvió a casa en las vacaciones, porqué no volvió a mí! A porqué ella estaba bebida esa noche junto con sus amigos, (¿quien conducía? borracho también) cuando en nuestra familia beber no era bien visto, cuando ella estaba tan hundida como para hacer amistades. Tan hundida como para darse cuenta de que tenía una hermana.
   Maldita sea, Isabel. Maldita sea. ¿Por qué?
En todo caso, si al venir a Ashford ella había (de alguna manera) recuperado quién era antes de eso, … ¿Qué la hizo quedarse?
Una pregunta aún mejor: ¿Quién era mi hermana?
 La cabeza me empieza a doler.
Tal vez sólo tengo qué dejar de darle vueltas.
Tal vez éstas son preguntas sin respuestas. Ésas que tengo que dejar ahora porque si no van a terminar volviéndome loca a largo plazo.
Quizá buscar la vida de Isabel es estúpido. Tal vez no debería de hacerlo.
--Ey, tú.
Levanto la cabeza.
Ahí enfrente de mí hay una chica parada. De cabello negro hasta por debajo de los hombros, con un vestido corto azul, y el maquillaje corrido.
--¿Tú también descubriste que Alex te estaba poniendo el cuerno? Porque no me sorprende. ¡Ese imbécil ha estado con todas! ¡Y al mismo tiempo!
  Es cuando me doy cuenta de que está borracha.
--Me duelen los piesDice ella pesadamente, y seguido va y se sienta a mi lado, en la fría banca.
Ella alza los pies y se desabrocha los tacones.
--¿Estás bien?Pregunto por cortesía.
--Yo estoy bien. Sólo me molesta su nivel de idiotez. Qué imbécil.  ¿Pero tú? Ése idiota ha destruido tanto…
Le sonrío amablemente.
--Lo siento. No conozco a ningún Alex.
Ella entrecierra los ojos y deja caer los zapatos al suelo.
--¿Cómo? No hay ni un alma en este colegio que no conozca a Alex Bakerfield. Es un perro.
--Uh, es la cosa; No voy en este colegio.
Me mira. Quiero decir; me mira bien: Desde mis zapatos hasta mi cabello.
--Ah. Claro. Eres una de ésas niñatas colándose a fiestas de adultos. ¿Cuántos años tienes?
Frunzo el ceño.
--Tengo quinceFarfullo.
Ríe.
--¿Sabes cuantos años tengo yo? Diecisiete.
Empieza a reírse.
Sip, no está en sus cinco sentidos.
Luego suspira y me mira de nuevo. Y entonces pone cara rara.
--¿Qué?
Sacude la cabeza.
--NadaDice ellaSon las sombras. Y un poco el alcohol. Pero juro que te vi los mismos ojos que alguien que yo conocíaParpadea un poco y se acerca más a mi cara. SonríeNop. No tienes ningún ojo raro.  ¡Uf! Ya pensé yo que me estaba volviendo loca. ¿Otra chica con un ojo marrón y otro verde? ¡Raro! Que maleducada soy; Mi nombre es Marina… Espera, ¿No te había dicho mi nombre antes? Porque juro que no suelo venir y decir cosas sin presentarme…
   Pero realmente no la escucho.
Otra chica con un ojo marrón y otro verde.
Chica con un ojo marrón y otro verde.
Marrón y verde.
Mis recuerdos me llevan tiempo atrás, a cuando yo tenía cerca de once años. Mi hermana, un año mayor que yo, se está poniendo lentes de contacto del mismo color marrón que los míos, los de mi madre. Sólo que éstos no son transparentes. En verdad sí tienen color. Mi hermana no los usa porque necesite ver mejor. La razón es puramente estética: Ella está ocultando al mundo el ojo de diferente color al otro.
Está ocultando el color verde tan oscuro pero tan notorio.
Se llama Heterocromia. Mi abuela se los heredó a Isabel. Y cuando ella tenía la edad suficiente para saber lo que quería, se puso pupilentes para que las personas dejaran de mirar sus ojos.
  Está hablando de Isabel.
Hay un noventa por ciento de posibilidades de que esté hablando de Isabel.
Tiene que ser. El destino no puede ser así de cruel conmigo.
--¿Y cuál era su nombre?
Bueno, mañana no va a recordar nada. No importa si le hago un par de preguntas.
--¡Alex! ¡Te digo que es Alex!
Argh.
--No él. La chica.
--¿Qué chica? Ah, ya entiendo: ¡Juegas para el otro equipo!
Dios.
--No. Estoy muy segura de dónde estoy parada.
--Que bien. ¡Uff! Porque ya pensaba que te estaba gustando estoDice señalándose a sí misma.
Suelto una risa.
--No. Pero cuéntame de ésa chica. La de los ojos raros.
De repente su cara se deforma y ella sacude la cabeza. No sé qué ver ahí; si confusión, o el enojo, o la frustración. Su cara es una mezcla de todo.
--Ella se ha idoDice.
Espero en silencio a que continúe. Realmente no sé cómo contestar a esto y que las cosas sigan de acuerdo a mi plan.
--¿Cómo era ella?
Bufa.
--No lo sé... Tenía muchos lados cambiantes… Esa maldita rubia, jodida loca.
 ¿Rubia? ¿Loca?
Mis hombros se hunden en decepción.
Yo soy pequeña y rubia, como mi madre. Mi hermana es alta y morena, como mi padre. No hay posibilidad.
Suspiro.
--Y ahora se ha idoElla empieza a sollozar--¡Le dije, le dije que no se metiera con Alex!
Bueno, no estamos hablando de Isabel, pero aún así falta mucho para que la fiesta termine.
--¿Qué le hizo Alex?
--No lo sé. Nadie sabe. Pero cuando salieron juntos ella era distinta. Alex no es bueno, todo el mundo lo sabe. Se lo dije a Cassidy, yo se lo dije. ¡Y las demás también!
  ¿Cassidy?
Abro la boca y aspiro.
--Marina, ¿Cómo era Cassidy?
--¡Ya te dije que no lo sé!
--FísicamenteInsisto.
Ella me mira y jala un mechón de mi cabello.
--Era como tú… Rubia…, pero más alta. Y tenía ojos más grandes. Y, bueno, eran de diferente color… Uno marrón y otro verde. De hecho, el marrón es parecido al tuyo… Pero no puedo ver con todas estas sombras… ¿No sientes acaso que el mundo está girando? ¡Está girando y girando!
  Ella se tambalea en su asiento y yo la jalo del brazo.
--¿Y ese era su nombre real? ¿Cassidy?
--Demonios, chica. ¿Qué te importa?
--Por favor.
Frunce el ceño.
--No lo sé. Aquí todos los maestros nos llaman por apellido. Si ella tenía algún otro nombre, no lo sé. Pero se presentó como Cassidy. ¿De acuerdo? Ella hace una pausa y me miraMierda. An va a estar tan enojada conmigo si se entera que te estoy hablando de Cassidy.
  Me pregunto por un momento quién es An, pero ése no es el asunto en cuestión. No ahora.
--¿Marina?
--¿Cuál es tu nombre, eh? Chica extraña. Haces muchas preguntasEmpieza a balbucear otras cosas, algo sobre An y “esa jodida loca”.
--Marina, mi nombre no importa. Necesito que me respondas una última pregunta.
--NoDice, como si fuera una niña de cinco añosTengo qué hacer pis.
--Marina… Si me respondes la pregunta, te ayudaré a llegar al baño.
Ella agita sus pies.
--No puedo. An se enojará.
--¿Quién es An?
--Una amiga. Ella está a cargo .
--¿De qué?
--¡Tengo que hacer pis!
Marina se levanta y empieza a dar saltitos.
--Si quieres ir al baño, respóndeme esto: ¿Cuál era el apellido de Cassidy?
Ella me mira entrecerrando los ojos y da otros brinquitos. Luego pierde el equilibrio y la ayudo a sostenerse.
Gruñe cuando se da cuenta de que me necesita para llegar a cualquier lado.
--BlakeGruñeSu nombre era Cassidy Blake. ¡Tengo que hacer pis!



