lunes, 14 de julio de 2014

Broken Dolls. Capítulo 3

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Broken Dolls. Capítulo 3.


Cuando me despierto, miro a mi alrededor y compruebo que no estoy en St. Gallen. Me hace pensar que fue real. Que me tomaron.
   ¿Pero por qué alguien querría tomar a una pequeña loca?
La respuesta que sea, no puede ser buena.
 Me levanto y compruebo que mis manos están limpias y mi herida ha sido vendada. No logro encontrar mis zapatos, y se me ocurre mirar la suela de los pies. Hay mugre debajo, lo que sugiere que los perdí en St. Gallen, mientras luchaba contra el cloroformo.  Aún tengo el resto de mi ropa.
   La habitación es de tamaño medio, muy impersonal; Sólo una cama matrimonial con almohadas y cubierta bonitas y una cómoda. Hay una ventana, pero no hay manera de que salga por ahí, porque el vidrio no se desliza y es demasiado pequeña.
   El sol resplandece, y  me pone nerviosa, porque si no obtengo mi medicación cada día… Bueno, las cosas se ponen feas.
  Miro la puerta y me asomo por el pequeño rectángulo transparente que hay, hacia el otro lado. Hay algunas personas.
  Pero que me parta un rayo si me voy a esperar aquí a que me maten.
Respiro fuerte y antes de que pueda retractarme abro la puerta de golpe y salgo corriendo por los pasillos. Se ve como un hospital, pero no un manicomio. Los manicomios tienen esta aura de oscuridad, y esto ve se tan… impecable.
  Escucho pisadas fuertes detrás de mí, y apuro el paso.
Nunca he sido buena con esto de los deportes. Creo que lo único destacable acerca de mí es que soy bonita, y crees que eso me habría servido en mi vida antes de St. Gallen, pero la verdad es que ser bonita no lo es todo. Si eres una psicótica como yo, entonces estás bien jodida.
 Ahora desearía cambiar la belleza por el atletismo. Hubiera estudiado Karate cuando tuve la oportunidad. Podría pararme en medio del pasillo y ser una completa Yaki Chan.
  Realmente nunca he tenido mucha suerte.
  Mis pulmones empiezan a quemar y siento que el corazón se me va a salir, pero quiero vivir. Loca y todo, pero quiero vivir. Aún no estoy lista para darme por vencida. Aún no estoy lista para dejar que los demonios dentro de mi cabeza ganen.
   Tiemblo cuando veo las puertas dobles de metal que me llevan hacia la salida. No desacelero, sólo sigo corriendo y abro las puertas con el hombro. Lo que encuentro del otro lado me hace desacelerar un poco.
  Es… ¿Un campamento?
De acuerdo, estaríamos hablando de un campamento super moderno y super caro. El piso es de tierra en algunas partes, en otras tienen camino de piedra. Hay un lago y chicos y chicas en canoas, en lo que se ve una competición dura. Más allá, veo cabañas enormes y un área donde están… ¿Es eso Karate?
  Dejo de bobear cuando siento una mano en mi hombro. Doy un respingo y me doy la vuelta, golpeando a esa persona en la barbilla. Estoy segura que la he roto, y quiero llorar porque me duele hasta el alma. Mi perseguidor es un hombre, uno en traje y corbata.
  Las personas se han detenido a mirarnos, y sigo corriendo. ¿A dónde? A donde sea que este lugar termine. Pero se ve enorme. Se ve…
  Me estrello contra alguien.
Esa persona toma de mis brazos fuerte y por más que quiero pegarle un puñetazo (Con mi mano buena, claro), no me puedo deshacer de él. Es grande y fuerte.
--¡Espera, espera, espera! ¡Deja de moverte! ¡Estoy de tu lado, niña!
Me detengo entonces. Veo a al hombre, y para eso tengo que levantar la barbilla, porque me saca como dos cabezas. En mi metro sesenta, me siento enana. Él tiene expresión seria, con arrugas en la frente. Pero a pesar de eso, luce joven. Veintiocho o así.
  Los pasos llegan detrás de mí y me volteo a mi perseguidor. El hombre es menor que el que me sostiene, y se nota que se ejercita. Le doy unos treinta años y feria. Se frota la mandíbula con la mano.
