lunes, 2 de junio de 2014

After Jude. Capítulo 6.

Daily Glamorous
After Jude. Capítulo 6.


…--Es hora de que te marches.
--Pero…--Mi voz se tiembla y se quiebra—No tengo a dónde ir.
--Puedes quedarte si te alejas de ese chico.
Contemplo el rostro del tío que siempre fue un padre para mí. Y digo algo que nunca en mi vida pensé que le diría:
--Vete a la mierda.
Sus cejas se alzan en sorpresa y me da una bofetada. Probablemente me lo merezco por decirle eso, pero él se merece esas mismas palabras otras mil veces, así que me lo trago.
  Me lo trago, me lo trago, me lo trago. Siempre me lo trago. Siempre pongo mi otra mejilla. Siempre asiento, siempre acepto, sin cuestionar, sin dudar. Y se ha acabado. Si éste es el precio a pagar, entonces estoy bien con ello. Es una decisión que he tomado.
--Volveré por mis cosas.
No me mira, y me giro para salir por la puerta e ir al único lugar al que sé a dónde ir. Jude me abre la puerta en sus pijamas y me mira unos momentos. Se hace a un lado para dejarme entrar…
        La señora Perkins aplaude enfrente de mí, sola una vez, para llamar mi atención.
--Mackie, mi niña, ¿Estás aquí?
Mackie. Sólo Jude me llamaba así.
--Lo siento—Dice ante mi sorpresa—A veces juro que Jude sigue por aquí.
Asiento, porque entiendo. Cuando recientemente murió escuchaba a Jude decir mi nombre –O Mackie, para el caso- o decir un comentario listillo como él sabía hacer a su madre, o a cualquier persona a la que él hablara. A veces aún estoy simplemente haciendo cosas normales, como estar en el baño y escuchar alguna conversación de chicas estúpida, y me imagino lo que Jude diría. A veces juro que puedo oírlo. A veces juro que puedo verlo. Y a veces me da mucho miedo perderlo.
 Me da miedo olvidar. Me da miedo olvidar su cara, como cualquier otro recuerdo. No quiero que su imagen en mi mente se desgaste. con el tiempo.
--Estaba recordando cuando mi tío me echó de casa.
Su rostro se entristece.
--Oh.
Asiento.
--Sí: Oh.
Suspira.
--Mi dios, lo recuerdo como si fuera ayer. Fue el tiempo en que eché al padre de Jude de casa y tú te quedaste con nosotros hasta que terminó la escuela.
  Jude no había llegado a la graduación.
--¿Ha oído de él?
--Oh, demonios. No.
Levanto las cejas, porque “Demonios” es lo más cerca que ha estado de una maldición.
--Lo mejor que pudimos haber hecho fue divorciarnos—Dice—No puedo creer que me casé con alguien así. Que me permití casarme con alguien así.
La curiosidad destella en mi interior.
--¿Usted sabía cómo era cuando se casó?
--Sí, creo que lo sabía.
--¿Entonces por qué…?—No puedo con mi tono de incredulidad.
Ella mira por la ventana, ya veo como su mente navega lejos. Pienso que no me va a responder, pero murmura:
--A veces es lo que pasa. Ves al demonio, pero decides voltear el rostro.
--¿Por qué?
--Porque no quieres creerlo.



                                                            
 ﮪ




Todavía hay cosas que quiero decir y es muy tarde para hacerlo en orden. Tal vez soy buena para hacer artículos, ¿Pero la parte creativa? Sé que quiere matarme. Pero esto le pasa a usted por tener a estirados como nosotros en su clase.
Como puede ver, soy muy mala escritora.
Me estoy dando cuenta de que nunca le expliqué qué con su abuelo. Bueno, resulta que el abuelo había cachado a Jude con un chico una vez y después de eso le hacía bullying. Pero al menos el muy desgraciado no lo esparció alrededor como mi tío y el padre de Jude.
  Padre.
Últimamente he estado pensando en esta palabra. En los padres en general. Se supone que estas personas tienen que cuidarte, que amarte y ver por ti. Pero a ninguno de nuestros padres le importó (Excepto a la señora Perkins) No deberían llamarlos padre o madre. No merecen tener ninguna etiqueta. Llamaría a mis padres por sus nombres, pero tampoco sé eso. ¿Tiene hijos, señor Morgan? Sí los tiene, no sea un hijo de puta. Y si no los tiene… Sí, no sea un hijo de puta.
  Tome mi consejo, por el amor del Universo.
Sé que esto es tan poco profesional, pero a estas alturas soy una temeraria.
No tengo miedo a nada.


Levanto la vista y miro a la señora Perkins revolviendo la sopa. Me levanto de mi asiento y le pregunto si quiere ayuda en algo.
  Tal vez crecí sin padres, pero no es como si no tuviera uno. Aunque ella no esté ligada a mí por ADN, Elizabeth Perkins es lo más cerca a una madre que tengo, y me siento agradecida por ello siempre. Y creo que tenerla a ella es mejor que un padre biológico: Ella no está obligada a amarme.
  Supongo que es así como funciona: No puede forzar el amor. Por eso es tan mágico cuando sucede.
Es por eso que ere el idiota más grande del mundo si lo hechas a perder a sabiendas.
Jude, Jude, Jude.
Termino de poner los vasos y voy a lavarme las manos al baño de arriba porque en el de abajo no sirve una tubería o algo así. El punto es que el agua no sale.
Camino por el pasillo, y el baño está enfrente del cuarto de Jude. El cuarto que he estado evitando desde que llegué, porque sé que no voy a hacer otra cosa que llorar y eso es malditamente deprimente. Soy mejor siendo una nerd que siendo una maldita llorona.
  Y de alguna manera, a pesar de todo, me encuentro a mí misma girando la chapa de esa puerta.
  Habitación de chico. Es una manera exacta de describir su habitación. Está desordenado, no sucio, porque su madre aún limpia, pero desordenado. Hay un sweater en la silla de la computadora, sus estantes tienen todo menos libros y hay unos calcetines sucios en la esquina de su habitación. Etcétera, etcétera.
Miro los pósters de bandas colgados sobre la pintura verde y termino sentándome en su cama. La verdad es que nunca había estado en su cuarto antes. Muchas madres no dejan entrar a chicas a la habitación de sus hijos por razones obvias, pero incluso aunque Jude fuera gay yo nunca había estado ahí. No por su madre, sino porque su casa era problemática. Su casa siempre había sido un lugar problemático.
   Sin embargo, esto me suena exactamente como Jude.
Mirando aún los posters, recuerdo la vez en que compartimos gustos musicales y terminamos discutiendo, como todo el tiempo. Porque al parecer discutir era lo que mejor hacíamos, pero de alguna manera terminábamos pegados juntos de nuevo al final del día.
¿A quién quiero engañar? Voy a querer a Jude todos los días de mi vida. Ese cabrón egoísta.
  Mi vista se centra en el retrato de nosotros. Está sobre una caja dorada, sobre el mueble con cajones.  La foto es de nosotros dos sacando la lengua a la cámara, y yo le regalé la caja. Fue un regalo de cumpleaños. No la caja, ese era el envoltorio. Le había regalado un par de CD’s de esa horrible música que escuchaba y un sweater. En mi cumpleaños, él me compró un perfume. Dijo que era una indirecta. Luego yo le había metido un golpe, y tres minutos después estábamos comiendo pastel que la señora Perkins me había hecho.
  Ese perdedor.
Me levanto y tomo la foto. Después de verla un momento, la dejo en el mueble y tomo la caja. La abro, realmente no esperando nada.
  Porque tú no esperas realmente nada después de años, ¿Cierto?
Me encontré con un sobre blanco, en donde decía mi nombre con su letra descuidada.
  Cierro la caja. Después de un momento, vuelvo a abrirla, pero el sobre sigue ahí. Y aún dice mi nombre.
Mi cabeza empieza a girar y llevo la caja conmigo a la cama. Me siento en la orilla y rompo el cello del sobre, impaciente.

