martes, 7 de abril de 2015

Hothouse. Capítulo 1.

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Hothouse. Capítulo 1.

   ¡Genevieve! ¿Estás lista?
 Los pasos de Genevieve resuenan por el diminuto apartamento al tiempo en que la calentadera chilla. Al abrir la pequeña tapa, al vapor se eleva en el aire hasta desvanecerse.
   ¡Genevieve!
Los pasos se detienen justo detrás de mí, y veo a mi hermana menor parada. Los botones de su saco están mal abrochados y su falda está ligeramente levantada de un lado.
   Ya estoy lista.
Dejo la taza en la barra de la cocina y me agacho, estando a su misma altura.
   Pensé que quedamos en que te asegurarías de que los botones estén en el agujero correcto antes de salir   Digo, desabrochando  su pequeño saco rosa.
 Ella sonríe, mostrando sus dientes faltantes.
   Lo siento, mami.
  Mis ojos conectan con los suyos y me detengo. Los ojos de mi pequeña hermana reflejan la inocencia con la que la he alimentado todo este tiempo, pero no sé si puede ver la mentira en los míos. No lo hace ahora, estoy convencida, pero algún día las cosas cambiarán. Algún día empezará a hacer preguntas.
   Desayuna rápido, amor. Se hace tarde.
 Genevieve salta por el departamento de dos recámaras como si fuera lo mejor. Como si no pudiera ser más feliz. Siempre ha sido una niña muy buena, y me ama, a pesar de todas las cosas que no puedo darle. Temo a la adolescencia, cuando llegue. ¿Una chica de veintitrés años con una niña sola? Hummm...
   Cuando termina de desayunar me aseguro que se haya lavado los dientes antes de apresurarla fuera de la puerta. Tomamos el metro hasta la escuela de Genevieve, donde espero hasta verla entrar. Ella se voltea antes de desaparecer por la puerta y saluda. Es nuestra rutina.
  Estamos en el siglo veintiuno y a aproximadamente un ochenta por ciento de la población le vale un carajo lo que hagas, pero siempre existe el resto: Las amas de casa que se han casado con un doctor o empresario, con 2.5 hijos a los cuales les hace el almuerzo todas las mañanas y fingen que realmente se los comen mientras se dedican a esparcir rumores sobre almas menos afortunadas. ¿Presidenta del grupo? Cindy Martin.
 Antes de darme la vuelta me encuentro con su mirada en mí, su sonrisa de "Realmente creo que eres una escoria en este mundo". Asiente hacia mí, y yo se lo devuelvo. Supongo que las mujeres podemos ser así de hipócritas algunas veces. Sé que piensa que soy madre soltera que tuvo a Genevieve cuando tenía dieciséis años. Es sólo que no la tuve. Huí con ella. Y saber eso es mucho peor, así que simplemente la dejo creer. Dejo creer a muchas personas.







Cuando dejo mi bolsa en mi escritorio, mi jefe asoma su rostro por la puerta de su oficina y me sonríe.
   Sannah, ¿Puedo hablar contigo un segundo?
   Claro.
Me indica que me siente en la silla frente a su escritorio y se sienta en su silla, al otro lado.
   No estoy despedida, ¿verdad?   Escupo de repente, mis inseguridades  saliendo de mi mente directamente hacia mis labios.
Parece sorprendido.
   No. ¿Por qué? ¿Hay algo que debería saber?
Mis hombros se relajan y sonrío un poco hacia él. No puedo permitirme perder un trabajo. Soy solo una recepcionista en un despacho de abogados, pero estar sentada todos los días contestando llamadas y ser el perrito faldero de mis jefes paga las cuentas y alimenta a mi hermana, así que sí, no puedo permitirme perder este trabajo.
   Nada. ¿Pasa algo?
   Como sabes, me acabo de casar.
   Lo recuerdo, estuve ahí.
De hecho, he estado en sus tres últimas bodas en los últimos dos años. Él sonríe hacia mí como si me hubiera leído el pensamiento.
   ¡El noveno es el vencido!   Celebra, lanzando un puño al aire   En fin, lo que quería decirte es que me tomo un año sabático a Grecia con Liz. Qué mierda. Tal vez a París. Tal vez a Grecia y París.
   Eh...
   ¿Y qué pasará con el despacho?
   Ahí es donde entras tú. O en parte, al menos. Uno de mis socios acaba de mudarse desde Londres y tomará mi trabajo de tiempo completo por un año. No sabe ni mierdas, así que aquí es donde tú entras y le ayudas a mantener este lugar a flote con la información que ya sabes.
 Y también le hago los recados.
   
