martes, 29 de mayo de 2012

Mine, capítulo 23.



 Mine, capítulo 23. "Grietas".
Cuando estamos frente a una cafetería, Lucas está dormido en el asiento copiloto. ¿A quién quiero engañar? Fue muy difícil hacerlo caminar hasta el auto, ¿Cómo es que voy a hacer que se siente a tragarse algo y se ponga a platicar conmigo?
 Aún así me levanto y pongo el seguro al carro (Por si acaso) y me voy a comprar dos cafés. Cuando regreso cierro la puerta y Lucas se despierta.
 Me mira con ojos somñolientos.
--Estoy bien--Dice.
Ruedo los ojos.
--Creo que sería mejor que te lleve a casa.
El sacude la abeza.
--No, está bien. Me prometiste un desayuno, ¿Recuerdas?
Respiro.
--Tienes un aspecto horrible. No creo que seas capaz de sostener un tenedor.
--Me subestimas.
--¡Estás bebido! El aliento te apesta, cariño--Digo la última palabra con tono empalagoso.
El ríe.
--Bien. Vamos a casa. Vamos a desayunar.
Lo miro y ladeo la cabeza.
--¿Tus padres no te matarán por haber bebido tanto? ¿Y dónde piensan que estás?
Él sacude la cabeza.
--Ellos no volverán a casa hasta las cuatro. Ayer en la tarde les dije que me iría a estudiar con unos amigos para un exámen muy importante, les dije que no me esperaran despiertos. Después de eso se fueron.
  Sé que hay algo que definitivamente no me está contando.
Pero no presiono.
--Entonces vamos a tu casa, cariño.
El vuelve a reír.

