lunes, 14 de julio de 2014

Broken Dolls. Capítulo 3

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Broken Dolls. Capítulo 3.


Cuando me despierto, miro a mi alrededor y compruebo que no estoy en St. Gallen. Me hace pensar que fue real. Que me tomaron.
   ¿Pero por qué alguien querría tomar a una pequeña loca?
La respuesta que sea, no puede ser buena.
 Me levanto y compruebo que mis manos están limpias y mi herida ha sido vendada. No logro encontrar mis zapatos, y se me ocurre mirar la suela de los pies. Hay mugre debajo, lo que sugiere que los perdí en St. Gallen, mientras luchaba contra el cloroformo.  Aún tengo el resto de mi ropa.
   La habitación es de tamaño medio, muy impersonal; Sólo una cama matrimonial con almohadas y cubierta bonitas y una cómoda. Hay una ventana, pero no hay manera de que salga por ahí, porque el vidrio no se desliza y es demasiado pequeña.
   El sol resplandece, y  me pone nerviosa, porque si no obtengo mi medicación cada día… Bueno, las cosas se ponen feas.
  Miro la puerta y me asomo por el pequeño rectángulo transparente que hay, hacia el otro lado. Hay algunas personas.
  Pero que me parta un rayo si me voy a esperar aquí a que me maten.
Respiro fuerte y antes de que pueda retractarme abro la puerta de golpe y salgo corriendo por los pasillos. Se ve como un hospital, pero no un manicomio. Los manicomios tienen esta aura de oscuridad, y esto ve se tan… impecable.
  Escucho pisadas fuertes detrás de mí, y apuro el paso.
Nunca he sido buena con esto de los deportes. Creo que lo único destacable acerca de mí es que soy bonita, y crees que eso me habría servido en mi vida antes de St. Gallen, pero la verdad es que ser bonita no lo es todo. Si eres una psicótica como yo, entonces estás bien jodida.
 Ahora desearía cambiar la belleza por el atletismo. Hubiera estudiado Karate cuando tuve la oportunidad. Podría pararme en medio del pasillo y ser una completa Yaki Chan.
  Realmente nunca he tenido mucha suerte.
  Mis pulmones empiezan a quemar y siento que el corazón se me va a salir, pero quiero vivir. Loca y todo, pero quiero vivir. Aún no estoy lista para darme por vencida. Aún no estoy lista para dejar que los demonios dentro de mi cabeza ganen.
   Tiemblo cuando veo las puertas dobles de metal que me llevan hacia la salida. No desacelero, sólo sigo corriendo y abro las puertas con el hombro. Lo que encuentro del otro lado me hace desacelerar un poco.
  Es… ¿Un campamento?
De acuerdo, estaríamos hablando de un campamento super moderno y super caro. El piso es de tierra en algunas partes, en otras tienen camino de piedra. Hay un lago y chicos y chicas en canoas, en lo que se ve una competición dura. Más allá, veo cabañas enormes y un área donde están… ¿Es eso Karate?
  Dejo de bobear cuando siento una mano en mi hombro. Doy un respingo y me doy la vuelta, golpeando a esa persona en la barbilla. Estoy segura que la he roto, y quiero llorar porque me duele hasta el alma. Mi perseguidor es un hombre, uno en traje y corbata.
  Las personas se han detenido a mirarnos, y sigo corriendo. ¿A dónde? A donde sea que este lugar termine. Pero se ve enorme. Se ve…
  Me estrello contra alguien.
Esa persona toma de mis brazos fuerte y por más que quiero pegarle un puñetazo (Con mi mano buena, claro), no me puedo deshacer de él. Es grande y fuerte.
--¡Espera, espera, espera! ¡Deja de moverte! ¡Estoy de tu lado, niña!
Me detengo entonces. Veo a al hombre, y para eso tengo que levantar la barbilla, porque me saca como dos cabezas. En mi metro sesenta, me siento enana. Él tiene expresión seria, con arrugas en la frente. Pero a pesar de eso, luce joven. Veintiocho o así.
  Los pasos llegan detrás de mí y me volteo a mi perseguidor. El hombre es menor que el que me sostiene, y se nota que se ejercita. Le doy unos treinta años y feria. Se frota la mandíbula con la mano.
Ahora sí que las personas están viendo. Se acercan.
 --Señor—Dice—Yo… Ella…
--Entiendo, Simons—Dice el que aún me agarra—Déjamelo a mí.
Simons me mira y asiente. No se ve enojado, sólo adolorido. Se da la vuelta y camina de vuelta al hospital.
  Me doy cuenta de que muchos de las personas en esta especie de campamento de ricos son adolescentes. Mirándome.  A la chica pelirroja desaliñada en pijamas que le acaba de dar un puñetazo a alguien.
   Me pregunto si algo de esto es real. Si no estoy delirando.
Cuando estuve en la secundaria, antes de intentar apuñalar a Macey, tuve un muy mal tiempo intentando distinguir qué era real a lo que no. Ahora me estoy acostumbrando a que las cosas que creí que eran verdad  no eran ciertas. Me acostumbré a los cambios constantes en mi vida.
 Quien me agarra empieza a caminar, alejándome de la multitud. Me deshago de su agarre y retrocedo.
--No me toque.
--Señorita… Ehm, ¿Cuál es tu nombre?
Retrocedo otro paso, sin decir palabra.
--Bien, te llamaré Pelirroja. Espero no te moleste, pero no me la pones fácil. Te pediré que me acompañes, por favor.  Estamos llamando la atención aquí.
  Miro alrededor, y ellos como que se dan cuenta de que están observando fijamente. Se mueven, pero lo demasiado cerca como para aún oír y ver.
--No. ¿Qué es este lugar? ¿Quién eres tú? ¿Por qué estoy aquí?
Vuelve a poner su mano sobre mi brazo, sin ofrecer respuesta.
--¡Es enserio, demonios! ¡No me toque!
Pone las manos en alto para que yo las pueda ver, y luego mira alrededor.
--Si nos movemos de aquí, prometo que obtendrás todas las respuestas que quieras.
Dudo. No confío en él, pero tengo la impresión de que si no le hago caso, voy a terminar  muerta asfixiada.
--Bien.
Estira su mano hacia mí pero se lo piensa mejor y me indica el camino. Estoy descalza, así que camino lento y con dolor. Creo que están sangrando o algo.
--Prometo que terminará pronto—Me dice.
--No confío en usted—Le digo, rotundamente.
Suspira.
--Justo. Lo siento.
--¿Por secuestrarme?
--Sí.
  Me detengo y lo miro.
--Pero no es lo que piensas-- dice.
--No me diga.
Levanta la ceja.
--¿Crees que si te secuestrara estuvieras aquí?
¿Lo creo?
Mi boca se abre antes de que piense en qué estoy diciéndole a un perfecto desconocido.
--Ni siquiera sé si esto es real.
 Me callo. Me sostiene la mirada, pero seguimos caminando. Cruzamos hasta el otro lado del lugar, hasta una cabaña que luce como la casa principal de las cabañas. Es más grande y más… moderna.
--¿En dónde demonios estoy?
--Lo comprenderás pronto.
Él sube los escalones y abre la puerta. Se gira y se hace de lado para dejarme pasar primero.
  Mi educación cae. Al demonio.
--Bueno, tú estás en verdad muy jodido si piensas que voy a entrar ahí contigo.
--Por favor.
Estoy a punto de decirle que mi respuesta sigue siendo la misma, pero veo honestidad en sus ojos.
--Ya. Bien—Cedo, avanzando.
--Gracias.
--Sí, sí. No me lo agradezcas. Igual te doy un puñetazo de la nada y salgo corriendo.
Sonríe.
--Niña, tú no eres competencia para mí.
--Alguien tiene ego aquí, ¿No es cierto?
Sonríe de nuevo.
Por dentro es enorme y está decorado en tonos durazno y marrón, imitando un estilo modesto, pero totalmente falla con ello, puesto que hay una pantalla plana y estoy segura que los muebles cuesta más que mi casa.
  O mi antigua casa, para el caso.
Me cruzo de brazos mientras el tipo cuyo nombre no sé toca rápido una puerta de madera en mi izquierda y luego la abre sin esperar respuesta.
  Estos ricos.
