martes, 19 de marzo de 2013

Reckless. Capítulo 17.


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Reckless. Capítulo 17. "A ningún lado".


Me inclino hacia adelante y le susurro sobre el cuello:
--Hola.
Harry da un respingo y hace malabares con sus cuadernos para que no se caigan. Río.
Él respira profundo.
--Demonios, Ridley. ¿Por qué andas por ahí asustando a las personas?
Pero no le contesto, porque apoyado en un casillero a unos metros de nosotros está Max, manteniendo una conversación con uno de sus amigotes, pero con la mirada fijamente en mí. La siento en mi cara. Así que finjo que no lo he visto y en vez de contestarle a Harry sonrío y le jalo de la camiseta hacia mí.
  En un segundo tengo sus labios sobre los míos.
Me asusto un poco, porque mi cabeza empieza a girar y empiezo a no saber cómo respirar ahora que lo estoy besando. Me asusto… porque si no se aparta él primero yo me quedaré enganchada más del tiempo en que debo.
  Porque sus labios me gustan.
Así que cuando Harry me pone las manos en la cintura y me jala contra él después de dudar un momento, me siento más nerviosa pero también más emocionada.
Y empiezo a rezar para que sea él quién se aparte primero.
Harry me aprieta tan fuerte que tengo la impresión de que me voy a quebrar en dos. Enredo mis piernas con las suyas y… ¡Oh, Dios! ¡Que se aparte ahora! Porque yo, yo seguramente no lo haré.
  Entonces me doy cuenta de que me gusta Harry. Y Kimera tiene razón: Cuando alguien te gusta, solo pasa. Es para descubrir que estás enamorada cuando tienes que tomar el tiempo para descubrirlo.
  Harry me gusta…
¡Mierda, Harry me gusta!
¿Cuánto ha durado el beso? ¿Diez segundos? ¿Más?  Maldita sea, ya es suficiente. Tengo que hacer un acopio de todas mis fuerzas para separarme.
  ¿Ya he dicho yo que soy buena para la psicología? Yo quiero mirar hacia atrás para ver si Max estaba observando el beso, y así Harry seguiría mi mirada y comprendería porqué lo besé. Y no tendríamos que hablar sobre esto. Sin embargo cuando me despego y lo miro, él se lame los labios y, y, ¡Además se puso rojo! … Y yo no quiero hacer otra cosa que volver a estar en sus brazos. Y por un segundo, cuando lo veo a los ojos, puedo jurar que él está pensando lo mismo… Humm… ¿Sería suficientemente malo si lo beso de nuevo?
  Cierro los ojos y tomo una rápida decisión. Miro hacia atrás, hacia Max, que nos está mirando con manchas rojas en su rostro y con los puños apretados. Y luego me giro hacia Harry, que como yo he pensado ha seguido mi vista. Pero no se ve enojado ni remotamente decepcionado. Me sonríe un poco y me jala de nuevo hacia a él, pero en vez de besarme los labios, me da un beso en la frente.
   Es como… la cosa más tierna.
Me derrito.


                                                                                                                   




--Lo sientoLe digo al tiempo en que llegamos a su moto.
Toma el casco que ahora se podría decir que es mío y me lo pone.
--¿Sobre qué?
Lo miro mientras me lo abrocha, intentando elegir las palabras.
--Humm… Por eso.
Me mira a los ojos y se pone un poquito rojo, levemente.
--¿El beso?
Asiento mientras sonrío, concentrada en las manchas rojas en sus mejillas. Me asusta un poco cuando mi primer impulso en inclinarme y besárselas. Afortunadamente mantengo mi cordura para mantenerme en mi sitio.
 Se encoge de hombros.
--Está bien.
¿Qué quiso decir con “Está bien”? ¿”Está Bien”, es genial besarte o “Está Bien” me da igual? Porque, oye, yo creo que besarlo es genial.
   Es tan extraño preguntarme si beso bien. Quiero decir… Mierda.
Me acomodo detrás de él y lo abrazo, acomodo mi cabeza contra espalda y cierro los ojos.

                                                                    
 


