miércoles, 9 de enero de 2013

The Bet. Capítulo 9


#Día21                                                                                
                                                                                             #BPOV
No tengo la mas mínima idea de como diablos llegué a casa a salvo. 
Maïa estaba mas borracha que yo, y hasta me vomitó en mis oxfords, a mi me dio tanto asco esa escena que terminé vomitando junto a ella al mismo tiempo. 
Había sido una noche muy extraña, ya que en mi vida me había emborrachado; hablé de mis problemas con Andrew y tuve una fuerte pelea con papá.

Me desperté con un fuerte dolor de cabeza. 
Me mareé al notar que mi aliento olía fuertemente a alcohol.
-Me quiero morir. - gruñí tapándome la cabeza con la cobija. 
-¡PODRÍAS DE DEJAR DE GRITAR? Mi cabeza está apunto de explotar. - Gritó Maïa, que estaba acostada a lado de mí. 
Ese grito se sintió como si me hubieran golpeado con un bat de baseball en la cabeza con la fuerza de un luchador profesional. 
-¡Eres tú la que deberías callarte! Yo también me siento así. 
Nos quedamos calladas durante un momento. 
-Iré por jugo de naranja y aspirinas... 
-¿Me traerías? - le dije
Me destapé. 
Ella me sonrió maternalmente y asintió. 
¡Como quería a esta chica revoltosa! 
Salió del cuarto y me dí cuenta que todavía traía puesta la ropa de ayer. 
Chequé mi ropa y estaba igual que ayer, también. 
Me levante sin ánimo y fui al baño. 
Me cepillé los dientes e intenté arreglarme el cabello que ahora estaba deshecho. 
Traté y traté pero no funcionó, así que decidí agarrarlo en una cola de cabello. 
Tocaron a la puerta delicadamente. 
-¿Quién? -pregunté
-El amor de tu vida.- contestó Maïa riéndose 
Puse los ojos en blanco y abrí la puerta
Traía 2 vasos de jugo y la caja de aspirinas en una pequeña charola de plata. 
Tomé un vaso y una aspirina. 
-Mi cabeza me está matando. - dijo Maïa tomando su jugo junto a la aspirina. 
Salí del baño e hice lo mismo.
-Me quiero dormir. - dije cuando dejé el vaso en la mesita a lado de la cama. 
-Pues no. Es miércoles, ¿recuerdas? - dijo Maïa entrando a su closet. 
-Quien en su sano juicio hace una fiesta en martes? - pregunté irritada levantándome de la cama con toda la flojera del mundo.
Maïa salió del closet riéndose, con unas prendas que no logré identificar en las manos. 
-¿Quién en su sano juicio va a una fiesta descontrolada en martes? - atacó. 
Touché.
Ella tiró la ropa en la cama y empezó a desvestirse. 
-Ahora me vas a vestir como si yo fuera tu muñeca? - puse los ojos en blanco. 
-Cállate y vístete, Brends. - y me tiró unos pantalones cortos azul celeste y una blusa transparente blanca sin mangas y con botones enfrente.
-Se me mirará todo! - rezongué. 
Suspiró.
-Me duele la cabeza, y supongo que a ti también así que hazme el gran favor de ponerte esa maldita blusa por que soy capaz de ponértela a la fuerza.
Me resigné y empecé a cambiarme. 
Una hora después, estábamos en Starbucks comprando una magdalena de naranja y café. 
-Serían $21.67, por favor. - dijo el cajero. 
-No entiendo por que ponen centavos, ¿no pueden decir "Serían $22, por favor"- dijo Maïa sacando el dinero. 
El cajero que era mas o menos de nuestra edad, ojos verdes y una cabellera rubia, la miró divertido y luego a mí, para luego  posar su mirada en mi blusa transparente. 
Me ruboricé al instante y crucé los brazos en mi pecho disimuladamente. 
El me guiñó el ojo y yo sonreí. 
-¿Que no piensas agarrar el maldito dinero? - rezongó Maïa. 
El cajero volvió a en sí, tomó el dinero y cobró. 
Yo tomé mi café con sabor a caramelo y mi magdalena, Maïa hizo lo mismo. 
Salimos de la cafetería y tomé de mi café. 
-Ese chico, era guapo. - dijo Maïa
- Lo sé, pero me molestó que me haya visto tan... 
-Sí, vi eso. - 
Nos subimos a su carro.
-Pero es tu culpa, yo no quería esta blusa. 
-Déjate de cosas, tienes buen cuerpo, no debes avergonzarte. 
Aggg, odiaba cuando decía estas cosas, era incómodo. 
Llegamos a la escuela, y ahí fue donde nos separamos; Maïa tenía Historia y yo Matemáticas. 
Demonios. 