   Mackie:

Sé que no te gusta que te llamen así, pero no me importa.
Ahora han pasado cerca de cinco minutos desde que escribí la línea de arriba, y eso es porque no sabía cómo comenzar esta carta. Probablemente debí comenzar con algo más, pero no me siento como para volver a escribir esto. Ya es demasiado duro con esta primera vez.
   Mañana te enterarás. O tal vez en un par de horas, o en la madrugada, quizá.  Estoy seguro de que te enterarás por mi madre. Probablemente porque es la única a la que le importa.
  No estoy dejando carta a nadie más que a ti. Consideré dejar una a mi madre, pero no podía pasar de “Lo siento” y “Te amo”. Así que te voy a pedir que cuando termines de leer esto le digas esas dos cosas. Se lo diré esta noche antes de, pero aun así necesito que lo hagas. Como decía, tú eres la única que recibe carta, porque los demás no me importan. Ellos no se preocupaban por mí. Tu sí. Y por eso sé que vas a pasar un mal momento cuando termine de escribir y todo esté hecho, y por eso lo siento.
  Sé que hay psicólogos que dicen que las cartas de suicidio son para culpar a alguien o para decir las razones por la cual hicieron lo que hicieron, pero yo no voy a hacer ninguna de ésas mierdas. Estoy haciendo esta carta porque aún hay cosas que me gustaría contarte. Sentí que había cosas que aún necesitaba contarte.
  Mackie, yo nunca he tenido muchos amigos. ¿Recuerdas aquella vez que me dijiste que eso era porque pensaba horrible de todas las personas? Bueno, es cierto. Sólo estaba enojado contigo porque no me conocías y habías dado en el clavo. Cielos, siempre has sido tan rara. Y desearía haberme quedado más tiempo para pasarla con tu rareza. Por mucho tiempo, fuiste lo que me hacía levantarme todas las mañanas. Porque sabía que había alguien afuera quien no me juzgaría, y que podía ser mi amiga sin ser toda rara por ser gay. Pero hay mucho dolor, Mackie. Tanto que tú no puedes aplacarlo.
  Ahora, escribiendo esta carta, lo siento por ti. Porque estaré ya ido. Siento por dejarte. He estado pensando mucho tiempo acerca de esto, y siempre me freno porque te tengo a ti. Me gusta pensar en otro día contigo, pero entonces pienso en otro día en esta casa, en este lugar, con estas personas.
Me dan ataques de pánico. No estoy seguro de si has oído hablar se ellos, pero sientes que el mundo da vueltas y no puedes respirar. Es como si tus pulmones de mierda hayan olvidado como ser pulmones.
  He estado teniendo de esos más últimamente. Las personas dicen que siempre hay sol después de la tormenta, pero, Mackie, yo no quiero pasar esta tormenta. No quiero seguir yendo. Estoy listo para irme.
  Estoy listo para rendirme, y sé que me odias por ello. Quisiera que pensaras diferente, quisiera que me dijeses que está bien dejar de luchar. Pero supongo que no siempre puedes obtener lo que quieres en esta vida. Y eso es una mierda.
  Uno de mis doctores una vez me acusó de no sentir nada más que dolor. Claro, ellos no usarían la palabra acusar, porque ya sabes, son unos gilipollas de mierda que no aceptan las cosas. Bueno, creo que él tenía razón. Por mucho tiempo mis emociones estaban en blanco, a pesar del dolor. Era algo que conocía muy bien. Es algo que conozco muy bien.
  Y me planteó sobre el amor. Si alguna vez lo había sentido, y respondí que no estaba seguro. Claro, sentía amor por mi mamá, pero aparte… Bueno, no. Me dijo que no era posible que tuviera un corazón vacío, porque tenía una amiga (Sí, le hablaba de ti. No te creas, perdedora). Entonces he estado pensando que tal vez las personas a veces no tenemos un corazón. (Y antes de que empieces con tus nerdesidades, estoy hablando de un corazón metafórico.) Ya sabes, las personas como yo y los malos. A veces estamos demasiado jodidos para amar a alguien. Como para tener un corazón. Y como no parecía querer a nadie excepto a ti (Y mamá), he decidido que no necesitamos tener un corazón propio. A veces necesitamos a una persona que sí lo tenga y que pueda compartir con nosotros, alguien que nos bañe con su luz. Mi corazón eres tú (Y repito; mamá). Estaba perdido y tú llegaste con tus cosas frikis y me enseñaste que este mundo desmadrado aún puede ser bueno. Me compartiste de tu corazón puesto que no tenía uno, y estoy agradecido de haber elegido uno tan bondadoso (Y tan raro. Siempre has sido un bicho raro y siempre lo serás. Uno con muy mal gusto en música y esa maña de agregar la palabra “Metafóricamente” a cada sandez que dices.). Espero que haya hecho sentido.
  Así que supongo que esta carta es para agradecerte.
No podía abandonar este mundo sin dejarte saberlo, Mackie. Nadie debería dejar este mundo sin dejarle saber a la persona que quiere que le agradece por tener el corazón más bonito. Tú me enseñaste que este mundo desmadrado aún tiene salvación, y aun cuando me haya ido, juro que nunca  lo olvidaré. Aun cuando no quiero esperar a verlo hacerse realidad, porque sé que será un camino largo, y esta vez ni siquiera tú me haces querer quedarme.
  Vivir es la cosa más difícil, Mackie, y espero que a ti te vaya bien en el camino. Y también espero que algún día puedas perdonarme, incluso cuando sé que no puedes entender las razones.
  Una vez me dijiste que estábamos hechos de memorias, pero pienso que también estamos hechos de decisiones. Espero que tomes las decisiones que te hagan feliz. La mía lo hace. Es retorcido, pero lo hace. Y es la que marca todo lo que fui.


Lo siento, Mackie.
(Que no se te olvide decirle a mamá lo que te dije)

                                                                                  Cuídate,
                                                                                              Jude.







-Sthep Stronger.

viernes, 30 de mayo de 2014

Póster If I Stay (Si Decido Quedarme)


Sé que no me aparezco por aquí los viernes, pero... ¡Ta dá! Acabo de ver que el póster ha sido revelado. Admírenlo. Ámenlo. Y esperen la película.

                                             


--Sthep.

jueves, 29 de mayo de 2014

After Jude. Capítulo 5.

Tumblr
After Jude. Capítulo 5.


