jueves, 11 de julio de 2013

Reseña: On Dublin Street, Samantha Young.

On Dublin Street (On Dublin Street, #1)
Reseña: On Dublin Street.
Samantha Young.
El primero de una serie
Jocelyn Butler se ha estado escondiendo de su pasado por años. Pero ahora todos sus secretos serán puestos al descubierto...

Hace cuatro años, Jocelyn dejó su trágico pasado atrás en los Estados Unidos y empezó de nuevo  en Escocia, enterrando su dolor, ignorando sus demonios y siguiendo adelante sin apegamientos. Su vida solitaria está yendo bien, hasta que se muda a un nuevo apartamento en la Calle Dublín, dónde conoce a un hombre que hace temblar su bien guardado mundo hasta el núcleo.

 Braden Carmichael está acostumbrado a obtener lo que quiere, y está determinado a tener a Jocelyn en su cama. Sabiendo cuán asustada está de meterse en una relación, Braden le propone un trato que satisfacerá su intensa atracción sin apegamientos.

Pero después de que una Jocelyn muy intrigada acepte, ella se da cuenta de que Braden no se quedará en paz con tan sólo una pasión exorbitante. El terco escocés tiene la intención de conocerla... hasta su alma.

*Sinopsis traducida por mí. Quien quiera tomarla, adelante*


Si lo vemos desde ese punto de vista dónde uno no ha leído el libro, puede parecer muy... cliché. Y es cierto. Hasta cierto punto. Hay cosas que ya he visto en otros libros (en la mayoría, ejem, ejem) como el hecho de que ella se enamora del hermano mayor de su mejor amiga, y ella tiene un trágico pasado y no confía en nadie y hacen un tipo de apuesta-trato-cosa para tener una relación puramente física sin ataduras, pero seamos honestos aquí, tú ya sabes cómo va a terminar el libro. Predecible en algunos puntos.
  En otros, no tanto.
On Dublin Street (On Dublin Street, #1)

Y ahora que he admitido que tiene muchas similitudes a otros libros, tengo que decir que... no me importa. Porque el libro en verdad me gustó. No sé exactamente qué parte tiene de especial, pero fue un libro que me gustó mucho. Creo que muy bien tiene que ver con los personajes.
  ¿Sabes que siempre (o la mayoría del tiempo) la protagonista siempre está toda tonta y hace puras tontadas y no hace más que llorar? Sip, más o menos así está Jocelyn. La diferencia entre estas protagonisas es que ella no está tonta, ella hace las cosas que hace porque tiene problemas. Quiero decir, problemas reales, no como que su novio la engañó y tal. Tiene problemas y ella está consciente de ello. Ella toma responsabilidad. Pero aún así su personaje me ha agradado demasiado, porque es inteligente y tiene carácter.

Braden, por otra parte, no tiene mucho para distinguir. No me malinterpretes, me gustó mucho su personaje ... de la misma manera en que me gustó mucho los personajes anteriores de otros libros que se parecen mucho a él. Es un multimillonario como el resto que tiene un tipo de chica como el resto pero cuando conoce a la protagonista cambia como el resto. Probablemente lo que me gustó de él es que tiene la capacidad de pensar en los hechos, no se deja engañar muy fácil por Jocelyn. Me encanta, pero... nada novedoso. Si somos honestos.

Juntos... Bueno, eso fue interesante, hay que decirlo. Me desesperó un poco porque por cuestiones de personalidades y de pasado discutían y no lograban reconciliarse bien, pero, están hechos el uno para el otro. Fin.

Calle Dublín (On Dublin Street, #1)

Me gustó mucho que no todo se relacione con su romance y sea todo lo que tengan que solucionar en el libro. Sino que como ella tiene problemas, ella tiene que lidiar con ellos. Ella tiene que enfrentarlos. Entonces me ha parecido interesante como ella estaba de un lado y luego cruzó lentamente y astutadisamente al otro lado, dónde ella puede ser feliz.

 Me ha gustado mucho. Léanlo si pueden. :)


Saludos.
Sthep.

martes, 9 de julio de 2013

Fade. Capítulo 6.

                  restaurer: (by vanillegriotte) - Breath
Fade. Capítulo 6.
La libreta. Página 6:
  Tu corazón no puede sentir nada más, cuando ha sido reducido a cenizas.