--Entonces—Dice, asomando la cabeza dentro--, se despertó.
Oigo movimiento dentro.
--¿Está aquí?—Oigo a la persona dentro decir.
En respuesta, Tipo Con Ego abre la puerta, dejando que la persona dentro la habitación me vea. Me pregunto si me veo tan miserable como me siento, toda despeinada y adolorida.
   Hay un hombre dentro, en lo que parece ser una oficina extremadamente limpia. Él es mayor; podría ser mi padre. Tiene el mismo cabello oscuro que Tipo Con Ego y hay algo en sus rostros que me resulta familiar, así que supongo que son familia. Se ve tan cansado. Como si no supiera cómo sonreír.
--Pasen.
Miro a Tipo Con Ego y me hace un gesto para que entre.
--Todavía no confío en ti—Susurro cuando paso por su lado.
Asiente y cierra la puerta detrás de él. Se sienta en una de los sillones de cuero, con las piernas cruzadas. Yo me quedo parada, con mis brazos cruzados también sobre mi pecho.
  Esto no me gusta.
--Siéntese, por favor—Dice el hombre, con un tono terriblemente frío y formal--¿Quiere algo de tomar?
Niego con la cabeza.
--No.
Me siento en el otro sillón de cuero, y es muy incómodo. Preferiría estar en el de mi casa, el que rechina con el peso y tiene manchas de todo tipo. Es mullido. Familiar. Es…
  Ya no es mi hogar.
--Se preguntará por qué está aquí.
Duh.
--Sí.
--Siento decir que hemos cometido un error. No era usted a quién buscábamos.
Abro los ojos como platos, alucinada.
--¿Estás bromeando? ¿Te refieres a que secuestraste a la chica equivocada?
Frunce el ceño.
--Sí.
  Me quedo callada, malditamente alucinada. La molestia se abre paso por mi cabeza.
Mi mamá siempre decía: Si tienes un problema, arréglalo. Si no lo puedes arreglar, deshazte de él.
  Y yo me estoy deshaciendo de éste.
--Bueno, entonces supongo que me puedo ir.
Empiezo a pararme, pero…
-.No.
Me detengo.
--¿A qué se refiere con que no?
Une las manos y las pone sobre el escritorio, inclinándose hacia a mí como Price lo hace en mis revisiones.
--Me refiero a que puede, por supuesto, pero no lo hará.
 --¿Y por qué es eso?
--Porque tenemos algo que usted quiere.
Me tenso.
--¿Secuestraron a mi hermana también?
--No.
--¿A mis padres?
--No.
--¿Taylor Swift?
--No.
--Entonces a quién sea que tengan, no es mi problema. Me marcho.
Camino hasta la entrada y pongo mi mano sobre la perilla, pero su voz me detiene de nuevo.
--No secuestramos a personas, señorita Hastings. A menos que sea un mal necesario, claro.
Me giro entonces, cruzándome de brazos de nuevo.
--¿Qué no secuestran a personas? ¿Entonces qué estoy haciendo yo aquí? ¿Y cómo sabe mi nombre?
--Que usted esté aquí ahora es un error, y por eso nos disculpamos. Y sé muchas cosas sobre usted, señorita Hastings. Como su psicosis.
  Es entonces, sorprendentemente, cuando me doy cuenta de que camino por un camino minado. Que estas personas son psicópatas peligrosos que secuestran a adolescentes que no se pueden defender muy bien porque les falta un tornillo.
--Usted no sabe nada sobre la psicosis—Siseo.
--Sé más de lo que usted piensa.
Me parece ver un flechazo de dolor en su rostro, pero lo apaga y me mira, volviéndose frío de nuevo.
--¿Qué quiere de mí?
Cierra los ojos.
--Tengo una hija, señorita Hastings.
Parpadeo.
--¿Y por qué viene al tema?
Mi boca es un problema. Antes, cuando mi psicosis no era tan mala y mis padres me hablaban, me decían constantemente que me metería en problemas algún día. Tal vez ese día ha llegado. Tal vez voy a morir aquí porque se va a cansar de mí y me va a apuñalar.
  Mierdaaaaaaaaaaaaaaa.
--Mi hija tiene mucho que ver con esto. Es la razón por la cual usted está aquí hoy.
  Esa perra.
--Holly también tiene psicosis, como usted. Fue internada en una clínica hace años, pero fue tomada.
--¿Por quién?
--Personas que conspiran contra la CIA. Personas que quieren hacerme daño.
De repente, todo esto tiene sentido: El pequeño hospital en medio de un campamento, el campamento de ensueño, la maldita formalidad.
  No me jodas.
--¿Son de la CIA? ¿La CIA me secuestró?
--Correcto—Dice el Tipo Con Ego.
--Aún no contestan mi pregunta: ¿Por qué?
--Holly fue llevada a algún lado—Dice su padre--, y negocié con los secuestradores, a pesar de que es contra las reglas, pero tenía que hacerlo. Me aseguraron de que estaría atendida en una clínica, pero que nunca podría verla de nuevo y nunca la encontraría. Estoy seguro de que cambiaron su nombre y la hicieron pasar por alguien más. Unas pistas me llevaron a St. Gallen, y la única manera de encontrarla era infiltrar a alguien para que la buscara por mis descripciones. Es cuando entraste en escena; Tienes la misma altura, el pelo rojo. Mis hombres pensaron que eras tú, y por eso te trajimos. Lo sentimos, señorita Hastings.
  Doy unos pasos lentamente hacia el escritorio y me paro enfrente de él, cruzando mis brazos. A pesar de todo, es sólo un padre intentando recuperar a su hija.
--Pero si querían a Holly a salvo, ¿Por qué cuando pensaron que era yo me pusieron cloroformo para que me desmayara? Eso no es algo que alguien que me quiere mantener a salvo hace.
--Holly podría asustarse, y necesitaba que no gritase para salir rápido y fácil. Pensé que si estaba inconsciente lo haría mejor. Además, Holly no maneja bien la presión. Su psicosis…
   La hace enloquecer.
Las palabras no suenan, pero está en el aire, flotando.
--Entiendo. Si no soy la que quieren, ¿Por qué no me puedo ir?
--Como director de la CIA, tengo mucha información disponible. Llegó a mí hace un mes la información de un experimento que unos doctores en una universidad muy prestigiosa están desarrollando. Se ha probado con tres personas que sufren de psicosis, y dos de ellas se han curado.
   Dejo mis brazos caer a mis lados.
--No es posible—Murmuro—La psicosis no es curable. Puede que mejore con los medicamentos, pero no es curable.
--Dígaselo a dos de esas dos personas.
Parpadeo, recolectando toda la información en mi cerebro.
--Quiere curar a su hija, ¿Cierto?
Asiente.
--Es arriesgado y las probabilidades de que funciones son menos de la mitad, pero si hay alguna cura, voy a intentarlo. Ambos estamos dispuestos a tomar el riesgo. Como usted.
--¿Yo?
--Sé sobre su hermana, señorita Hastings. Y sé que aunque tenía permitido tener llamadas en St. Gallen, sus padres nunca se comunicaban. Sé que la psicosis le ha quitado muchas cosas, y le ofrezco una oportunidad de tomar la operación.
  Mi corazón late fuerte contra mi pecho.
--¿Por qué cree usted que yo arriesgaría mi vida en una operación que no tiene muchas probabilidades?
Su respuesta es clara y verdadera:
--Porque está desesperada. Y si funciona, puede tomar todo lo que le fue quitado.
     Entiendo que si decido hacerlo y que funcione, no podré tomar todo lo que tuve. Mi hermana no dejará de estar tan asustada de mí, porque nunca olvidará el monstruo que se apodera de mí. Mis padres no me dejarán de ver como la hija que intentó matar a la pequeña. Mi escuela no me dejará de ver como la loca.
   Pero aun así puedo empezar de nuevo. En otra ciudad, con nuevos amigos, y una nueva vida. Puedo hacerlo bien. Puedo hacerlo normal.
--Es una locura—Respiro—Espere. Esto tiene truco. ¿Qué quiere a cambio?
Entrecierro los ojos.
--Necesitamos que nos ayude a traer a Holly de vuelta.
--¿Cómo podría yo hacer eso?
--Tienes que volver a St. Gallen. Encuéntrala. Tráela a casa. Y que no la atrapen, porque entonces estará muerta antes de que sepa qué pasa.



