martes, 8 de enero de 2013

Reckless, capítulo 3.



Reckless. Capítulo 3. "La mitad de la población masculina".
                               

--¿Qué fue eso?Dice Kimera, mientras se revisa los aros en las orejas en el espejo de su taquilla. Me mira aún sin voltearse, utilizando sólo el espejo.
--¿El qué?
--Tonta. Me refiero a la otra noche. La noche del viernes.
  Cierro mi taquilla y me recargo mientras me aseguro de que las personas se den cuenta de la seguridad que emano. De que se den cuenta de mis uñas negras y las medias debajo de mi short de mezclilla que están un tanto destrozadas. Y sonrío.
--¿Te refieres a la noche en que estabas tan borracha como para decir tu nombre?
--Ésa. No te veía así desde Max.
Frunzo el seño.
--¿Así cómo?
--Nena, que estaba borracha, pero me di cuenta de que te pusiste a coquetear como si tu vida dependiera de ello. Joder, ¿Qué no te diste cuenta? Es imposible.
   Kimera mueve su cabello teñido de violeta.
--Sabes que te quiero, y por eso te digo esto: Recuerda lo que pasó con Max.
Chasqueo la lengua.
--Yo ya sé lo que me pasó con Max.
--Pues yo que tú me lo pensaría dos veces antes de salir detrás del señor Mira-que-estoy-más-bueno-que-el-pan.
  Lanzo una carcajada escandalosa. Las personas me miran con curiosidad.
--Vamos ya, que sólo estaba divirtiéndome.
--Pero ambas sabemos cómo eres tú.
  Es cierto; Ser tan buena en hacer amigos apesta.
Ella me mira y luego mira a las chicas en la esquina del pasillo que nos miran, así que piensa que es el momento perfecto para sacar un cigarrillo y encenderlo.
  Casi me muero con el humo, pero sigo sonriendo. Siempre sonriendo.
--Lo tengo bajo control, Kimera. No se convertirá en un amigo.
--Bueno, que yo estaba pensando más bien en un novio o un amante… pero si lo tomas así…
--Eres horribleLe digo, sonriendo.
Ella mira detrás de mí y se inclina un poco hacia mi lado.
--Y ahora tú también. Vamos, sostén esto.
Yo tomo el cigarrillo y cuando veo que el director está detrás de mi ocupado con unos papeles, me pongo el cigarro en los labios. Pronto olerá el humo. Y me verá. Y me meteré en problemas de nuevo. Seguramente llamará a mi hermano, y él se verá obligado a llamar a mamá, y ella totalmente perderá sus nervios.
   Sí, esto lo vale. Lo vale mucho.
--¿Pero qué…? ¿Otra vez ustedes? ¡Está prohibido fumar en la escuela!
  Abre mucho los ojos cuando me ve y juro que su calva reluce. ¿Cómo es que le hacen? ¿Se pulen?
 Sonrío cínicamente y lo tiro al suelo, pisándolo.
--Problema resueltoExclamo, como si fuera una pequeña niña de cinco años.
Pero él sabe mejor. Y sé que no me saldré de esta tan fácil.
--Ambas. A detención. Ahora.
  Como he dicho, no soy necesariamente mala. Soy sólo inquieta. Y un poco voluble.


                                                                                
 


--Tú novio está aquí.
Kimera voltea hacia atrás y luego sonríe a alguien. Frunzo el ceño y volteo.
Él está ahí. Harry, me refiero. Lo reconozco al instante, pero como soy una actriz tan cruelmente buena, me quedo mirándolo con una interrogante en la cara.
--¡Ey, tú! Te recuerdoLe dice Kimera--¿De la fiesta, verdad?
  Yo me quedo mirándolo y luego miro a Kimera, aún con cara de confundida. Él me sonríe.
Ella entiende mi juego perfectamente, porque me golpea en el brazo.
--¡Vamos! ¡Es el chico de la fiesta!
Miro de nuevo a Harry, que me mira un tanto extrañado.
--No. No me suena.
Y levanta una ceja.
--Te llevé a casaDice.
No contesto, así que se inclina más hacia adelante recargándose en su pupitre.
--¿Qué no nos llevó a casa Dylan?Le pregunto a Kimera.
Ella abre la boca y luego la cierra, fingiendo darse por vencida y volviendo a su celular.
--¿Scott?
Frunzo el ceño.
--¿Y tú como jo…? ¡Tú!Chasqueo los dedosPero claro que sí. Tú… Harry. Harry Potter, ¿Verdad? Claro. Eres mi vecinoMe muerdo el labioMaldita sea, ¿O era Erik? No, eras tú.
  Me mira desconcertado. Parpadeo y sonrío, pero no como suelo hacerlo, esta vez es un poco más amable.
--Lo siento, Potter. He estado muy ocupada.
--¿Ocupada?Se burla Kimera, aún viendo la pantalla de su  celularSí, claro. Si con ocupada te refieres a meterle la lengua a Ricky por la garganta.
 Todos ellos son del equipo de fútbol. Max, Ricky, Erik, Dylan . Y no es que le metiera la lengua por la garganta a Ricky, como dice Kimera, es sólo que después del incidente con Max me sentí vengativa y empecé a jugar un poco con los sentimientos de Ricky, pero no lo besé… No mucho. ¡Diablos, que eso fue hace un año y medio!
--¡Oh, venga ya, Kimera! Le estás dando una mala impresión al niño de mí.
--¿Yo? ¡Sí, claro! Cómo no.
Sonrío y miro a Harry, que aún tiene cara de desconcierto.
--No le hagas caso, Henry.
--HarryMe corrige.
--Claro. ¿Qué haces por acá? Pensé que eras bueno.
--Me agarraron fumando.
--Es un mal vicio, ¿Sabes? Deberías dejarlo.
Levanta una ceja.
--Y mira quién lo dice.
--Soy demasiado guapa como para dejarme llevar por un vicio. ¿No crees?
  Ahora Harry está en un aprieto, y él lo sabe. Casi puedo leer sus pensamientos. “¿Le digo que es guapa o si no contesto se ofende?”.
Sonrío más.
Pero después él se inclina hacia delante y murmura:
--Por supuesto que sí.
Kimera está viéndonos desde su asiento y sonríe haciendo una mueca cuando yo me alejo, dejando de sonreír de esa manera cínica. Dios, me da cosa que me tiren piropos. No sé. Me ponen en un aprieto a mí también. Generalmente cuando le juego ese juego al chico, se queda balbuceando y bajando la cabeza (Excepto los tipos como Max, ya sabes. Ésos ponen mano encima en cualquier oportunidad que ven), pero él parece saberlo mejor.
   Suspiro fuerte y desvío la vista, porque me da un poco de vergüenza, pero finjo que me he girado para preguntarle a Kimera a qué horas nos vemos en la noche.
Cuando vuelvo a mirarlo, tiene esa cara que dice expresamente “Tengo ventaja”.
   Me cae mal.