El toma otra siesta mientras yo voy a comprar algo (Y no me dejó irme hasta que tomara el dinero para comprarlo de su billetera). Me pregunto que le gustará mientras ando por los pasillos. Me dijo que comprara comida rápida porque se muere de hambre y no quiere esperar.
 Tomo dos sándwiches de pollo que hay en la sección de comida rápida del supermercado, pero deduzco que no se llenará con eso, así que voy y tomo un paquete de donas gigantes. Con eso bastará.
Que hambre.
Lo vuelvo a despertar cuando vamos pero ahora no dejo que se duerma para que me diga la dirección. El toma una dona en el camino.
 Después de unos minutos de camino, cuando ya estamos frente a su casa yo lo miro y le digo:
--¿Cómo puedes tener una casa así?
La casa es un poco más grande, pero tiene un color hermoso, de dos pisos y el patio es enorme. La barda va metros y metros de distancia. Sí, es muy probable que tenga una piscina.
--Mis padres están fuera de mi vista por horas y horas, Lena. Algo tenía que salir de eso.
 Me pregunto si es de uno de esos tipos que no ve a sus padres y se siente abandonado.
Pero en verdad no quiero comenzar a tocar fibras sensibles.
--¿Y Ellie?--Pregunto mientras salgo del auto.
El se queda paralizado por unos segundos y me mira.
--¿Qué?
El sacude la cabeza.
--Nada. Ella está... En el doctor.
--¿Algo le pasó?
Sacude la cabeza mientras saca las llaves del bolsillo trasero.
--Está recuperándose de una enfermedad pasada. Es todo.
 Avanzamos en silencio hasta la cocina. Por supuesto que el interior de la casa es más hermoso que el exterior.
Le doy el sándwich y nos sentámos frente a frente.
--¿Qué le hizo Ian a Ellie?
La pregunta me toma por sorpresa. Parpadeo.
Él no pierde el tiempo.
--Según lo que Luce me contó, nada. Sólo la asustó. Es lo que suele hacer. Es un idiota.
Agita la cabeza.
--No entiendo como no pudo decirmelo.
--Bueno, tu sueles hacer cosas estúpidas. Y luego corres a mi ayuda. ¿Planeabas que te ayudara a patearle la cara? Porque, oye, no suena una mala idea.
Sonríe.
Y entonces soltamos preguntas al mimso tiempo:
--¿Porqué estabas tomando hasta morir en la fiesta?
--¿Porqué estás tan asustada?
El se queda paralizado con mi pregunta.
Yo me quedo paralizada con su pregunta.
Incluso viendo su cara de sorpresa sé que está pensando lo mismo que yo: "¿Y que hago ahora?".
"¿Porqué estás tan asustada?".
La pregunta sigue flotando en el aire. Las dos preguntas sigen flotando alrededor.
"¿Què hago?"
Pero el reaccionaa antes que yo.
--De acuerdo--Dice--¿Que tal si yo contesto tus preguntas y luego tu las mías?
Asiento, aunque prefiero meterme un balazo en la cabeza antes de soltar todos mis problemas y ponerme a llorar como una de esas tipas de la telenovela que siempre odié.
Aún así, sigo asintiendo.
--Tù primero--Dice.
--Olvídalo. Tú hiciste el trato. Tú empiezas.
--Bien. Adelante.
 Ya tengo la pregunta formulada en mi cabeza, se la acabo de decir, pero tardo un rato en tener el valor de decirsela. No sé qué me va a decir.
--Ridley me dijo que querías olvidar algo, y por eso fuiste directo al alcohol. ¿Qué era eso?
 El me mira unos segundos y luego fija la vista en el sándwich.
--Estaba muy preocupado por alguien. Perdí los nervios. Perdí el control.
Por su cara, por su tono, por todo lo que expresa sé que no es el momento de hacer una broma o un comentario sarcástico.
--Sé lo que se siente perder el control de tus emociones.
 El me mira y sonríe un poco.
--Ah, ¿Sí?
Asiento.
--¿Es la razón por la cuál casi vomitas cuando ese alguien te envía mensajes?
Suspiro.
 Es justamente el momento en el cual siempre suelto algo sarcástico o grosero para salir corriendo de la situación y ocultarme de todas las cosas que pueden quebrarme.
 No puedo permitirme que nadie me quiebre.
Que desgarre todo lo que he hecho por mi durante todo este tiempo. ¿Es que no sabe cuanto trabajo me ha costado ser todo lo que hoy soy?
 Me doy cuenta de que estoy a punto de perder el control. Que estoy a punto de pararme y huir, como siempre lo he hecho.
 Sé que simplemente si me rompen de nuevo, no seré capaz de levantarme del suelo.
Y no puedo permitirme eso, así que simplemente miro mis manos, como si fueran la cosa más importante del universo entero.
Pero el intrepreta mi silencio como un "sí".
--No tienes que estar asustada--Dice con un tono suave.
 No es como si qusiera ser una psicologo como Sara, si no más bien como si fuera mi amigo.
Levanto la vista, y me encuentro con sus ojos que me examinan.
--Tú tampoco.
Suspira y ahora es él quién aparta la vista.
--Tengo razones para estarlo, créeme.
--Yo también.
 El agita la cabeza.
--Pero yo no puedo decirtelo. No puedo confiar en tí.
  Algo en esas palabras hacen las grietas que destrozan mi alma. Me golpea. Me deja ciega por unos instantes. Me dejan sin respiración.
¿Pero porqué demonios me duele?
--Yo tampoco.
Algo en su cara se contrae.
 Espero que le duela tanto como a mi me dolió.
Él mira su sándwish intácto y parte un pedazo.
--No es que no quiera--Dice--Es que no es algo mío. Pero me afecta como si lo fuera.
 Tomo mi café y le doy un sorbo.
--No puedo ayudarte--Susurro.
--Lo sé--Dice Jugueteando con la comida.--Pero tal vez yo sí pueda ayudarte a tí.
--No necesito ayuda--Me defiendo.
--¿Segura?
Me mira y siento como si me estuviera taldrándo. Como si estuviera viendo dentro de mi alma, así que tengo que apartar la mirada.
 Ambos sabemos que estoy mintiendo.