--No lo séAdmitoCreo que me gusta.
Jordan asiente y pasa una mano por su cabello rubio. Sonríe gentilmente.
--Está bien, pero es suficiente sobre este chico Harry. Ridley, quiero que hablemos sobre tu mamá.
  Me congelo.
--¿Y crees que es una buena idea?
Ladea la cabeza.
--Sí. ¿Tú no?
--Prefiero quemarme el cabello a hablar sobre ella. O con ella.
Jordan levanta una ceja.
--¿Enserio?
--Sí.
--Porque yo creo que te ayudaría.
--Yo no.
--Pero tú no sabes lo que te ayudaría.
--¿Y cómo llegó a esa conclusión?
--Estás aquí.
Me recargo en el respaldo de la silla y la miro, desafiante.
--Sabes, Jordan, me estabas empezando a caer bien. Lo estás arruinando.
--No seas tan descarada. Tenemos que hablar sobre esto, y tú ya sabías.
--Tal vez.
--De seguro.
Doblo las piernas y me quedo callada. Jordan me pregunta sobre mi mamá. Sobre mis problemas. Y no le respondo. Diez minutos pasan y yo no abro la boca.
--¿Sabes que esto le está costando a tu hermano?
--Deja de chantajearme con eso. Yo ya lo sé.
--¿Entonces, cuál es tu explicación?
--Soy una perra.
Eso la deja callada por un momento. Le sonrío, de mis sonrisas características: Frías, hermosas y crueles. Tan filosas como una navaja, tan venenosas como una serpiente.
--¿Exactamente por qué tienes este concepto de ti misma, aparte de lo de tu hermano?
 El problema con los psicólogos es que sólo te preguntan cosas que no estás dispuesto a responder. Nunca te preguntan nada fácil. Supongo que ese es su trabajo… Por eso no me agradan.
 Cierro mi boca de nuevo.
--Muy bien, Ridley Sutton, vamos a ir más despacio. ¿Hay algo de lo que sí quieras hablarme, entonces?
“Dios me dio la paciencia…”


                                                                    



