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lunes, 10 de marzo de 2014

Saved. Capítulo 13.

Emily browning
Saved. Capítulo 13. "Estrellas extinguidas".

Ted me abrió la puerta y me sonrío, tal vez pensando que fui a su casa por algo más. Claro, como si eso fuera a pasar. Sin embargo, cuando miró mi cara y ropa sucia, su sonrisa arrogante se borró y me dejó pasar.
--Eh, chica, ¿Te metiste en una pelea de gatas? No luces muy apetecible.
--Necesito quedarme aquí un par de días.
Sonrió.
--Ya sabía que me deseabas.
No le devolví la sonrisa ni lo insulté como solía hacerlo.
--Y también necesito hablar con tu padre.
Creo que fue ahí cuando se dio cuenta de que era serio. Me miró una vez más y dijo:
--Siéntate, voy a buscar algo de ropa que dejó aquí mi hermana la otra vez, espero que te quede.
Me senté en la isla de la cocina en su apartamento (Uno lujoso, sólo como un traficante de drogas super secreto y exclusivo podría permitírselo, claro) y tomé el control de la pequeña televisión de pantalla plana enseguida del microondas. Lo prendí e inmediatamente me fui a canal de noticias. Habían pasado ya horas, así que esperaba que saliera algo sobre ello.
Y así fue.
Una cámara lo enfocaba, pero se movía tanto que no se veía muy bien, y era porque estaba corriendo. Un policía entró en el lente y detuvo al camarógrafo, diciéndole que no podía pasar. El de la cámara finalmente se detuvo y enfocó bien a los bomberos sacando a las chicas del auto. Vi a Kate, tirada en el suelo, viendo a los médicos arrodillados ante ella como si fueran un rayo de luz en la más absoluta oscuridad.
  Sonreí, e incluso me reí un poco. Era una perra, pero era una que sabía cómo jugar sus cartas. Mis respetos.
 Me quedé viendo el desastre un rato más, y me relajé cuando me di cuenta de que Marina y An estaban vivas. Aún me preocupaba por ellas.
Estaba escuchando cómo informaban que al parecer había un cuerpo desaparecido según una de las víctimas (Que apuesto mis calcetines a que fue Kate) cuando Ted apareció atrás de mí y me miró.
--El baño está ahí, puedes darte una ducha. Una muy largaPuso la tela azul floreada sobre mis manos (Que me recordaban a los vestidos que a Cassidy le encantaba usar) y me preguntó:--Ahora, ¿Por qué estás aquí?
Sonreí.
--Porque estoy muerta.


                                                                         
 




Strausser me consiguió un departamento igual de lujoso como el de su hijo, una nueva identificación (Mi nombre ahora era Susan Pallas) y un trato: Se encargaría de que nadie supiera de mí, justo como yo quería, y a cambio yo me dedicaba a desarrollar mis pastillas. Empecé a llamarlas VIC, un recordatorio de aquella primera noche, compuesto por todos nuestros nombres. Vivian, Isabel, Cam.
  No era difícil para mí vivir la vida que de pronto vivía. Era libre. Tenía otro nombre con otras personas que no sabían sobre mí. Era como tener otra vida. Una llena de chicos, fiestas y, claro, drogas. Pero nunca consumí. Sólo estaba cerca.
Yo estaba bien con eso.
Sin embargo, no pude alejarme mucho tampoco. Yo aún los amaba, a mis padres, a mi hermana. Y empecé a vigilarlos.
Asistí a  mi propio funeral. Y observé a mis padres visitar la tumba que no tenía mi cuerpo muchas veces.
Mi hermana, Cassidy, fue una vez sola. Tenía puesto un vestido azul con flores estampadas y dos rosas en su mano (Porque ella no conocía el color negro) y verla ahí parada lamentándose por mí me hizo estremecerme un poco.
 Joder, ella estuvo a punto de arruinarme, pero aun así quería estirar mi mano y acariciar su cabello. Sabía que era un golpe duro para mi familia, pero entonces las cosas se volvieron peor después de un tiempo. Yo ya había logrado lo que quería con las pastillas, había ganado suficiente dinero como para no depender de Strausser o el laboratorio en general, me había ido a vivir a otro departamento (Igual de bonito) y ya no hacía pastillas más. Se vendió como loco, pero aún así no me sirvió. No la pude usar en mi beneficio. Había pasado mucho tiempo, y yo ya no podía olvidar.
 Todo iba a quedar grabado en mi cabeza.
Iba a morir sabiendo que era mi culpa. Por estar lo suficientemente borracha y no poder ayudar a mi mejor amiga.
Para ese entonces, en donde todo pareció ir bien, mi madre se volvió loca y mi padre se marchó, dejando a Cassidy con David.
Eso fue lo que golpeó a mi familia.
Las cosas no estaban bien. Estaban peor que bien. Y yo no podía aparecer porque simplemente no quería. Me preocupaba por ella, pero…
 Vigilé a mi padre un tiempo después de que se fuera. Lo observé vivir en hoteles baratos y salir en la madrugada de bares. Me hacía sentir rara que esto fuera por mí, pero no era yo quién lo había obligado a hacer eso. Él hizo todo lo que hizo en su voluntad. Después de un tiempo, el hombre reunió todas sus cosas juntas y se mudó a Canadá.
Me quedé unas semanas en la cuidad para vigilar a mi madre loca, a mi hermana confundida y entonces me iba a Canadá a checar a mi padre. Dejé de checarlo cuando lo vi bien: Estaba en una bonita casa con una chimenea, y con una mujer probablemente de su edad sentada sobre sus piernas. Y estaban sonriendo.
Yo estaba viendo por la ventana, claro.
En algún punto pensé que fue egoísta de mi padre irse y encontrarse a otra cuando mi madre estaba loca y mi hermana lo necesitaba, pero entonces me dije “Carajos, ¿Y quién soy yo para decirlo?”.
 Porque abandoné a mi padre, a mi hermana y a mi madre.
Y mi madre, oh, ella era la peor de todas. La primera vez que me colé en la clínica (Le di algo de droga a una enfermera y a cambio ella me dejó pasar) y fui a su habitación ella me sonrió y me dijo que se alegraba de verme de nuevo. Fue así como supe que alucinaba.
--¿Cómo estás, cielo?Me preguntó.
Sonreí.
--Muy bien. Feliz de verte, mami.
Generalmente dejo a Cassidy con las frases cursis, pero la mujer se veía tan feliz que sentí que se lo merecía.
Entonces su cara se agrietó:
--¡Isabel! ¡Ha pasado algo terrible! ¡Ella…!Se echó a llorar entonces. La sostuve entre mis brazos mientras ella me decía que estaba muerta.
Eso… Diría que fue mi culpa, pero ciertamente no lo fue. Es sólo que como yo ya no hacía pastillas, ya no estaban en el mercado, y resulta que después las personas querían más, pero no había. Creo que sólo había vendido una pastilla por cliente y nadie volvió a saber nada. Sin embargo, al parecer Vivian aún conservaba una. Alguien se enteró. Alguien la mató por ello.
¿Es mi culpa que ella no lo hubiera escondido bien?
Consolé a mi madre mientras acariciaba su pelo.
--Lo sé,  mamá. Es horrible que haya muerto. Y no puedo creer aun que fue asesinada.
Mi madre no sabía eso, cosa que yo no sabía. Y se puso a llorar más fuerte. No fue bonito.
--¡Oh, Dios, hay alguien asesinando niñas  y tu hermana…!
Hace una pausa para sorber la nariz.
--¿Qué pasa con ella?
--Ella quiere ir a esa horrible escuela en la que te metiste. Le dije que no, porque cosas malas ocurren ahí.
Fruncí el ceño.
--¿Ella quiere ir a Ashford?
--¡Lo sé! ¡No puedo creerlo!
Empecé a pensar en lo que podría pasar si ella lo hiciera. Yo no era estúpida. Sabía que alguno de los chicos se iba a encontrar con ella, y si ella iba por allí diciendo que se llamaba Cassidy Blake (Cosa que era real, pero yo tomé su nombre prestado) entonces las cosas se podrían complicadas.
--MamáIntenté atraer su atenciónEscucha, escúchame bien, ¿Si? Ella no puede hacer eso. Dile que no lo haga.
--Claro, cariño. Pero no creo que me escuche. Es tan terca.
Besé su frente, sabiendo que tenía que irme porque me atraparían, a pesar de que no quería irme aún.
--Me tengo que ir, mamá.
Mamá tomó la tela de mi blusa en sus puños.
--¡Déjale saber a tu padre que no estás muerta, Isabel! ¿Dónde has estado todo este tiempo? Pensábamos que estabas muerta.
Obviamente ella aún no estaba lista para que me marchara.
--Oh, mami, no estoy muerta. Sólo he estado viajando.
--¿Viajando? ¿A dónde?
Recordé a mi padre.
--A Canadá, por ejemplo.
Frunció el ceño.
--Isabel Blake, ¿Qué estás haciendo en Canadá?
--Estoy… Estoy estudiando medicina.
Drogas. Medicina. No era muy diferente.
Hay duda en su rostro, pero luego se desvanece.
--¡Oh, mi Isabel tan inteligente! ¡Estoy tan orgullosa de ti! ¡Si tus maestros pudieran verte!
Ella tomó mis mejillas con sus dedos y apretó. Resistí contra el impulso de sacudirme, pero sonreí, porque eso haces cuando alguien cercano está medio ido.
--Mamá, tengo que irme.
Lo cual no era mentira. La enfermera me dio como quince minutos y ya casi me los acababa. No era solamente que ya no quería estar con ella.
Ella se quejó y me jaló contra ella, pero al final me desprendí y salí de la habitación.
Volví a verla poco después, pero tuve que repetirle todo lo que ya había dicho porque no parecía recordar.
Hice más cosas en ese tiempo, de hecho. Estuve de los nervios por mi hermana. Ella ya estaba dentro y lo último que supe acerca de ella fue que hubo un accidente de drogas con su compañera de cuarto (¡Ja!) una tal Sophie. Lo supe por medio de Ted; Hice que se colara y recolectara chismes. Estuvo ahí como dos horas antes de que alguien se preguntara quién era. Aún así, no sabía nada acerca de las cosas que en verdad me interesaban: Mis antiguos amigos. ¿Los había conocido? ¿Ellos sabían quién ella era?
 Mientras más alejada estuviera, mejor. Pero no sabía nada, así que ideé un plan.
No se me ocurrió hasta después, cuando en una discoteca me encontré a casi una celebridad. Era una adolescente, casi de mi edad, una que había sido una estrella en Hollywood en su niñez y como muchas otras estrellas, se extinguió. Drogas, alcohol, fiestas. Una adolescente que acababa de salir de rehabilitación y que había sido tomada de nuevo en los brazos del país entero, una adolescente que, sin embargo, estaba perdida.
  Esa noche, tomé una foto.
--¡Ey!Ella se levantó y expulsó el humo de sus labios--¿Qué demonios? ¡Quiero eso devuelta!
--Tus padres estarían muy descontentos si vieran esta foto, ¿Verdad? Imagínate el país entero. El mundo, tal vez.
--¿Pero quién carajos eres tú?
--Tengo un trato para ti.
Ella apretó la mandíbula y sacudió su rubio cabello.
--¿Quieres dinero?
--No.
--¿Qué quieres?
--Un favor a cambio.
--¿Qué carajos quieres?Preguntó, enojada.
--Hay una escuela, al otro lado de la cuidad. Casi a las afueras. Un internado llamado Ashford.
--Ajá, ¿y?
--Te metes ahí y me mantienes informada.
--Dios, esto es tan raro. ¿Para qué?
--Mi hermana. Su nombre es Cassidy Blake, y necesito que la conozcas y me digas acerca de ella. Sus amigos, sus clases, todo. Es bastante simple. Vas a fingir ser su amiga. Vas a mentir.
Antes de que ella pudiera rechazarlo, le dije:
--Estaría haciéndote un favor, todo el continente Americano, y el resto del mundo, probablemente, pensarán que te han puesto derecha, finalmente. Sería el control de daños que tanto necesitas, ¿No? No mostraré la foto. Y te puedo conseguir algo de drogas. Sólo tienes que ser amable y conocer a esa persona.
 Ella suelta el humo del cigarro y me mira, después de otros diez minutos de enredarla con mis palabras.
--¿Trato?-Pregunté.
Sonríe mientras me da la mano.
--¿Cuál es tu nombre?
--Isabel.
Vuelve a sonreír, quitando un pedazo de pelo rubio de su cara.
--Mi nombre es Tash.