  Señor Morgan, yo sé que en un ensayo no se supone que tenga que estar tan detallado, y estoy plenamente consciente de que esto ha dejado de ser un ensayo hace mucho tiempo y que me va a reprobar. Pero enfrentémoslo: Me iba a suspender de cualquier manera.  Así que decidí que si voy a reprobar, voy a hacerlo bien.
  Hay muchas maneras para realmente comenzar a hablar acerca de Jude. Sé que es todo lo que he estado haciendo éstas últimas páginas, pero no es realmente lo que importa acerca de Jude. Sólo era una presentación a su persona.
 También estoy plenamente consciente de que ya he dejado esto en claro, pero Jude rompió mi corazón, y no de la manera en que usted piensa. Le he dejado pensar muchas cosas en vez de especificar y por eso lo siento. Supongo que cuando quieres olvidar a veces es difícil recordar quién eres y qué quieres.
  Jude murió un siete de marzo, en algún lugar en la madrugada.
Se preguntará por qué.
Buena pregunta.
Al principio no podía comprenderlo, y cuando lo hice, bueno, era demasiado tarde como para salvarlo. De hecho, era demasiado tarde para salvarlo incluso antes de conocerlo.
--Soy  gay—Me dijo.
Lo miré por un momento, en silencio.
--¿Ese es tu gran secreto que no me querías decir? ¿Que te gustan los chicos?
--Lo dices como si fuera nada.
--Que te gusten los chicos no significa nada realmente.
Y río amargamente.
--Pregúntale a tu tío, o a mi padre. Estoy seguro de que te contestarían algo diferente. Mi abuelo no puede, porque está muerto, pero no te diría algo diferente.
--¿Ellos saben?
--Tu tío fue quien supo primero, con mi abuelo, y luego le dijo a mi padre. Entonces me echó de la Iglesia y me dijo que no regresara hasta que decidiera desprenderme de Satanás.
  Yo había vivido con mi tío por siempre, y era un hombre devoto, pero no sabía cuánto.
No sabía acerca de la falta de humanidad que podía existir en los hijos de Dios.
--Eso es horrible, Jude.
--Como sea. Mi padre me odia. He sido corrido de la Iglesia para siempre puesto que no puedo cambiar.
--No es justo.
--El mundo no es justo.
Nos quedamos en silencio por un momento.
--Soy despreciable—Susurró.
   Y después, se alejó de mí.
Esto es la cosa acerca de las palabras, señor Morgan: Puedes utilizarlas de la manera en que nos lo ha enseñado; Para plasmar sentimientos y construir cosas hermosas de la nada. Pero también sirven para matar. Ahorcan a una persona hasta que el aire no llega a sus pulmones y entonces el corazón deja de latir.
 Y quiero poner algo en claro aquí: Tú puedes golpear a una persona un millón de veces, y ésta va a encontrar la manera de recuperarse. Pero si lo golpeas psicológicamente, eso es otra cosa. Porque es una herida que no cura. No existen inyecciones o pastillas que lo hagan mejor. Puedes golpear a esta persona hasta que ya nunca se vuelva a levantar.
  Jude y yo crecimos en familias religiosas, y aprendimos a amar a Dios sobre todas las cosas. Y es que el problema no es con Dios. Nunca ha sido con Dios. Es con las personas en la religión. Personas que juzgan, personas que voltean el rostro y abandonan.
   Sé que hay personas devotas que no son así. Los respeto. Sé que usted es devoto y no tengo nada contra ello. Mi compañera de habitación lo es; Reza por las noches y tiene una cruz en su pared (Regalo de su mamá, pero aún). Mi punto es que hay personas en este mundo que son maravillosas.
Pero también están… bueno, el resto.
Le diría que mirase a Jude, pero está muerto y no lo conoce, así que mírelo metafóricamente. Está muerto porque lo único que tenía lo abandonó.
  Mírenos. A todos nosotros. Mire quiénes somos. Mire a las personas con rosarios en sus manos que tienen esas miradas de odio en su rostro, esa fobia a cosas diferentes, ese “Te vas a ir al infierno” cuando estás perdido y solo. Hacia personas diferentes, a no creyentes.
  Mírenos.
Mire quienes somos.
Mire en lo que nos hemos convertido.
…
  De acuerdo, ahora sí me va a reprobar, pero de cualquier manera voy a continuar porque hace unos momentos he decidido reprobar bien, como ya he mencionado. No estoy segura que siga leyendo esto, ahora que más o menos he “insultado” a su religión. Si me va a poner una nota debajo de mi calificación que ponga : “Vete al infierno, hija de Satanás, donde perteneces. ¡Pecadora!”, entonces le voy a pedir que se lo ahorre, con todo respeto. No he atravesado por todo lo que he atravesado para encontrarme con otro señor Perkins u otro tío que me desprecie.
  Espero simplemente que no sea uno del resto.
Si nos movemos a otro tema, señor Morgan, yo sé que usted aquí esperaba una historia de amor trágica en donde chico abandona a chica y la vida ya no tiene sentido.  Sé que todos aquí esperaban una historia de amor. Juro que mi intención no era decepcionarlo. Pero necesito hacerle saber que no todas las historias van a serlo. Mi intención aquí era hacer un punto, un punto que necesito remarcar más que nada: No necesitas estar en una relación amorosa con nadie para que rompa tu corazón. El amor no siempre es el centro del universo. La amistad, la familia, las creencias, lo son; Mi corazón fue roto por un chico gay, mi tío, mis padres y una religión.
El primero me abandonó cuando era lo único que tenía. Y déjeme remarcar de nuevo esa parte en donde si te vas por elección eres un hijo de perra. El segundo me rompió y despreció cuando se enteró que mi amigo era un chico gay. Los terceros cuando decidieron dejarme con el segundo. Y el último porque nos dejó cuando más lo necesitábamos.
  No necesitas un engaño para ser totalmente destrozada.
     Quiero contarle el resto de la historia. Quiero contarle qué pasó con Jude cuando finalmente me dijo que era gay. Le diré que peleamos más que nunca (Solíamos pelear mucho) porque intentaba hacerle razonar que el hecho de que le gustasen los chicos no cambiaba quién era, que seguía siendo mi roca y que me preocupaba con él. Que aún lo quería. Pensé que él estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua.
  Pero las personas son… Son un iceberg. El hecho de que las conozcas realmente no significa que las conozcas.
¿Cómo iba a saber yo acerca de ese hilo de oscuridad y enfermedad corriendo por su mente? Había muchas cosas que no sabía sobre Jude. Y definitivamente no sabía lo que era ser un niño suicida con problemas de depresión incluso antes que el gusto por los chicos viniera.
 A veces es lo que me caza por las noches: Que realmente no hubiera podido salvarlo. Y yo quería, porque esto es lo que pasa con las personas que amas: Quieres salvarlos.



                                                                ﮪ



--No estoy cerca de obtener un cierre—Informo.
La señora Perkins pone su mano sobre la mía y aprieta.
--Entonces sigue escribiendo hasta que lo tengas. Sigue escribiendo hasta que lo descubras.
  Pienso que habla como Morgan.
Y él va a malditamente reprobarme.
Pero no. No voy a cambiar mis palabras, porque fui callada tantas veces que estoy harta. Alguien tiene que oírme. Alguien tiene que oírme sin voltear el rostro porque no soy una creyente.
  Miro a la señora Perkins, una creyente especial. De las reales. Una persona maravillosa. Ella no culpó a la Iglesia incluso cuando arrebató a su hijo. No pude comprenderlo al principio y estaba enojada, pero hay una cosa en este mundo llamada esperanza. Es la cosa más frágil. Pero a veces puede extenderse y desarrollarse hasta que ocupa todo el lugar. La esperanza puede alimentarse, y eso es lo que muchas veces nos mantiene cuerdos.
  A veces las personas simplemente necesitamos algo en qué creer.
Necesitamos esperanza. Necesitamos creer que no somos un caso perdido, que no todo está acabado para nosotros, que no somos estas personas en las cuales nos hemos convertido. Necesitamos creer que podemos ser mejores.
  Suspiro.


Mi relación con Jude no es realmente muy clara.
No era mi novio, no era mi mejor amigo. Peleábamos mucho para considerarnos mejores amigos. Éramos muy diferentes.
 Pero estábamos en el mismo bote.
Sé que le he estado soltando todas estas cosas sobre la humanidad y le he hecho creer que soy una cerebrito y eso, pero sólo le he explicado lo que entiendo. Lo que he aprendido, y tengo que admitir que hay cosas que aún no sé. Le digo esto porque supongo (Le repito que no sé, pues) que a veces nuestros demonios buscan demonios parecidos para sentir que alguien nos entiende. O tal vez nuestros ángeles buscan otros ángeles para sanarnos. No sé si Jude y yo nos encontramos para hundirnos juntos en el hecho de que fuimos despreciado por nuestros padres (y mi tío) o para sanarnos el uno al otro. El muy imbécil se fue antes de que yo pudiera descubrirlo.
 Tal vez se pregunte por qué estoy tan enojada con Jude. Y esto es lo que voy a decirle: No hay peor cosa en este mundo que ser abandonada. Que ser dejada atrás. Y no porque haya tenido que hacerlo, sino porque esa persona se despierta un día y decide que ya no quiere estar contigo nunca más. Porque puede elegir, y no escoge a ti.
   Nunca te escoge a ti.