-Sthep Stronger.

Broken Dolls. Capítulo 2.

one republic | via Tumblr
Broken Dolls. Capítulo 2.

Kelly Price me sonríe desde el otro lado del escritorio. Junta sus manos sobre la madera oscura y comienza:
--Hola. Voy a hacerte un par de preguntas.
--Ajá.
--¿Cuál es tu nombre?
--Fallon Grace Hastings.
--¿Cuántos años tienes?
--Dieciocho.
--¿Cuándo cumples años?
--3 de Diciembre.
--¿Cuáles son los nombres de tus padres?
--Emma y Luke Hastings.
--¿Sabes por qué estás aquí?
--Intenté hacer daño a mi hermana.
--¿Recuerdas su nombre?
--Macey.
--¿Qué más?
Dudo por un momento.
--Estoy aquí porque… porque veo cosas que no son reales. Tengo alucinaciones y lagunas. A veces no puedo distinguir lo falso de lo real.
--¿Sabes cuál es esa enfermedad?
--Psicosis. Pero la mía es relativamente pasiva.
  Deja de inclinarse a la mesa, poniendo su espalda en el respaldo. Es la señal de que todo va bien. De que no me he perdido.
  Aún.
Una vez psicópata, siempre psicópata.
--¿Cómo te sientes, Fallon?
--Quisiera ver a mi hermana.
Se queda callada unos momentos por mi respuesta.
--Tus padres…
--Ya sé. No es una petición. Solo quería decirlo.
Asiente.
--¿Quieres hablar sobre tu hermana?
--No lo sé.
Llevo mi mano a mi cuello para tocar mi collar, el que mis padres me regalaron cuando cumplí dieciséis años. Es una simple cadena de plata delgada con un colgante en forma de rosa.
  Mis manos se cierran en el vacío. Me lo quitaron cuando ingresé.
Me quitaron muchas cosas cuando ingresé.
--¿De qué quieres hablar?
--A veces, me levanto y… No sé. Espero que alguien venga a rescatarme. A decirme que ya no estoy loca. Que puedo irme. Eso me hace tener esperanza y seguir con mi día, pero cuando me doy cuenta de que no es temporal… No quiero pasar el resto de mi vida aquí. No así.
--No tiene que ser para siempre, Fallon. Cuando tengas 21, eres libre de irte.
--Pero no es seguro. Ni para mí ni para nadie allá afuera.
--Si hay alguien vigilándote…
--¡Pero no quiero a nadie que me vigile! ¡Quiero ser normal y ver a mi hermana sin que me mire asustada!
Me mira unos momentos y asiente.
--Entiendo.
--No, no lo hace. No entiende. No entiende porque no está loca.
--Una vez más, Fallon, la psicosis no es locura, es un desorden mental…
Me levanto.
--He terminado de hablar. Nos vemos.
--Fallon…
Cruzo por la puerta antes de oír otra cosa. Camino por los pasillos en mis pantuflas, los pasillos en los que estaré lo que resta de mi vida. Estos malditos pasillos.
Llego a mi habitación y veo a mi compañera psicótica también. Una que rara vez sale de cama.
  Al menos no soy ella.
Es algo muy de perra pensar eso, pero…
Con una mano ato mi brazo izquierdo a la cama con las ataduras que la cama para locos incluye.  Es para asegurarme de que no me levante por las noches a asesinar a alguien. Me doy cuenta de que no he atado las de los pies, pero qué demonios, no he tenido una laguna en unas dos noches.
  Estoy mejor que cualquier persona aquí dentro.
Cierro los ojos, y cuando el sueño viene a buscarme, dejo que me arrastre hacia abajo.