Ahora sí que las personas están viendo. Se acercan.
 --SeñorDiceYo… Ella…
--Entiendo, SimonsDice el que aún me agarraDéjamelo a mí.
Simons me mira y asiente. No se ve enojado, sólo adolorido. Se da la vuelta y camina de vuelta al hospital.
  Me doy cuenta de que muchos de las personas en esta especie de campamento de ricos son adolescentes. Mirándome.  A la chica pelirroja desaliñada en pijamas que le acaba de dar un puñetazo a alguien.
   Me pregunto si algo de esto es real. Si no estoy delirando.
Cuando estuve en la secundaria, antes de intentar apuñalar a Macey, tuve un muy mal tiempo intentando distinguir qué era real a lo que no. Ahora me estoy acostumbrando a que las cosas que creí que eran verdad  no eran ciertas. Me acostumbré a los cambios constantes en mi vida.
 Quien me agarra empieza a caminar, alejándome de la multitud. Me deshago de su agarre y retrocedo.
--No me toque.
--Señorita… Ehm, ¿Cuál es tu nombre?
Retrocedo otro paso, sin decir palabra.
--Bien, te llamaré Pelirroja. Espero no te moleste, pero no me la pones fácil. Te pediré que me acompañes, por favor.  Estamos llamando la atención aquí.
  Miro alrededor, y ellos como que se dan cuenta de que están observando fijamente. Se mueven, pero lo demasiado cerca como para aún oír y ver.
--No. ¿Qué es este lugar? ¿Quién eres tú? ¿Por qué estoy aquí?
Vuelve a poner su mano sobre mi brazo, sin ofrecer respuesta.
--¡Es enserio, demonios! ¡No me toque!
Pone las manos en alto para que yo las pueda ver, y luego mira alrededor.
--Si nos movemos de aquí, prometo que obtendrás todas las respuestas que quieras.
Dudo. No confío en él, pero tengo la impresión de que si no le hago caso, voy a terminar  muerta asfixiada.
--Bien.
Estira su mano hacia mí pero se lo piensa mejor y me indica el camino. Estoy descalza, así que camino lento y con dolor. Creo que están sangrando o algo.
--Prometo que terminará prontoMe dice.
--No confío en ustedLe digo, rotundamente.
Suspira.
--Justo. Lo siento.
--¿Por secuestrarme?
--Sí.
  Me detengo y lo miro.
--Pero no es lo que piensas-- dice.
--No me diga.
Levanta la ceja.
--¿Crees que si te secuestrara estuvieras aquí?
¿Lo creo?
Mi boca se abre antes de que piense en qué estoy diciéndole a un perfecto desconocido.
--Ni siquiera sé si esto es real.
 Me callo. Me sostiene la mirada, pero seguimos caminando. Cruzamos hasta el otro lado del lugar, hasta una cabaña que luce como la casa principal de las cabañas. Es más grande y más… moderna.
--¿En dónde demonios estoy?
--Lo comprenderás pronto.
Él sube los escalones y abre la puerta. Se gira y se hace de lado para dejarme pasar primero.
  Mi educación cae. Al demonio.
--Bueno, tú estás en verdad muy jodido si piensas que voy a entrar ahí contigo.
--Por favor.
Estoy a punto de decirle que mi respuesta sigue siendo la misma, pero veo honestidad en sus ojos.
--Ya. BienCedo, avanzando.
--Gracias.
--Sí, sí. No me lo agradezcas. Igual te doy un puñetazo de la nada y salgo corriendo.
Sonríe.
--Niña, tú no eres competencia para mí.
--Alguien tiene ego aquí, ¿No es cierto?
Sonríe de nuevo.
Por dentro es enorme y está decorado en tonos durazno y marrón, imitando un estilo modesto, pero totalmente falla con ello, puesto que hay una pantalla plana y estoy segura que los muebles cuesta más que mi casa.
  O mi antigua casa, para el caso.
Me cruzo de brazos mientras el tipo cuyo nombre no sé toca rápido una puerta de madera en mi izquierda y luego la abre sin esperar respuesta.
  Estos ricos.
--EntoncesDice, asomando la cabeza dentro--, se despertó.