De acuerdo. ¿Y cuando llega?
   Mañana. Es mi último día aquí, así que aprecia el momento antes de que dejes de verme por un año.
  Dale es un buen jefe. Es coqueto sin rayar al acoso sexual, gracioso sin parecer psicópata y despreocupado sin ser irresponsable. Lo extrañaré un poco. ¿Quién sabe? Hay una probabilidad de 99% de que el nuevo jefe sea un imbécil.Riesgos de trabajo, después de todo.
   Estaré encantada de ayudar.
Es mi trabajo ayudar.
El sonríe antes de mandarme a mi escritorio. Miro la computadora apagada, atrapando mi reflejo en la pantalla. Mis rizos salvajes rubios se han salido del chongo que he hecho esta mañana y no tuve tiempo para aplicarme el rimel. Hoy no es un buen día.
 Cuando me mandan a ir a la cafetería de la esquina por cafeína para todos, suspiro entrando en el elevador y antes de cerrar las puertas, entra un hombre rápido.
   Mi boca toca el suelo, porque es la cosa más hermosa que alguna vez haya visto. Es alto, con pelo castaño y ojos oscuros, sin mencionar el traje gris de tres piezas que le quedaban perfectamente. Casi quiero levantarme en mis puntillas y oler el hueco entre su cuello y hombros.
   Mierdaaaaa.
Él me hecha una mirada y sonríe. En ese momento, sé que se dio cuenta de todas las cosas sucias que pensé en menos de 0.3 segundos a partir de que él entró. Y le divierte.
  Ruedo los ojos y aplasto el botón que indica Planta Baja. Las puertas se cierran y la música de fondo suena hasta que... ya no. El elevador hace una pausa antes de detenerse completamente.
¿Qué...?
Aplasto los botones furiosamente, pero nada pasa, hasta que una mano cálida se envuelve en la mía, siempre fría.
   No creo que eso esté funcionando.
   Pues no. ¿Tienes una mejor idea?
Él estudia los botones hasta que encuentra uno en específico. Es cuando me doy cuenta de que dice "Pánico". Abajo, en letras pequeñas, pone "Usarse en caso de problemas tecnológicos". Él lo aplasta, pero no hay nada. Ni sirenas, ni luces rojas parpadeantes, nada.
Y una mierda.
   Oh, Dios.
 Nunca voy a salir de aquí.
Un recuerdo flashea en mi mente. En él, tengo ocho años y mi madre me ha encerrado en el armario porque teme que él me haga daño, pero es a ella a que daña y yo me quedo ahí hasta que mamá puede levantarse. Dos días.
  Nunca voy a salir de aquí.
   Oye, oye, con calma. Respira.
El tipo bueno está a lado de mí, casi flipando porque yo estoy flipando.
   ¿Claustrofóbica? ¿Tienes un celular? Olvidé el mío en el auto.
Niego, intentando respirar. Me quito la bufanda del cuello y mi saco le sigue.
   Mierda   Suelta él. Concuerdo   De acuerdo. Hay que conversar.
Mis ojos se desvían hacia él.
   Esa es la idea más estúpida que he oído.
No dije que fuera linda.
Él levanta una ceja hacia mí, pero yo no cedo bajo el peso de su mirada. Él sonríe.
   Lo es. Pero ha funcionado antes. Va a funcionar ahora. ¿Cómo te llamas?
Mi respiración viene en jadeos y es lo único que se oye mientras nos observamos el uno al otro.
   Bien. Mi nombre es Colton. Y desde que no me dices tu nombre, te llamaré Thalia.
   ¿Por qué Thalia?
   Dame un respiro, estoy improvisando aquí. Pero si quieres cambiarlo, sólo tienes que decirme tu nombre para que podamos tener una conversación decente.
  Oh, tu cola. ¿Qué podría ser lo peor, después de todo?
   Sannah.
   ¿Uh?
   Mi nombre es Sannah.
Sonríe.