                                                                   ﮪ




Cuando abro los ojos, estoy parada en un pasillo.
Me asusto.
Miro mis manos, porque se supone que me até, se supone que lo hice para que esto no pasara. Están llenas de sangre y hay una cortada fea en mi muñeca.
  La incredulidad me llena. Me arranqué el brazalete de protección de la camilla.
Pero en mi ropa hay más sangre, y no sé si es mía o de alguien más. Así que, naturalmente, empiezo a sentir pánico. El mismo pánico que sentí cuando desperté de mi inconsciencia en el cuarto de Macey y ella estaba llorando.
  Miro por las ventanas y compruebo que es de noche, pero de cualquier manera, voy a buscar al doctor Harrison. Puedo contar con él. Él sabrá qué hacer.
Corro por los pasillos, y me doy cuenta de que he caminado hasta el otro lado, al lado donde están los peligrosos, al lado en donde una vez pertenecí.
  Me muevo por los pasillos, pero St. Gallen es grande y no he recorrido todo el lugar en los dos años que he estado aquí. ¿Arriesgarme a que algún otro lunático me ahorque? No, gracias.
 Me quedo parada en mi lugar, pero luego reacciono. Porque no voy a morir en este lugar, demonios.
Entonces escucho unas voces.
--¡La tenemos!
Volteo mi rostro hacia la dirección del sonido, y veo a dos enfermeros que no conozco. Y yo conozco a todos ellos, créeme. Sólo que… Que los enfermeros no están aquí en la noche.
--Encontramos a la pelirroja—Dice por celular.
Y se les tiene permitido usar su celular enfrente de los pacientes.
Ellos definitivamente no son de aquí.
Y eso me asusta.
Me muevo para alejarme, pero uno de ellos toma mi brazo y me jala hacia atrás. Me ponen una cosa en la nariz, algo químico, y empiezo a sentirme toda floja y ligera.
--Señor, la tenemos.
Me desvanezco.
Lo peor de todo, es que no estoy segura si esto es real.



-Sthep Stronger.

jueves, 10 de julio de 2014

Broken Dolls. Capítulo 1.

madhouse
Broken Dolls. Capítulo 1.


La primera vez que alguien además de mí se dio cuenta de que había algo mal conmigo, fue cuando intenté matar a mi hermana menor. Después de eso, la palabra que usaban para describirme no fue “rara”, ni “extraña”, ni ningunas otras palabritas inofensivas como esas. Empezaron a ponerme etiquetas. “Peligrosa”, ponían. “Demente”.
    No los culpo, sabes. Tenían razón. Los doctores tenían sus razones para decidir mantener su metro de distancia y mis padres tenían sus razones para evitar que saliera del manicomio y esconder a Macey de mí. Y me alegro por ello, porque no quiero volver a herirla (o intentarlo, para el caso) nunca más.
  Ella cumple cinco años hoy.
Mis padres no me dejarán verla, o darle una carta, o decirle que digo hola.
--Entonces le dije a Marian que le lavaría la boca con jabón si seguía hablando de esa manera tan inapropiada. ¡En la casa del señor, ni más ni menos! Mi hija Katherine se retorcería en su tumba si escuchara lo que su hija anda diciendo por ahí. Estuve con el padre Pascual el domingo y me dijo…--Trina Donovan cotillea sobre su hija y nieta Katherine y Marian. Piensas que no pasa nada con ella, pero las cosas cambian cuando te enteras de que ninguna de las personas que menciona realmente existen.--Cariño, ¿Podrías leernos un libro ahora? No puedo esperar hasta la cena.
  Tú esperarías que sólo un tipo de personas estarían en un manicomio. No es así. Aquí te encuentras de todo tipo de personas: Adolescentes, adultos y abuelos. Supongo que cuando se trata de locura nadie está a salvo.
    He oído que tienen a los niños en un lugar diferente. Me gusta creer que no hay niños aquí, pero los rumores dicen que en otro lado en la cuidad hay una clínica igual donde los tienen. Me asusta cuando pienso en Macey en un lugar así, como este.
  Sonrío a Trina Donovan, una mujer de unos sesenta años que no puede leer porque está prácticamente ciega. Viste pantalones de algodón de pijama gris y una camiseta igual, como el resto de nosotros. El uniforme varía, depende de quién seas: Si eres una adolescente femenina como yo, te dan uno de esos pantalones y una fina blusa gris de tirantes de algodón. Si eres un adolescente hombre, los mismos pantalones y una tira hueso. Si eres mayor, una camisa ancha que cubra absolutamente todo.
    Realmente no nos dan ligas, porque piensan que de alguna manera podríamos herirnos a nosotros mismos o a alguien más, aunque yo no sé cómo podríamos hacerlo. Así que mi pelo cae en ondas, largo y rojo-naranja.
  Supongo que no he alcanzado el nivel de locura y enfermedad malvada lo suficiente como para averiguar cómo matar a alguien con una liga.
--¡Lilah, Lexi, Earl! ¡Fallon nos va a leer ya! ¡Levanten sus traseros arrugados, por el señor!
Los tres ancianos dejan sus cosas y vienen hacia nosotros, en la salita en medio del área común. Bueno, el área común de los que no están tan dementes. Los peligrosos no tienen tanta suerte como nosotros: Los dejan salir de vez en cuando, y cuando pasa, los guardias siempre están sobre ellos para que no se maten o algo así.
  Lo sé porque solía estar en esa área.
Los cuatro ancianos a los que les leo todas las noches, después de la cena, se sientan en los sillones, esperando por mí, porque soy lo único real que tienen. Realmente nadie tiene nada real aquí. Sólo hay juegos de mesas con piezas faltantes y un viejo piano feo y viejo.
  Abro Romeo y Julieta donde lo dejé la última vez. Es la tercera vez que leemos esto, y no por mi decisión o porque no haya otros libros qué leer, sino porque ellos así los quieren.
   Supongo que el amor es una buena escapatoria de ésa horrible realidad.
   Si me preguntan, considero que éste libro es una mierda. Romeo estaba totalmente pensando en otra chica cuando vio a Julieta y luego valió chetos. Vio a Julieta, utilizó una analogía de mierda de un sol (me parece. Mierda, voy a comprobarlo porque lo estoy leyendo de nuevo) y ya estuvo. El chico sólo se quería meter en sus pantalones. O falda, para el caso. Se entiende el punto.
   Estoy en la mitad del discurso de mierda de Romeo cuando alguien toca mi hombro. Miro hacia arriba cuando veo al enfermero.
--Fallon, es hora de tu revisión.
  Nos hacen revisión cada cierto tiempo para checarnos mentalmente. De ahí deciden si ponernos más tiempo con el psicólogo o no y cosas así. Nunca nos dicen cuándo. Sólo nos llaman cuando el día llega.
  El mío es ahora.
Miro a mis lectores y cierro el libro, poniendo el separador.
--Lo siento—Les digo.
--Está bien, mi niña—Dice Trina.
Me levanto, y veo que Lilah ya se ha ido; Mira a la nada con aire nostálgico. No es nuevo.
--Volveré pronto—Digo.
Me voy junto a Cameron, el enfermero que  no me tiene miedo. No somos tan cercanos como para llamarnos amigos, y no creo que nunca en este mundo lo seremos, pero él me habla y me río de sus bromas.
  Él es una de esas personas que aún recuerda que somos humanos.
--¿Qué hiciste, Fallon?
--Nada—Le digo—Enserio.
Me cree. Tal vez le agrado porque no causo problemas.
  Caminamos hacia la oficina de mi psicóloga, con él deteniéndome del brazo, porque esas son las reglas, pero no me toma duro. Es más, casi ni me toca.
  Por una parte, me siento feliz de que alguien confíe en mí, por otra, tengo miedo de volverme loca de la nada y que él no me sostenga lo suficientemente fuerte.
 En la puerta, hay un cartel que pone:

Psicóloga
Kelly Price.

Me espera dentro.
Cameron suelta mi brazo y me dice:
--Buena suerte.
Asiento y le sonrío un poco. Luego miro la puerta, poniendo mi mano en el pomo de la oficina de la loquera.
    Fallon Hastings. Dieciocho años. Ex demente peligrosa extrema.
Bienvenidos a St. Gallen.



-Sthep Stronger.
Tal vez pasen un pequeño tiempo para que publique los demás, pero quería mostrarles lo que estoy escribiendo. Me siento emocionada :D

miércoles, 9 de julio de 2014

Red Thread. Chapter XV


XV
Habían pasado 6 semanas desde que habían comenzado las clases, y todo estaba perfecto. Las materias no eran tan pesadas y la carga de tareas o trabajos no eran muchos.

Estaba detrás del mostrador apoyada en el mismo mientras leía una revista vieja que había encontrado debajo de uno de los sillones.

Margaret se había ido, como siempre, desde que comencé a trabajar aquí. Ella, cuando entré, rápidamente me tuvo confianza y me dio una llave de repuesto para cerrar en las noches y abrir en los fines de semana. Margaret trabajaba en las mañanas de lunes a viernes y en las tardes los fines de semana, mientras que yo entre semana trabajaba toda la tarde y los fines de semana en las mañanas. Me había acostumbrado rápidamente al ritmo de la cafetería.

La pequeña campana que estaba en la puerta sonó, anunciando un cliente.

Rápidamente cerré la revista y la dejé a un lado; acomodé mi delantal y puse mi mejor sonrisa.

Era un muchacho que caminaba hacia el mostrador mientras miraba al suelo con el ceño fruncido, como si el piso tuviera la culpa de su mal humor o yo que se.

Casi puse los ojos en blanco.

-¿Por qué hay una cafetería justo enfrente de Starbucks?- le preguntó al aire mientras observaba la pizarra gigante que estaba a mis espaldas, con el menú.

Borré mi sonrisa inmediatamente.

-Porque si.- contesté a secas.

Su mal humor comenzaba a molestarme.

-Ya veo porque no hay gente...-comentó, alejó su mirada del menú y me miró con sus grandes ojos negros.- Por tu mal humor. Como sea, ¿me permites tomar una foto al mostrador?

Bufé.

-No soporto los rollos estos hipster, ¿de acuerdo? Si quieres tomarle foto a algo, que sea a mi trasero.- contesté de súper mala onda.

El chico sonrió y se le notaron unos hoyuelos a los lados de su boca.

-De acuerdo, date la vuelta.- me dijo mientras sacaba su Nikon

No pude contenerme y puse los ojos en blanco.

-Si no vas a comprar nada, es mejor que des media vuelta y te vayas. En starbucks te necesitan.

-Dame un Caramel Macchiato.

Lo apunté en una nota y me dí media vuelta para comenzar a hacer su bendito café.

-Eres muy guapa, pero noto tu amargura.

-Tu eres el que llegaste de malas y preguntaste éso. No es mi culpa que tu seas tan mala leche. ¿Quieres una magdalena? Las de aquí son las mejores que he probado jamás.

-Tu debes de ser amable independientemente de la actitud del cliente. Es como la realeza y los plebeyos. Tu eres la plebeya que debes de servirme a mí (que por cierto soy la realeza) sin rechistar. Yo te pago. Soy tu jefe.

Terminé de ponerle salsa de caramelo arriba de la espuma del café y me dí la vuelta.

