martes, 6 de agosto de 2013

Fade. Capítulo 12.


your irresistible eyes | via Tumblr

Fade. Capítulo 12.
"Romper las reglas sería fácil... Demasiado fácil, sino rompiera otras cosas. Si no rompiera también a personas. Si no te rompiera".


--¿A dónde vas?Me pregunta Marina, sentada con Kate en una de las mesas en el campus, con libros y latas de refresco encima.
--No con Alex, si es lo que me preguntas.
Sonríe.
--Entonces no te importaría sentarte con nosotras. No hemos hablado desde hace un tiempo.
--Lo siento, voy a reunirme con alguien.
--¿Alguien quién?
Kate suspira.
--Córtale, MarSe dirige hacia mí--¿No irás con Alex, verdad?
--No.
--¿Sigues saliendo con él?
--Sigue siendo mi amigo, pero no lo he visto.
Kate asiente hacia mí y se gira hacia Marina.
--¿Ves? Es más fácil ser directa. No va con Alex. Déjala en paz.
Marina me mira.
--Bueno, ¿Hay otro chico?
Hay una chispa en sus ojos que me hace decirle:
--¿No te había prohibido An querer ser mi amiga?
--Out of sight, out of mind*.
Sonríe.
--¿Entonces quién es el chico?
Hago una mueca.
--Es un amigo. Graham.
 Marina empieza a emocionarse y a dar palmadas entusiastas. Kate, como siempre, es más sutil: Me da una sonrisa amable de aprobación.
--¡Les dije! ¡Cuando te caíste sobre él, les dije! ¡Yo lo supe! Katie, me debes.
Le frunce el ceño.
--No apostamos.
Marina frunce el ceño de vuelta.
--Maldición.
Sonrío, dando pasos hacia atrás.
--¿Entonces nos vemos después?
Marina mira a Kate, casi como pidiendo permiso.
--No se lo diré, si no me lo pregunta. Pero si lo hace…, no voy a mentirle, Mar.



                                                                                  

    

--¿Entonces qué vas a hacer ahora?
 Cruzo las piernas en el frío suelo del garaje y miro a Graham trabajar.
--¿A qué te refieres?
El saca una de las herramientas de una caja y la pone sobre el escritorio en el que trabaja. Se gira hacia a mí.
--¿Quién es tu próximo objetivo? Ahora que has terminado con Alex.
Suspiro.
--He estado pensando en eso los últimos días. ¿Sabes a qué conclusión llegué? A ningunaHago una pequeña pausa y suspiro, derrotadaPensé, por un momento, que debería ir a casa. Que ahora no hay nada más para saber. Pero… No puedo.
--¿Por qué?
--Mi papá me abandonó. Mi madre está loca. Mi tío está en casa intentando cuidar de mí pero aún espero que salga por la puerta.
--Lo siento, Cassidy.
Me encojo de hombros.
--Está bien.
--BuenoDice, quitándose los guantesEntonces supongo que si no vas a seguir, destruir la mitad de tu expediente no sirvió.
 Eso me sorprende.
--¿Fuiste tú?
--Claro. La tía de Alex es la directora; Él tenía acceso a su oficina. Me escabullí una noche para quitar lo importante. No pensaste que había sido una coincidencia, ¿Verdad?
--Bueno, tengo que admitir que sí. Lo pensé.
--Cassidy, las coincidencia son verdaderamente extrañas. La mayoría de las cosas pasan porque tú haces que pasen.
Suspiro y él me sonríe débilmente. Se gira hacia su trabajo, lo que sea que es, dando término a la conversación.
--¿Qué hay de Alex? ¿Vas a seguir saliendo con él?
--No lo creo. Las chicas piensan que es peligroso. No quieren tener que cuidarme, así que me tiran la bronca si estoy cerca de él.
--¿No les has contado lo que te dije sobre él?
--Para esto tendría que explicarles quién soy. Quién era Isabel. Los enredos que hizo. No, gracias.
Seguimos hablando un rato y luego me marcho a mi habitación, donde veo a Tash colgado los posters en la pared pegada a su cama. Pusieron a Tash en nuestra habitación hace pocos días, como el reemplazo de Sophie. Es agradable, debo decir. No es una Barbie. Ella está más en la música. Creo haber oído decir a Cora que había sido una de esas niñas famosas de televisión, pero como yo no tengo conocimiento de personas famosas, no tengo ni idea. Creo que esto es lo que más le gusta a Tash de mí.
 Ella me sonríe cuando entro y saca el flequillo dorado que se atraviesa en sus ojos.
--Hey.
--Hey. ¿Adivina qué?
--¿Qué?Respondo, dejándome caer en la cama--¿Dónde está Cora?
--En el bañoY seguido cambia de tema--: Hubo una explosión química en el piso dónde están las aulas y no tenemos clases hasta nuevo aviso.
--¿Enserio?
--¡Significa día liiiiiiibreeeee!Dice ella, arrastrando las letras en la palabraVoy a visitar a mis padres y tal vez ir de compras. ¿Qué harás tú?
Pienso en ello unos minutos.
--También voy a hacer una visita.