Personas. De diferentes edades y cultura, simplemente pasando enseguida de mí hacia sus habitaciones el primer día de clases, ahora que las vacaciones han terminado. Todos se arremolinan a mí alrededor y yo simplemente no puedo ver los pasillos. Podría ver sobre sus cabezas para ver el camino, pero soy bajita.
Ser bajita es un asco.
--¡Aquí estás!Dice David, en algún lugar. Luego su mano toma mi brazoPensé que te había perdido.
Suspiro. Y yo que pensé que me estaba adelantando.
David sostiene mis maletas, así que le quito una y lo dejo cargar con las otras dos. ¿Quiere cuidar de mí? Bueno, no va a pasar, pero puedo dejarle cuidar de mis maletas.
 No hay problema.
--Tu habitación es la 165 AMe diceTienes dos compañeras de habitación, ¿Sabes?
“Averigüé de mis propias cosas. Como sebe de ser. No tienes que hacer eso por mí, gracias”.
 Pero no se lo digo.
Lo complazco asintiendo.
Él parece satisfecho cargando mis maletas y guiándome hacia el camino fuera, dónde están las residencias a de las chicas, al término del campus.
 Es una habitación de un tamaño decente con una cama individual y una litera, con paredes pintadas en blanco y desnudas, piso de madera y un armario en una pared que tenemos que compartir.  Cuando llegamos ahí, él deja mis maletas en la parte de debajo de la litera y me pregunta si quiero ayuda para desempacar.  “No quiero que veas mi ropa interior, gracias”. Una vez más, no se lo digo y niego con la cabeza. Al final no le queda de otra que darme un beso en la mejilla y marcharse.
 Porque ahora estoy en un internado y voy a estar fuera de su vida. Ya no necesita cuidar de mí. Al menos eso espero que piense.
  Tal vez la razón por la cual estoy tan irritada es porque papá no llegó a dormir anoche. ¿Dónde está? No sé. ¿David le llamó? Sí. ¿Él contestó la llamada? Después de media hora. ¿Me enteré de algo de su conversación? Ja.
Me quedo ahí sentada viendo la cama dónde una de las chicas dejó sus maletas, la cama individual, (Muy inteligente de su parte)  y entonces la puerta de la habitación se abre y una chica entra. Parece sacada de una caricatura: Grandes ojos negros, piel locamente pálida y pelo largo hasta la espalda color negro azulado.
--Hola. Soy Cora.
Sonrío amablemente y me presento como Isabel. Lo siguiente que ella hace es hablar. Sobre todo. Sobre que es irónico que le haya tocado la parte superior de la litera, ya que siempre ha dormido ahí en su casa, sobre lo genial que es que en Ashford no nos hagan usar uniformes, sobre que su hermano mayor dijo que los maestros aquí son horribles, pero que ella no se preocupa. Empieza a hablar hasta por los codos, pero en verdad no me molesta; El sonido de su voz me ayuda a aplacar la pequeña vocecilla en mi cabeza que grita el nombre de mi padre.



                                                                   
 