--Sthep Stronger.

lunes, 24 de febrero de 2014

Saved. Capítulo 12.

underwater | via Tumblr
Saved. Capítulo 12: La Segunda Noche.


Había una fiesta, una noche, dos días después del incidente con Cass. Iba sola, ya que todos estaban tan deprimidos por la muerte de Serena, esos cursis. Excepto Kate, claro. Ella sólo fingía en los momentos adecuados, lloraba en los momentos adecuados, decía que se arrepentía de cómo la había tratado.  Era algo así como una yo. Excepto que más aburrida y no tenía el pelo teñido.
 En esa fiesta, en medio de las personas bailando con sus sudorosos cuerpos pegados en alguien más, el olor en alcohol y las risas de mis nuevas amigas borrachas, un chico me miró. Un chico caliente. Era alto, moreno, ojos castaños. Me recordaba a una tableta de chocolate. ¿Y qué haces con las tabletas de chocolates? Tú te las comes.
  Pensé en Graham, por un instante rápido que se fue con la misma rapidez con la que vino. Era un buen chico, era dulce. Pero…
Pero…
Pero no era él.
Era así de sencillo. ¿Y qué? Él no estaba aquí. Estaba demasiado ocupado dándole apoyo moral a Alex por la muerte de su novia. Yo lo había intentado los primeros días, pero, demonios, tanto llanto me sacaba úlceras. Necesitaba una noche fuera. Necesitaba nuevas amigas con qué reír, no importaba si las acabara de conocer. Necesitaba a la tableta de chocolate. Necesitaba…
Recordé que era virgen.
Como sea. Al final de la noche, no lo fui.
Al salir por la puerta de su hotel a las doce (Temprano, muy temprano, pero el chico se estaba poniendo empalagoso), yo todavía seguía bajando la parte de  abajo de mi vestido  negro corto. En eso, escuché pasos por el pasillo.
.--¿Cassidy?
Kate, en toda su gloria, estaba parada viéndome desde el final del pasillo.
--¿Katie? ¿Qué demonios? ¿Qué haces aquí?
--Te seguí. Las chicas estaban preocupadas por ti y cuando vi que salías sin decir nada a nadie… pensé que te habías metido en algo. Te perdí, pero un chico en la fiesta me dijo que te habías ido con un chico llamado Thomas.
Oh. Entonces ese era su nombre.
Kate me miró de arriba abajo, deteniéndose en el lado de mi vestido que estaba segura de que aún mostraba mi ropa interior. Lo bajé tranquilamente y sus ojos me perforaron.
--¿Por qué?
--No deberías estar aquí, Kate. Las cosas que yo haga o no haga son mi problema. Diles que no se metan en mis asuntos. Ahora sal de mi camino.
--No.
Levanté una ceja.
--¿No?
--No. Quiero que me digas por qué le has hecho esto a Graham.
--No es tu asunto.
--Es mi amigo. Tienes que decírselo.
--No le diré nada. Y tú tampoco lo harás.
--¿Qué? ¡Tienes qué decirle!
Fruncí el ceño. Qué niña tan más irritante.
--Te estoy diciendo que no, carajo. Corazón que no ve, corazón que no siente. ¿Qué no te enseñaron eso? Va a estar bien. Ahora déjame pasar.
Me miró, como si fuera lo peor.
Pequeña hipócrita.
--Cassidy, ¿Qué eres?
Eso es más o menos lo que hizo que mi olla de odio sobrecalentara y explotara.
--¿Qué soy, Kate?Levanté la voz--¿Qué eres tú? ¿Qué clase de persona mata a su hermana por celos?
  Entonces, pasó: Kate se pone blanca y sus ojos buscan los míos, terriblemente asustada.
--¿Crees que no lo sabía, estúpida?
Ella se quedó en blanco sin decir nada, una vez más. Con una mueca de desagrado, la rodeé e intenté salir por el feo pasillo de alfombra roja con olor a vómito y las paredes con pintura verde descarapelada.
Su voz me detuvo antes de cruzar la esquina.
--Nadie va a creerte.
La miré y sonreí fríamente.
--¿Ah, sí?
Dudó. Pero siguió de todas maneras.
--Eres diferente. Eres una auténtica perra. Si yo les dijera que tú engañaste a Graham, me creerían. Ahora sí. Pero nadie va a creerte a ti.
--Porque tu tenías una excelente relación con SerenaLe dije sarcástica. Me fui de vuelta hacia ella y le tomé de las muñecasEscucha, si tú…
Entonces sentí algo en las yemas de mis dedos. Unos bordes levantados y rasposos. Miré hacia abajo y quité la manga, aun cuando ella estaba luchando conmigo. Quité las pulseras también y vi los cortes.
--Oh, dios. Eres un cliché andante. Y me pregunto qué dirían tus amigas sobre esto. ¡Katie mala, Katie mala!
Supongo que hablarle como un perrito no ayudó, porque se liberó de mi brazo y salió del edificio.
--¡Te vas a arrepentir! ¡Lo juro!
… No estoy muy segura si lo hice. Arrepentirme, me refiero. Quiero decir, ella lo juró y lo cumplió: Al día siguiente, convencí a las chicas para salir al lago. No era ni siquiera una fiesta, como ellas creyeron. Era sólo un maldito picnic. Pusieron tanta resistencia por un maldito picnic. Pero con mis poderes de persuasión lo logré, con unos diálogos como “Serena querrían que salieran” y otras cursilerías por el estilo. Entonces, en medio camino, An empezó a gritar que los frenos no servían. Miré a Kate, y ella me sonrió.
Era una perra psicótica.
Grité, de hecho todas lo hicimos. No podía creer que Kate nos matara a todas para eliminarme. Para eliminar su sucio secretito.
Estrellamos contra un árbol y pensé que era el fin. Pero… Pero yo aún seguía viva. Jadeé un poco e intenté salir, llamando a las chicas, porque aunque eran unas estúpidas la mayoría del tiempo y me irritaban, me preocupaba por ellas.
De una manera completamente retorcida, pero lo hacía.
Ellas no me contestaron. Pensé que estaban muertas. Pensé que estaban muertas y ése era el fin. Y entonces miré a mi lado, en el asiento trasero.
Kate estaba despertando. Le di un puñetazo en la barbilla y lo siguiente que supe es que estábamos fuera del auto agarrándonos a golpes.
Me gritó algo así como que debí haberme muerto. Le grité algo así como que era una perra psicótica. Dijimos muchas cosas. Entonces ella me golpeó muy fuerte y quedé en el piso. Se lo pude devolver, con una patada que la envió de golpe al auto y golpeó su cabeza.
 Estaba inconsciente.
Lo último que recuerdo de esa parte es que ella me arrastraba por el bosque. Me dirigía una mirada sucia y me echó a un pequeño río que estaba ahí. Me dolía todo, así  que no me moví por un tiempo y creo que ella pensó que morí, porque se fue. Levanté la cabeza cuando no pude aguantar mi respiración, y escuché el sonido de la ambulancia.
 Joder, todo esto por acostarme con un tipo.
Me levanté torpemente, dirigiéndome hacia el sonido de la policía y ambulancia. Iría ahí y les diría que ella intentó matarme. Que no estaba perdida y muerta como sabía que ellos les había hecho creer. Que no estaba fuera del mapa. Que seguía aquí.
Que seguía viva.
Fue entonces cuando detuve mis pies.
¿No era esto? ¿No era esto lo que yo había querido? ¿Morir, irme con Cam aquella primera noche? ¿No quería yo desaparecer? ¿No quería que las personas dejaran de buscarme, una excusa para dejar todas aquellas cosas que me hacían daño atrás? ¿Mi familia, los doctores, las miradas?
¿No era eso?
Lo era. Sí, lo era.
Eché una última mirada al camino para ir al accidente, y me di la vuelta, avanzando a algún lugar lejos mientras, entre la oscuridad, agradecía a Kate por la oportunidad que me había dado.
  Ese fue el momento de mi vida que denominé como La Segunda Noche.


-Sthep Stronger.

Hoy terminé mi último examen, y se termino el capítulo de Taken, se los voy a poner.

sábado, 15 de febrero de 2014

Saved. Capítulo 11.

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Saved. Capítulo 11: "Ocho horas".