                                                                      
ﮪ



Voy a ese lugar al que alguna vez llamé hogar. Es una casa pequeña con dos habitaciones y un baño, con paredes de madera y un jardín enorme que me daba flojera cuidar cuando todavía vivía aquí, con mi tío. El hombre tiene maneras sencillas, pero yo nunca me quejé.
 
 Cuando vuelva a casa de la señora Perkins a contarle por qué he venido aquí, después de que el hombre me echara cuando estaba en mi último año de escuela, le diré que es porque soy una estúpida. Incluso cuando me despreció por mi amigo gay y por eso de no ser una creyente, el hombre está en sus sesentas y me preocupo de que se caiga de una escalera o así, entonces cuando estoy aquí me aseguro de que aún esté vivo.
  Porque soy así de estúpida.
No debería regresar. No debería de verlo cuando él puso en claro que no quería saber nada más de mí.
  Toco la puerta y meto las manos en mis bolsillos. Un minuto después, él abre la puerta y hace lo que siempre hace cuando vengo: Me mira fijamente. Luego me deja pasar, sin decir una sola palabra por un tiempo. ¿Y yo? Yo hago lo que siempre hago cuando estoy aquí: Ordeno la casa. Limpio la cocina, quito el polvo, me aseguro que ya haya desayunado, y le hago comida para después.
  Y no intercambiamos ni una sola palabra.
Cuando estoy recogiendo mi bolsa, mi saco y mi bufanda, una hora después, él habla.
--Has crecido mucho.
Miro su cara arrugada y pienso ver… ¿Tristeza? No estoy segura.
--Ha pasado mucho tiempo—Le respondo.
Asiente y pasa las manos por su escaso cabello blanco.
--Supongo que te está yendo bien.
Asiento.
--Mucha tarea, y estoy cansada la mayoría del tiempo, pero estoy bien.
--Gracias, Mackenzie, por venir.
Asiento, abotonando mi saco.
--Yo…--Continúa—No me gusta pensar que eduqué a una no creyente. Pero eres una buena niña, Mackenzie. Tal vez Dios pueda perdonarte y así podrás ver el camino correcto de nuevo.
Enrollo mi bufanda en mi cuello.
Viví mi vida entera creyendo en Dios, y supongo que aún lo hago. Sin embargo, me molesta el hecho de él decide mi destino. Me gusta pensar que tengo esa cosa llamada libre albedrío. Me gusta pensar que nadie excepto yo tengo el poder para hacer que las cosas pasen. Eso de que alguien decida por ti es una mierda. Pero eso es lo la última razón de por qué no soy una creyente.
  Su religión tiene fallas. Tiene grietas en la armadura.
Y yo nunca pude vivir con ellas.
Yo no puedo vivir con ellas.
Así que, si Dios realmente existe, voy a ir al infierno por no creer.  Pero es algo con lo que he decidido vivir.
--No soy una creyente—Le digo, tal vez más para molestarlo que para aclarar un punto—Eso no significa nada para mí. Igual como no significó nada para ti arruinarle la vida a Jude. ¿Recuerdas a Jude? ¿El chico que botaste cuando estaba confundido y solo?
--¡Era un hijo de Satanás!
--¡Era mi amigo!
Era un ser humano.
Tomo mi bolso rápido porque sé que no voy a ganar esta pelea. Nosotros podemos discutir por horas y horas y nunca ganar ninguno de los dos.
Ésta es la razón por la cual no debería visitarlo. Por su ignorancia. Por su falta de humanidad.
  No debió decirle al padre de Jude que era gay. Debió dejar que Jude lo hiciera.
Porque tú no tienes el derecho a decidir exponer a alguien. Deben de hacerlos ellos mismos.
  Miro el cielo, pensando en las posibilidades que hubiera tenido Jude si mi tío no se hubiera metido en el camino.
   Pero una vez más, recuerdo porqué odio a Jude tanto: Fue su decisión. Marcharse fue su decisión, no de mi tío, ni de su padre, ni del resto de los compañeros en los pasillos que le lanzaban miradas después de que se supiera, como si fuera  la vez que realmente lo veían.
  No puedes culpar a alguien más de las decisiones que otra persona hace, a pesar de que fueron quienes empujaron tanto para que pasara.



--Sthep Stronger.
  A un día de hacer el Ceneval, con una posible infección de garganta y dormida, pero aún así les traigo un capítulo :D

miércoles, 28 de mayo de 2014

Red Thread. Chapter XIV


XIV

No tenía idea porque me encontraba tan nerviosa y emocionada por ir a la escuela. Bien, era un nuevo año en una nueva escuela, pero al final de todo estábamos hablando de la escuela.

Suspiré mientras me veía en el espejo.

Sabía que la primera impresión en la preparatoria era lo que más contaba, así que tuve mucho cuidado en escoger mi ropa. No porque me diera miedo ser rechazada, sino porque sabía el tipo de etiquetas que te daban al momento de pisar la escuela.

Además, también quería verme bonita para él.

Al final de tanta ropa que miré, decidí ponerme un vestido holgado, en la parte de los pechos hasta la cintura, era de color gris, de la cintura a la cadera de color blanco, y el resto de color negro. Como el vestido llegaba a la mitad de los muslos, me puse medias y tomé un par de Docs negras. La mañana estaba fría, así que me puse una chaqueta de cuero negro, tipo motociclista.

Dejé mi cabello, que ahora tenía una tonalidad más rojo cobrizo y no rojo intenso como antes, suelto con un poco de las ondas naturales de mi cabello. Puse mi inseparable sombrero negro, ya que no tenía ganas de peinar más mi cabello.

Agarré mi mochila y bajé a la sala, satisfecha por mi aspecto.

-¡Mamá! Una motociclista se metió a la casa.- gritó Luca cuando me vio bajar por las escaleras.

Lo fulminé con la mirada y el sonrió, bromista.

-Sabes que te quiero Sorella.- me dijo, recalcando la última palabra con un acento italiano demasiado fingido.

Puse los ojos en blanco.

-Ti odio fratello.- le dije

-¡Oh dios mío! Hacía tanto que ustedes dos no decían algo en italiano.- dijo mamá conmovida.

-Luca solo lo habla cuando quiere impresionar a alguna chica.- dije molesta.

Luca se acercó a mí y me abrazó.

-Tu si sabes, hermanita.

Le sonreí. Como quería a ése idiota.

-Bueno, mi niños, que les vaya muy bien en su primer día de clases. Éxito.- se despidió mamá dándonos un sonoro beso en la mejilla a los dos, para después encerrarse en su estudio.

Vaya mamá loca.

Luca me miró y yo me encogí de hombros.

Me despedí rápidamente de Luca, y cada uno se montó en sus respectivos automóviles para empezar nuestro día escolar. Él en la universidad que estaba en la ciudad, y yo en la preparatoria a unas cuantas millas de casa.

Como típica preparatoria americana, tenía una gran fachada hecha de ladrillo, con el nombre de la preparatoria arriba, y un gran reloj debajo. Muchos chicos caminando por el césped que estaba a los alrededores, chicas chillando al ver a sus amigos, muchos abrazándose y elogiando bronceados y nuevos cortes de cabello.

Estacioné mi viejo chevy en un espacio libre, algo lejos de la entrada y suspiré.

Deseaba que éste día fuera bueno.