Dos horas después Cora me ofrece salir a ver el campus, así que ahí voy. Acepto más que nada para ver a los estudiantes, para ver si veo alguna cara conocida. Nada. Mi suerte realmente no es muy buena, así que debí de haberlo imaginado.
 Y compruebo una vez más que mi suerte apesta cuando tropiezo de la nada con el equipaje de un chico (que juro no estaba ahí antes) y caigo encima de él. Es bastante épico, si me preguntas; Caigo derechito de boca en su pecho, pero creo que a él le saqué el aire.
Me levanto inmediatamente.
--Oh, Dios. Dios. Lo lamento tanto. ¿Estás bien? Juro que no te vi en el camino. Yo…
Yo me detengo porque puede que sólo lo esté irritando más.
Le doy una mano para que se levante y la toma.
El chico es notablemente más alto que yo, me saca como dos cabezas. Tiene el pelo castaño oscuro y se ha dejado la barba crecer. Debe de ser mayor que yo. Es bastante guapo, pero estoy más ocupada viendo que no le haya sacado el aire de los pulmones y se esté muriendo o le haya quebrado una costilla o algo.
--¿Te perforé un pulmón o algo?
Está sacudiendo sus pantalones, luciendo muy molesto. Pero luego me mira y hace una pausa. Imagino que está encontrando las palabras para insultarme, así que retrocedo un paso, lista para disculparme una vez más y desvanecerme de su vista.
  Pero ningún insulto sale de su boca.
--¿Con tus, qué? ¿40 kilos?
Sé que intenta relajarme con ese comentario, y me sorprende y me siento aliviada de que no me odie, o algo, pero luego me siento… ofendida. ¿40 kilos? Sé que soy miserablemente pequeña, pero no peso 40 kilos. ¿Luzco de 40 kilos?
 Frunzo el ceño.
--Estoy bienDice, después de una pequeña pausa tras ver mi expresiónNo pesas tanto.
Entonces él me extiende la mano.
--Me llamo Graham.
Estiro mi mano para estrechársela, y abro la boca.
Estoy a una milésima de decir mi verdadero nombre. Casi.
--Isabel.
Es mayor que yo, así que intento ver si reconoce el nombre y ve mi pelo rubio y a ver si éste sí conecta los puntos como se debe.
  Pero nada.
¿Pero qué…? Por la Santísima Trinidad. Alguien debió saber la verdad sobre Isabel. Alguien. ¿Es que ella era tan buena mentirosa que enredó a todos en su mentira?
 Graham está a punto de abrir la boca para decir algo, pero una voz se eleva y nos interrumpe:
--Les juro que vi esa escena en una película. ¿A que ustedes van a estar saliendo en unos pocos meses? Quién sabe, tal vez una semana. ¿Qué piensas, Katie?
 Volteo y miro hacia Cora, pero no es ella de quién proviene la voz. Sigo sus ojos y encuentro a unos metros ahí parada a Marina con Kate enseguida. Marina me sonríe y sacude su brillante cabello negro mientras caminan hacia nosotros.
--¿Me extrañaste?
Vaya que sí.
Sonrío tímidamente.
--Hola.
--¿Los conoces?Me pregunta Graham, ligeramente sorprendido.
--Tiene esa suerteAlguien responde secamente.
No me había dado cuenta, pero Alex se había acercado y está parado enseguida de Cora. Luce igual de mortíferamente guapo que cuando lo vi por última vez.
Y me fijo en sus ojos mortíferamente hermosos cuando mira los míos.
Escucho a Marina y a Kate saludar a Graham cuando Alex  me dice:
--No habías venido a visitarme. Pensé que eras un fantasma.
Casi tiemblo.
Sonrío amablemente.
--He estado ocupada.
Y después de aquello, dirijo toda mi atención hacia Graham a propósito.
--Siento haber caído sobre ti. En verdad.
Sonríe.
--No te preocupes. Las pesas del gimnasio son como el doble de ti.
Suelto una risita.
--Me doy cuenta.
Veo una chispa divertida en sus ojos después de una pausa.
Oh. Dios. Mío. ¿Acabo de coquetear? Batallo un poco para no ponerme a hiperventilar.
Hubiera sido bastante bochornoso si él no me sonriera  de vuelta, pero lo hace. Me sonríe. Me sigue el coqueteo. Me deja jugar.
--Te veré luego, ¿Si?
Asiento.
--Adiós.
Él aún sigue riendo cuando toma sus maletas y me dirige una última mirada.
Río, porque me he dado cuenta de que coquetear puede ser divertido. Ya nunca más criticaré a Miranda ni a sus amigas por ello. Mi risa cesa de repente cuando me doy cuenta de que en verdad ya no tengo que preocuparme por ellas, porque han salido de mi vida.
  Creo que ha sido lo mejor, de cualquier manera.
Me giro cuando recuerdo a los demás, y los descubro viéndome. Marina ríe.