--Nadie puede ayudarme--Confieso.
--No, eres tú quién no deja a nadie que te ayude.
--No pueden--Digo con voz más grave.
--Déjame intentar--Dice también levantándo la voz.
Me quedo ahí sentada, mirándolo con curiosidad.
--¿Porqué?
--Tú lo harías por cualquier otra persona.
--Tienes una mejor imagen de mí de lo que es en verdad.
--No creo.
Nos quedamos en silencio cerca de un minuto.
 Un minuto en el que me doy cuenta de que quiero decirle todo.
De que quiero ceder.
Pero sé que si lo hago, me soltaré llorando. Y nunca me lo voy a perdonar.
Pero cuando alzo la cabeza para decirle que me largo, veo su rostro. Sus ojos grises están fijos en mí. Pero me mira diferente. No de la manera en que me mira cualquier persona: Hay preocupación en sus ojos. Pero hay algo más.
 Una chispa.
No puedo describirlo.
No puedo romper, pero puedo ceder.
Quiero ceder.
--Hay alguien que está por ahí afuera, queriéndose comunicar conmigo.
Parece sorprendido de que yo hablara.
Ciertamente yo también lo estoy.
Tarda medio minuto para formular la pregunta.
--Si tú lo sabes, ¿Porqué no lo buscar y le hablas? Pregúntale qué quiere.
 Levanto una ceja y saco una carcajada forzada.
--Sé lo que quiere. Pero no estoy dispuesta.
Entrecierra los ojos.
--¿Que quiere?
No me he fortalecido todo este tiempo para nada.
Voy de camino a convertirme en una de esas locas de la televición que al final van a un loquero y que sientes mucha pena por ella aunque nunca te haya caído bien.
 Sus ojos me están perforando.
Debería levantarme e irme.
Quiero preguntarle si me deja llorar en su hombro.
No, no quiero llorar en el hombro de nadie.
 Pasa lo mismo de nuevo: Me preparo para largarme, pero el desliza su mano sobre la mía.
Y se empiezan a formar muchas grietas de mi caparazón. Muchas grietas en mi escudo. No es sólo eso: Me derrito. El contacto parece algo muy íntimo.
¿Cuales son las posibilidades de que no piense que soy muy débil si me pongo a llorar?
--Que regrese--Contesto.
Una palabra. Una palabra falta para que me malinterprete. Su mano deja de apretarme la mía.
--¿Tu ex novio te acosa?
Parpadeo.
--No seas idiota. Definitivamente no.
Parece confuso.
--No sé qué pensar.
Por supuesto que no.
--Explícame--Dice.
Entonces me da un ataque de honestidad.
--No sé cómo.
--De acuerdo--Dice--Al trato. Una pregunta tú, una yo. ¿No es tu novio?
--No.
Asiente.
Sigo yo.
--¿Porqué quieres ayudarme?
Me mira fijamente y aparta su mano.
--No lo tomes como una ofensa, pero en esos momentos, cuando todo pasa, cada vez que suena tu celular, e incluso cuando no, tienes un aspecto horrible. No quiero decir que te veas fea, Lena. Es simplemente como si alguien hubiera chupado tu vida. No puedo soportar cómo te hechas a perder.
--¿Cómo me hecho a perder?
Ahora sí me ofendió.
Levanta un dedo.
--Es mi turno. ¿Cómo es que quiere que regreses?
--No he perdonado algo que hizo. No puedo hacerlo. Estoy tratando de huir de lo que hizo, pero está pidiéndo que regrese.
Funce el ceño.
--Tiene toda pinta de un ex novio.
Bufo.
--Cállate, que es mi turno. ¿Cómo que me hecho a perder?
Sacude la cabeza. Después se da cuenta de que es una mala idea, por su resaca, y toma su café.
--Tú te sientas ahí, miras a la nada, sientes lástima por tí misma y parece que alguien ha muerto. Eres muy blanco y negro. Estás vacía. No parece haber ninguna emoción en tí.
--¡¿Cómo te atreves a decirme que estoy vacía, idiota?!
Sonríe, pero es su turno.
--¿Porqué simplemente no le dices que no quieres regresar?
Sacudo la cabeza y me preparo para hablar con la verdad.
--Yo...
Y recuerdo a esa niña del parque. "¡Papá!"
"Yo me siento reemplazada"
"Yo perderé el control".
"Me quebraré"
"No saldré de esto".
--Está bien, Lena. No te asustes. Aquí nada puede pasarte.
No logro comprender porqué dice esas cosas.
Entonces me doy cuenta de que estoy temblando de pies a cabeza.
--Es eso--Digo.
--¿Qué cosa?
Cierro los ojos.
No puedo creer que estoy a punto de decirlo de nuevo.
¿Porqué me lo pone tan complicado?
--Estás asustada.
Abro los ojos de golpe. Sus ojos grises siguen clavados en los míos.
"¿Qué ha dicho?" "¿Qué ha dicho?".
--Sí.
--¿De él?
Asiento.
--¿Quieres que le rompa la cara?
Sonrío automáticamente.
--No te pierdes ninguna oportunidad para meterte en una pelea, ¿verdad?
Sonríe.
--Sólo defiendo las cosas que importan.
"¿Importo?"
No puedo dejar de pensarlo.
"¿Importo?".
¿Le importo?
--Me abandonó--Suelto,mirándo sus ojos--Y ahora me quiere de regreso. Y no puedo. No quiero. Perderé el control. Le gritaré y lloraré. Me gritará. ¡Me ha reemplazado!
Ya. Lo he dicho.Ha pasado.Lo he dejado ir.
 Es entonces cuando sucede: Pierdo el control.
Me muevo para todas partes, las lágrimas azotan contra mi rostro. Mi mente no puede trabajar bien. Estoy loca. He perdido el control.
 Y en frente de él.
¿De ahora en adelante cómo lo miraré a la cara sabiendo que me ha visto así? ¿Que ha visto mi cólera?  ¿Que ha visto cómo se forman las grietas en mi escudo?
Pensé que él suspiraría: A nadie le gusta el drama. Pero no hace eso. Él me sostiene las muñecas y luego me jala hacia él para envolverme en sus brazos.
 Lloro porque la parte de la que he tratado de huir ha salido.
Lloro porque las grietas han terminado desgarrádome.
Lloro porque sé que no me lo voy a perdonar nunca.
Pero no es sólo eso.
Lloro porque no puedo imaginarme estándo fuera de estos brazos.

-Sthep Stronger.

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