-Entonces ahora pasaremos directamente al Triángulo Oblicuángulo. - dijo la profesora Moew después de 15 minutos de que empezara esta clase. 
Cada vez me dolía mas y mas la cabeza y no lograba concentrarme en que demonios era un triángulo oblicuángulo. 
-... entonces no se puede resolver directamente por el diagrama de pitagoras por lo tanto... - seguía diciendo 
Alguien tocó mi brazo. Volteé violentamente hacia esa dirección y estaba Kayla. 
Puse los ojos en blanco. 
-¿Traes pintalabios rojo? - preguntó con voz rara. 
Se miraba fatal, traía ojeras y estaba mal peinada. Algo raro en ella. 
-La verdad es que no, pero tengo uno transpar...
-Señorita Loughty, ¿Tiene algo que decir? - dijo la profesora Moew. 
Diablos, me hablaba a mí. 
Me ruboricé. 
-Ahh, n-no. 
-¿Me podría decir como puedo resolver el Triángulo Oblicuángulo? - 
Mierda. 
Todos me miraban con diversión. 
-N-no sé. 
-Me lo suponía. - se encogió de hombros.- Ponga atención, señorita Loughty. 
Al salir de ésa clase, fui a mi taquilla a dejar el libro e ir por mi dinero para comprar algo de comer y de paso ir al baño que hacía media hora que mi vejiga suplicaba una liberación. 
Cuando cerré la taquilla encontré a Andrew. 
Puse los ojos en blanco. 
-¿sabes?,esto es la vida real, no Gossip Girl... - dije entre dientes. 
El hizo una media sonrisa y levantó una ceja. 
-Tu. Yo. Soda y dulces. A las 3. - Ofreció. 
Me reí tontamente
-No se me antoja... Además yo soy una persona responsable, y tengo que trabajar. 
Ahora le tocó a él poner los ojos en blanco. 
-¡Oh, vamos! Por un día que no vayas a trabajar no te va a perjudicar... 
-¿Tu me vas a pagar los 15 billetes que gano al día? - lo miré a los ojos y él bajó la mirada, metiendo las manos a sus bolsillos casualmente. -. Mi respuesta definitiva es no. 
Caminé al lado contrario para mostrarle que era segura de mi misma, pero recordé que allá no estaba la cafetería, si no al otro lado.
Demonios. 
 Dí la vuelta secamente y miré a Andrew por 3 mili segundos. 
No hagas contacto visual, no hagas contacto visual, no hagas contacto visual repetía mentalmente ése mantra, pero fue lo primero que hice. 
Él seguía recargado a lado de mi casillero mirándome con curiosidad con aquellos ojos cafés que mostraban diversión. Se pasó la mano por el cabello peinándolo casualmente y me sonrió. 
Presumido. 
¿Cómo era que él se miraba perfectamente bien después del tremendo fiestón de anoche? 
Cuando estaba a punto de entrar por las conocidas puertas verde musgo que daban a la cafetería, alguien me apretó la costillas, yo dí un brinco y mi primer impulso fue voltear y pegarle un puñetazo en la nariz. 
Era Andrew que se ocultaba la nariz con las manos haciendo una mueca de dolor. 
-¡Dios mío! Andrew, perdón. Pero.. ¡Eres un idiota! - me reí. 
Él entrecerró los ojos. 
-Pegas muy... fuerte. 
Me reí con mas fuerza. 
-De verdad lo siento. Déjame ver- le ordené
Él quitó sus manos de su nariz y lo miré atentamente comprimiendo el estómago por si había sangre o una herida fea. 
Pero nada. 
Hice una mueca y lo miré con terror.
-¿Tan mal se mira? - dijo asustado. 
Me empecé a reír sin parar agarrando mi estómago. 
Si me seguía riendo así, terminaría haciéndome pipí aquí. Tenía que ir al baño. Rápido. 
-Se mira bien, no tienes nada. - crucé las piernas disimuladamente. -. ¿Me puedes hacer un favor? 
-Depende. 
Puse los ojos en blanco. 
-¿Me podrías comprar un sándwich club y una leche rosa?
El se rió. 
-Pensaba que la leche rosa solo la tomaban los de primero. 
Mi vejiga estaba a punto de explotar y yo perdía la paciencia. 
-¡Vamos! No te cuesta nada. 
-Sí me cuesta... $10.95 para ser específico. ¿Por que no lo compras tú? 
-Por que... - no se me ocurría ninguna excusa. Respiré hondo. - ¡Por qué me ando orinando, idiota!, y si no voy al maldito baño ahora puede haber un accidente. 
El se rió. 
-Está bien, ve al baño yo te compro tu comida... 
Abrí mi monedero y casi le tiré el dinero en la cara. 
Salí corriendo a los sanitarios rogándole a todos los santos que no estuvieran llenos. 
Por suerte no había nadie. 
Salí del cubículo mas relajada y me lavé las manos con esmero. 
Cuando llegué a la cafetería busqué con la mirada a Andrew.
Lo miré en la mesa del fondo junto a sus amigos y las porristas. 
Ni de loca me acercaría allá, pero tenía hambre y quería mi leche rosa.
Le hice señas a Andrew, el me miró y se acercó. 
-¿Qué pasó?- dijo. 
Puse los ojos en blanco. 
-Mi comida, por favor. 
El abrió mucho los ojos. 
-Lo siento, es que Cale llegó y pensó que era mío y se lo comió.
Sentí que me ponía roja de rabia. 
-¡YA NI SIQUIERA PUEDO IR A ORINAR A GUSTO POR QUE ME QUITAN MI MALDITA COMIDA DE MIERDA!- grité con rabia, todos se quedaron callados y miraron la escena con curiosidad 
-Lo siento la verdad, no pude hacer nada. - dijo él con paciencia y eso me enfureció mas. 
Me gruñó el estómago de hambre.
-Eres un i.d.i.o.t.a.  - y me fui secándome las lágrimas de rabia. 
Eso es lo que pasa por hablarle a un esnob. 
¿Y ahora que demonios comería? 
¿Tierra?
¿Piedras? 
¿Mi cuaderno? 
Y todavía faltaban 3 horas para salir de la escuela y para terminar, no tenía mas que 2 dolares. 
Mierda. 

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