--Definitivamente una semanaMira a Kate --¿Quieres apostar?  Amo las apuestas. Diez a que terminan juntos en una o dos semanas.
 Kate rueda los ojos pero sonríe, luciendo entretenida.
Alex me mira como si yo fuera lo peor.
Cora se ve incómoda.
--Yo… me voy. ¿Te veo en la habitación, Isabel?
Asiento y rezo para que nunca se me olvide que ese es mi nuevo nombre. Hasta que alguien lo descubra. Rezaré también por eso.
--¿Entonces te gustan morenos?Presiona Marina--¿Morenos y altos? Buena combinación. A mí en especial me gustan los altos y rubios bronceados. Tú sabes.
Kate le da un codazo.
--Ya, Mar. Dale un respiro.
Alex gruñe. Aún sigue con la cara de pocos amigos y los brazos cruzados sobre su pecho.
Marina se voltea hacia él.
--¿Y a ti quién te invitó? ¡Desvanécete, perdedor!
Kate la sostiene de los brazos, como si ella fuera a saltar sobre él y arrancarle la cabeza.
--¡Deja de ser una patada en el trasero, Mar!Le contesta él.
--¡No me llames Mar, tú, infeliz hijo de…!
Me voy a mi lugar feliz antes de que  ella pueda terminar su oración.  Mis padres nunca me dejarían tener la libertad de decir malas palabras. Nunca. Es como lo peor que yo pudiera hacer. Así que exactamente no estoy muy familiarizada, sólo lo normal… Aunque no estoy segura si mi normal es parecido a su normal. O al de cualquiera.
--Mar, ya está. Ya estáLe intenta tranquilizar Kate, jalándola de los brazos mientras mira sobre su hombroDetente antes de que llames la atención.
 Marina se incorpora. Alex rezonga y gruñe un poquito, luego me mira.
--Te invito a un helado, o lo que sea que tu dieta te permita comer-Dice tomando de mi mano y llevándome lejos, malhumorado.
 ¿Irnos? ¿Qué dieta?
Abro la boca para protestar pero entonces algo se envuelve alrededor de mi muñeca.
--Qué lástima. Ella viene con nosotras.
Alex se gira, furioso.
--Te lo advierto, Marina, retrocede.
Esto se está tornando un tanto peligroso, y me hace querer escabullirme.
--Chicos…--Intento, para calmar las aguas.
Pero no me escuchan.
--¿Sabes? No tienes que arruinar a cada chica que ves. Viene con nosotrasMarina me jala de nuevo hacia su lado.
Miro a Kate, esperando que ella haga algo, pero sólo tiene una mueca preocupada en la cara, mirando la escena.
--Chicos… --Intento de nuevo.
--¡Te lo he dicho, no tuve nada que ver!
--¡Y yo te voy a creer!-Escupe con sarcasmo Marina.
--¡Chicos!
Cuando oyen mi voz, algo se activa en sus mentes y me miran, con el reconocimiento brillando en sus miradas. Y entonces se miran el uno al otro, como si los hubieran cachado haciendo algo que no deben. Observo como la adrenalina y la furia se drena hasta dejar a aquellas personas que conocí al principio.
--Es mejor que discutan sus cosas de novios-no-novios-como-sea en otra parteRecomiendo, con serenidad.
Marina abre la boca y aspira aire.
--¿Crees que yo salí con este imbécil?
Ahora estoy confundida.
--Es lo que dijiste aquella noche. Cuando te ayudé a llegar a tu habitación. Dijiste algo así que era sorprendente que no lo conociera porque todas las chicas lo hacíanAlex sonríe satisfecho y asiente con la cabeza--… y que era un perro.
Él frunce el ceño a Marina.
--Y cuando fui a entregarte el anilloContinúoHicieron un comentario de una cita.
--¡Si, pero no fue…!
Entonces todo el mundo deja de girar y se congela: Kate le pone una mano en el brazo a Marina  y aprieta. Alex la mira, con cautela. Ella se queda callada y me clava la vista, luego mira a la mano de Kate, a los ojos de Alex, y luego a mí de nuevo.
--Es complicadoTermina diciendoNuestra relación… es complicada.
Miro a Alex, quién bufa y retrocede.
--Te veré después, Is.
¿Quién es Is? Miro alrededor, pero no hay nadie… Ah. Soy yo. Sí, claro.
Estoy a punto de saludarle con la mano en señal de adiós, pero él ya está fuera de vista. ¿Pero qué demonios ha sido todo lo anterior?
--ImbécilSusurra Marina, mientras lo ve marchar.
Kate suspira y peina con sus dedos su brillante y largo pelo castaño.
--Lo siento, Isabel. Éstos dos nunca se deciden entre amarse u odiarseFinge reír.
Pero cuando miro la chispa en los ojos de Marina, no creo que haya una sola chispa dentro de ella que ame a Alex. Es más, no creo que haya ninguna señal de simpatía.