--Soy demasiado guapa para estoMe quejo cuando Harry y yo bajamos los escalones de la clínica hacia su moto.
Me tambaleo un poco en mis botas de tacón, así que Harry me tiende la mano.
--Supongo que síDice, intentando ser amable.
Pero a mí me gusta empujar los límites.
--Tú sabes que sí.
Sonríe, pero no me dice nada al principio. Al final, dice:
--¿Siempre has sido así?
--Así… ¿Cómo?
Me señala y luego me pasa el casco.
--Así, como eres. Descarada, divertida y un poquito arrogante.
Abro la boca para reclamar.
--¡Yo no soy descarada! Soy adorable.
Sonríe y me abrocha el casco, como  generalmente lo hace seguido.
--Por supuesto que síEntonces se inclina hacia a mí, y sé que va a besarme. Tengo la certeza absoluta de que va a hacerlo, enserio. Puedo verlo escrito en toda su cara. Pero al último momento, se aparta. Como si se acordara de que no debería hacer eso.
 ¡Él quería besarme!
Le sonrío de lado, un poco cínica y arrogante.
Evita mirarme. Pero yo tengo que hacer que lo haga. En este momento ya no me importa, quiero que me mire y que bese y que me apriete tan fuerte como para partirme en dos. Así que le jalo de la camiseta para atraerlo hacia mí.
--Ven, tonto.
Me río al ver su cara de sorpresa cuando lo pego a mí y me pongo de puntillas para rodearle el cuello con los brazos y poner mis labios en los suyos. Me responde rápido; Sus labios se mueven junto con los míos (y sabe muy bien) y me estruja contra sí al tiempo en el que el casco se me cae.
Me dan ganas de saltar aún pegada a él.
Algo loco, es que no recuerdo haberme sentido así con Max en ningún momento cuando yo tenía quince años. No recuerdo la emoción, la energía, la adrenalina corriendo por mis venas. Mi corazón latiendo tan rápido.
  Sonrío contra sus labios. Y él también sonríe.
Creo… creo que debí saber, que ya no hay un camino de regreso.
   Después de unos momentos, nos apartamos, principalmente porque tenemos que tomar aire.
 Y Harry me mira fijamente.
--Tienes que admitir que eso te gustó demasiadoLe digo, alzando las manos.
Se encoje de hombros con una sonrisa.
--Estuvo bien.
Abro la boca y levanto una ceja.
--¿Disculpa?
Pero su sonrisa se ensancha y se acerca a darme un beso en la frente, y sé que está tomándome el pelo.
--¿A dónde nos conduce esto, Scott, al final de cuentas?Murmura con los labios rozando mi frente.
Parpadeo y suspiro.
--A ningún lado.
Deja de pasar sus labios por mi frente y mi nariz y se queda quieto, y luego se aparta para mirarme a los ojos.
--¿A ningún lado?
--Mierda, Harry. Mira, tú me gustas. Pero no va a pasar un “Nosotros”.
Clava los ojos en mí, son como dagas azules. Preciosos.
--Dime que no es por Max.
--No es por Max. Es por ti.
--Por míRepite, con tono helado.
--Sí.
--¿Quieres explicarlo?
Me acerco hacia él.
--Sabes que soy una zorra, ¿Verdad? Tú eres buenoHago una pausaHarry, yo me preocupo por ti. Estoy cuidándote.
  Sacude la cabeza, desconcertado y un tanto exasperado. Y un tanto enojado.
--Tú, Ridley, no eres una zorra. Eres sólo una niña insegura que es muy imprudente y arrogante. Y yo estoy demasiado grandecito como para saber lo que me conviene. No necesito que me cuides, carajo.
   Si me pongo a pensarlo, nunca he escuchado a Harry decir una mala palabra. Eso me indica que está muy enojado. Y, por otro lado… No sé si enojarme porque me dijo “Insegura e imprudente, y arrogante”.
  Al final decido dejarlo terminar de desahogarse.
Pero él no hace nada después de eso, sólo me mira fijamente, con ojos como cuchillas.
Siento algo feo presionando en mi pecho.
--Harry, ¿es posible que estés enojado por qué te he rechazado?
Digamos que con eso de los sentimientos yo no soy muy buena. Un gran ejemplo de esto es cuando Harry abre la boca enojado después de que estas palabras salieran de mi boca.
--Maldita sea, Ridley. No es por el beso. No es ni siquiera por nosotros. Es porque tú simplemente piensas que puedes hacer esto a las personas. Eso me molesta. Tú no puedes decidir sobre ellos, tú no puedes provocar algo y luego dejarlos colgando como si fueran de roca. ¡Las cosas no funcionan así en la vida real!Casi me grita, enojado, incontrolableTú no me puedes hacer eso. ¡Creo que ahora entiendo porqué Max te dejó por otra…!
   El silencio llena el espacio, elevándose sobre el extraño, retorcido y deforme sonido de mi corazón al romperse. Se hace un nudo en mi estómago que se retuerce. De repente me siento muy pesada, muy cansada. Mi nariz empieza a picar y se forma un nudo en la garganta.
  Auch.
Ay.
La mirada de Harry se suaviza y deja caer los brazos a sus costados, de repente consciente de que ha cometido un gran error.
--Eres un imbécil.
--Ridley, no. Yo, no. Lo sie…
--Llévame a casaLe interrumpo, agachándome por el casco y metiéndomelo en la cabeza.
  Al principio no oigo a Harry moverse detrás de mí, pero entonces lo oigo exhalar  profundo  y maldecir por lo bajo, y se sube a la moto. Después me acomodo detrás de él, intentando tocarlo lo más mínimo que puedo.
  Se ve tenso. Estoy tensa.
Ninguno de los dos abrimos la boca hasta que él se para enfrente de mi casa, dónde puedo ver a mamá por la ventana sentada en la sala.
--Gracias.
Me bajo y me desabrocho su casco. Pero el seguro se atora y no sé cómo…
Harry se baja de moto y jala el seguro del casco por mí.
--Tiene mañaMurmura.
--Estoy bien, gracias. Ahora déjalo. Yo puedo hacerlo sola.
 Pero digo esto al tiempo en el que el casco cede y Harry me lo quita.
No pienso repetir Gracias. En vez de eso me doy la vuelta y camino hacia la casa.
--RidleyMe llama Harry detrás de miEscúchame.
Me paro y me pongo de perfil para verlo.
-- Creo que yo ya escuché demasiado.
Su rostro… Se ve tan demacrado… Tan… Abatido.
Mierda.
--Déjame arreglarlo.
Me río, pero no hay nada feliz ahí.
--¿Y qué vas a arreglar, exactamente, Harry? ¿Haber dicho lo que piensas?
Niega con la cabeza y da unos cuantos pasos hacia a mí.
--Sabes que no quería decir eso.
--¿Y por qué lo dijiste, carajo?
Se pasa las manos por la cara.
--Porque soy un imbécil.
Entonces, nos quedamos en silencio. Dejamos que el silencio llene todos los vacíos, todos los espacios en blanco entre nosotros. Hasta que yo hablo.
--Está bien, Harry. Vete a casa.
Suspira, aliviado y me acerca para tomarme de la cintura, pero yo me aparto. Sus ojos me mira, interrogante. Un poco confundido, casi podría decir asustado, pero no me la creo.
--Nosotros, Harry… Mira, no sé qué estamos haciendo, porque no tenemos nadaHago una pausaMira, no sé si me entiendes, pero es mejor si lo dejamos pasar. Esto nunca sucedió. ¿De acuerdo? Sólo hay que dejarlo pasar.
  Harry mira detrás de mí, hacia la casa.
--Yo sé que te gusto, Ridley. Y tú me gustas. Eso es algo.
--Pero estoy cuidándote.
 Cuando Harry inhala fuerte y se lleva los dedos al puente de la nariz, claramente irritado, me doy cuenta de que hemos vuelto al comienzo.
 Estoy segura de que vamos a atrapar otra pelea, pero se dirige hacia la moto.
--Está bien, Ridley. Como tú quieras.
 Y luego, se va.
Entro a la casa un minuto después, y yo no sé… No sé si estamos bien o no. Yo no sé… Yo no sé qué va a pasar. Y por primera vez en mi historia con los chicos, me siento asustada de lo que pueda suceder.  Me hace sentir tan miserable que cuando llego a la cocina y mamá me da una taza de té sin decir nada, la acepto.
  Estoy bastante segura de que ha notado que nos hemos peleado.
--¿Te sientes bien, cielo?Pregunta.
Llevo la taza a mis labios y asiento.
--CansadaRespondo tiempo después.
--Van a solucionarloAsegura.
Y, cuando ella pone una mano en mi hombro  y me sonríe amablemente, yo la dejo.
 Se siente como en casa.


-Sthep Stronger.

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