                                                                            




Seguramente David querría que le llamara si yo saliera repentinamente de la escuela.  Y probablemente se pondría todo cascarrabias conmigo si no lo hiciera.
  Corazón que no ve, corazón que no siente.
No me creo lo que estoy haciendo, aun cuando ya estoy frente y pago al taxi. Lo observo irse lejos en la acera y luego me vuelvo para la casa.
  Nunca realmente he estado en casa de Vivian Rossemount. Sé dónde es, claro, pero es por las reuniones de estudio de mi hermana en su casa, o por las pijamadas, o por el cumpleaños al cual recuerdo asistir con Isabel. Realmente no hubiera habido ningún problema si yo me apareciera en casa de Vivian; Ella solía ser amable conmigo, a pesar de que no éramos amigas. No hubiera ningún problema si ella siguiera viva. Ahora no sé si quiera si la única persona que vive aquí está ahí.
  Probablemente yo termine arrepintiéndome de esto pronto, pero mi madre me ha pedido que visite a la señora Rossemount. Que le haga compañía, que platique con ella y que no le haga sentir tan sola. Y aunque odio que mi madre se haya vuelto loca y que me dejara sola para lidiar con todo, la amo.
   Y si esto es lo que quiere, bien.
Me acerco y toco la puerta. Lo voy a hacer de nuevo, pero me detengo cuando escucho pisadas.
--¿Señora Rossemount?
Pego mi nariz al vidrio de la ventana, con la esperanza de verla.
Las pisadas suenan de nuevo, pero ésta vez me doy cuenta de que no son de dentro, si no desde afuera. Empiezo a girar para ver quién viene caminando a mi dirección, pero las pisadas se vuelven más rápidas. Alguien está corriendo, lejos de mí. Para cuando me doy vuelta, no hay nadie.
   Nadie.
Me doy vuelta, pensando que es la cosa más rara. Entonces toco de nuevo y la puerta de abre. Pero al mismo tiempo un sonido estruendoso atraviesa el aire y el pequeño jarrón de cerámica en la mesita de porche de la señora Rossemount explota.
  Una bala.
¡Una jodida bala!
Grito. Dos segundos después me doy cuenta de que no he sido yo. Mi grito todavía sigue atascado en mi garganta. Ha sido la señora Rossemount quién ha gritado por mí, y agradezco que su grito haya expresado el horror del mío.
 La ventana a mi lado explota también y yo me descongelo y me cubro con el brazo. Siento pequeñas punzadas de dolor cuando el vidrio se encaja en mi brazo. La señora Rossemount chilla de nuevo y toma mi mano, arrastrándome hacia el interior de la casa. Cierra la puerta rápido y se hecha al suelo, arrastrándome de nuevo con ella.
  Pienso que es un buen momento para liberar mi grito, pero al final decido que ya no tiene caso y me lo trago.
 Yo y la madre de Vivian nos quedamos en el suelo cerca de un minuto, jadeantes.  Al final ella se levanta y pone sus manos en el pecho, donde debería de estar el corazón.