Mis padres no paraban de agobiarme. Llamaban casi todos los días y me preguntaban cuándo iba a regresar a casa, y yo no podía decirles “Nunca”. Así que finalmente ese día fui a casa a una visita rápida, un domingo, unos meses después de la muerte de Serena y de lo de las pastillas… Las cuales ya tenía. Eran pequeñas pastillas blancas, casi como el resto, sólo que tenían un olor especial, algo que planeé remover en cuanto tuviera la oportunidad. Ahora sólo tenía un puñado de pastillas, casi como bocetos de lo que quería que hicieran… Es sólo que no las he probado.
Strausser, el padre de Ted, se enteró de lo que hacía y sonrió, con esa llama de codicia en sus ojos, y me dijo que podría venderlas. A pesar de que no las había probado, no le importó. Me dijo que conocía a un cliente perfecto, y esa noche yo me encontraría con él. Después de escaparme de las garras de mi familia, por supuesto.
 Cuando me paré frente a la puerta sentí un dolor en mi pecho que no había sentido desde la última vez que estuve ahí. Quería salir corriendo directo a Ashford, con mis amigos, Alex y Graham.
Toqué la puerta y miré hacia las estrellas, preparándome mentalmente. Mi hermana abrió la puerta, con un moño desordenado en su cabeza, el lápiz y la pluma atravesándola, en pijamas, con un libro de texto en una mano y en la otra una taza de café.
  Casi había olvidado cómo lucía la noche antes de que fuera a tener un examen. Era un cerebrito. No lo suficientemente inteligente, no lo suficientemente lista. Ella simplemente no era suficiente, pero lo intentaba.
--¿I-Isabel?
Abrió la boca, casi hasta el piso.
--¿No extrañaste a tu hermana mayor?
Ella dejó la taza y el libro en la mesita y me asfixió en un abrazo. Dejé pasar un minuto antes de separar su esquelético cuerpo del mío.
--¿Cómo estás, renacuajo?
Antes que me pudiera contestar, mi madre salió y me abrazó, llamando a mi padre a gritos, quién me cargó y me dio un par de vueltas antes de ponerme de nuevo en el suelo y darme un beso en la frente.
 Ellos hablaron la mayoría del tiempo por mí (De cómo ahora estoy rubia) , nos sentamos en la mesa y me llenaron el plato de la cena. Excepto por mi hermana, que aunque estaba feliz de verme, tenía dos exámenes al día siguiente y se quedó estudiando en el sofá. Después de la primera hora realmente se puso a estudiar.
--Isabel, ¿Recuerdas lo que te dije la última vez que te llamé?Preguntó mamá.
--¿Qué cosa?
--Hay una junta hoy, con la doctora Sullivan y las demás personas del grupo.
--¿Qué? No. Terminé Terapia de Grupo hace tiempo.
--Ya lo sé, cariño. Es sólo una reunión para ver sus progresos. Como una reunión de exalumnos.
Cuando vi los rostros de mis padres, supe que no iban a dejar ir esto tan fácilmente. Además, supuse que los haría felices.
Debía darles al menos eso.
--Bien.
Una hora después, Cassidy se había quedado dormida en la sala y yo salía por la puerta.



                                                                           




Todos estaban ahí. Quiero decir, todos. Cada persona a quién había tenido que escuchar y que me deprimían hasta morir.
Estábamos sentados en las sillas en círculo, como usual, con una rebanada de pastel y sodas y café. Es sólo que ahora ellos estaban sonriendo, como si Sullivan en verdad les hubiera ayudado en un punto.
Mentirosos.
Sullivan empezó hablar de la aceptación, con lo que mencionó  al chico gay y éste empezó a hablar sobre su nueva y mejorada vida. Sobre las adicciones, y esta chica cuyo nombre no recuerdo y no me interesa en recordar hizo lo mismo. La vida de todo el mundo parecía ir genial. Entonces mencionó cierto tema, y me mencionó a mí y a cierta persona:
--El perdónDijo Sullivan--¿Lena? ¿Cómo te ha ido?
La chica, cuyo único nombre recordaba (Lena Bailey. Dame puntos extras), sonrío un poco. Su cabello era más largo, pero no creo que fuese esa la razón por la que se veía diferente. Se veía… feliz.
--Hay días difíciles. Hay días que he perdonado a mi padre por todo lo que hizo, pero… Pero…--Hace una pausaHay días que son muy duros. Días en que no siento que pueda perdonarlo. Dios, el hombre está muerto, pero aun así todo es tan complicado con élHace otra pausa, un poco más largaPero sigo intentándolo. Sigo creyendo que algún día pueda perdonarlo.
Sullivan sonrió a Lena, casi como una mamá orgullosa.
--¿Y cómo van las cosas con Lucas?Le preguntó una chica que no recordaba su problema y no recordaba su nombre. Sólo recordaba sus mechas rosas y sus botas tachonadas.
Ella también se veía más feliz.
Me enfermaba.
--YendoContestaSeguimos tomándolo paso a paso. Pero estamos juntos.
Ay, ¡Aburrido!
Casi me dormía en mi silla, cuando Sullivan dijo mi nombre.
--¿Isabel?
--¿Ajá?
--¿Qué nos dices sobre ti? ¿Cómo te ha ido?
Fruncí el ceño.
--¿Por qué me preguntan a mí? Yo no tengo problemas con el perdón.
--Lo tienes.
--Claro que no.
--Lo hacesLena intervino, como la patada en el trasero que sabía que eraNo puedes perdonarte a ti misma por lo que pasó esa noche en la estación de tren.
 Tuve que decirlo, tiempo  atrás, cuando aún estaba en las sesiones. Lena seguía picándome para que lo soltara y pronto los demás también empezaron a hacerlo, diciendo que no era justo que ellos se abrieran y yo no.
Pequeña zorra.
--Mira, yo no tengo ningún problema con el perdón. No fue mi culpa.
--Tu madre me contó que no podías dormirDijo Sullivan--¿Por qué era, sino?
Me sacudí violentamente, preparada para levantarme y marcharme de este chiste.
--Tranquilízate, Isabel. No intentamos atacarte. Sólo queremos ayudarte.
Mi estupidez espontánea me hizo quedarme sentada en la silla gris de plástico plegable.
--Una última vez: No siento culpa. No hay nada que perdonar.
Lena levantó una ceja, insistiendo, con su mirada taladrando en mí.
Exploté.
--¡Bien! ¿Me oyen? ¡Es cierto! ¡Estaba tan borracha que no pude levantarme! ¡No pude salvarla! ¿Pero qué importa, de cualquier manera? El perdón no va a traerla de vuelta. ¡No va a cambiar nada!
--Te equivocas, IsabelDijo SullivanTal vez el perdón no puede salvarla a ella, pero puede salvarte a ti.
  Deseé que se callara. Deseé que dejara de decir esas cursilerías y de diera cuenta de la verdad. Quería que me dejase ser miserable.
--Nadie puede salvarme. El perdón no puede salvarmeEscupí las palabras con rabia.
--Puede hacerloIntervino Lena, como todo el jodido tiempoMe salvó a mí. Me salvó, Isabel. Deja que te salve. Permítetelo.
Me levanté de mi silla tan rápido que la mandé a volar.
--No puedo ser salvada.
Después salí por la puerta hecha una furia.




                                                                       
 



Cuando llegué a casa eran las nueve y mi hermana ya estaba dormida; No había rastro de ella en la planta baja. Mis padres me dieron el beso de buenas noches y subieron por las escaleras bostezando. Yo no me fui a dormir, sin embargo.
Escuchaba la voz de Lena Bailey en mi cabeza.
“Me salvó”.
Y escuchaba la mía, también.
“No puedo ser salvada”.
Me senté en la cocina de la mesa hasta que las voces se desvanecieron. Cuando volteé a ver el reloj, eran las doce y media. Mi celular sonó  en un mensaje en mi bolsillo de mis pantalones de mezclilla ajustados mientras yo me servía un vaso de agua.
Era Strausser.
“¿Tu familia está dormida ya? Es tiempo”
Puse el vaso en la mesa, haciendo un poco de ruido. No importaba, porque todos estaban dormidos.
Tomé mi saco, dónde había una simple y pequeña bolsa de plástico con una pastilla. Pensé que tendrían que ser más, al principio, pero Stausser me convenció de que vendiera de una a una. Tenía otra bolsa repleta en mi otro bolsillo, a pesar de lo que me había dicho. Él sólo quería el dinero que mi cabeza puede ofrecerle. Y yo lo dejé hacerlo porque yo sólo quiero alguien como prueba para ver si funciona.
 Si lo hace, entonces solamente tendré que trabajar más para ir más atrás en el tiempo. Hasta mi memoria borre todo hasta esa noche.
 Abrí la puerta del auto pensando en la chica Bailey y en Sullivan y otras personas que odio y cuando iba a subirme, fruncí el ceño al darme cuenta que había dejado la puerta de la entrada abierta. Suspiré y caminé hacia ahí, sin cerrar la puerta del auto, poniendo el seguro y cerrando la puerta de la entrada. Juré que la había cerrado cuando salí.
 Genial, ahora simplemente estaba volviéndome loca.
Perfecto.
Tenía que largarme rápido a ese lugar antes de que mis padres se despertaran. Pensar en ellos me trajo una oleada de algo.
Mientras ponía la llave en el contacto, me dije que no estaba bien. Que esto no era lo que mis padres habían querido para mí.
  Pero yo ya estaba aquí.
Y, si pudiera cambiarlo… No lo haría. ¿Cuál es el punto? ¿Sonreír como si estuviera bien, ir a la escuela, tener amigos? No importa. Cuando ella se fue, no hubo otro camino para mí. Todo murió con Cam, aquella primera noche.
No hay tal cosa como la salvación.



                                                                        