                                                                      



La otra chica se llama Sophie Mitchell.  En cuanto la veo en la habitación me doy cuenta de que las cosas se podrían complicar un poco. Tal vez tenga que ver con que Sophie tiene el pelo oscuro atado en un moño muy complicado en su cabeza, tiene mucho maquillaje en la cara y su ropa parece sacada directamente de Gossip Girl. Es un poco intimidante.
Ella sonríe y empieza a tomar territorio en el armario que tenemos que compartir. No es gran cosa, quiero decir, es enorme y tiene muchos estantes, pero ella se vuelve un poco loca al respecto.
  Intento alejarme un poco de ella, por el simple hecho de que somos diferentes y que puede que no congeniemos mucho y ella se lo tome contra mí, pero de alguna manera Sophie está conmigo al día siguiente, el segundo día de clases dónde todo ocurre como el anterior (Una clase aburrida, después otra clase aburrida, seguida de una clase aburrida. En verdad hasta ahora las clases de Ashford son bastantes sencillas. ¿Los ricos pagan tanto por nada?)
Sophie camina hacia la mesa en el campus que Cora y yo estamos compartiendo y se sienta. No lo esperaba, ya que ella no nos habla (excepto por lo del armario). Ya sabes: Chicas como ellas no se acercan a las chicas como yo. Ley del universo.
--Niñas, ¿Alguna de ustedes me presta la llave del cuarto? Dejé mi copia dentro.
Saco la copia del bolsillo de mi mochila y se la doy a Sophie.
Cora no comenta nada. Para ella acercarse a Sophie es igual de mala idea que para mí. Tal vez tenga que ver con el hecho de que ambas son polos opuestos: Sophie puede considerarse una Barbie y con lo que sé de Cora hasta ahora, ella está obsesionada con la cultura Japonesa y doramas, y… comics y …cosas.
 Sophie está a punto de decirme algo cuando alguien grita mi nombre.
--¡Isabel!
Levanto mi vista y miro hacia el frente, más allá de Sophie. Marina me extiende la mano desde una mesa, dónde están sentadas Kate y An.
--¿Nos vemos en la noche?Ella levanta la voz para que la escuche, mientras se inclina en su silla hacia adelante, con los codos recargados en la mesaLas chicas y yo haremos una pijamada, ¿Qué te parece?
 Dudo unos instantes, pero Marina me sonríe radiante y Kate me da una sonrisa amable y saluda con una mano. An mira a Marina como si la quisiera estrangular.
Estoy un poco sorprendida con su invitación, porque aún me faltan movimientos por hacer para ganarme su simpatía, para ser su amiga. Pero estoy empezando a creer que ella hace amigos tanto como respira; Habla con todo el mundo sin timidez  ni ninguna otra cosa. Es como una naturaleza.
Levanto un pulgar en señal de aprobación y sonrío en su dirección, a pesar de que sé que probablemente recibiré a continuación una mirada cargada de una irritación que no puedo comprender de parte de An.
 Esa chica me da miedo.
Cuando Marina se vuelve a sus amigas, yo hago lo mismo con mis compañeras. Cora ha deslizado un comic por la mesa y lo lee tranquilamente, pero Sophie tiene sus ojos aún clavados en la mesa de las chicas. Me mira a continuación.
--¿Las conoces? ¿Eres su amiga?
Miro de nuevo en esa dirección, y encuentro a An mandando una mirada furiosa, como si quisiera contribuir con el fuego maligno anual del infierno, cosa que, dicho sea de paso, encuentro bastante creíble.
  Pero es sorprendente cuando me doy cuenta de que la mirada infernal no viene dirigida a mí. Sino a Sophie. No estoy muy segura de si es porque la odia personalmente, o porque ella odia a todo el mundo.
  Tal vez la segunda.
--Son agradablesRespondo, sólo pensando en Marina y en Kate.
An es otra cosa.
--¿Por qué?Continúo.
Sophie me mira y luego se inclina hacia a mí con una chispa en los ojos que me dice que lo que sea que viene no me va a gustar. Descubro que es porque ella se pone en todo plan de “Vamos a compartir un secreto como si fuéramos confidentes”.
  En verdad nunca hice estas cosas, ni siquiera con Miranda, que tiene  un leve parecido a Sophie.
--¿Ves a la morena? ¿La que parece que se comió algo descompuesto?
¿Qué si no la veía? Ja.
--Te refieres a An.
--Ajá. Mi novio tiene una casa en la playa a una hora de aquí, pero mis padres no me dejarán ir el fin de semana, porque, ya sabes, piensan que haremos cosas.
Espero.
Espero un poco más.
Después rompo el silencio:
--¿Y…?
¿Qué tiene que ver su novio con An?
--La única manera en que mis padres me dejarán el fin de semana es si mi hermana Johanna viene conmigo. Bueno, si ellos piensan que viene. Pero la única manera en que Johanna me cubrirá es si le doy algo a cambioChasquea la lenguaEs una zorra.
 Espero a que An venga al asunto.
--EntoncesProsigueElla y Ángela eran algo así como amigas cuando mi hermana estaba aquí. Pero luego un chico se interpuso. Un tal Alex. Johanna lo quería, Ángela lo quería. No se quedó con mi hermana. Todo un rollo. ¡Aburrido! La cosa es que ella odia a esa chica y la única manera en que me cubrirá es si yo averiguo algo que Johanna pueda usar contra ella.
  Casi se me cae la mandíbula cuando oigo lo de An y Alex. Supongo que tiene sentido. 
--¿Sophie?Hago una pequeña pausa, tratando de no sonar maleducada--¿Por qué me estás contando tu historia de vida?
--PorqueSonríe, mostrando los dientes, de una manera que puede resultar un tanto malignaVoy a ir contigo esta noche.
Entonces ella se levanta y me saluda con la mano.
--¡Nos vemos, sweetie!
Sweetie. Como si fuéramos mejores amigas.
Qué cosa tan más rara.
Se va dejándome un poco confundida, debo decir: ¿Ella va a salir conmigo porque su novio… y su hermana… y An… qué? Tal vez el único hecho que hay que remarcar es cuando ella dice que va a salir conmigo y me llama sweetie me pierdo.
 Y cuando aclaro mi mente, el único pensamiento medio racional es: ¿El nombre de An en Ángela?