Me bajé de mi carro y como no quiere la cosa, comencé a caminar hacia la entrada buscando con la mirada a Suzie o a Scout. O tal vez a Alan o a Patrick. Sólo necesitaba ver a alguien que conociera. Muy en el fondo, mi subconsciente deseaba ver a Ian.

Gracias a mi ingenio, no necesité ir a las oficinas por mis horarios, ya que ya lo tenía, al igual que el mapa para llegar a todas mis clases. Sonará muy estúpido, pero un día antes me había aprendido el mapa para no tener que preguntar a nadie en donde estaba cada salón.

-Eh, pelirroja!- me gritó una voz familiar a mis espaldas.

Sonreí y volteé.

Alan me sonrió y corrió a darme un abrazo de oso.

-Menuda fiesta la de la semana pasada, eh.- me dijo sonriendo.

Me reí.

-Me alegro de que me hayas encontrado, estaba buscando desesperadamente alguna cara familiar.- le comenté mientras caminábamos por uno de los pasillos atestados de estudiantes.

-Suzie por ahí debe de andar, y Scout, bueno, ella siempre llega tarde, así que la veremos en el comedor.

Me mordí el labio, mientras miraba al suelo. Preguntándome internamente si era bueno o no preguntarle por Ian.

-Sé que quieres decir algo, así que dispara, nena.- me dijo

Le sonreí agradecida.

-Ian... ¿Lo has visto?

Alan me empujó suavemente con el hombro.

-Suzie me dijo ayer, felicidades.- me dijo con una sonrisa en su rostro.

Me ruboricé y murmuré mi agradecimiento.

-Y, bueno, no he visto al chico, así que no te puedo ayudar. Pero si le preguntas a cualquier chica de aquí si lo ha visto, inmediatamente te responderán. Es el crush de todas, aquí, a pesar de que no es  capitán del equipo de futbol, el mariscal de campo o cualquiera de ésas cosas que te convierten directamente en un atractivo para las chicas.

Arqueé una ceja, y me acerqué a una chica, para ver si lo que me decía Alan era cierto.

-Disculpa, ¿has visto a Ian?

La chica me miró de arriba a abajo y arqueó una ceja.

-Que te importa.- me respondió y siguió hablando con sus amigas.

Entrecerré los ojos.

-¡Vamos! Solo quiero saber si le has visto.

Ella se volvió hacia mi y rodó los ojos.

-Sí, si lo he visto.- me respondió sinceramente, pero casi escupiéndome.

-¿Sabes en dónde está?

-Mira, si lo que intentas es meterte en la cama con él, no lo vas a conseguir ¿sí? Será el mas perseguido por las chicas, pero a él no le interesamos nosotras.- me dijo, señalándose a sí misma y a sus compañeras.-, y créeme que si no le intereso yo, que soy la chica más buscada del instituto, menos le vas a interesar tú, que eres toda una...- me volvió a escanear con la mirada.- chica claramente desesperada por encajar.

Abrí la boca de asombro y parpadeé varias veces, tratando de asimilar lo que ésa chica de bronceado artificial me acababa de decir.

Esto era el colmo.

-Sienna, encontré a Ian.- me gritó Alan.

Yo fulminé con la mirada a la chica y caminé hacia Alan, cabreada.

-¿Oíste lo que me dijo ésa chica?- le pregunté ofendida.

Alan se rió.

-No debiste preguntarle a ella, Marie Claire es una de las acosadoras de Ian.

Bufé. Hasta nombre de maldita tenía. "Marie Claire".

Ugh.

-¿Y yo que diablos iba a saber?- bufé.

Y de repente unos brazos me rodearon por la espalda.

-Hola guapa.- dijo Ian en mi oído.

Mi mal humor se disipó inmediatamente.

Dí media vuelta para mirarlo de frente.

-No sabía que tenías admiradoras.

Él tocó mi mejilla con su dedo índice, haciéndome cerrar los ojos al contacto.

-Son unas pesadas.- me dijo.

Yo sonreí.

-Ya me dí cuenta, espero que no den problemas.- dije medio en broma, pero diciéndolo también en realidad.

El me miró a los ojos y me dio un corto beso en los labios.

-No voy a dejar que te lastimen, ni que se metan en nuestra relación. No te preocupes, Sienna.- dijo seriamente, con su mano acariciando suavemente mi nuca.

-Ugh, cuanto amor.- dijo un divertido Alan.- Apuesto que ya se habían olvidado de mí.-siguió diciendo con una ceja alzada.

Yo me reí, negando con la cabeza. Éste chico era imposible, todavía no me creía que era gay.

Atrás de Ian, miré una falda azul con estampados de abejas. La chica era rubia, con su cabello rizado y totalmente esponjado.

Chillé de alegría.

-¡Suzie!-le grité haciendo que varias personas me voltearan a ver como si fuera una retrasada.

Suzie se dio la vuelta y chilló, tal y como yo lo había hecho.

Ambas nos echamos a correr, y nos abrazamos fuertemente como si no nos hubiéramos visto en años.

A pesar que apenas la conocía, ya la quería muchísimo, su personalidad era increíble, era muy amorosa, divertida y sobre todo, buena amiga. Además, ¡vamos! ya era parte de la familia, como novia no oficial de Luca, ya se había vuelto en mi hermana.

Su característico olor a canela y miel se apoderó de mis fosas nasales.

-Llevaba rato buscándote, maldita. ¿Cuándo llegaste?- me dijo rompiendo el abrazo.

-Hace menos de 10 minutos, encontré primero a Alan y después a Ian.- me reí.- Cuando vi esa fabulosa falda, supe que eras tu.

Ella se encogió de hombros y extendió su falda con sus manos, como las chicas en las fotos de Tumblr que enseñan su fabulosa falda que solo les queda a las chicas talla cero.

-Encontré esta falda en el armario de mi abuela, así que la hurté.- dijo riéndose.

Abrí los ojos en fingida sorpresa.

-No es bueno robarle faldas a pobres ancianas.- la reprendí mientras contenía una risa.

Ella se encogió de hombros.

-Ésposeme oficial, y hágame cosas malas.

-Éso se lo dejo a Luca.- suspiré.

Ella me golpeó en el hombro amistosamente y negó con la cabeza, murmurando algo parecido a "no sabes lo que dices".

-Ian, con que el Romeo de tu Julieta ¿eh?- le dijo Suzie a Ian, acercándose a él.

Ian asintió y me tomó de la mano, acercándome a él. Yo me estremecí ante el contacto. Todavía no me acostumbraba a éste hombre. Sus manos eran otra de las cosas perfectas que tenía, ya saben, grandes y masculinas, pero sin ser ásperas. Mis manos encajaban en las suyas perfectamente.

Fruncí el ceño, porque alguien faltaba.

-¿Y Patrick?- pregunté

Alan se rió.

-Vamos pelirroja, él ya es un machote universitario.

Parpadeé varias veces. Juraba que él también era de preparatoria. Quizá por éso Luca congenió tan rápido con él y los demás.

-Wow, no tenía idea.

-Patrick es el chico medio dark, ¿cierto?- preguntó Ian

Suzie asintió.

Yo estaba a punto de preguntar de nuevo por Scout, cuando la campana sonó.

-¿Qué clase tienes?-me preguntó Ian.

Repasé mi horario en mi cabeza tratando de recordar, hasta que me acordé que la clase era Biología.

-Biología.

-¿Quieres que te acompañe?- me preguntó amablemente

-No.-le sonreí.- Sé donde está el aula, además tu también tienes que ir a clases, es el primer día, no puedes llegar tarde.

-Bien chicos, tengo Educación Física, tsk, que fastidio. Nos vemos en el comedor en el descanso.- dijo Suzie y se fue.

Alan se despidió con un saludo militar y también se fue, dejándonos solos.

Ian suspiró y apretó mi mano.

