martes, 22 de mayo de 2012

Mine, capítulo 22.


 Mine, capítulo 22. "Resaca y mensajes".
Abro los ojos cuando mi celular cae con un sonido sordo al suelo, pero no lo levanto enseguida porque estoy aún dormida; Me pesan los ojos y siento como si me acabara de pasar un camión encima porque la ventana frente a mí muestra los primeros rayos de luz directo a mi cara. 
 ¿Qué horas son? ¿Las cinco de la mañana? ¿Las seis? ¿Cuatro?
Bajo los pies de la silla mecedora gigante de la habitación de Ridley para descubrir que nunca más quiero dormir en una de nuevo.
 Bostezo y me agacho por el celular. Mamá me llamó cerca de las doce para preguntarme dónde estaba. Dije la verdad, un poco retorcida, pero la verdad: Una amiga se había enborrachado y me me marcó para que fuera por ella ya que no podía conducir por sí misma. Sus padres estaban fuera de la cuidad así que me quedé con ella para cuidarla hasta que se mejore un poco. Le dije que se veía tan miserablemente mal que me  rehusé a no ayudarla. 
 Lo que no está muy lejos de la realidad de Lucas. 
 Mamá dudó mi historia al principio, pero al final me dejó quedarme. Me dijo que me marcaría al día siguiente y me deseó suerte. Terminó con un "Te quiero".Espero que la llamada no despierte a Lucas. 
 Miro a Lucas.
 Está hechado sobre la cama, dormido con una cobija gris que yo puse sobre él. Está tan dormido que tal vez no de despertará ni aunque le pase un tren encima. Me levanto y  me estremezco cuando piso el suelo helado. Jalo de las mangas de mi saco gris y miro a traves de la ventana. Están empañadas y los rayos del sol no ayudan al frío infernal. 
 Lo miro de nuevoy las palabras de Ridley rondan por mi cabeza . Una pregunta ronda por mi mente: ¿Qué tenía que olvidar? 
  Me ruborizo cuando me doy cuenta de que no va a recordar nada de las cosas que dijo hace unas horas, y creo que eso me gusta. 
Parpadeo un par de veces antes de ver la hora en mi celular. 6: 50. 
¿No habrá forma de que me vuelva a dormir? Pienso en que no quiero de ninguna manera dormir en la mesedora. Miro el espacio vacío junto a Lucas. Suspiro y me acomodo en la orilla, con la espalda pegada a la pared, y me quedo dormida antes de que pueda inlcuso cerrar mis ojos.  La segunda vez que me despierto el sol está dando en la habitación a lo baboso. Te lo juro, cosa que me hace buscar mi celular entre el piso porque no tengo ni una remota idea de donde la dejé y cuando la encuentro se me cae el alma a los pies cuando veo que son las 10:50.  Ridley me dijo que desocupara antes del mediodía...  Llego de nuevo hacia la cama con Lucas y me siento en el borde. Tiene la respiración regular.
--¿Quieres, por favor, facilitarme la vida y despertar?--Digo mientras lo muevo ligeramente hacia los lados. No responde--Lucas. 
 Lo miro detenidamente. Tiene el pelo despeinado y se ve bien sin que su cara tenga ese aire de sabiondo.
Rio para mí misma. Lo vuelvo a sacudir, con más fuerza.