                                                                        




Esa tarde, en algún punto entre el último periodo, entro al baño del tercer piso, que está solitario. Estoy lavándome las manos cuando algo empieza a vibrar en mi bolsillo. Doy un respingo, pero luego noto que es mi celular.
Seco las manos en mi falda rápido y lo tomo. “Papá”, dice el identificador.
Un nudo de forma en mi garganta. Ha pasado tanto tiempo desde que no he hablado con él. No realmente.
--¿Papá?
Mi voz se desliza de mi boca suavemente, pero suena como un sollozo ronco y áspero.
--CassidyMi padre dice mi nombre al otro lado de la línea en un suspiro cansado.
--Papá. HolaDigo rápidamente, con miedo a que él no tenga nada que decir  y corte la línea.
  No puede cortar la línea.
--David me dice que estás en tu escuela.
--Sí. Entré ayer. ¿Estás en casa?
--Se podría decir.
Hago una pausa, mirando al suelo.
--¿A qué te refieres?
--Llamé para despedirme, Cassie.
Mi corazón late en mi pecho a una velocidad que no es posible, y juro que duele.
--¿Papá? ¿A qué te refieres?
--Es demasiadoEmpieza a sollozar al otro lado de la línea.
 En el segundo en que lo entiendo, el mundo se congela y se detiene, capturado en este momento.
--¿Papá?
No oigo otra cosa más que su suave llanto y su respiración desigual.
--PapáSuplicoPor favor.
--Ya no hay nada, CassidyOtro sollozoYa no hay nada.
Un nudo de aloja en mi garganta, atrapando mis palabras, pero lucho.
Siempre lucho.
--Estoy yo. Quedo yo. Por favor, sólo… Éste fin de semana iré a casa. Y todos los demás. Iré a casa, no me dejes sola.
--Lo siento, Cassidy. Lo siento.
--¡Papá, no me abandones!Grito al viento.
--Ya estoy lejos, mi amor. Ya es tarde.
--Da la vuelta. Sal de ahí, donde quiera que estés. Vuelve.
--No.
--¡Papá!
Ésta única palabra sale de mi garganta con desesperación, con voz temblorosa y áspera.
--David te cuidará. Él sabrá cómo hacerlo.
--¡Pero no lo quiero a él, te quiero a ti!
--Lo siento.
--Por favorRuego de nuevo en desesperaciónEstás rompiendo mi corazón.
--Te amo.
Y corta la línea.
  Mis ojos miran al vacío por unos minutos mientras las lágrimas silenciosas y calientes se deslizan por mi rostro hacia el suelo. El timbre suena pero mi cabeza da vueltas y no puedo. Me arrastro hacia un cubículo y cierro con seguro. Me siento en la tapa y abrazo mis rodillas en mi pecho.
  Nada. No hay nada.
Todo se ha ido.
Todo se ha desvanecido.
Perdido.
Hundo mi cara en el hueco entre mi pecho y mis rodillas y lucho por mantener mi respiración. Por arreglar mi corazón. Por no ponerle más cosas encima para que no se haga peor.
“Deja de llorar”, me pido, “Deja de llorar. ¡Ya basta!”.
Me quedo por lo que parecen ser minutos en aquél cubículo.  Tal vez horas. No lo sé.
Varias chicas entran y salen, salen y entran otras. Y yo hago lo posible para arreglar el daño, para no desmoronarme.
Cuento.
“1. 2. 3. 4. 5.  6. 7. 8….”
Estoy en el número 152 cuando mis lágrimas han cesado y mi corazón late de manera normal en mi pecho. Aún duele. Me levanto limpio mis lágrimas con la manga para retirar el maquillaje, pero sé que sólo lo he empeorado así que lo dejo. Estoy a punto de abrir la puerta del baño vacío cuando me doy cuenta de que de pronto ya no está tan vacío, porque alguien ha abierto la puerta y voces resuenan. Voces que me parecen familiares.
--Hoy estás de más mal humor del que acostumbrasMarina dice.
Veo entre la ranura de la puerta y la veo parada frente al espejo, checando que todo esté correcto. A su lado, Kate y An han puesto sus mochilas sobre el lavabo.
--Cómo seaResponde An toscamente.
--Oh, vamos, AnKate dice con tono afable--¿Qué te tiene de tan mal humor hoy?
--¿Qué me tiene de mal humor? No lo sé, pero tal vez tiene que ver con el hecho de que Marina no deja de intimar con la chica.
  Me pregunto si se refiere a mí.
--¿Te refieres a Isabel?Pregunta Kate.
--¡Claro que me refiero a Isabel!