-De acuerdo, nos vemos mas tarde.

Le sonreí y le dí un beso en la mejilla.



Dejé caer el montón de libros que me habían dado en solo 4 horas, en la mesa de la cafetería en donde estaban sentados todos, menos Alan.

-En Las Vegas era todo más fácil. Nos daban un iPad al comienzo y de ahí descargábamos los libros.- dije mientras me sentaba.

Scout resopló.

-Las Vegas será una cosa, pero aquí es otra.

Yo entrecerré los ojos, sorprendida ante la frialdad del comentario de Scout. Miré a Suzie y ella me sonrió encogiéndose de hombros.

Lo dejé pasar. Quizá andaba en sus días.

Ian pasó su brazo por mis hombros y me acercó a él.

-¿Qué tal tus primeras 4 horas?

Yo suspiré.

-Me han tocado las más pesadas, sin embargo creo que me las arreglaré.

El sonrió y me besó la sien.

-Ugh, malditos melosos.- dijo Suzie en broma.-Toma, bebe esto.- me pasó una limonada mineral.

La agarré y la miré interrogante.

Ella se encogió de hombros.

-No has ido a agarrar nada de comer y puedo aportar que ya no hay nada más que barras de cereal.

Ian chasqueó la lengua.

-¿Por qué, Sienna?

Puse los ojos en blanco.

-Bueno, quería venir a saludarlos primero. No sabía que la comida se acababa tan rápido aquí.

Ian me dió una manzana.

-Cómete la manzana y bebe la limonada.- casi me ordenó.

Volví a poner los ojos en blanco.

-Sì, signore.- murmuré y le dí una mordida a la manzana.

Él sonrió complacido.

-¿Saben? El entrenador Platt ya no empezó con su discurso emotivo, ahora solo calentamos e hicimos equipos para jugar voleyball. No fue tan terrible.- contó Suzie.

Todos los presentes se asombraron, menos yo. No tenía idea de lo que hablaban.

-El entrenador Platt siempre da el mismo discurso, ya hasta me lo se de memoria...- dijo Scout al ver que yo no entendía.

-"Así que dejen sus malditos aparatos, levanten su trasero de ésas sillas y corran, jueguen, disfruten del aire..."- dijo Alan, mientras se sentaba.

Suzie continuó.

-"Si ustedes no saben lo que es el sudor apestoso, conmigo sabrán lo que es."

Ian se rió.

-"Quiero botellas de agua con ustedes y si ponen empeño en mi clase, al final, tendrán unos músculos de oro... Jankins, deja de acosar a Brittany. Hey, a la dirección ustedes dos."- terminó Ian.

La mesa estalló en carcajadas.

-Buena ésa, Ian.- dijo Alan.

Él se encogió de hombros.

-Éso dijo el año pasado en mi clase.

-Nunca tuve mis músculos de oro.- se quejó Scout.

Suzie bufó.

-Tal vez no escuchaste la parte de "si ponen empeño" y que yo sepa, tú nunca le pones empeño a nada.

Scout tomó sus libros y se fué enojada.

-¿Qué diablos pasa aquí?-preguntó Alan.

Suzie negó con la cabeza mientras se terminaba su sándwich.

Yo tomé un trago de la limonada mientras apoyaba mi cabeza en el hombro de Ian.

-Demasiada tensión para ser el primer día, ¿uh?- me dijo Ian tan bajito que apenas lo escuché.

Yo solo asentí.

10 minutos después, la campana sonó, anunciando que ya era hora de reanudar las clases.

Suspiré.

-Nos vemos en 3 horas.- le dije a Ian mientras lo abrazaba.

-Nos vemos en 3 horas.- dijo de vuelta mientras me abrazaba más fuerte.



Historia me tocaba a la última hora, pero el profesor había tenido un "accidente" en la mañana, por lo que no podría ir la primera semana de clases.

Podía predecir que sería el típico maestro que siempre pone pretextos para no ir y regresa precisamente en la semana en la que nos tiene que evaluar.

Así que tomé mis cosas, caminé hacia la salida mientras le mandaba un texto a Ian.

Mi día había sido aburrido, algo que nunca pasaba en Las Vegas.

En LV simplemente cargaba mi iPad en una pequeña bolsa, que contenía un lapiz labial y mi teléfono. Allá los primeros días eran de ver muchísima gente nueva, siempre estaba la policía afuera esperando llevarse a algún chico con mariguana entre los supuestos cuadernos. Todo el tiempo allá te daban detención el primer día, ya sea por no poner atención, por seguir el juego con las bolas de papel o el típico guerra de comida.

Sonreí con nostalgia.

Aunque aquí me encontraba bien, no podía evitar acordarme de mis amigos.

No tenía nada más que hacer en la escuela, Ian y los demás se encontraban en clases.

Después de mucho pensar, decidí ir a tomar café a la cafetería que había descubierto hacía unas semanas.

La misma señora que siempre me atendía cuando iba, ahí estaba, sonriéndome amigable.

-Hola, Sienna. ¿Cómo te va?- me preguntó Margaret.

Como iba casi todos los días, supuse que sería bueno presentarme y preguntarle su nombre. Honestamente, Margaret, podría ser una mujer mayor, pero con un carisma y un humor de una chica de 20.

-Hey, todo bien. Primer día de clases y éso. ¿A usted cómo le va?

Margaret que se encontraba preparando mi mocha blanco, suspiró cansada.

-Ay nena, si supieras..

Yo arqueé las cejas y me recargué en el mostrador, mientras la veía trabajar.

-¿Qué pasa?- pregunté con interés.

-Pues, se que no debería quejarme pero, últimamente han habido muchísimas ventas y yo me he sentido tan cansada éstos últimos días que creo que debería cerrar por un tiempo la cafetería.

Yo abrí los ojos como platos.

-¿Qué? Pero... No. No puede cerrar. ¿No tiene a alguien que le ayude?

Margaret negó con la cabeza.

-Oh, no. Mis hijos tienen trabajos estables y viven en la ciudad. ¡Que va! No vendrían a ayudarme una temporada.

-¿Y sus nietos?- le pregunté

Ella me dió mi mocha blanco. Le sonreí en agradecimiento.

-Que mas quisiera que me ayudaran, pero ellos están completamente enamorados de sus aparatos electrónicos. Y Albert, mi esposo, ya quiere que descanse de todo ésto.

Hice una mueca y tomé de mi café.

Y entonces tuve una idea.

-Yo puedo ayudarle aquí. Claro, en las tardes y fines de semana.

Ella negó con la cabeza.

-No puedo pedirte éso.

Yo suspiré.

-¡Oh, vamos! Será divertido. Además, creo que sería bueno para mi tener un trabajo.

-No podría pagarte mucho...

Le sonreí.

-El dinero no es problema, puedo trabajar sin paga.-me encogí de hombros.-Me encantaría ayudar, no quisiera que la cafetería cerrara. Me iba a deprimir.- dije con sinceridad.

Ella suspiró, dándose por vencida.

-De acuerdo. Pero no creas que trabajarás sin paga, éso sería un abuso de mi parte.

Yo casi brinqué de alegría, dí vuelta al mostrador y la abracé.

-No la decepcionaré, Margaret.



-¿Entonces ahora trabajas en la cafetería que está justamente enfrente de Starbucks?- me preguntó Ian.

No habíamos podido vernos al final, porque yo me quedé en la cafetería y él tenía que irse a trabajar. Así que a la hora que él salió de trabajar, le llamé por teléfono y le conté lo de mi nuevo empleo.

-Si, sé que es extraño, pero el café es mil veces mejor.

Pude escuchar la sonrisa de Ian através del teléfono.

-Entonces, creo que iré a ésa cafetería a partir de hoy. Quizá pueda conseguir el teléfono de ésa nueva trabajadora pelirroja.