   Eso es mejor que Thalia, voy a admitir. ¿A qué te dedicas?
   Soy recepcionista. Iba a ir por café. Y luego esta mierda pasó.
Asiente.
   Lo sé. Yo iba a ir por mi celular a mi carro. Soy un desastre, y el celular me ayuda a hacer las cosas que se supone que tengo que hacer el día indicado. Intenté vivir sin él por un día, y cuando volví a mirar arriba, tres días de mi vida habían pasado y de alguna manera terminé a punto de casarme en Las Vegas.
  Si intentaba hacerme reír, le funcionó. Él sonríe de vuelta hacia mí hasta que el elevador se vuelve a mover bruscamente. Por instinto, salto a sus brazos y él me envuelve. Bajo mis dedos, sus músculos son como roca, y no puedo evitar pensar en deshacer esos botones y...
 ¡Sannah, detente en este mismo momento!
Él me mira a los ojos y no puedo evitar mirarlo de vuelta. Me pregunto qué se sentirá estirar mis dedos y pasarlos por su cabello...
  Me suelto y abrazo mi bufanda y saco a mi pecho. Él ríe entre dientes.
   ¿Cuando salgamos, podría tener tu número?
 Le lanzo una mirada. Un chico como él, ¿queriendo salir conmigo? No. Si estuviéramos en la escuela, yo sería la chica desaliñada que se sienta en la mesa de los nadie, y él sería la estrella del equipo de hockey o ésas, saliendo con la porrista o su mejor amiga. Cosas así no pasan en la vida real.
   ¿Para qué?
Parece realmente divertido.
   Me gustaría follar.
Ay, Dios.
   ¿Sabes? Cuando leí esa línea en un libro, ningún problema. ¿Psicópata? Un poquito. ¿Bonito? Pues bueno. El  punto es que me derretí completamente. ¿Ahora? Mi alarma de Pánico está flasheando. Sólo quiero decirte que sé cómo derribar a un hombre.
  Lo último es mentira, pero él no lo sabe, así que no hará daño. Ahora, una gran sonrisa del tamaño de su rostro toma lugar.
   ¿Por qué sigues sonriendo? Es enserio, podrías ser un asesino serial y yo aquí atascada contigo.
   Enserio, dame tu número.
   Ya crees. Además, soy mamá.
Mentira, mentira, mentira. Sin embargo, él no retrocede.
   No quiero salir contigo, amor. No hago eso de citas.
   Igual que yo no despierto una mañana con ganas de asesinar a alguien o tomar drogas. O sea que no. ¿Y qué es esa línea de "Yo no hago eso de citas?"? Muy malote y todo, pero ya lo he leído.
   Entonces no me vas a dar tu número.
   Que no. Enserio que tú no me estás escuchando.
   ¿Entonces vas a hacerme rogar?
   Okay. ¿Sabes qué? Esta conversación se ha terminado. ¡Ahora haz algo para salir de aquí!
   ¡Pero bueno, alguien es mandona!
   Una mandona y un psicópata atrapados en un elevador. Así es como los asesinatos pasan. Así que ponte a hacer...
El elevador se sacude una vez más y yo caigo sobre Colton. Me toma de la cintura y aprieta. Segundos después, hay un click en el aire y las puertas se abren.
  Ah. Bueno, fue fácil   Murmuro.
Colton me mira, levantando una ceja.
   No hiciste nada.
   Tú tampoco, así que no presiones. Ahora quita tus garras de mí, psicópata follador.
Salgo del elevador, pero antes de que realmente me aleje, Colton aparece a mi lado, tomándome del brazo.
   Sabes que tú vas a tener al menos una cita conmigo, ¿verdad?
   ¿Y los conejos son de marte? No me digas.
Sonríe. Toma de mi rostro y me jala hacia él.
Me besa.
Y santa mierda de todos los bebés gorditos del mundo.
El hombre sabe besar.



-Sthep Stronger.

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