Strausser me dijo que era una chica. Me lo dijo el día que me había dado la dirección de un viejo bar-disco que se veía horrible. Me dijo que era una chica universitaria que estaría sentada en una de las sillas de la barra. Dijo que mostraría un tatuaje y que yo podía reconocerla así.
  No me llevó mucho, puesto que lo tenía en su hombro desnudo gracias a su vestido sin tirantes (Una cruz de unos cinco centímetros). Me senté a su lado y crucé las piernas, trayendo mi aspecto frío y calculador.
Cuando volteé las cosas cambiaron.
--¿Vivian?
Ella volteó, confirmando mis sospechas.
¿Una universitaria? ¿Y cuándo demonios se había hecho ese tatuaje?
--¿Qué demonios, Vivian?
Me miró con la boca abierta.
--¿Is?
--¿Qué haces aquí? No deberías estar aquí.
Frunció el ceño.
--Estoy esperando a alguien.
--Sí, a mí, al parecer.
Levantó las cejas.
--¿Qué? ¿Tú eres la genio de las pastillas de la que Strausser me habló?
--Ni siquiera quiero saber cómo lo conoces. ¿Por qué haces esto?
--Quiero olvidar.
Nos quedamos en silencio.
--Yo también.
Otro silencio.
--Te ofrezco un trato: Te doy la pastilla a cambio de que salgas de aquí y que no vuelvas a ver a Strausser nunca más. ¿Entendido?
--No eres mi mamá.
--Bien, entonces no hay pastillas.
Ella frunce el ceño de nuevo, pero al final cede. La llevo escaleras arriba a una oficina vacía en dónde Strausser me dijo que podía entregárselas. Se supone que si lo hago en público alguien llamaría a la policía por drogar a menores y tal.
--Tienes que jurarloLe dije, sacando la pequeña bolsita de mi bolsillo derecho.
--BienDijo ella, repiqueteando los tacones en el suelo con nerviosismo. Me entregó el dinero y yo le entregé la bolsita.
Se veía tan feliz que me enfermó.
Entonces ella miró por la ventana cuando se dio vuelta para marcharse, y se detuvo en seco.
--¿Trajiste a Cassidy?
--¿De qué carajos hablas?
Ella señaló entre la multitud por la ventana. Al principio sólo pude ver a borrachos jóvenes bailando, pero entonces la vi, en su pijama y el pelo rubio revuelto sobre su cara. Veía a todos lados, claramente asustada.
 Pequeña estúpida.
Juro por lo bajo y corrí para atraparla y sacarla de ahí.
¿Qué estaba haciendo ahí?
Vivian bajó las escaleras conmigo, tambaleándose un poco en sus tacones altos. Yo ya no veía a Cassidy entre la multitud ahora que estaba en la misma planta.
--Yo iré por ese ladoDijo Vivian, y desapareció antes de decirle que no quería su ayuda.
Empujé a personas mayores y ebrias, buscando a mi hermana, pero no la encontré. Y aunque estaba enojada hasta el demonio, me preocupaba por ella, porque era tan pequeña e increíblemente torpe que podría morir aplastada entre estos cuerpos.
De alguna manera, yo era responsable de esa pequeña tonta.
Vi a Vivian entonces, en una esquina, sosteniendo a una paranoica Cassidy. Me acerqué dando zancadas.
--Maldita sea, Cassidy. ¿Qué haces aquí?
Sus ojos asustados viajaron de Vivian a mí.
--Yo… Estaba dormida en el sillón. Tú estabas dándome la espalda, así que no me viste. Cuando desperté, tú estabas saliendo, así que te seguí. Estabas distraída y me colé en el auto, ya que habías dejado la puerta abierta.
  Con mi coeficiente intelectual, ¿Cómo demonios no me di cuenta de eso, mierda?
--Isabel, ¿Qué está pasando aquí?Preguntó asustada, algo que sonaba como un ruego.
--Ven conmigo, te llevaré a casa.
--¡Dime que pasa primero! ¿Por qué viniste a este lugar?
Abrí la boca para mentir cuando un chico que lucía tan mayor como un universitario se acercó y me tomó del brazo.
--Oye, yo también quiero esas pastillitas mágicas.
Su aliento olía a alcohol y lo reconocí como el chico que Strausser mandó a asegurarse de que se hiciera el intercambio. Ni si quiera recordaba que él iba a estar aquí.
Mierda, mierda, mierda.
--¿Qué pastillas?Preguntó Cassidy, zafándose del agarre de Vivian.
--No es…
--¡Quiero mis pastillas, niña!Gritó el tío, quién está totalmente borracho y olvidó qué se supone que tenía que hacer aquí.
Y por supuesto que él quería las pastillas. Todos tenían problemas. Todos querían olvidar. Fue más o menos cuando entendí por qué Strausser insistía mucho en mi trabajo. Se ganaría mucho.
El chico seguía gritándome en mi cara y le di un puñetazo.
--¡No voy a venderte nada, perdedor! ¡Ahora esfúmate!
Cassidy se volvió loca y Vivian volvió a sostenerla.
--Cálmate, Cassidy. No es lo que creesLe dijo.
--¿Qué no es lo que creo? ¡Le acaba de dar un puñetazo! ¡Y dijo algo de vender pasillas! ¡Oh, Por la Santísima Trinidad! ¡Está vendiendo drogas! ¿Es eso?
   A veces me parecía curioso cómo yo obtuve todo el cerebro y ella apenas podía sumar dos más dos. ¡Pues claro que estaba vendiendo drogas, estúpida! ¡Hello! ¡Estamos en una vieja discoteca en el medio de la noche y un tipo intoxicado se apareció a pedirme pastillas! ¡Es como, predecible! Y esa estúpida frase que suele decir. Si escucho eso de la santa trinidad de nuevo voy a ahorcarla.
La tomé del brazo y la arrastré conmigo, fuera del polvoriento local, mientras pensaba cómo reparar el daño.
Ni una palabra podía salir de su boca acerca de esta noche. Pero ella era Cassidy: Pequeña, obediente, santa, irrevocablemente influenciable y estúpida.
Escuché los tacones plateados de Vivian repiqueteando contra el asfalto detrás de mí cuando salimos.
--¿Qué vas a hacer?Me preguntó.
--Buena pregunta.
Cassidy chillaba, intentando soltarse de mi agarre. Empezó a decirme muchas cosas, acerca de que se lo contaría a mamá, y que estaba en problemas y que necesitaba ayuda, en fin. Muchas de esas chorradas. Las cuales me enfurecieron.
No fue mi intención. De acuerdo, tal vez sí, un poquito, pero cuando llegué al carro de mis padres la empujé contra la puerta y se dio un buen golpe en la cabeza. Cayó sobre el sucio asfalto, inconsciente.
--¡La mataste!Chilló Vivian--¡Mataste a Cassidy!
--¿Quieres callarte, carajo? No la maté. Sólo estará un poco inconsciente, me dará tiempo para pensar qué hacer.
--¿Por qué demonios no le diste la pastilla para que olvidara todo? ¡No tenías que dejarle un chichón en la cabeza!
Cómo si yo no hubiera ya pensado en esa oportunidad antes. La cosa es que nunca la había probado antes. Vamos a decir que Vivian era mi rata de laboratorio.
Pero no tenía realmente una manera de arreglar esto sin matarla. Así que fingí que no había pensado en esa posibilidad antes y moví a Cassidy para que se despertara.
En eso escuché una voz detrás de nosotras.
--¿Pero qué carajos pasa aquí?
Era la voz de Ted.
Volteé a ver y efectivamente era él, ahí parado, con los brazos cruzados en una expresión de enojo, con los puños cerrados sobre su chaqueta de cuero negro.
--Tuvimos problemas. ¿Qué haces tú aquí?
--Llamé a Davis para ver si se había hecho el intercambio, pero no contestaba. Así que vine. ¿Y quién es esta?
--VivianContestó ella.
--Es bueno conocer a una belleza como tú, amor, pero no deberías de estar aquí. Vuelve a casa con tus padres y haz tarea o algo así.
Saqué la lengua con disgusto por lo que dijo al principio.
--Vivian es la clienta, idiota.
Él la miró de nuevo con nuevos ojos.
--¿Tú? ¿No se supone que era una universitaria?
Vivian se encogió de hombros.
--Tengo un don de manipulación.
--¿Y conseguiste las pastillas, amor?
Ella asintió.
--Bien, no sé por qué Davis no contesta el teléfono…
--Está borrachoContesté, sacudiendo a Cassidy por los hombros.
--Ya sabía yo que no debían contratar a un alcohólico para este trabajo… ¿Y quién es esa?
--NadieDijeNo es nadie. Pero tenemos que llevarla a casa.
Él frunce el ceño.
--¿Por qué?
--Porque yo lo digo.
Simple y sencillamente no quería que supiera que ella era mi hermana pequeña.
--Wow. Okey. No sueles ponerte fiera muy a menudo. Debería seguir haciéndote enojar, es caliente.
Quería vomitar por su comentario, pero no quería vomitar encima de mi hermana.
--Vamos, perdedor. Ayúdame a meterla en el auto.
--¿Qué hago yo?Preguntó Vivian.
--Vete a casa.
Ella frunció el ceño.
--Te ayudaré con Cassidy.
--No necesito…
Antes de decir nada más, ella ya estaba en el auto, en el asiento de enfrente, mientras Ted levantaba el minúsculo cuerpo de Cassidy y la ponía en el auto trasero. Con un suspiro, me acomodé junto con Cassidy, poniendo su cabeza sobre mi regazo.
Suspiré con cansancio.
Espero que la pastilla funcione.
Dejé a Ted manejar el auto porque quería estar con Cassidy, ya que me sentía un poco culpable por haber estrellado su cabeza contra el auto. Conducimos en silencio por unos minutos, y entonces intenté hacer algo para reparar lo que había hecho a mi hermana: Canté una canción que yo había escrito tiempo atrás, cuando yo aún servía para hacer esas cosas. Una canción que yo sabía que a ella le gustaba, así que empecé a cantar bajito por su parte favorita:

Then you pick your guitar
and write some rimes down
and you gotta be strong enough to sing your heart out
and cry a little
break down a little


Sus ojos
revolotearon hacia mí, abiertos, y yo me detuve, sin respiración.
--¿Cassie?
Abrió la boca para responder y entonces saqué la pastilla de mi bolsillo y la metí dentro de su boca. Puse mi mano encima, obligándola a tragar.
Casi me dolió el dolor en su mirada al verme. La traición.
Casi.
Esto fue su culpa, por arruinar todos mis planes, por ser de la manera en que era, porque no podía mantener ese secreto de mis padres. Estaba haciendo lo que hacía porque ella me había obligado a hacerlo.
Gritó y chilló un poco, pero finalmente tragó la pastilla.
--Dios. ¿Qué pasa allá atrás?Preguntó Ted, mirando por el espejo retrovisor.
--Tú maneja.
Vivian me clavó los ojos, pero no dijo nada. Cuando llegamos a casa, Ted toma a Cassidy en sus brazos y espera mientras yo abro la puerta.
--¿Es tu casa?Preguntó.
--No vivo aquíRespondí. Lo cual no era una mentira.
Vivian nos acompaña y mira como Ted pone a Cassidy en el sillón. Él sale, dándonos espacio, pero nosotras dos nos quedamos ahí.
Espero que la pastilla funcione.
--¿Ella no tendría que estar en su habitación?Preguntó--¿Tus padres no sospecharán si la encuentran en el sillón? ¿Es seguro?
--RespondoElla suele quedarse dormida todo el tiempo en el sillón. Si todo sale bien, ninguno de los tres va a sospechar nada de esta noche. Y tú. Tú tienes que mantener tu boca cerrada acerca de esta noche, ¿De acuerdo? Vivian, no me obligues a seguirte y hacer algo malo.
Frunce el ceño.
--No voy a decir nada. Así que cálmate. ¿Pero qué pasa si ella recuerda?
--¿Por qué piensas que lo hará? ¿No recuerdas que soy una genio?
--Quiero decir, ¿Qué pasa si ella recuerda un poco de esta noche? ¿El efecto no borra las últimas ocho horas o algo así? ¿Y si se despierta antes y no han pasado las ocho horas? Necesitamos que duerma todo lo posible para que se desvanezca, como si hubiera sido un sueño del cual no tiene idea. ¿Qué si despierta antes?
Hice una pausa.
--Me ocuparé de ello.
Miro hacia mi hermana y paso mis nudillos por su frente, acariciándola.
Si ella recuerda, tendré que matarla. Sería doloroso, pero no puedo dejar que ella arruine todos mis planes, que arruine todo lo que he conseguido ahora.
Yo tendría que deshacerme de ella.
Pobre de mis padres.
Ted gritó que nos apuremos desde afuera y yo le lancé una mirada para que se callara antes de que despiertara a mis padres. Salimos de ahí y llevé a cada uno a casa. Yo me quedé estacionada frente a la casa un par de horas, hasta que el sol salió. Sólo me fui cuando supe que alguien iba a despertarse pronto, pero me escondí entre los arboles de la casa de enfrente y me puse la capucha de mi saco para que nadie pudiera reconocerme.
 Tonteé un rato con mi celular, oculta en la oscuridad, hasta que las ocho horas pasaron y vi que Cassidy no había apartado las cortinas de las ventanas, como siempre lo hace cuando de levanta. Me quedé una hora más, de cualquier manera, pero ella aún no daba señales de vida. Nada de su rutina de las mañanas: Ni abrir la cortina, ni salir por el periódico ni el correo.
 Así que me fui.