Oigo movimiento dentro.
--¿Está aquí?Oigo a la persona dentro decir.
En respuesta, Tipo Con Ego abre la puerta, dejando que la persona dentro la habitación me vea. Me pregunto si me veo tan miserable como me siento, toda despeinada y adolorida.
   Hay un hombre dentro, en lo que parece ser una oficina extremadamente limpia. Él es mayor; podría ser mi padre. Tiene el mismo cabello oscuro que Tipo Con Ego y hay algo en sus rostros que me resulta familiar, así que supongo que son familia. Se ve tan cansado. Como si no supiera cómo sonreír.
--Pasen.
Miro a Tipo Con Ego y me hace un gesto para que entre.
--Todavía no confío en tiSusurro cuando paso por su lado.
Asiente y cierra la puerta detrás de él. Se sienta en una de los sillones de cuero, con las piernas cruzadas. Yo me quedo parada, con mis brazos cruzados también sobre mi pecho.
  Esto no me gusta.
--Siéntese, por favorDice el hombre, con un tono terriblemente frío y formal--¿Quiere algo de tomar?
Niego con la cabeza.
--No.
Me siento en el otro sillón de cuero, y es muy incómodo. Preferiría estar en el de mi casa, el que rechina con el peso y tiene manchas de todo tipo. Es mullido. Familiar. Es…
  Ya no es mi hogar.
--Se preguntará por qué está aquí.
Duh.
--Sí.
--Siento decir que hemos cometido un error. No era usted a quién buscábamos.
Abro los ojos como platos, alucinada.
--¿Estás bromeando? ¿Te refieres a que secuestraste a la chica equivocada?
Frunce el ceño.
--Sí.
  Me quedo callada, malditamente alucinada. La molestia se abre paso por mi cabeza.
Mi mamá siempre decía: Si tienes un problema, arréglalo. Si no lo puedes arreglar, deshazte de él.
  Y yo me estoy deshaciendo de éste.
--Bueno, entonces supongo que me puedo ir.
Empiezo a pararme, pero…
-.No.
Me detengo.
--¿A qué se refiere con que no?
Une las manos y las pone sobre el escritorio, inclinándose hacia a mí como Price lo hace en mis revisiones.
--Me refiero a que puede, por supuesto, pero no lo hará.
 --¿Y por qué es eso?
--Porque tenemos algo que usted quiere.
Me tenso.
--¿Secuestraron a mi hermana también?
--No.
--¿A mis padres?
--No.
--¿Taylor Swift?
--No.
--Entonces a quién sea que tengan, no es mi problema. Me marcho.
Camino hasta la entrada y pongo mi mano sobre la perilla, pero su voz me detiene de nuevo.
--No secuestramos a personas, señorita Hastings. A menos que sea un mal necesario, claro.
Me giro entonces, cruzándome de brazos de nuevo.
--¿Qué no secuestran a personas? ¿Entonces qué estoy haciendo yo aquí? ¿Y cómo sabe mi nombre?
--Que usted esté aquí ahora es un error, y por eso nos disculpamos. Y sé muchas cosas sobre usted, señorita Hastings. Como su psicosis.
  Es entonces, sorprendentemente, cuando me doy cuenta de que camino por un camino minado. Que estas personas son psicópatas peligrosos que secuestran a adolescentes que no se pueden defender muy bien porque les falta un tornillo.
--Usted no sabe nada sobre la psicosisSiseo.
--Sé más de lo que usted piensa.
Me parece ver un flechazo de dolor en su rostro, pero lo apaga y me mira, volviéndose frío de nuevo.
--¿Qué quiere de mí?
Cierra los ojos.
--Tengo una hija, señorita Hastings.
Parpadeo.
--¿Y por qué viene al tema?
Mi boca es un problema. Antes, cuando mi psicosis no era tan mala y mis padres me hablaban, me decían constantemente que me metería en problemas algún día. Tal vez ese día ha llegado. Tal vez voy a morir aquí porque se va a cansar de mí y me va a apuñalar.
  Mierdaaaaaaaaaaaaaaa.
--Mi hija tiene mucho que ver con esto. Es la razón por la cual usted está aquí hoy.
  Esa perra.