  Cuando escucho ese nombre, sabiendo que se refiere a mí, retrocedo silenciosamente.
--Oh, vamos. ¿Me vas a prohibir hacer amigas?Rezonga Marina.
--No me importa de quién te haces amiga, siempre y cuando la dejes fuera de todo esto. De nosotras, Marina. ¿Qué si ella descubre algo?
--Sólo es una fiesta de pijamas.
--Una que no teníamos planeada. Entiendo que quieras alejarla de Alex, pero no es tu responsabilidad. No te incumbe.
--¡Él va a arruinarla! ¿Esperas que simplemente me quede de brazos cruzados y vea cómo él lo hace!
--Si es necesario, síAn dice, con voz rotunda.
--Annie, baja la voz. Te van a escuchar afueraAdvierte Kate, con su usual tono sereno.
--¡No puedes hablar enserio!
Alguien toma un gran respiro. Imagino que es An.
--¿Qué si en una de éstas ella de alguna manera descubre algo? Ella está cerca y más cerca y me está poniendo nerviosa.
--Puedo controlarlo.
--¿Qué si ella te pregunta por qué estás tan terca con alejarla de Alex? ¿Qué le vas a responder? ¿Le vas a decir lo que pasó con Cassidy? ¿Le vas a decir que era tu novio? ¡Deja de empujar los límites, Marina! Si ella nos atrapa, nos hundiremos. Las tres.
--¡Deja de ser tan mandona, yo sé qué hago!
--¿Enserio? Porque la última vez que pensaste que sabías que estabas haciendo, una chica terminó muerta.
La voz de Marina tiembla cuando dice:
--Sabes que lo que pasó con Cassidy no fue mi culpa. Yo no manejaba cuando el carro se estrelló.
--Pero tú la trajiste. La trajiste a nosotras. Si tú no hubieras probado tus estúpidas habilidades para hacer amigos ella estaría aún viva.
--AnOigo la voz de Kate en advertencia.
Pero ella no ha acabado todavía.
--Si tú sigues con esto, Marina, tengo que cuidar de ella también. ¿No habías pensado en eso? ¡Tengo diecisiete pero me siento de cuarenta! No puedo soportarlo. No puedo tomar más. He llegado a mi límite hace algún tiempo, y aun así he seguido. No te atrevas a seguir.
--AnRepite Kate, con la voz firmeEstá bien. Ya es suficiente.
Hay un pequeño espacio de tiempo donde sólo hay unas respiraciones. Luego vuelven a hablar:
--Esto es lo que vamos a hacerDice Kate, con la voz dulce y claraVamos a hacer esta cosa esta noche, y luego tú, Marina, dejarás que siga su camino. Que se cuide ella sola de Alex. Dejarás de intervenir. Y tú, An, dejarás tus miradas asesinas. Asustas a todo el mundo. ¿Algo más por discutir?
 Oigo un suspiro profundo.
--Está bien. Lo siento, Mar.
Marina no contesta.
--Todos los sentimosConcuerda Kate.
An traga saliva ruidosamente.
--Bueno, buenas noticias. Tengo comprado a ese reportero, finalmente. No dirá nada sobre Serena, ni sobre Cassidy, tampoco sobre Ashford.
--¿Cómo lo hiciste?Marina finalmente habla.
--La cuenta que papá me dio. Está vacía ahora, pero lo tenemos cubierto. Está bien.
Kate suspira.
--Dios. No dejan a Serena en paz ni muerta.
--¿Y qué si otro reportero viene a buscar sobre su muerte? ¿Qué vamos a hacer entonces?Marina levanta la voz.
--Encontraré una salida. Siempre lo hagoAn responde con la misma dureza.
--Pensé que estábamos juntas en estoGruñe Marina.
--Al final soy yo quién nos cuida, así que, ¿Qué importa?
--¡Ya basta!
La voz de Kate resuena y el silencio flota en el vacío.
--No podemos ponernos una contra la otraella diceAsí que ya basta. Somos un equipo. Es suficiente. Tú deja de intentar proteger a Isabel y tú deja de ser una perra.
Kate no parece ese tipo de personas que levantaban la voz, así que ahora que lo hace, estoy sorprendida, un poco.
El timbre suena.
La voz de Kate se eleva de nuevo sobre el sonido.
--Será mejor que nos vayamos. Esto se llenará pronto.
 Segundos después, el baño se vacía y dejo salir el aire atrapado en mis pulmones que no me daba cuenta que estaba conteniendo.
 Debería sentir algo sobre esto, pero estoy vacía. Sólo sé que las preguntas corren salvajemente por mi mente, hambrientas de respuestas. Y voy a conseguirlas.