--¿Estás muerto?--Pregunto, levantando la voz para que me escuche.--No puedes morirte ahora--Digo mientras lo sacudo sin consideración--Vamos, si te mueres te juro que te revivo y te mato por imprudente.  No hay respuesta. Suspiro y paso la mano distraídamente por su cabello rubio claro. Algo de él reacciona. Abre los ojos. Me quedo paralizada unos momentos y luego quito la mano de su cabello.
--Sigo vivo--Murmura, muy bajo.
Sonrío.
--Más te vale. ¿Cómo te sientes?
Cierra los ojos de nuevo.
--Me sentiré mejor cuando vuelvas a pasar tu mano por mi cabeza.
 Me quedo paralizada porque no hay ni una pizca de sarcásmo en su voz.
Nada.
Sacudo la cabeza.
--Tenemos que irnos. Es tarde. Ridley nos dijo que desocupáramos su cuarto antes del mediodía. Adivina qué, señor sabelotodo, son las once. Tenemos una hora para largarnos de aquí.
No se mueve por unos momentos, pero me mira fijamente.
--¿Ridley?
Levanto una ceja.
--¿No te acuerdas de qué pasó anoche? 
El se sienta en la cama de un salto y examina la habitación, y luego a mí.
--No eres un sueño--Dice.--No es mi habitación.
Así que pensó que estaba soñando... ¿Conmigo?... No, por supuesto que no. ¿O sí?
Ruedo los ojos, de cualquier manera.
--Que inteligente eres. Ahora levántate.
--¿Qué hice anoche?
--¿Puedes recordar porqué estás aquí? 
El ladea la cabeza y se pasa las manos por su cara.
--Te llamé. Estaba borracho, ¿verdad?
--Tan borracho como una cuba.
Sacude la cabeza de nuevo.
--Eso es todo--Confiesa.
--Pues sí--Digo--Prácticamente todo: Ridley nos ofreció su habitación y tardamos cerca de media hora para subirte aquí. Tenemos una hora para marcharnos, ¿Porqué no me lo haces fácil y mueves tu trasero?  
   Me levanto y me siento en la mesedora para ponerme mis calcetines. El me mira ahí sentado.
--¿Qué dije ayer?
Me detengo.
--¿De qué? 
Traga saliva.
--Tengo esa ligera memoria de que hablaba contigo. Estaba oscuro en la habitación, todo estaba borroso... no podía verte. ¿Qué te dije?
Sacudo la cabeza mientras me pongo el otro calcetín rosa.
--Tonterías. Como siempre.
El se queda ahí sentado mientras yo deslizo mi pie dentro de mi bota y el mira directamente al frente, hacia la ventana. Me sorprende que no me haya contestado con esas sonrisas radiantes y las miradas cómplices que me dirige cuando saco cosas así.
--Te pregunté si te casarías conmigo.
Lo miro. Incluso con su tono de voz sorprendido, me vuelvo a congelar, como si lo hubiera dicho de verdad.
--Bueno, no estabas dentro de tus cabales.
Su cara se llena de verguenza y se restriega las manos por la cara.
 Decido ayudarlo, ya que al final no significa nada. Y decido ayudarlo haciendo lo que mejor sé hacer:
-Bueno, cariño, no te preocupes de nada: Recuerda que soy de metal, así que no te preocupes por romper mi corazón en miles de pedazos. Pero por si te lo preguntabas, mi cielo, me gustan los lirios rojos y me gustaría un detalle otoñal en mi boda. ¿No crees que sería lindo casarnos en el bosque? 
  El levanta la cabeza y lo descubro con una sonrisa radiante. 
Se toma la cabeza con una mano y comienza a reír.
Así me gusta más.