  Yo me quedo tirada en el suelo.
--Oh, Dios mío.
Me siento, inhalando y exhalando.
--¿Está usted bien, señora Rossemount?
Tarda un minuto en contestar.
--Tenemos que llamar a la policíaChilla.
La quito de la ventana y la siento en el sillón, esquivando las cajas en toda la sala. Me vuelvo y hago malabares con mi equilibrio y las cajas para cerrar las persianas.
--Oh, Dios míoChilla de nuevo.
Podría sentarme en el sillón e hiperventilar como ella.
--¿Está herida?Me obligo a preguntarle.
Ella traga saliva y finalmente me mira. Niega.
--Señora Rossemount, necesito que me diga dónde está el teléfono. Hay que llamar a la policía.
Ella parece salir de su ensoñación y me mira.
--No… no. Iré yo. ¿De acuerdo? Iré también por unas vendas para tu brazo. Está sangrando. ¿Quieres algo de té, Cassidy, mi niña?Dice todo esto con un tono de perturbación, casi sin hacer espacio entre palabras.
Como no me da tiempo para responder, me quedo en la sala sentada esperando a que traiga el teléfono para hablar a la policía. Probablemente los vecinos lo habrán hecho.
Miro las cajas en el suelo y por curiosidad levanto una tapa para ver el interior. Cosas de chicas. Peluches, cuadernos… fotos. ¿Qué hacen las fotos de Vivian en cajas?
--Estoy pintando su cuarto. Nunca tuvimos la oportunidad de hacerlo, pero ya habíamos comprado la pintura.
Me volteo hacia su madre, que hace malabares con el celular y el botiquín de primero auxilios.
  No me había dado cuenta antes, así que no puedo darme cuenta de si lucía tan mal antes del tiroteo o después. Si es por Vivian, o por los disparos.
La respuesta viene a mí: Probablemente ambos.
--Lo siento, señora Rossemount.
Ella sacude la cabeza.
--Está bien. La curiosidad no es mala, al contrario de lo que dicen las personas.
Ella toma el teléfono con una mano mientras abre el botiquín con la otra.
--¿Señora Rossemount?
--¿Sí?
--Espere. Cuando marque a la policía… Por favor, no les diga que yo estoy aquí. Se supone que debo de estar en otra parte y me metería en problemas si se enteran. De cualquier manera no ha habido dañosMiro mi brazo y luego de nuevo hacia ellaNo mucho. ¿Por favor?
  Ella está a punto de contestar pero entonces oímos las sirenas sonar a lo lejos.
--No tendré tiempo de curarte.
--Le pediré a alguien que sepa. Estaré bien.
Ella me mira y suspira, tomando el botiquín.
--Entonces tienes que correr ahora.
Me levanto.
--Espera, déjame darte un analstégico para que lo tragues rápido. Te quitará el dolor.
Casi ni lo siento, pero accedo.
Ella se lleva el botiquín, diciendo que las tiene en la cocina y yo me quedo ahí de nuevo sola, ansiosa por el sonido de las sirenas que se acercan. Me acerco a la puerta para sólo aceptar la pastilla y luego salir corriendo. Pero cuando veo a las cajas una vez más, veo una que está abierta. Hay una caja de metal que tiene dice: “Isabel y Cam” adornado de corazoncitos y estrellas.