--Sthep Stronger.

Se me olvidó que ya tenía varios escritos.

miércoles, 15 de enero de 2014

Saved. Capítulo 10.

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(No tiene mucho que ver, pero se me antojó)

Saved. Capítulo 10.

--¿En qué trabajas?Me preguntó LydiaEso no luce a lo que Strausser nos pidió. No lo hagas enojar, Cassie cariño. Déjalo.
--Él no está aquí.
--Pero la bruja está sobre sus talones y ella puede atraparte.
Sonreí ante el apodo de Hannagan, la amante-socia del padre de Ted.
--No le tengo miedo.
Ella suspiró.
--¿Qué haces, de todos modos?
Me caía bien, no me malinterpretes, pero a ella simplemente le encantaba hablar, cosa que me irritaba, más cuando estaba trabajando.
--¿Recuerdas nuestra conversación? ¿Sobre olvidar?
--Oh, cariño, estás intentando atrapar a un fantasma. Esto te tomará años, años que no tenemos, en los que o Hannagan o Strausser te atraparán.
--Tomaré el riesgo.
Suspiró.
--Pero no digas que no te lo dije.
--No lo haré.
Ese fue el principio de lo que al final, se tornó en mi contra. Si simplemente no hubiera hecho ninguna pastilla.


                                                               
 



Cuando llegué a la escuela de noche (Les había dicho a las chicas que salía a ver a mi familia para explicar mis desapariciones al laboratorio) Marina estaba llorando frenética y An pálida, desconcertada, con los ojos rojos e hinchados. Kate estaba sentada en una esquina con sus manos en su cabeza, la muy buena actriz.
--¿Chicas? ¿Qué pasó?
Como si yo no lo supiera. 

An me respondió:
--La encontraron esta mañana. Ellos dicen que se suicidó.
Pregunté de quién estaban hablando, fingiendo que no  sabía nada acerca de Serena. Fingiendo que no sabía nada de Kate

  Porque las mentiras son todo lo que soy.


--Sthep Stronger.

martes, 31 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 9.

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Saved. Capítulo 9.


Para ese entonces estaba tan cansada de ser niña buena.
Sentí la libertad. Sentí lo que era ser Cassidy. La sentí a ella.
Estaba tan cansada de obedecer. Era tiempo. Era tiempo de dejar que todo ello cayera y se desvaneciera con el tiempo.
Las chicas se habían mostrado extrañadas con ello. An, una chica inteligente, pensó que sólo estaba creciendo y era parte de mi proceso adolescente. Ella realmente me agradaba. Marina, con su constante sonrisa divertida y coqueteo con todo lo que se moviera, estaba disgustada. Serena, la chica artista que siempre olía a pintura y tenía alguna parte de su cuerpo manchado, intentó razonar con las demás de que no era tan malo. La última era Kate, que estaba enojada por mi comportamiento, una chica a quién realmente no le agradaba Serena. No es que fuera mala con ella. Simplemente no la trataba de la misma manera en que nos trataba a nosotras. No había sonrisas ni preocupación… Era como si fuera casi invisible. No estaba muy segura por qué…
Hasta una noche.
  Marina había tenido esta estúpida idea de que con una noche de películas podíamos acercarnos de nuevo y nosotras no tuvimos otra cosa más que seguirle el juego. Estábamos viendo The Notebook, película que no me entra en gracia, y en la mitad Kate se levantó para contestar una llamada. Se tardó tanto que me mandaron por ella.
Le encontré en el baño, dándome la espalda y mirando el suelo.
--¡Pero él no puede hacer eso!Gruñó Kate--¡No, no me importa que sea su hija! ¡No puede hacernos esto! ¿Sabes qué dirían de ti? ¿De mí? ¿De nosotras, mamá? ¡Estás en el mundo de la política, por Dios! No podemos permitir que presente en sociedad a Serena… ¡No me importa! ¡Dios! ¡De todas las personas tú deberías de estar enojada! ¡Te engañó! ¡Te utilizó! ¿Es que no significa nada para ti? No me importa que ella sea “una buena tipa”, ¿Entiendes? No va a suceder. Déjalo, yo me encargo. Voy a hablar con él.
 Kate deja caer el teléfono sobre el lavamanos y saca frenéticamente una pastilla del bote blanco en el pantalón de su pijama y traga en seco.
Me escondo en las sombras antes de que se de cuenta de mí.
Sonrío.
Volví a la habitación y les dije que ya venía. Y cuando lo hizo, esperé a que durmieran todas para tomar las pastillas e investigar el nombre del medicamento en Google.
Qué interesante.


                                                                           
 




Realmente no tuve que hacer nada, la mañana siguiente.
--Katie, ¿Buscas algo?Preguntó An mientras tendía su cama.
Ella nos miró y parpadeó.
--No. Nada.
Miró alrededor una vez más antes de sentarse en la cama y cepillar su cabello. Accidentalmente se sentó sobre unas brochas que Serena había dejado ahí.
--Por Dios, Serena. ¿Puedes por favor guardar tus cosas? Pareces una críaDijo irritada.
Serena frunció el ceño y las quitó, sin decir una palabra.
Marina se movió a mi lado, aún dormida. An le envió una mirada de advertencia a Kate cuando Serena tomó sus cosas y fue a guardarlas en su habitación.
--Vamos, Katie. ¿No se supone que eres la madura?
Kate frunció el ceño y la ignoró.
--¿Por qué eres tan zorra con ella?Le pregunté.
--¿Disculpa? No es mi culpa que sea tan torpe.
--No es torpe. Esas cosas simplemente pasan.
No me contestó.
--Es una artista maravillosa. Hace unos días me mostró su arte. Seguro que sus padres han de estar muy orgullosos de ellaProvoqué.
Kate no me contestó, pero sus nudillos se volvieron blancos apretando el cepillo.
--Es una chica espléndidaApunté. Mi último intento.
Funcionó.
--No es espléndida, Cassidy. ¡Es una hija de perra!
Levanté una ceja fingiendo sorpresa, secretamente riendo en mi interior. An levantó una ceja.
--¡Kate!
Kate salió de la habitación dando zancadas.
Estuve molestándola todo el día y siendo especialmente amigable con Serena en su presencia, y entonces, esa noche, la sigo hasta la habitación de Serena y espero en la oscuridad.
 Cuando salió, había sangre en sus manos y su mirada estaba vacía y vidriosa gracias a la falta de medicamentos que poseía.
Okey, no contaba con eso.
Ups.



-Sthep Stronger.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 8.

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Saved. Capítulo 8: "Si pudiera olvidar".

--¿Has estado durmiendo bien, corazón? Pareces cansada.
Lydia llevó su taza de café hacia sus labios, a pesar de las miles de veces que le he dicho que en un laboratorio está prohibido comer o beber. “Aún no estoy trabajando, así que bájale a tu ingenio, niña sabelotodo”, solía decirme.
 Me cansé de repetírselo así que simplemente la dejaba ser. Si moría por una explosión, ¿Qué más daba? No tenía nada.
--He tenido pesadillasDije la verdad.
Aún podía escuchar el tren viniendo por las vías y el cráneo de Cam romperse en mil pedazos, igual que sus costillas y realmente el resto de su cuerpo.
Los sueños venían cada noche. Y me volvían loca.
Me volvían completamente loca.
--¿Lydia?
--¿Si, cielo?
--¿Has pasado por algo que quisieras olvidar?
Bajó la taza y me miró. Luego miró sus tacones caros y suspiró.
--Todos hemos pasado por algo que quisiéramos olvidar.
Lydia era joven. Casi a los treinta y tenía ya una fortuna incontable. Pero no fue gracias al buen camino. Era inteligente, pero el dinero lo era todo para ella. Sabía que no estaba en contacto con sus padres y su hermano mayor no le hablaba. Sabía que los extrañaba.
--¿Podríamos hacerlo? ¿Olvidar?
--He oído de algunas chicas que fueron violadas y no recuerdan nada de ello al día siguiente. Estrés postraumático, o algo.
La doctora dijo lo mismo sobre mí; “Estrés postraumático”, eventualmente me catalogó en “Mentalmente Desorientada”, sabía que estaba pensando en ponerme en el “Loca hasta la médula”, pero eso enfadaría mucho a mis padres. Es sólo que aunque ella dijo que tenía un estrés postraumático, yo podía recordarlo todo. Cada palabra, cada acción, cada suspiro. En mi memoria grabada con fuego.
 Ella me explicó que en esas cosas o recordabas y olvidabas. ¿Por qué no fui yo una de esas afortunadas en olvidar?
¿Por qué no morí aquella noche?
--Pero sin un estrés postraumático, ¿Podríamos olvidar?
--No hay nada concreto en la medicina para hacer olvidar. Para bloquear, tal vez, para dejar inconsciente, pero no precisamente para olvidar cierto periodo de tiempo. No funciona así.
--¿No sería precioso algo así?Pregunté, mientras la semilla se planteaba en mi cabeza.
Ella se encogió de hombros.
--Pero, cuando haya algún tipo de medicina para esto, supongo que ninguna de nosotras estaremos aquí.
  El padre de Ted llega y tenemos que ponernos a trabajar, por lo que Lydia se deshace del café rápido.
¿No sería eso hermoso? ¿Poder olvidar?
Las fórmulas empezaron a aparecer en mi cabeza.



--Sthep Stronger.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 7.

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Saved. Capítulo 7. "Graham".