--Eres increíble--Dice.
No sé si lo dice en sentido malo o bueno. Pero me alegro de verdad de verlo sonreír.
--Lo sé.
 Sonríe.
--No le digas a nadie sobre eso, por favor.
Asiento.
--Y tú no le digas a nadie que te llamé "Mi Cielo"--Digo.--Si no moriré, te culparé a tí y luego te atormentaré por el resto de tu vida. Te lo juro. 
 El asiente con la misma sonrisa radiante.
--De acuerdo. ¿Qué más dije?
--Oh, cariño, no quieres saberlo--Digo, con el tono estúpido que lo hace reír. El se levanta de la cama y se estira.
--¿Trajiste tu carro?--Le pregunto.
--No. ¿Porqué crees que te llamé? 
Entrecerré los ojos.
--¿Porque no podías manejar borracho? 
El sacude la cabeza.
--No, generalmente manejo bien aún con alcohol encima. 
Cruzo las piernas y me cruzo de brazos también.
--Deja que te recuerde unas cuantas palabras: Tardamos cerca de media hora para lograr que subieras por las escaleras. A todo esto, ¿Porqué demonios bebiste tanto? 
 El pasa la mano por su cabello.
--Humm...--Responde.
Levanto una ceja, esperándo una respuesta
.--Me duele la cabeza--Dice.
--Por supuesto que te duele, idiota. Te bebiste una hielera completa. ¿Qué pasaba por tu cabeza? 
 El gime y da unos cuantos pasos para tomar sus zapatos. Corre y abre la ventana para vomitar afuera. Avanzo y le toco la espalda.
--¿Debería darte unos golpecitos en la espalda o algo así?--Le pregunto.
No me responde, por supuesto: Sigue con la cabeza fuera de la ventana.
Cuando la saca y se apoya en el marco de la ventana, yo le digo:
--Me sorprende que no estés baboso por todo el alcohol. 
Suspira fuerte.
--Vomité la mitad anoche, antes de que te marcara con la ayuda de Ridley. Aún así me siento como para morirme.
Asiento.
--Sí, te ves horrible, no te pienso mentir.
--Que linda eres.
Sarcásmo.
--Lo sé. 
El sacude la cabeza mientras cierra la ventana.
--Nececito una ducha, y un café. Urgente. 
Ruedo los ojos.
--Pues te aguantas. Tenemos que irnos, ya.
Me mira a los ojos.
--De acuerdo--Accedo--Ve a lavarte la cara y termina de despertarte; Te ves tan horrible que me das lástima a lo bruto. Luego nos largamos. Te prometo que pasamos por algo de desayuno, ¿Si?
El asiente.
--Gracias. Estoy muy agradecido.
--Lo sé.
El agita la cabeza mientras desaparece por la puerta.
--Eres una enfadosa, ¿sabes? 
Sonrío.
--Tú me amas.
--¡Ja! 
Y cierra la puerta del baño.
Me llega un mensaje a mi celular. Un mensaje que no es de la persona que me gustaría.
 "Me gustaría que maduraras y me respondieras un mensaje, o aceptaras mis llamadas teléfonicas".
 Casi puedo sentir la furia, no importa cuántos kilómetros estemos de distancia. Puedo imaginar su rostro. Y me hace temblar.
 Así de miedo le tengo.
Así de maldito es.
Cómo lo odio.
 Repaso las líneas, sin leerlas, como las cartas.
Respiro. Aspiro. Miro fijamente el celular. ¿Qué posibilidades hay de aventarlo por la ventana y que me den uno nuevo? Tal vez pueda inventar que pasó un extraterrestre y... no sé... que le gustó, así que se lo di a cambio de mantener mi cerebro intacto. O algo un poco más creíble, como que se me calló un baboso en carro lo atropelló, o algo así.
 Me gusta más la del ovni.
 Me quedo pensando en todas las maneras posibles de que yo pueda deshacerme de él que no me doy cuenta de que Lucas está en la puerta, mirándome.
--¿Algo interesante?--Pregunta cuando lo miro.
Me encojo de hombros.
--No exactamente.
Levanta una ceja.
--¿Sabes? Me dijiste que lucía horrible, pero deberías ver tu cara ahora mismo.
Ruedo los ojos y guardo mi celular.
--Cierra la boca, tonto. ¿Cómo va tu resaca?
--Me está matándo la cabeza.
Sacudo la cabeza.
--¿Quieres que te lleve a tu casa de una vez?
--No. Me prometiste un desayuno. Tú memoria es horrible, ¿Lo sabías? Un café me hará mejor, además necesito que me contestes unas preguntas.
 Respiro profundo y él pasa un brazo por mis hombros, guiándome hacia la puerta.
--Prometo no morder--Dice mientras bajamos las escaleras y pasamos sobre todo el desastre de la noche anterior.




--Sthep Stronger.

Pido disculpas por el tipo de la letra, muy chiquita. No sé qué ha pasado, y no he logrado cambiarla. :/

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