  Me muevo rápido, antes de que su madre pueda volver y atraparme.
Todo lo que tenga que ver con Isabel, tengo que saber.
Todo lo que tiene que ver con ella me ha absorbido.
Esta es mi maldición.
Por eso la sostengo entre mis manos a pesar de que sé que no debo y en menos de un segundo yo la tengo abierta y moviendo dentro. Escucho a la señora Rossemount gritar “¿Dónde están?” y yo me muevo más rápido.
  Fotos, notas, broches, más fotos, unas cuantas pulseras de la amistad… Una pequeña  bolsa transparente de pastillas.
  ¿Qué?
Rápidamente pongo la caja en si sitio antes de que ella vuelva y sobrepongo la tapa de metal, sin cerrarla en verdad y quedándome con las pastillas. Abro la bolsa y huelo, confirmando mis sospechas.
Escucho pasos por el pasillo y meto la bolsita en mi bolso, junto con mi cartera y mi celular.
--Aquí tienes, mi niña.
Murmuro un gracias mientras me pongo la pastilla en la boca y trago en seco.
--¡Y Cassidy!
¡No tengo tiempo para esto! ¡Las sirenas se acercan más!
--¿Sí?
--Ven alguna vez.
Asiento y salgo corriendo por la puerta hacia su patio trasero y saltando dificultosamente la vaya que es alta, pero hay una silla que me lo facilita.
  Y corro unas cuantas cuadras en la dirección contraria, pensando una cosa antes de parar a un taxi: Las pastillas no son de mamá. Son de Isabel.
Cuando checo la hora y veo que David tiene que estar en su nuevo  trabajo, le digo al taxi la dirección de mi casa. El tapete tiene un agujero, donde mi madre solía guardar la llave de repuesto.
  Lo primero que hago dentro es buscar las pastillas antidepresivas de Isabel que tomaba después del accidente de Cam… Después del accidente.
  Isabel no tenía contacto con Vivian después del accidente. No hay manera que las pastillas olorosas sean los antidepresivos de Isabel. No hay manera de que terminaran con Vivian.
Aun así las busco en el lugar dónde mi mamá guarda las medicinas, y cuando las encuentro las llevo directamente a mi nariz.
  No.
No son sus antiguos antidepresivos.
Busco los de mamá, los de la etiqueta verde con letras negras muy gruesas. Los huelo. No.
¿Entonces qué demonios son? ¿Y de quién? Y, de paso, ¿Por qué están en mi casa?
Aunque, la pregunta más adecuada es: ¿Por qué me perturba tanto?
Tardo unas horas intentando sacar los vidrios de mi brazo, pero mi mano tiembla y la pastilla que me dio la señora Rossemount ya no hace efecto más. Tengo dolor en el brazo, tengo hambre pero no puedo cocinar nada sin un brazo. ¿Lo que no tengo? Tiempo. Pronto él volverá.
 Me digo que no tiene caso ya que mi mano izquierda no puede sacar los pequeños vidrios y me levanto. Meto unas gasas en mi bolso y llamo a un taxi.
  Espero.