Me reí.

-No creo que te haga mucho caso.

-¿Por qué?

-Tiene novio, y lo quiere mucho.

Ian bufó.

-Cuando me conozca a mí ya no va a querer saber nada acerca de su novio.

-Eres un idiota, ¿sabías?

-Claro, pero así me quieres, ¿o no?.- dijo

-Te quiero mucho mucho.- dije mientras le sonreía al techo.

-Yo te quiero más.

Se me derritió el corazón.

-Cuando comenzamos con nuestras cosas cursis, a veces me dan ganas de pegarte una bofetada.

Ian se soltó riendo.

-¿Por qué?

Me encogí de hombros, aunque sabía que él no me podía ver.

-No lo sé, todavía intento saber el motivo.

-Bueno, es interesante el hecho de que me quieras golpear cada vez que te digo algo romántico. Es... ¿cómo decirlo?... peculiar.- suspiró.- ¿sabes? acabas de estropear un momento cursi.

-Tsk, dicen que también eso es romántico.- le dije bajito mientras acomodaba la almohada debajo de mi cabeza.

-¿Ian? Estoy en casa.- dijo una voz femenina al otro lado de la línea.

-Estoy en mi cuarto, en un momento voy.- dijo Ian, aparentemente cubriendo la bocina del teléfono.- Lo siento, Sienna, mamá a llegado. Nos vemos mañana, sabes que te quiero ¿cierto?

-No te preocupes, saluda a tu mamá de mi parte. Claro que sé que me quieres, al igual que tu sabes que yo te quiero.- dije

-Buenas noches, Sienna.

-Buenas noches, Ian.- dije y colgué con una sonrisa estúpida en mi cara.

Éste chico superaba mis límites.

Cada ves me sentía mas enamorada de él.

-LizzieG

martes, 27 de mayo de 2014

It's Complicated.


Prólogo.

Él sostuvo sus manos como si fueran algo que podría romperse con total facilidad, mientras ella lo miraba con cariño, pero se sentía insegura acerca de lo que podría pasar a a continuación... Si tan sólo escondiera su mano izquierda esto no sería tan difícil y podrían seguir adelante, sin embargo, él ya había visto el anillo de zafiros que adornaba su dedo anular.

—¿Es complicado?—dijo él con tristeza, mientras miraba el anillo con dolor.

Ella se tragó el nudo en la garganta, y con los ojos llenos de lágrimas, asintió.

Entonces, él besó su frente y se marchó.

-LizzieG

Nueva historia. En lo que termino Soulless. Jé.

lunes, 26 de mayo de 2014

After Jude. Capítulo 4.


Pretty things everywhere | via Tumblr
After Jude. Capítulo 4.


Cuando abro mis ojos, la señora Perkins está sentada en la mesa, con los panecillos que no comí anoche en el centro y una taza de algo.
--No te he oído llorar desde un largo tiempo—Me dice--¿Qué tal si te sientas aquí y hablas conmigo? Hay una taza de chocolate caliente esperando por ti en la cocina.
  Me levanto, aún con los ojos nublados y con mis miembros flojos. Voy a la cocina y encuentro mi taza con chocolate. No es exactamente mi taza. Era de la señora Perkins, pero siempre que estaba aquí pegada a Jude y nos daba té o algo, yo siempre pedía esa taza, simplemente porque me gustaba el diseño. Ni siquiera era especial. Era una taza normal naranja con unas líneas horizontales verdes, como en forma de tornado. No era especial, pero era mi taza.
  Es mi taza.
Cuando vuelvo, ella está esperando.
--¿Entonces qué ocurre?
--Jude. Eso ocurre.
Suspira.
--Oh, cariño. Pensé que habías podido obtener un cierre hace mucho tiempo.
--Pensé que lo había tenido. Pero estaba equivocada—Suspiro—Siento por haberte molestado por la noche. ¿Se oía mucho?
--Cariño, no tienes que disculparte conmigo.
Llevo mi taza a los labios y trago. El sabor dulce corre por mi garganta y me ponte toda cálida en el interior.
--Entonces, estoy en esta clase de Escritura Creativa obligatoria. Y es un asco. Tenemos que abrir nuestros corazones y vomitarlos todos en una hoja de papel. Es un asco—Repito. Luego hago una pausa—Pero también es liberador. Y nuestro trabajo final es escribir acerca del dolor. El tipo de dolor que te hace doblarte, y estoy citando al profesor Morgan.
--Y elegiste a Jude.
 Miro la ventana detrás de mí, hacia la luz del sol filtrándose por la ligera cortina blanca.
--¿Cómo no iba a elegir a Jude? Jude es en todo lo que pienso. Como sea, anoche estaba intentando escribir, y bueno, terminó así.
  Suspira, asintiendo hacia mi historia.
--Fui a verlo ayer—Me dice.
Sorpresa, sorpresa.
--Lo sé.
La señora Perkins aún sigue viviendo por ese hijo de perra. Ese hijo de perra a quien quiero y extraño.
--Ya no voy como antes, Mackenzie. Le dije que lo amaba, pero que tenía una vida y que tenía que continuar. Ese fue mi cierre. Tal vez tú puedas hacer lo mismo. ¿Qué te parece que vayamos esta tarde a verlo?
  Tengo mis dudas, pero luego asiento.



                                                                  
ﮪ



Mis pies caminan sobre maldita nieve. Por todo el lugar. Tengo que llevar mi bufanda gruesa si no quiero tener mi cuello congelado.
 Maldición, hace frío.
La señora Perkins sostiene mi brazo hasta que ya estamos ahí.
--Hola, cariño—Dice.
Veo las palabras escritas en la roca, sobre su fecha de nacimiento.


                                   Jude Matthew Perkins
                                  Hijo, amigo, compañero
                             Que Dios te tenga en su gloria


La primera vez que vi la última frase, pensé que si Jude estuviera vivo, le daría un infarto. Ahora me gusta pensar que es el karma.
  Eso es lo que le pasa por suicidarse.




-Sthep Stronger.

jueves, 22 de mayo de 2014

After Jude. Capítulo 3.

Untitled
After Jude. Capítulo 3.


Esta mañana cuando me levanto, odio a todo el mundo.
A Terra, por no rejuntar sus zapatos; A Morgan, por dejarnos esa estúpida tarea; A mi tío, por darme la espalda después de todo ese tiempo; A mis padres, quienes fuesen, por obvias razones; Al padre de Jude, por ser un idiota ignorante. A su abuelo, por ser tan ignorante como su hijo hasta el día que murió. A Jude, por largarse y dejarme en este mundo con todos estos idiotas.
  Sí, a Jude más que nada.
A Jude, como todo el tiempo.
Es muy extraño: Querer y odiar a alguien al mismo tiempo. Quieres estrangularlos y abrazarlos a la vez. Probablemente si pudiera ver a Jude de nuevo primero lo abrazaría y luego me aseguraría de que sus pulmones dejaran de recibir aire. Después de mi momento de satisfacción, lo reviviría, porque aún lo quiero.
 Eso es un asco. Desearía sólo quererlo u odiarlo.Pero supongo que en la vida las cosas no funcionan de esa manera.
Entro a la clase de Morgan, una vez más, y lo veo con esa sonrisa relajada.
Lo quiero matar.
Y al parecer, se da cuenta.
--¿Está todo bien, Mackenzie?
Asiento rápido y me voy a mi asiento, en la última fila cerca de las ventanas, en el mesa banco de en el medio. Recuesto mi cabeza en el escritorio y me doy cuenta de que no estoy molesta con todas estas personas (Excepto con Jude. Siempre estoy molesta con Jude. Con todo mi amor, por supuesto) sino conmigo. Porque soy yo quién está trayendo de vuelta estas memorias.
 Pude haber dicho no. Pude haber saltado la tarea del señor Morgan.
Pero ahora que he comenzado, no creo poder detenerme. Nunca le he dicho la historia a nadie, ni a una sola alma.
Saco mi cuaderno y una pluma negra de mi mochila.
Nunca me había dado cuenta de cuan desesperadamente quería contar lo que pasó el último año de escuela en ese pequeño pueblo que llamé hogar.