-¿De la realeza tú? ¡Por favor! Con ésa actitud eres peor que un peón, sin ofender a los peones, ya que claro, se deben de sentir ofendidos por compararlos contigo.  ¿Magdalena sí o no?

Se lo pensó un poco y al final asintió.

Puse su café en una charola de un material parecido a la plata, junto a un plato con su magdalena.

-Listo, Alteza.- le dije dando una pequeña reverencia.

-Gracias, Plebeya.- dijo con superioridad, me echó un último vistazo y caminó hacia una de las mesas altas que estaban alejadas de la puerta.

En ése momento llegaron 7 personas, y ahí fue en donde comenzó mi verdadero trabajo de la tarde.

Por momentos, le lanzaba una mirada furtiva al chico, si no estaba leyendo alguno de los libros que estaban esparcidos por toda la cafetería, estaba mirando a la gente pasar.

Limpié un poco por aquí y por allá, hasta que se dio la hora de cerrar.

Conté despistadamente el dinero, ya que el chico todavía no se iba a pesar de que ya tenía 4 horas y 3 Caramel Macchiato.

Cerré la caja, apagué los aparatos y cuando todo estuvo apagado, tomé mi bolso y mi blazer.

-Oye, es hora de cerrar.- le dije desde la puerta.

-Oh, claro, plebeya.- el chico se paró y dejó dinero en la mesa. Pasó enseguida de mí y se acercó un poco.- Buenas noches, muy rico el café, por cierto.

Y dicho ésto se marchó. ¿Qué diablos?

Cerré la puerta por dentro y dejé mis cosas en uno de los sillones.

Fui a la mesa en dónde "Su Majestad" estaba sentado y miré 20 dólares y una nota doblada a la mitad.

Ugh. ¿A qué estaba jugando éste?

Tomé los veinte dólares junto con la nota. El dinero lo dejé en el mostrador junto a otra nota para Maggie:

                        20 pavos de un idiota de hoy (perdona por la expresión, pero de verdad que era un idiota). Su cuenta fue 15.97, guarda el cambio por si regresa.

                                                                                                Sienna xx.

La nota que estaba en la mesa decía "Plebeya", así que ésa la guardé en mi bolso para leerla más tarde, ya que estuviera mas relajada.

Cuando por fin cerré la cafetería, me sentí mejor conmigo misma.

-Hey, llevo rato esperándote.- me dijo Ian, que salió de no sé dónde, asustándome en el camino.

Sonreí como una tonta.

-Hola, lo lamento, un idiota dejó el dinero en la mesa, en vez de pagarme. Perdí mucho tiempo con éso.

Ian me acercó a él con su brazo y lo pasó por mi cintura, pegándome a él. Yo apoyé mi cabeza en su hombro mientras caminábamos a su inmenso jeep.

-¿Te parece bien que te lleve a conocer a mi mamá?- me preguntó una vez que estuvimos dentro del auto.

Lo miré estupefacta.

-¿Con esta facha? ¿Lo dices enserio?- dije mientras señalaba mi atuendo.

Una  blusa holgada azul claro, con unos pantalones cortos color beige muy viejos, y mis viejas converse blancas. Mi cabello estaba recogido en una cola de cabello, pero sabía que estaba completamente despeinada ya que sentía cabellos en mi cara. Mi cabello había vuelto a ser castaño, en las puntas todavía quedaba un poco de rojo, pero ya no era pelirroja.

Ian se rió.

-Tu aunque traigas una bolsa de basura te miras bien.

Lo miré estupefacta, el me sonrió y entonces se me derritió el corazón.

-De acuerdo, vayamos a conocer a tu mamá. Pero si no le caigo bien por el aspecto que tengo, será tu culpa.

El se rió, pero no dijo nada.

Al cabo de unos minutos, él estacionó el jeep enfrente de una casa de dos pisos color beige, los marcos de las ventanas eran cafés y el camino a la entrada tenía a los lados montones de flores. Era una de ésas casas que dibujas cuando eres pequeño. Con el árbol enseguida y todo.

Había luz adentro, así que supuse que ya estaría su mamá ahí.

Los nervios comenzaron.

Ian me abrió la puerta del auto, como todo un caballero y tomó mi mano, yo enseguida la apreté, él se dio cuenta de mi nerviosismo y me dio un beso en la mejilla.

Caminamos hacia la entrada, hasta que llegamos a la puerta, ahí, Ian abrió la puerta y me dejó pasar primero.

De lo primero que me dí cuenta es que olía a pan, queso y especias. Delicioso.

La sala era pequeña, un lovesit color azul y otro individual del mismo color. En medio una mesa de cristal con libros y revistas esparcidas, arriba de ellas había un jarrón beige muy hermoso lleno de girasoles. Al fondo estaban las escaleras y luego un estante también repleto de libros, cuadernos y revistas.

Enfrente de la sala había una televisión pantalla plana y debajo una repisa lleno de fotos.

La casa era inmensamente acogedora.

Enseguida de las escaleras, en la otra pared, estaba una especie de puerta (pero sin puerta) que al parecer llevaba a la cocina.

-Mamá, ya llegamos.- gritó Ian, ya que la música proveniente de la cocina hacía que el demás sonido fuera inexistente.

El volumen de la cocina rápidamente bajó y una mujer de mediana edad, con la cara en forma de corazón, los ojos color avellana y una sonrisa resplandeciente, salió de la cocina. Su cabello, muy diferente al de Ian, era color rubio platino, lo traía recogido en un elegante moño.

Tenía puesto un traje de pantalón y saco color café y una blusa holgada y fajada al pantalón de color rosa bebé.

La mamá de Ian se acercó a nosotros y me dio un fuerte abrazo, yo se lo devolví con ganas, feliz por el recibimiento.

-Gracias por venir, Sienna. Sé que tal ves mi muchacho no te avisó a tiempo, pero quería que fuera sorpresa, para que vinieras tal y como eres.-se acercó a mí.- aquí entre nos, no me caen bien las chicas producidas.

Yo me reí bajito.

-Bueno,si Ian me hubiera avisado, tal vez hubiera venido con vestido de gala y toda la cosa.- bromeé.

Reímos por mi ocurrencia y ahí pude sentirme más cómoda.

-Hice pizza para cenar, ya sabes, casera. Ian me dijo que eres de Italia, así que quise esmerarme un poco con ésto.

Sonreí, la pizza no es meramente italiana, pero la intención es la que cuenta.