--Holly también tiene psicosis, como usted. Fue internada en una clínica hace años, pero fue tomada.
--¿Por quién?
--Personas que conspiran contra la CIA. Personas que quieren hacerme daño.
De repente, todo esto tiene sentido: El pequeño hospital en medio de un campamento, el campamento de ensueño, la maldita formalidad.
  No me jodas.
--¿Son de la CIA? ¿La CIA me secuestró?
--CorrectoDice el Tipo Con Ego.
--Aún no contestan mi pregunta: ¿Por qué?
--Holly fue llevada a algún ladoDice su padre--, y negocié con los secuestradores, a pesar de que es contra las reglas, pero tenía que hacerlo. Me aseguraron de que estaría atendida en una clínica, pero que nunca podría verla de nuevo y nunca la encontraría. Estoy seguro de que cambiaron su nombre y la hicieron pasar por alguien más. Unas pistas me llevaron a St. Gallen, y la única manera de encontrarla era infiltrar a alguien para que la buscara por mis descripciones. Es cuando entraste en escena; Tienes la misma altura, el pelo rojo. Mis hombres pensaron que eras tú, y por eso te trajimos. Lo sentimos, señorita Hastings.
  Doy unos pasos lentamente hacia el escritorio y me paro enfrente de él, cruzando mis brazos. A pesar de todo, es sólo un padre intentando recuperar a su hija.
--Pero si querían a Holly a salvo, ¿Por qué cuando pensaron que era yo me pusieron cloroformo para que me desmayara? Eso no es algo que alguien que me quiere mantener a salvo hace.
--Holly podría asustarse, y necesitaba que no gritase para salir rápido y fácil. Pensé que si estaba inconsciente lo haría mejor. Además, Holly no maneja bien la presión. Su psicosis…
   La hace enloquecer.
Las palabras no suenan, pero está en el aire, flotando.
--Entiendo. Si no soy la que quieren, ¿Por qué no me puedo ir?
--Como director de la CIA, tengo mucha información disponible. Llegó a mí hace un mes la información de un experimento que unos doctores en una universidad muy prestigiosa están desarrollando. Se ha probado con tres personas que sufren de psicosis, y dos de ellas se han curado.
   Dejo mis brazos caer a mis lados.
--No es posibleMurmuroLa psicosis no es curable. Puede que mejore con los medicamentos, pero no es curable.
--Dígaselo a dos de esas dos personas.
Parpadeo, recolectando toda la información en mi cerebro.
--Quiere curar a su hija, ¿Cierto?
Asiente.
--Es arriesgado y las probabilidades de que funciones son menos de la mitad, pero si hay alguna cura, voy a intentarlo. Ambos estamos dispuestos a tomar el riesgo. Como usted.
--¿Yo?
--Sé sobre su hermana, señorita Hastings. Y sé que aunque tenía permitido tener llamadas en St. Gallen, sus padres nunca se comunicaban. Sé que la psicosis le ha quitado muchas cosas, y le ofrezco una oportunidad de tomar la operación.
  Mi corazón late fuerte contra mi pecho.
--¿Por qué cree usted que yo arriesgaría mi vida en una operación que no tiene muchas probabilidades?
Su respuesta es clara y verdadera:
--Porque está desesperada. Y si funciona, puede tomar todo lo que le fue quitado.
     Entiendo que si decido hacerlo y que funcione, no podré tomar todo lo que tuve. Mi hermana no dejará de estar tan asustada de mí, porque nunca olvidará el monstruo que se apodera de mí. Mis padres no me dejarán de ver como la hija que intentó matar a la pequeña. Mi escuela no me dejará de ver como la loca.
   Pero aun así puedo empezar de nuevo. En otra ciudad, con nuevos amigos, y una nueva vida. Puedo hacerlo bien. Puedo hacerlo normal.
--Es una locuraRespiroEspere. Esto tiene truco. ¿Qué quiere a cambio?
Entrecierro los ojos.
--Necesitamos que nos ayude a traer a Holly de vuelta.
--¿Cómo podría yo hacer eso?
--Tienes que volver a St. Gallen. Encuéntrala. Tráela a casa. Y que no la atrapen, porque entonces estará muerta antes de que sepa qué pasa.



-Sthep Stronger.

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