                                                                              



Es tarde cuando llego a Ashford. Como la seguridad en sí apesta las puertas están abiertas, pero sé que las cerrarán a las doce de la noche. Pero ahora que estoy adentro, se supone que tengo que irme derecho a la cama. Hay una regla que dice que después de las diez todo el mundo tiene que estar en la cama. Qué basura.
  Ahora que tengo el número de Graham, me facilita las cosas. Lo llamo y le digo que necesito su ayuda y que lo espero en el garaje de su taller de madera.
 Cinco minutos después, él está ahí parado.
--¿Qué pasó?
Se ve un poco alarmado, viendo mi brazo.
--No pude sacar los vidrios. Necesito ayuda.
Le tiendo la pequeña pinza para sacar las cejas. Lo toma y lo mira fijamente. Luego a mí.
--¿Qué demonios te pasó?
--Es una larga historia.
--Me hablaste en medio de la noche para sacar vidrios de tu brazo, Cassidy. Cómo que tengo derecho a saber.
--Está bien, pero después de que me saques los vidrios.
--Cassidy…
--¿Tienes idea de cuánto duele?Le grito.
Él suspira y enciende una lámpara sobre una mesa de madera.
--Deberías buscar a alguien que sepa hacer esto.
--Bueno, sólo te tengo a ti. ¡Sólo saca el maldito vidrio, demonios!
 Él lo hace, cuidadosamente, pero noto una sonrisa en sus labios.
--¿Qué?
Agita la cabeza.
--Nada. Es que es lo más cerca que te he oído de maldecir.
Bufo, observando las pequeñas piezas de vidrio que Graham saca cuidadosamente.
--Mi madre me pidió ir a visitar a la mamá de Vivian. ¿Sabes quién es?
Alza la cabeza con asombro y asiente.
--La amiga de Isabel, ¿Verdad? Con la que estaba en las vías de trenes.
Asiento.
--Sí. Ella.
--¿Por qué te pidió eso?
--Vivian murió hace pocos meses.
Deja de sacar los vidrios de mi brazo por un segundo y clava los ojos en mí.
--¿Enserio? ¿Qué pasó?
--En verdad no lo sé. Sólo sé que fue asesinada. No sé de los detalles. Mamá me pidió visitarla para que no se sintiera tan sola. Ellas eran amigas, también.
Se vuelve hacia mi brazo de nuevo.
--¿Y cómo una visita con su madre te hizo esto?
--Alguien disparó, cuando estaba en la entrada.
Su cabeza se dispara hacia mí.
--¿Qué?
--No estoy segura de si querían matarme a mí o a la señora Rossemount.
Me mira boquiabierto.
--¿Y tú sólo te marchaste?
--La policía venía y yo no se supone que tenía que estar ahí. David no me permite acercarme a esas cosas.
--¿Qué cosas?
--Cosas que pueden hacerme daño. Cosas del pasado de mi familia. No me dejaba visitar a mamá a la clínica, no creo que le haya hecho gracia que visitara a la madre deprimida de la mejor amiga de mi hermana muerta, que también está muerta.
--Lo siento. ¿Por qué crees que alguien querría matar a la mamá de Vivian?
--No lo sé.
--¿Por qué crees que alguien querría matarte?
--No lo sé.
--¿Por qué…?
--Graham, no lo sé.
 Escucho su respiración mientras me saca otro vidrio y lo deja sobre la mesa.
--Tienes que prometerme que no irás a esa casa de nuevo.
Recuerdo a la señora Rossemount, con la chispa desesperada en los ojos cuando me pidió por favor que volviera.
  Así que, cuando se lo prometo, miento:
--Está bien.
Es tan fácil hacerlo ahora. Es tan fácil romper mis reglas.
Romper quien siempre fui.
Romperme.
Porque, ¿Qué importa ahora?
--¿Hay algo más?
Le cuento sobre las misteriosas pastillas.
--Tal vez son drogas.
--Lo que no me explico es cómo las de Isabel son iguales a las de Vivian.
--Tal vez consiguieron la misma droga.
--Primero, no estoy segura de que ella tomara drogas. ¿Y tú?
Suspira.
--N
o lo sé. Las cosas  se convirtieron junto con ella.
--Lo siento.
--Deje de decir que lo sientes. ¿Qué tal si ellas consumían estas pastillas antes del accidente y ahora lo acabas de encontrar?
--De ninguna manera. Cam estaba en el equipo de Volley Ball. Buscaba una beca de deportes. Ella no pueden arriesgarse a que la atraparan con drogas, y si se enteraba de que sus amigas estaban en eso, se hubiera alejado de ellas.
--¿Qué tal si ellas consumieron después de Cam?
--Ellas no mantenían contacto después de Cam.
--¿Cómo sabes que no se veían en secreto?
--Isabel no mantenía contacto con nadie. Definitivamente no con Vivian. Además, ¿Por qué se verían en secreto?
Él no me responde. He dado en el clavo.
--Mira, lo que sea, pero no vuelvas a esa casa.
Saca el último vidrio de mí y lo deja en la mesa.




*Out of sight, out of mind: Fuera de vista, fuera de mente.
--Sthep Stronger.

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