Pasamos la noche comiendo pizza, que por cierto estaba deliciosa, hablando de mí, de mi familia y de Ian.

-¿Sabes mamá? Sólo te falta enseñar mis fotos desnudo de bebé.- dijo Ian después de que su mamá contara una anécdota de él cuando fue a una pileta y se le ocurrió hacer pis. Obviamente estaba ése componente que pone color azul y todos se dieron cuenta. Él tenía 13 años.

Le dí la mano y se la apreté, mirándolo con cariño.

La mamá de Ian se disculpó un momento ya que el teléfono no paraba de sonar.

-Estaba pensando en lo que podríamos hacer en tu cumpleaños..- le dije y el me miró, esperando a que siguiera.- Como es sábado, estaba pensando en ir a un lago que hay por aquí cerca con los chicos y acampar. Sería divertido, ¿no crees?

Ian asintió emocionado.

-Me encanta acampar, sería buenísima idea.

Sonreí, encantada.

La mamá de Ian regresó y le dio a él una mirada muy significativa.

No supe interpretar éso, pero me preocupé, porque Ian se tensó inmediatamente.

-Llegó correo.- dijo con la voz tensa, pero sin quitar la cara dulce.

Fruncí el ceño mentalmente.

¿Todo se pone tan tenso aquí cuando llega correo?

Miré el trozo de pan que había quedado en mi plato, como si fuera la cosa más interesante.

Silencio incómodo.

Después de lo que parecieron horas, Ian suspiró.

-Luego lo leo.-dijo simplemente, como sin no le interesara, pero podía ver que si le importaba.

Su mamá suspiró.

-Bueno chicos, yo me retiro, mi día comienza muy temprano. Gusto en conocerte, Sienna, eres un amor.- dijo con sinceridad y me dio un abrazo.

-Buenas noches, gusto en conocerla.- le dije

Ella sonrió.

-Buenas noches, mamá.

Se despidió rápidamente y subió al piso de arriba, dejándonos a Ian y a mí solos en la parte de abajo.

-Ya es tarde, mañana tenemos escuela. Tus papás deben de estar esperándote.- me dijo Ian abrazándome.-¿Quieres que te lleve a tu casa?

Asentí con la cabeza enterrada en su pecho. Olía tan bien.

-Te quiero mucho, Sienna.- me dijo con sinceridad.

Sonreí, enamorada.



Al entrar a mi cuarto, saqué la nota de mi bolso y me acosté en mi cama.

       Eres geniuda y parece que te caigo mal. Me gusta éso. Ninguna chica me había hecho el feo tan rápido. Llevo 3 horas observándote y cada vez me cautivas más. Eres fascinante, mi querida plebeya.

Si me haces caso, ya no serás plebeya, serás una princesa a mi lado. Pero primero me tienes que besar para que pruebes que aunque parezca sapo, me puedo convertir en príncipe, nena.

Lindas piernas, por cierto.

                                 Michael Penn 3109873741 (llámame).

Miré estupefacta la nota. ¿Qué carajos es esto?

Es un cerdo, estúpido y nuevamente cerdo.

Arrugué la nota y la tiré a la basura con todo el asco que tenía.

Ya los hombres ni se molestan en ser amables y educados.

¿Así cómo vamos a avanzar? Por éso estamos como estamos.


-LizzieG

domingo, 6 de julio de 2014

Reseña: Maybe Someday, Colleen Hoover.


Maybe Someday
Reseña: Maybe Someday.
Colleen Hover.
Libro único.
Sydney Blake de 22 años tienen una vida genial: Está en la universidad, con un buen trabajo estable, un maravilloso novio, Hunter, y una buena compañera de cuarto, Tori. Pero todo cambia cuando descubre a su novio engañándola con Tori, y ella tiene que decidir qué hacer a continuación.
  Sydney se siente cautivada por su misterioso vecino, Ridge Lawson. Ella no puede quitar los ojos de él ni dejar de escucharlo tocar diariamente en su guitarra en el balcón. Ella puede sentir la armonía y vibración en su música. Y hay algo sobre Sydney que Ridge no puede ignorar, tampoco: Parece que finalmente encontró a su musa. Cuando se encuentran, pronto se encuentran a sí mismos necesitandose a sí mismos en más de una manera...



-Yo lo traduje y puedes tomarla si gustas-




                                                             Pregúntame si me gustó este libro

                                             

                                                                     Pregúntame qué pasa:
                                                   
          

                                                   Pregúntame que sentí a la mitad del libro:

                                              

                                                                                Y también:
                                                                               
        

                                       Pregúntame qué sentí sobre los personajes la mitad del tiempo

                                                                                          

        
     

Qué sentí por ellos la otra mitad:



Qué sentí por Maggie:

  


                     Pregúntame si este libro me dejó mentalmente capacitada para de hecho escribir palabras:

                                            

                                                                                            Conclusión:
                                                                                                                                                                                                                   



Maybe Someday



Entonces le di tres estrellas en Goodreads. No más, no menos. Porque Ridge me frustró. Porque Warren o Warner o como se llame es una mierda. Y porque me gusta más Maggie que Sidney.
  Ahí está. Lo dije. Lo siento, Sydney, querida, pero aunque eres la protagonista lo único bueno sobre tí es que puedes escribir canciones. No me malinterpretes; Me agradas. Sólo no lo suficiente.
  De hecho la mayoría del libro me frustró, porque quería que ellos dos estuvieran juntos pero luego pensaba en Maggie y cómo ella me caía bien. Y luego me enojaba. Y los odiaba. Los volvía a querer, los volvia a odiar. Y luego vino Warren siendo un absoluto bastardo y sé que toda la comunidad de Goodreads estaba asombardo por mi destreza para insultar personajes.

  No me malinterpretes. Me gustó. Es sólo que los personajes no, y eso me confundía, y estar confundida me enoja, y cuando me enojo doy calificaciones malas o regulares en Goodreads. Ya sé que medio mundo amó este libro, pero yo no soy una de ellas, lo que es realmente triste.