Diría que las cosas comenzaron con el día en que mostré curiosidad por Jude en la iglesia en la misa de su abuelo. Pero supongo que no es verdad. El verdadero inicio del inicio fue tiempo después.
Es difícil explicar cómo Jude y yo pasamos de apenas poder vernos a la cara a depender el uno del otro. Ha pasado tanto tiempo y han pasado tantas cosas. Todo es una mancha borrosa, pero aún si recordara, aún no pudiera decirlo. Porque nosotros simplemente ocurrimos de la nada.
Nos recuerdo a ambos estar en ese punto un día, después de días y días eternos de jugar “¿Preferirías…?”.
Yo era su única amiga. Él era mi única roca.
--¿El padre de la iglesia es tu papá?—Me preguntó.
--No. Es mi tío, pero es mi tutor legal.
--¿Dónde están tus padres?
  Eso era lo que nos pegaba juntos: Hacíamos las preguntas que nadie nunca se atrevían a preguntar.
--Lejos, supongo. No lo sé. Mi madre nos abandonó a mí y a papá cuando nací, y él… Bueno, cuidar de una niña era demasiada responsabilidad. Me dejó en la casa de mi tío cuando tenía tres años y ya nunca regresó. ¿Los tuyos?
--Ellos dos están ahí.
--Entonces supongo que tienes una vida relativamente normal.
Me sonrío, pero era tan falso.
--Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿Verdad?
--Sí.
El hecho de que lo supiera no significa que lo hiciera.


Hubo muchas cosas que Jude mantuvo de mí incluso cuando yo prácticamente le vomité mi corazón. Okey, eso suena asqueroso, pero vomitar sería un buen término para explicar cómo vertí mi corazón sobre él.
  Pasó un tiempo hasta que me lo contó, y cuando lo hizo estaba herida. Cuando se fue estaba destrozada y enojada.
 Ahora simplemente estoy buscando un cierre.
Supongo que por eso escribo.
Miro hacia la ventana, donde puedo ver el viento soplando y a personas caminando por el campus, con sus gorros puestos, porque hace demasiado frío ahora que se está acercando el Día de Acción de Gracias.
  Para mí, el Día de Acción de Gracias es de alguna manera lo peor y lo mejor. No hace sentido, pero supongo que si intentásemos encontrar el sentido a todas las cosas que pasan, como por qué Finnick tenía que morir al final de Sinsajo (O mejor: Prim), no veríamos el final.



ﮪ                                            





Todos los años, en día de Acción de Gracias, pasa lo mismo. Es una rutina que nos mantiene a las dos cuerdas. Más o menos.
  Terra me ayuda a sacar la maleta, a pesar de que le he dicho que estoy bien. Insiste, porque es una buena compañera de habitación, y media hora después, estoy en el autobús camino a casa. No es tan lejos de Texas. Es en Oklahoma, en un pequeño pueblo llamado Grandfield. No es tan lejos como quise aquél año en el que todo se derrumbó, pero supongo que no importa si estuviera en la India, nunca sería lo suficientemente lejos. Sin embargo una vez cada año, me reprocho a mí misma cuando tardo siglos e llegar a casa por la distancia.
  Casa.
Casi me río.
No significa nada.
  “Señor Morgan, sé que se pregunta por qué vuelvo a casa cuando no tengo a nadie esperando por mí, cuando es tan doloroso. Pero ese es el error: Todavía tengo algo. Cuando todos se fueron, sólo quedamos la señora Perkins y yo. Nos tenemos una a la otra, y cada día de gracias, nos reunimos. Y considero a Elizabeth Perkins tanto como una amiga como mi familia.
  Nos reunimos para recordar que aún tenemos algo”.
    Últimamente he estado haciendo esto mismo: Hablando en mi cabeza a Morgan, como si en verdad estuviese escuchando.
  He pensado también que estoy loca.
Las horas pasan mientras cambio las canciones distraídamente en el reproductor, y cuando la noche cae, el autobús llega a su destino, y en una de las sillas, ella me está esperando. Tiene pantalones de algodón a juego con la blusa y el pelo oscuro perfectamente cuidado, pero sé que las cosas aún no van bien.
  Tanto ella como yo nos quedamos atascadas cuando él se fue.
Siento rabia, porque no me dejó sólo a mí, sino también a ella. ¿Por qué no pudo pensar en su madre? ¿Por qué un día decidió simplemente abandonarla a ella, a la única persona que ha estado ahí por siempre?
  En momentos como estos es cuando odio a Jude más que nada.
--Mi niña—Dice la señora Perkins, parándose y abrazándome—Estoy tan feliz que estés aquí.
Le sonrío y juntas caminamos hacia su auto, el mismo auto viejo y azul de siempre. Eso me hace sentir cómoda. Me hace sentir como en casa.
  Supongo que ella y su hijo fueron eso para mí, aunque fue sólo por un segundo.
--¿Cómo ha estado?—Le pregunto.
Asiente.
--Ocupada. La pastelería da más trabajo de lo que se puede pensar. Y sí, tengo tus panecillos de arándanos en casa, antes de que me lo preguntes.
 Sonrío.
Elizabeth Perkis ha sido lo más cercana a una madre que he tenido, a pesar de que la conocí tarde. Pero fue ella quién me ayudó con las cosas de la universidad, y fue ella quién me dejó quedarme en su casa cuando mi tío no quiso saber nada de mi trasero pecador y eso.
--Me alegro. Estoy muriendo de hambre.
--¡Oh, no! ¡Ni creas que vas a comerte esos panecillos sin haber probado bocado antes! ¡Estos niños de ahora que nunca comen comida real!
Río. Como este pueblo es tan diminuto, llegamos a casa un minuto después.
Cuando bajo, dejo las cosas en su sala, donde voy a dormir esta noche, porque aunque ella me lo haya ofrecido antes, no puedo dormir en la misma habitación de Jude. Principalmente porque me pone toda lacrimógena, y segundo porque, repito: Estoy tan malditamente enojada con el chico. Puedo hacer un poema acerca de cuan enojada estoy con él. Puedo cantarlo, puedo escribirlo.
  “Porque aquí está la cosa, señor Morgan: Hay una diferencia entre tener que irse y abandonar. Si es la primera, entonces estás automáticamente perdonado. Si es la segunda, eres un hijo de perra”.
  Hago una pausa mental.
“Y, de nuevo, no me puede obligar a cambiar mi lenguaje”.
     Sacudo mis pensamientos y ayudo a Elizabeth a poner la mesa mientras me hace preguntas sobre mi carrera, casi un interrogatorio. Pero no me molesta, porque si algo he aprendido, es que ser un niño sin nadie es un asco. Sin padres, sin tío, sin Jude, en fin.  Me gusta que Elizabeth me acose con preguntas, por extraño que suene. Me gusta que alguien se preocupe por mí.
  Cuando terminamos, antes de ir a la cama, ella besa mi frente, y dice una oración. A pesar de todo.
Pero supongo que cuando tienes que apuntar, no todas las personas tienen el mismo culpable.
  Mis ojos pesan, pero las palabras pesan más. Ellas revolotean sobre mi cabeza y me gritan que les ponga atención. Me piden que escriba. Así que es la una de la mañana cuando saco mi computadora y me siento en la mesa de la señora Perkins a escribir.

Lo extraño con todo mi corazón metafórico.

Esto es todo lo que puedo escribir antes de echarme a llorar.
Una vez más.


--Sthep Stronger.