--¿Qué secretos escondes?Me preguntó Graham, tomándome de las manos y atrayéndome hacia él.
Sonreír y le di un besito en la barbilla.
Me gustaba Graham. No lo amaba, cómo él pensaba. Pero me gustaba. A veces ese hecho me hacía sentir culpable, pero era lo que era. Él era tierno y listo, y yo quería algo de eso en mi vida. 
Fue por eso que cuando su padre se interpuso en nuestra relación yo intervine con mi plan de fingir salir con Alex cuando en verdad estaba saliendo con él.
Y aunque yo no lo amaba, confiaba en él.
--No sé a qué te refieresRespondí, pasando mis dedos por su pelo.
--Claro que sí. Lo vi en tus ojos dispares cuando te conocí. ¿Qué guardas, Cassidy?
Mis dedos bajaron hacia su mejilla y se congelaron ahí. Hizo una cara rara.
--¿Cassidy?
--No me conoces, Graham. Hice muchas cosas. Pasaron muchas cosas.
Besó mi frente, mi nariz y finalmente bajó a mis labios.
--Me encantaría escucharte.
--No, no es cierto.
--Sí, sí lo es.
  Entonces entendí lo que Sullivan me dijo una vez: Hablar sobre ello servía. Recordé cómo había reaccionado esa vez cuando quería decir las palabras pero no podía dejarlas escapar. No enfrente de ellos. No a ellos.
Pero Graham estaba enfrente de mí. Y me sonrió, paciente.
--¿Vas a correr, Graham?SusurréSi te lo digo, ¿Vas a desvanecerte?
--NuncaPrometió, entrelazando su mano derecha con la mía.
Cierro los ojos y cuando los abro, las palabras se deslizan de mi boca:
--Te mentí.
--¿Me mentiste?
--Sí. Les mentí a todos. Pero no puedes decir a nadie sobre esto. Jura que no se lo dirás a nadie.
--Lo prometo.
--Mi nombre.
Graham ladeó la cabeza, curioso y confuso.
--¿Tu nombre? ¿Qué tiene tu nombre?
--Mi nombre es Isabel.
Hizo una mueca graciosa.
--Entonces tu gran secreto es que no te gusta tu nombre así que inventaste otro. Eres una malotaRió.
Pero yo no lo hice.
--Tengo una hermana menorContinuéSu nombre es Cassidy. Tomé su identidad prestada. Y teñí mi cabello, como ella.
--Bueno, ¿Por qué hiciste eso?
--Porque no quiero ser Isabel.
Su rostro toma forma de preocupación.
--¿Qué quieres decir? ¿Por qué?
--La vida de Isabel está arruinada. No es un lugar seguro para volver. La de Cassidy es mejor. Es tan… limpia. Tan sana. Tan fácil.
Su preocupación se acentuó más en sus ojos y dejó mis manos para tomar mi cintura, casi con miedo a dejarme ir.
--¿Cielo?
Me inclino en su oído y susurro la historia.
--Sus nombres eran Vivian y CamComienzo.
Tengo cuidado con dejar aparte el hecho de que creo drogas en mi tiempo libre.



-Sthep Stronger.

martes, 10 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 6.

Run away with me.

Saved. Capítulo 6: 
Alguien más.


Mi hermana y mamá me dieron un beso de despedida mientras papa metía mis cosas al auto para irnos. Las miré ahí paradas y observé sus miradas se lástima por última vez. Papá también me miró de esa manera, después de meter mis maletas.
Cerré mis ojos por un momento y me metí al auto después de despedirme una vez más. Mi padre lo hizo también y conducimos en silencio.
  ¿No es eso divertido? ¿Cómo sus pechos suben y bajan en respiraciones duras, y sus ojos lloran, y sus rodillas se debilitan?
¿No es curioso cómo ellos sufren así cuando no hay nada mal en ellos?
¿Como ellos son quienes están rotos, pero tú eres la única que no va a salir viva?




                                                                             



No estaba muy segura acerca de hacer amigos. Me había apartado por tanto tiempo que era extraño estar con personas de esa manera de nuevo.
Había un chico que estaba coqueteando sin parar con mi compañera de habitación, una chica llamada Lissa. Él iba de vez en cuando a nuestra habitación para buscarla pero ella se resistía.
Decidí echarle una mano una vez, en mi primer mes en la escuela.
--Mira, si quieres que sea tu novia, olvídalo. Tiene novio. No te va a pelar. Pero si quieres simplemente tener un revolcón de vez en cuando, regálale chocolates caros y dile algo bonito. No puede resistirse a ninguna de esas dos cosas.
El chico me miró, alzó una ceja y finalmente sonrió.
--¿Cuál es tu nombre?Preguntó, desde la puerta de la habitación.
Dejé el cuaderno donde estaba anotando unos estúpidos trabajo de química avanzada que Héctor, el padre de Ted, me había puesto. Llevaba poco más de un mes y todavía seguía esperando que hiciera algo mal. ¿Hello? Superdotada aquí. ¿Por qué no lo aceptaba?
Sonreí, y una mentira blanca se deslizó de mis labios.
--Cassidy.
Era mejor.
Cambié todo sobre mí cuando llegué. Cambié mi estilo (Poniéndome cosas que mostraban más piel, a lo que mi madre le hubiera dado un infarto), cambié mi pelo, cambié mi hábito de ocultar que era una superdotada, mis pupilentes marrones (Ahora mostraba mis ojos raros) y… Mi nombre.
Era mejor.
Era otra persona.
Quién siempre quise ser.
--Soy AlexRespondió, y me sonrió.
El resto fue historia. Igual que con Graham; Alex me presentó a su mejor amigo en una fiesta, un chico alto de pelo marrón y ojos oscuros. Él me miró y me sonrió. Juro que no pudo mantener los ojos fuera de mí esa noche.
  A mí me encantaba.
Y aunque yo hubiera cambiado y hubiera tenido a Alex como amigo y a Graham como algo más cercano, no todo fue fácil para mí. Mis problemas vinieron cuando Alex conoció a una chica de nuestra edad, que siempre tenía las manos llenas de pintura y olía a ello, su nombre era Serena. Quisiera decir que mis problemas empezaron con ella. Pero no es del todo cierto. Mis problemas empezaron cuando conocí a sus amigas y ellas me tomaron bajo su ala, me dieron su amistad. An, Kate y Marina.
  No lo supe al principio. Pero creo que debí haberlo hecho.
Creo que debí saber que no todos son los que aparentan. Yo más que nadie debí de haberlo sabido. Debí saber cuándo las vi que había secretos bajo la superficie.
 ¿No era yo la experta en eso?



-Sthep Stronger.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 5.

Untitled
Saved. Capítulo 5: Ashford.

Todos pensaron que me iba a derrumbar.
Y supuse que fue así. Retiro eso: Lo hice. Sólo que no de la manera que ellos esperaba.
Mis maestros me miraban por el rabillo del ojo cuando entraba a sus clases, me preguntaron si estaba bien, fueron más amables conmigo. Mis compañeros susurraban a mis espaldas, me daban miradas de lástima, me invitaban a sentarse en su mesa. Yo era la obra de caridad del día. (Del mes)
Y yo lo odiaba.
Los odiaba a todos ellos.
Tal vez me derrumbé, pero no de la manera en que ellos pensaron. No fallé en clases. Al contrario, dejé salir mi lado nerd. Los maestros me miraban boquie abiertos, mis compañeros se miraban entre ellos para asegurarse de que no fueran solo ellos.
No importaba, ahora que no tenía amigos. Días antes fue el funeral de Cam, y ahí estaba Vivian. Nos miramos a los ojos cuando llegué ahí, pero apartamos la mirada y  no nos acercamos la una a la otra.
 Era tan doloroso.
 Ella era el perfecto recordatorio de lo que había pasado esa noche.
Así que no nos hablamos. No nos tocamos. Borramos la existencia de la otra, con la esperanza de que nuestros desgarrados corazones puedan encontrar su manera de sanar.
Pero yo me estaba volviendo loca, con todos ellos sobre mí. Con mis padres, mirándome como si ya no fuese su hija, sino una loca trastornada. Mi hermana, mirándome con esa cara de cachorrito perdido. Los susurros de los estudiantes en la escuela cuando yo y Vivian caminábamos por los pasillos, sin hablarnos. Entonces estaban las terapias a las que asistía donde yo no era la única olla de odio que iba a terminar por sobrecalentarse y autodestruirse.
No sabía bien qué era peor, si estar con los demás locos o en casa.
Bueno, ninguno era de mi agrado.
Pero después, yo iba al laboratorio con una excusa para mis padres, la mayoría del tiempo era porque hacía la tarea de matemáticas con una amiga porque era imposible para mí. Sí, claro. ¿Matemáticas difíciles? Pffff.
En el laboratorio ellos no sabían quién era yo. No sabían qué me había pasado. No me miraban de esa manera o susurraban entre ellos. No me hacían esa estúpida pregunta: “¿Estás bien?”. Sólo me miraban con respeto y asombro por lo que podía hacer.
Dulce.
Pero esas dos horas diarias en el laboratorio no eran suficientes para mí. Necesitaba más… Necesitaba…
--Mi sobrina me regaló éstos pendientesMe dijo Lydia, la muchacha frente a mi mesa de trabajo--¿Te gustan?
Me estaba distrayendo de mi trabajo, pero le contesté de cualquier manera:
--Son encantadores.
--Lo sé. Fue por mi cumpleaños. Lástima que no la veo muy a menudo: Va a este internado a las afueras de la cuidad para cerebritos o niños de famosos y políticos. No tiene tiempo para socializar con el mundo exterior, ya sabes, por las tareas. ¡No tiene tiempo para su familia!
Eso llamó mi atención.
--¿Cómo se llama? ¿El internado?
--Ashford.
Sonreí mientras una idea se formaba en mi cabeza.



                                                                         




--¿Dices que te ofrecieron una beca?Preguntó papá un sábado por la mañana, apoyado contra la isla, sosteniendo un café en su mano.
Asentí.
--Es una muy buena escuela. Prácticamente me graduaré con unas treinta universidades persiguiéndome.
Mi padre miró a mi madre.
---Pero es un internado.
--¿Qué pasa con ello? No es como si yo no fuera a llamar.
Discutimos acerca de ello unos minutos, luego Cassidy se levantó y se sentó para desayunar en la mesa. Mi madre se apresuró a llenar de calorías ese pequeño cuerpo y dejamos el tema.
Me salí con la mía, al final.




                                                                             
 

--¿Vas a irte?Preguntó Cassidy, parada bajo el umbral de mi puerta.
Doble mis jeans y los puse en mi cajón..
--¿Cuándo?
--Después de vacaciones.
Su carita se deformó.
--Pero…
Sabía que ella no quería dejarme ir. Sabía que quería abrazarme y obligarme a quedarme. Sabía sobre su “Pero”. Y debí acercarme a ella, abrazarla y decirle que aun así sabrá de mí.
Debí asegurarme de que su corazón no se rompiera.
Pero quería que lo hiciera. Así que fruncí el ceño y dije:
--¿Pero qué, Cassidy?
Ella se encogió y negó con la cabeza, salió de la habitación, con su pequeño corazón roto.
--Tú sólo quieres  herir a las demás personas de la misma manera en que tú te sientes heridaMe había dicho SullivanY al final terminarás sin nada. ¿Es eso lo que quieres, Isabel?  ¿Quieres en verdad herir a tus amigos, familia? ¿Quieres ver su cara de dolor cuando lo hagas?
  Me alimenté con la imagen del rostro de Cassidy cuando se lo dije y respiré hondo, sintiendo el pequeño y delicioso momento de paz mental.
Sí, lo quería.



-Sthep Stronger.

martes, 3 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 4.

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Saved. Capítulo 4: El mundo del chico de Vivian.