-Sthep.


viernes, 4 de julio de 2014

Reseña- The Squad: Perfect Cover. Jennifer Lynn Barnes


Perfect Cover (The Squad, #1)
Reseña: Perfect Cover.
Jennifer Lynn Barnes.
Serie The Squad.
Primer libro de una duología.
La escuela Bayport opera como cualquier otra escuela: Deportistas en la cima, marginados en el fondo y todos los demás en el medio. Conoce a Toby Klein: Una hacker de segundo año a quien no se le da bien jugar con otros. Ella tiene cero espíritu escolar, un cinturón negro en Karate, y lo que su consejero guía llama una actitud problemática.
Ella es la última persona que esperas que sea invitada al escuadrón universitario de porristas.
El escuadrón de porristas universitario de Baypor está hecho con lo más caliente de lo caliente. Pero los populares son peligrosos en más de una manera. El escuadrón es realmente una cubierta para el grupo operativo de menores más altamente entrenado que el gobierno jamás ha hecho. Atléticamente, son incomparables, aunque hacen que todo se vea fácil en el campo. Mentalmente, son excepcionales, pero con una de sus deslumbrantes sonrisa, tú olvidarás eso. Socialmente, son privilegiadas, así que pueden dirigir y manipular cualquier situación. Y sobre todo, tiene la cubierta perfecta, porque a pesar de sus vueltas y sus reflejos, nadie espera nada de una porrista.
Toby Klein puede que no luzca como la recluta más probable, pero ella nunca ha sido de las que rechazan un reto. Si ella puede soportar el maquillaje, Bayport puede habe encontrada su más reciente animadora.
  Bonitas, populares, armadas, y extremamente peligrosas. Conoce al escuadrón.

*Fue traducida por mí y no tengo problema si tú decides tomarla.

  Encontré este libro porque es la misma autora de The Naturals (libro que lo super recomiendo. Realmente me gustó mucho) y este verano estoy en una racha de espías y un poco de sirenas. Y tengo que decir que me gustó bastante. No sabía que esperar de este libro, pero realmente me gustó.


Entonces The Squad (El escuadrón. Es sólo que lo leí en inglés y suena muy raro decirlo en español) es una cubierta para super espías adolescentes vestidas en camisetas ajustadas, rojsas y brillantes.
  Toby no es material de animadora. Toby no es ni siquiera material de amiga. Ella puede ser muy arrogante, y sé que generalmente es una cosa mala, pero me divertí con Toby. Tiene un autoestima muy elevado y cuando se daba cuenta de que las porristas no son tan idiotas como parecen, ella estaba como "Wey, de hecho tienen cerebro", y me daba mucha risa.
   Me gustaron las chicas, pero siento que en todo el libro vimos muy pocas cosas de quiénes son como personas y dónde están sus prioridades, y por eso es que Toby realmente no conectó con ninguna emocionalmente. Se hace medio amiga de una, pero ya está. Creo que era importante que hubiera una relación entre ellas, pero supongo (ESPERO) que podamos ver eso en el segundo y último libro. Es una porquería que no hayan más libros, porque siento éstas diez chicas (Sí, son diez) necesitan mucho progreso como equipo. Y no creo que haya ninguna tercera parte puesto que el último libro fue publicado en el 2008.

  



-Sthep.

martes, 1 de julio de 2014

Mini reseñas: Of Poseidon y Of Triton. Anna Banks.

Of Poseidon (The Syrena Legacy, #1)
Reseña: Of Poseidon,
Anna Banks.
#1 de una trilogía llammada
The Syrena Legacy.

Galen es el príncipe de los Syrena, enviado a la tierra para encontar a una chica que ha oído que puede comunicarse con los peces.  Emma está de vacaciones en la playa cuando... Auch! (Literalmente) ambos adolescentes sienten la conexión. Pero tomará unos cuantos encuentros, incluyendo uno mortal con un tiburón, para que Galen esté convencido del don de Emma. Ahora, si sólo pudiera convencer a Emma de que ella sostiene la llave a su reino...














                             

Es bastante genial considerando que no esperaba absoultamente nada de este libro. Pero así, nada. Pensé que era un libro equis que me iba a leer porque no sabía qué leer. Pero terminó gustandome bastante. ¿Por qué no había oído de estos libros desde antes? ¿POR QUÉ NADIE LO HA LEÍDO? LÉANLO PERSONAS.

  Entonces. La historia sigue a Emma y a Galen, lo cual es genial porque me gustan cuando son de los dos puntos de vista. Emma está caminando por la playa cuando se estrella literalmente contra el pecho de un tío buenísimo que es Galen, y sienten una chispa *Inserte aquí una pausa para el drama, por favor*. Galen (Se pronuncia Gei-len, por cierto. Por si no lo sabías) se convence de que Emma es la chica que busca y le dice... Que es una sirena.
    Y Emma, naturalmente, está como:

Y tú te quedas pensando: Él es un sireno Tritón y ella es sirena. Todo bien, ¿No?



Quién sabe, quién sabe. TIENEN QUE LEERLO PARA AVERIGUARLO.
Me siento tan emocionada.




                                                                                                          -




Of Triton (The Syrena Legacy, #2)
Reseña: Of Triton, Anna Banks.
#2 de The Syren Legacy.

Emma  ha aprendido que es la última de la línea de princesas Poseidón, y ahora tiene una crisis de identidad: Como una híbrida ella es una fenómeno entre los humanos y una abominación entre los Syrenas. Las leyes de los Syrenas pone que todos los híbridos tiene que morir.
Y como si eso no fuera lo suficientemente malo, la reaparición de su madre entre las Syrenas pone a dos reinos -Poseidón y Tritón- el uno contra el otro. Lo que deja a Emma con una decisión para tomar: ¿Deberías complacer a Galen con su consejo de mantenerse a salvo y esperar por lo mejor? ¿O debería arriesgarse y mostrarse -y mostrar su don- para salvar a personas que nunca ha conocido?
                                                 





               En general:

                                                

         
Como era de esperarse, me gustó mucho. El universo sabe que me lo leí en dos días (O tres) pero en esos dos (o tres) días sentí que mi corazoncito se llenaba de diferentes emociones . Sentí emoción por la historia en general, amor por los personajes principales, rabia por la madre de Emma y Toraf completamente rompió mi corazón por un lado en algún momento.
  Este verano las sirenas van a estar en algún lugar importante en mis lecturas. Y criaturas marinas en general, porque realmente no hay muchos libros de sirenas allá afuera.
  Sé que es muy poco, pero no les voy a decir nada porque no quiero spoilearlos y quiro que los lean porque mi conclusión es que estos libros son geniales.

                                                          


-Sthep.