                                                               




Dos días después, camino hacia el campo de futbol porque no encuentro a Kimera y ella suele gustarle fumar sentada allá arriba en las gradas, dónde puede ver a todos los chicos lindos. Cuando llego no encuentro a Kimera, pero veo a Max. Y también a Harry.
   Y eso no puede ser bueno.
Los veo parados en el borde de la línea blanca pintada en el césped, así que me acerco sonriendo.
--Hola, niños. ¿Han visto a Kimera? No la encuentro.
  Me miran todos ellos. Desde ese que no conozco hasta Harry. Frunce el ceño. No debería hacer eso; ¡Intento ayudarlo! Me fijo en Max, con su cabello negro y sus ojos castaños mirándome, y me sonríe. Con esa sonrisa que le costó tanto dinero. Y me repugna.
--Hola, cieloDice.
--Oh, vamos, que ya pasamos por esto.
  Ricky, bronceado y  de ojos azules, (Todo un chico californiano, el muy desgraciado, a pesar de que no vivimos en California) me mira y sonríe.
--Hola, chica.
  Le sonrío y me subo los lentes de sol hasta posicionarlos en mi cabeza.
--Te ves bien.
Y digamos que a Max no le gusta ese comentario. Pero, a pesar de un año y medio, aún sigo vengándome. Él gruñe.
--No hemos visto a tu amiga. Ahora lárgate.
  Le miro y finjo que no ha dicho eso. Así que miro a Harry y sonrío.
--Oye, tú. ¿Buscando problemas? Creo que eres de los míos.
Y eso no pone feliz a Max tampoco.
Harry sonríe un poco.
--Quiero entrar en el equipo.
--¡Cómo si eso fuera a pasar!Grita en burla un chico llamado Ed. Que no lo conozco muy bien, por cierto. Y con eso me refiero a que nunca intenté enrollarme con él.
  Todos ríen.
--Vamos, muchacho, olvídate de esoMax golpea el hombro de Harry con su brazo. Lo que sé que no debe de ser sólo un golpe amistoso.
Pero él no tiene pinta de estar intimidado. Creo que es lo que mejor se le da. Se queda ahí y no se tambalea cuando la bestia de Max casi se le va encima.
 --Oh, vamos, chicos. ¿Dónde está el espíritu de bienvenida? Denle al chico una oportunidad.
  Ellos me miran como si estuviera del todo loca. Pero le sonrío al capitán del equipo, con quién también intenté enrollarme, en sus tiempos. Tommy, me parece que se llama. Ya, que no intenté enrollarme con él, pero fui una pequeña acosadora por cosa de una semana. Ni qué decir; Me arrepiento.
  Él me mira unos segundos antes de decir:
--Está bien. Acabemos con esto de una vez.
  Alrededor todos lo miran, e intentan replicar, pero él ya se está moviendo. Cuando todos se van, excepto Harry, me inclino hacia adelante y replico:
--Di que fue mi regalo de bienvenida al vecindario.
Entrecierra esos ojazos azules.
--No necesitaba tu ayuda, Ridley. Pero gracias.
--Créeme, guapo, sí que lo necesitabas.
Sonríe.
--Supongo que tener una amiga que ha salido con la mitad de la población masculina de la escuela tiene sus ventajas.
  Me pongo los lentes de vuelta a su lugar y me pongo las manos en la cintura. Allá atrás gritan a Harry para que salga a jugar rápido.
--Primero, no he salido con todos. Sólo con los que me conviene. Y segundo, no soy tu amiga.
 --Cómo tú quieras.
Sonrío engreídamente y miro detrás del hombro de Harry, dónde Kimera está agitando los brazos, llamándome.
--Oye, guapo. Me marcho. Y cuídate de esos tipos, que son rudos.
--Más tu novio, ¿No?Dice mientras se aleja.
--Ya no lo esSonrío  más mientras también me alejoTienes oportunidad. ¡Qué digo! No pasará. Pero soñar es lindo, ¿No es cierto?  ¡Nos vemos, Potter!
  Me sonríe antes de darse la vuelta y salir corriendo hacia el campo, dónde  la especie más salvaje y complicada del mundo lo están esperando: Chicos.



-Sthep S.

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