--
Tiene unos quince añosOí que decían en la oficina en el piso de arriba.
Se suponía que se fueron escaleras arriba para que no escuchara la conversación, pero estaban gritando a Ted,  y todos podíamos oír todo.
--Es una cerebritoSe defendió Ted, mejor conocido como El Chico de Vivian.
Mi garganta se cierra cuando pienso en ella.
--Que sea un cerebrito no significa que pueda hacer esto. ¡No significa que pueda trabajar en un laboratorio!
--Oh, vamos, chicos. Sólo denle una oportunidad. La chica está perdida y necesita esto. Y nosotros la necesitamos a ella.
--Necesitamos probarlo.
Creí oír que las puertas se abrían, pero la chica de enfrente me miró, capturando mi atención. Era joven, de unos veinte y pocos, con grandes tacones y un vestido hasta las rodillas ceñido. Por supuesto, con la bata de laboratorio encima.
--Vaya, has hecho un gran alboroto con esos tres allá arribaLadeó la cabeza--¿Es cierto lo que ellos dicen? ¿Eres un cerebrito?
--Sí, ¿Lo eres?
Miré hacia arriba, hacia la voz. Ted está ahí, junto con su padre, quien es como el jefe, pero ha sido la belleza americana rubia quien me ha hablado. No sé si tiene algo con el padre de Ted, pero ella también está al mando aquí.
--Superdotación intelectual altaRespondí, mirando arribaMe faltó un poco para alcanzar la superdotación intelectual excepcional, pero estoy satisfecha.
La mujer levantó las cejas hacia mí. Suspiré.
--La superdotación intelectual alta es de 160 en adelante en el IQAl ver sus caras, explicoEn la escala del coeficiente intelectual. La superdotación intelectual excepcional es de 175 en adelante. Mi coeficiente intelectual es de 170.
Levantaron las cejas, sorprendidos.
--VayaDijo Ted, con su tono permanentemente insolente, casi como si se riera de míEso es como lo más alto, ¿No? ¿Eres todo una enciclopedia, verdad?
Suspiré.
--No, genioDije amargamente, cruzándome de brazos sobre la mesa de trabajo en que me sentaronEstá la superdotación intelectual profunda, que es de 175 en adelante.
--Supongo que si eres tan lista sabrás hacer algunas cosas aquíDice el padre de Ted, con sus rasgos de su cara afilados y voz gruesa, bajando de las escaleras para míNo te importará que te haga una prueba. Algo de química básica.
  Vi que todos en las mesas de trabajo habían dejado sus cosas y estaban poniendo atención en mí. Por un segundo me pregunté por qué todos ellos, químicos excepcionales, estaban trabajando en un laboratorio químico que más específicamente se utilizaba para crear drogas. Sólo por un segundo. Porque supongo que ellos también se preguntan qué hace una adolescente en este lugar. No es su problema, y ellos no son el mío.
--ClaroRespondí.
Sólo mis maestros sabían sobre mi coeficiente intelectual. Mis padres y mis compañeros sabían simplemente que yo era inteligente. Pero ellos no sabían nada.
Soy brillante. Soy excepcional. Soy… Diferente. Es por eso que nunca se lo dije a nadie, ni a mis padres ni a mis amigas. Porque yo tenía miedo.
Había una chica en mi clase que había conocido en la primera semana de escuela. Tenía casi todas las clases conmigo. Su nombre era Cassandra. Ella tenía solamente una Inteligencia Brillante (No alcanzaba siquiera la superdotación intelectual. Un 115 en IQ). Era inferior a mí. Era por mucho inferior. Y ella era bonita. Era bajita, sí, pero tenía un cabello sedoso y una cara muy bonita, con unas pestañas larguísimas envidiables y unos dientes perfectamente derechos (Dios, yo tuve que utilizar frenos hasta mis doce años). Pero a las personas eso no les importaba, porque Cassandra nunca tuvo problema en ocultar que era inteligente, y las personas no tuvieron problema en hacerle pasar un mal tiempo. En acosarla.
  Y me asusté. Así que esa semana me tragué las palabras que podrían diferir del lenguaje coloquial adolescente y también mis metáforas, contesté algunas preguntas mal, ponía algunos errores ortográficos, no le mencioné a nadie que aprendí a leer a los cuatro años, no le dije a nadie que tenía memoria fotográfica. Fue así como me las arreglé para hacer amigos. Fue así como yo me convertí en aquella chica inteligente pero normal, genial, amigable, social. Me mataba, claro: Estar horas en clase con un profesor que explicaba en una hora algo que yo había aprendido en los primeros cinco minutos que tardó para explicarlo, hacer esas tareas que yo ya sabía de memoria (Super aburrido) y poner atención. Poner atención a los maestros era simplemente la peor cosa. Hubo algunas veces en que me mandaban a la dirección por aburrirme y dormirme. Pero yo no podía explicarles que me dormía porque era superdotada… O al menos no a todos. Tuve que explicárselo a algunos maestros porque amenazaba por sacarme de su clase y llamar a mis padres si seguía durmiendo. Ellos me pusieron pruebas para creerme, claro, pero pasé todas ellas cada vez. Luego les rogué que no dijeran nada.
Yo no era Cassandra. Sus habilidades eran míseras, eran inferiores. Pero aun así se llevó la peor parte.
  Y en aquél momento, con la vista de todos en la habitación, cuando el padre de Ted me puso a hacer algo de química, le sonreí.
La química estaba tan chupada.


-Sthep Stronger.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 3.

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Saved. Capítulo 3: La tarjeta.

Mi madre no tiró la ropa que usé esa noche, por alguna razón. Ella la puso en una caja en el sótano.
No es como si yo fuera a buscar mi ropa, sino que ahora estaba componiendo en el sótano, desde que mi hermana no me daba espacio. Toda mi familia, de hecho. Los tíos de parte de mamá no terminaban de irse. Entonces, yo me sentaba en el suelo y tocaba algunos acordes con mi guitarra, pero las palabras no llegaban a mí y mis notas eran dramáticas y con un agudo tono de disturbio sin importar cuanto me relajara, así que terminé dejándolo. En verdad lo que hice fue aventar la guitarra con furia y ésta volcó una caja.
 Me quedé ahí sentada, mirándola, frustrada, y luego me levanté a recogerla con un suspiro. Una tela delgada azul se deslizó cuando la levanté.
Era mi vestido.
Miré dentro de la caja y escarbé. Encontré mis zapatos, llenos de sangre seca que no pudo ser lavada y mi pequeña cartera plateada. Cuando la abrí, vi mi brillo labial rosado y una tarjeta blanca con sólo unos números escritos en tinta negra.
 La puse en el suelo, perfectamente derecha sobre la madera y la miré unos minutos.
Fue la tarjeta que el chico de Vivian me dio. Paso las yemas de mis dedos por los números delicadamente y cierro los ojos.
--Isabel, es hora de comerDij mamá, abriendo la puerta del sótano y mirando hacia abajo--¿Qué haces ahí?
Guardé la tarjeta en mi bolsillo y tomé el vestido para ponerlo en la caja. Mi madre bajó las escaleras y se puso blanca cuando me vio. Ella me lo arrebató y lo echó en la caja, tomándola también.
--Ve a comer con tu padre y tu hermanaMurmuró, con la caja en manos, subiendo escaleras.
Cuando me senté en la mesa miré a mi padre y a mi hermana, que no sabían cómo tratarme. Me miraban de reojo, casi temiendo que yo pudiera descubrirlos mirándome, como si yo fuera algún tipo de serpiente a punto de saltar. Como si tuvieran miedo de que me rompiese. Como si yo fuera de cristal.
Mi madre llegó desde afuera sin la caja, y supe que la había tirado definitivamente. Entonces ella se sentó en la mesa más relajada y empezó a hablar con nosotros, como si todo estuviera bien. Mi padre sigue su juego, sonriendo, bromeando conmigo y con mi hermana. Como si absolutamente nada estuviera roto.
 Y yo tuve que sonreírles.
Porque éstos son mis padres. Ellos no pueden saber acerca de nada que está mal. Las desgracias los llenan, los abruman, así que es mejor si lo evitan. Si fingen que no existe. Es lo que hacen ahora. Ellos se sonríen a sí mismos, sueltan algunas risas, comentan sobre el programa radio que está puesto, hacen bromas sobre nosotras. Y nosotras asentimos, como niñas buenas, como personas normales, como si no nos diéramos cuenta.
  Pero lo hacemos. Todos nosotros. De acuerdo, tal vez Cassidy no lo haga: Es demasiado ingenua. Tan inocente. Tan tonta. Pero mis padres y yo sí.  Vemos la chispa de la verdad en nuestros ojos, pero, una vez más fingimos.
  Esto es lo que somos.
Esta fue la razón por la cual tuve que irme.
    Esa noche, mi madre fue a cobijarme como si yo tuviera cinco años de nuevo. Ella me besó la frente y acarició mi cabello.
Y me dijo:
--No te preocupes, cielo. Todo estará bien. El señor te protege siempre.
Pero no lo hizo. No me protegió de aquella noche. No me protegió ni a mí, ni a Vivian y absolutamente no protegió a Cam. Nos arrojó y dejó que nos quemáramos.
Así que las palabras de mi madre no significaron nada. Tampoco la biblia en la sala o la cruz en mi habitación, ni las oraciones que mi madre me hizo repetir con ella antes de dormirnos, antes de comer, antes de hacer cualquier movimiento.
  No significaban nada para mí.
Deslicé mi mano bajo mi almohada y saqué la tarjeta. Apreté los números en mi teléfono.
Y esperé.


-Sthep Stronger.

martes, 26 de noviembre de 2013

Saved. Capítulo 2.

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Saved. Capítulo 2: Una gran olla de odio auto-destructiva.