                                                                     
 


Llevo a Marina arrastrando a las habitaciones que me ha indicado después de ayudarla a llegar al baño. Tardo, ya que está desubicada.
--Esto está tan mal…--Murmura MarinaCreo que ya nos pasamos.
--Me dijiste 38B. Es más adelante.
Ella frunce el ceño.
Una puerta se abre y una chica morena de cabello castaño sale en pijamas de rayas. Ella mira a Marina, y luego a mí.
--¡Annie!Grita Marina.
--Joder, Mar. Cállate. ¿Y tú quién eres?Me pregunta bruscamente.
Me quedo muda ante su hosquedad.
--Uh…
Ella aspira aire y toma a Marina del brazo.
--Cómo sea.
--¡Su nombre es…! Marina me mira y luego a AnUh, no sé cuál es su nombre. ¿Cómo te llamas, chica preguntona?
An resopla y la jala hacia la habitación.
--IsabelRespondo.
El nombre no llama su atención: Marina me sonríe, pero luego An gruñe y la mete a la habitación.
Así que me quedo ahí sola.
Algo no sabía bien en decirles que Isabel es el nombre de mi hermana, no el mío. Que yo soy Cassidy Blake.
“¿Qué has hecho, Isabel?”
  Sea lo que sea que está pasando aquí, creo que no me gusta.
No me gusta nada.
Cuando me dirijo hacia la salida, una pregunta se forma en mi mente. Una que yo ya tenía desde hace mucho, pero por primera vez, las palabras se muestran muy claras para usarlas: ¿Cómo la vida de mi hermana se ha deslizado entre mis dedos?


--Sthep Stronger.

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