Desperté en una camilla de hospital. Los doctores me checaron un par de días y mi familia me miraba cautelosa, casi sin saber qué hacer conmigo, cómo hablarme, cómo tocarme. Ni siquiera me regañaron por lo que hice. No dijeron ni una palabra.
Un día los médicos dijeron finalmente después de los chequeos  que yo iba a estar bien.
Ellos mintieron.
Mi doctora, la señora Johnson, fue a mi habitación esa mañana y me sonrío. Me dijo que me iban a dar medicinas para el dolor, pero que yo estaría bien. Ella dijo que el tiempo iba a curarme.
Pero yo sabía mejor.
Les grité. Les grité a ella y mis enfermeros que estaban mintiéndome. Les grité muchas cosas horribles; Que eran unos incompetentes, que no habían podido curarme, que todo dolía y mi cabeza era un hoyo negro lleno de neblina que me impedía pensar correctamente. Mis ojos se mojaban cada noche y mi pecho se oprimía.
--¿Por qué no me curan?Les grité, mientras los enfermeros sostenían mis brazos para mantenerme en la camilla y la doctora Johnson me miraba con lástima.
Y la odié por eso.
¿Por qué sigue mirándome así? ¿Por qué no hace su trabajo y me cura?
Pensé haberlo dicho internamente, pero cuando terminé me di cuenta de que no era así.
--Porque no soy la doctora indicadaMe dijo.
Entonces tomó una jeringuilla y me lo inyectó en mi brazo.
El mundo se volvió negro.
   Fue así como conocí a la doctora Sullivan, a la mañana siguiente. Yo había despertado hace rato, pero sabía que si mis enfermeros se daban cuenta me obligarían a comer y a tomarme las pastillas. Además, si estaba despierta podían pasar a mis padres o al tío David. Y yo no quería. No quería saber nada de ellos. Ni de los doctores, ni de mi familia.
No quería ver nada más.
Sin embargo unos ruidosos tacones me hicieron abrir los ojos sin querer, al escucharlos por el silencioso pasillo, porque era aún temprano y las enfermeras cuidaban de que sus pasos no los despertaran.
No esta.
--Hola, IsabelMe dijo ella cuando llegó.
Aún con la cara en la almohada, miré hacia arriba, hacia su alta figura, y ella me sonrió.
Me dio sabor a malas noticias.
No le contesté.
--Mi nombre es Lily Sullivan. Soy tu nueva doctora.
--Ya tengo una.
--Lo sé. Pero soy otro tipo de doctoraSe sentó en el sillón al lado de mi cama y me sonrióSoy tu psicóloga.
--Usted no es una doctora.
--Claro que síLadeó su cabeza de tal modo que su corto pelo marrón tocaba sus hombros.
--No. Es psicóloga. Eso no cuenta como doctora.
Mi intento por ofenderla no resultó. De hecho mi intento por ofenderla en las semanas siguientes sólo me consiguieron un pase a un grupo. Eran como alcohólicos anónimos, pero peor. Había de todo, y yo tenía que escuchar los problemas de todos. Y era una mierda. Por ejemplo, un chico, Erik, (de cabello azul eléctrico) que era gay e intentó suicidarse porque su madre lo despreciaba. Una chica afroamericana Vanessa que le hacían bullying por ser inteligente. Otra chica de un cabello muy bonito, de color rubio-castaño claro-chocolate bajito-casi a rubio de rizos hermosos que le llegaban abajo del hombro. Muy bonita y todo, pero la chica estaba tan jodida como el resto. Esta chica Lena tenía miedo al compromiso. Pero, miedo enserio. Era, como lo peor para ella. Y se estaba volviendo completamente loca porque su novio estaba empezando a hablar de matrimonio y bebés en un futuro. Estaba tan jodida. Quiero decir, ella tenía, ¿Qué? ¿22? No es tan raro que empiecen a hablar del futuro, pero ella estaba completamente loca al respecto.
   Tenía que lidiar con chafadas como ella todo el tiempo.
Era la cosa más deprimente y desesperante.
--¿Y tú, Isabel?Me preguntó Sullivan, que, claro que sí, dirigía el grupo--¿Quieres compartir con nosotros?
--¿Cómo qué?
--Como porqué estás aquí.
No contesté esa vez. De hecho no contesté a nada la primera semana. Sólo escuchaba a este Erik hablar sobre cómo se sentía en relación al tipo que le gustaba y a sus padres. Quería gritarle que mandara al diablo a todo el mundo, que no es su obligación gustarles, que no tenía que sentirse avergonzado y que se callara por una buena vez.
   La furia se extendió sobre mí por un largo periodo de tiempo.
Creo que ellos finalmente se dieron cuenta de ello en una semana en particular. Un día esa chica Lena estaba hablando de nuevo y yo sólo no pude mantener mi boca cerrada.
--¿Sabes qué?Solté, llena de furia en mi interiorEres ridícula. Eres completa y absolutamente ridícula. Tienes, unos, ¿Qué? ¿Cuántos años tienes? Estás en la universidad estudiando, no es como si fueras una adolescente. Si tu novio Luke, o como se llame está pensando en sentar cabeza, deberías sentirte feliz, como cualquier persona de tu edad haría, porque sabe que él no está hablando necesariamente de ahora, señorita Mira-Cómo-Sufro. Deberías de estar feliz porque él te ama. Deberías estar feliz porque quiere un futuro contigo. Deberías sentirte feliz por tener esta vida planeada y segura, en vez de sentarte con el resto de nosotros, personas que, eh, sí tenemos problemas reales. ¿Ahora por qué no vas con tu novio y haces las paces con él?
   Lena me miró con la boca abierta, incrédula. De hecho todos me miraron sorprendidos, excepto Sullivan, quién me miró complacida.
¿Estaba complacida porque he gritado a una de sus pacientes?
--¿Y quién eres tú?Saltó la chica LenaTú has estado escuchando todo acerca de nosotros, pero nunca has dicho ni una palabra. Dices que tienes problemas, pero creo que sólo eres una adolescente sin más, simple y dramática. No eres nada. Y no deberías estar aquí.
  Creí que debería de sentirme ofendida, pero, en vez de eso, me sentí aliviada por pelear. Me sentí aliviada por dejar ir la furia de mi pecho, por desviarla a otro lugar. Y por un segundo me sentí bien, sentí el vacío del dolor y la furia en mi pecho y supe que eso había terminado. Supe que iba a estar bien.
 Pero entonces el espacio se llenó de nuevo y no pude evitar querer sacarlo.
Quería herir a alguien.
---Eso ha estado bienDice Sullivan.
--
¿Qué dice?GruñíHemos tenido una pelea. ¿No se supone que tiene que evitar estas cosas? ¿No se supone que por eso le pagan? ¿De dónde consiguió su certificado? ¿De una caja de cereales? ¡Usted es un fraude!
 Me miró por unos segundos.
--¿Se siente bien, verdad?Preguntó.
Supe que ella sabía. Supe que de alguna manera entendió mi necesidad de herirlos.
Loquera.
Asentí mientras miro mis pies.
--Muy bien. Ahora intenta decir lo que piensas de nuevo, pero esta vez sin insultar a las personas. ¿Qué tal si lo intentamos?
Miré a Lena después de un rato, que me miró desafiante con los brazos cruzados.
--Deberías sentirte feliz. Deberías sentirte contentaY entonces la verdad salió de mis labiosEsa debería ser mi vida.
  Debería. Yo debería tener todo eso. No bebés o matrimonio, no me refería a eso. Aún era muy joven. Me refería a una vida planeada. Me refería la seguridad de tener algo que sé que va a durar. Algo estable.
   Pero en el último mes de terapia Sullivan me había dicho que yo era una gran olla de odio que terminará por sobrecalentarse y auto-destruirse.
Sus propias palabras, enserio.
Y tal vez la odiaba tanto porque yo sabía que eso era verdad. Porque en el interior yo sabía que era una gran olla de odio. Y me odiaba por el hecho de que podía sobrecalentarme y auto-destruirme. Y odiaba a todo el mundo porque cada vez que me miraban me lo recordaban.
  Lena no supo qué decirme. De hecho nadie supo qué decirme en esa habitación, excepto Sullivan, cómo siempre. Porque siempre tenía las respuestas y eso me irritaba hasta la muerte.
--¿Dices que tu vida no puede ser así, Isabel?
--No.
--Sabes, Lena puso un punto muy importante aquí: ¿Por qué estás aquí?
--¡Tú ya sabes por qué estoy aquí!
--Nunca he escuchado tu versión de la historia. Y creo que necesitas hablar de ello.
No respondí.
--Muy bien. Entonces sólo cuéntanos algo sobre ti. Algo para conocerte mejor.
Todos me miraban, expectantes.
   Lo peor de todo es que yo quería contarles.
Siempre que necesitaba hablar sobre algo yo no acudía a una amiga o a un diario. Yo tenía mi computadora, dónde el teclado me esperaba, me llamaba, me tentaba a poner mis dedos sobre él. Yo era una escritora. Yo siempre fui una escritora, era lo que me movía, lo que me impulsaba, lo que me hacía ser quién soy.
  Pero desde aquella noche mi cabeza era un lío, y era como si yo hubiera olvidado cómo escribir.
Es otra de las cosas que más odiaba. Perdí las letras también. Perdí a Cam, y Vivian y yo no podíamos vernos a la cara, así que suponía que también la perdí. Perdí la familiaridad de estar con mis padres, y perdí todo con mi hermana (Los fines de semana viendo Buffy La Cazavampiros, las noches a escondidas en la cocina a comer chocolate porque mamá odiaba que consumiéramos mucha azúcar, ella oyendo detrás de la puerta cuando yo componía una canción…). Y eso me devastó. Me rompió al saber que no sabía cómo encajar en mi vida de nuevo. Me llenó de furia y odio ser esa parte del rompecabezas que no pertenece. Porque todos ellos eran míos. Pero yo los había perdido.
Y perdí a las letras también. Ellas ya no me llamaban, no me incitaban a contar historias, no me llenaban y no me poseían como solían hacerlo. No hacían nada por mí en absoluto.
  No supe cómo conservarlas. Y no supe como tomarlas de regreso.
Con ninguna cosa, de hecho.
Y quería contárselos. Quería contárselos porque no puedo escribir sobre ello y eso me volvía loca. Quería decirles cómo perdí todo. Quería contarles acerca de la noche en que escuché las costillas de mi mejor amiga romperse, cómo su cráneo rebotó hasta hacerse añicos, como los litros de sangre bañaban el vestido amarillo que habíamos comprado juntas. Quería contarles.
   Lo quería tan desesperadamente que mi corazón saltaba de mi pecho y mis ojos se inundaban de lágrimas.
--Soy escritoraDije en cambioMe gustan las letras.
Me hundí en mi asiento mientras sentía las palabras empujando en mi garganta para poder salir. Pero yo no podía dejarlas.
Yo no podía contarles.
   Esa tarde, cuando finalmente llegué a casa después de mi sesión privada con Sullivan (La cual no salió del todo bien) vi a mi hermana Cassidy sentada en el sillón, esperándome. Es lo que ella hacía; Me esperaba hasta que llegara y luego me seguía como un cachorrito.
   Yo la amaba, no me malinterpretes. Yo la amaba más que a nada en el mundo. Pero no podía mirarla a la  cara.
  No podía evitar odiarla porque yo no era ella. Porque su vida era fácil, porque no iba a sobrecalentarse y auto-destruirse.
 Subí las escaleras ignorándola y cerré la puerta de mi habitación, mientras oía los pasos de mis padres subir por las escaleras, ruidosos. Yo ya estaba tendida en la cama con el cobertor encima cuando abrieron la puerta y mamá susurró:
--¿Isabel?
No abrí los ojos.
No lo hice hasta que mi padre me haya acomodado el cobertor sobre mi cuerpo y me hubiera dado un beso en la cabeza.
Se supone que debería estar feliz por estar viva. Se supone que tenía que estar agradecida. Pero quería morir. Quería irme con Cam.


-Sthep Stronger.