--Sthep Stronger.
Mi memoria se estropeó (Y tengo mis archivos en la memoria) así que en verdad no he escrito nada... Así que sólo tienen este capítulo. :/

Fade. Segunda Parte.

                                  Large


                                                                                        Fade.
                                                                                  Segunda Parte:
                                                                                    El Otro Lado




-Sthep Stronger.

jueves, 4 de julio de 2013

Mini Reseñas: Serial Hottie y La Última Mentira.

Serial Hottie
Serial Hottie,  Kelly Oram.
Libro único.
(Hasta dónde tengo entendido)
La poco femenina obsesionada con el Hockey Eleanor Westley nunca ha sido objeto de la afección de los chicos antes. Así que cuando el chico más bueno que alguna vez haya visto se muda a la calle de enfrente y la empieza a tratar como si fuera el centro del universo, naturalmente ella va a estar un poco escéptica. Pero todo empieza a cobrar sentido cuando chicas que se parecen mucho a Ellie empiezan a morir en la cuidad. Obviamente el chico nuevo es el asesino, y por supuesto que él sólo la quiere para cortarla en rebanadas. ¿Verdad? Entre más conoce a Seth, más se convence de que él es un psicópata asesino. El problema es que él es el asesino más dulce que ha conocido. Sin mencionar de que es brutalmente hot. No importa cuán duro lo intente, ella no puede evitar enamorarse de él.
 ¿Encontrará Ellie el verdadero amor , o su verano de Primeros* se convertirá en un verano de Últimos?*



Yo hice la traducción. Quien la quiera es libre de tomarla.
** Se refiere a que su verano es de primeras veces. Pero como Seth puede ser un jodido psicópata asesino, hay posibilidades de que ése sea su último verano.

   
   
Ellie ha vivido un poco bajo la sombra de su hermana mayor Ángela por mucho tiempo. Ángela es popular, guapa, a la moda y rubia. Ellie ama el Hockey, su ropa está siempre holgada, sus mejores amigos son todos hombres y ella es... Pelirroja. Y su nuevo vecino psicópata pero más bueno que el pan de Peeta, Seth, parece amar la última parte. Y ella en verdad no tiene problema con eso, hasta que en la televisión salen éstas imagenes de chicas asesinadas y Ellie tiene que pensar no sólo en los pectorales del vecino, si no en sus seguridad. Pero siempre se puede encontrar tiempo para ambos. ¿Verdad?

   JAJA. Morí.
Enserio. Morí.

 Ellie es de ése tipo de tontas que dan risa, no te exasperan (aunque tiene su momento) y Seth... Oh. Dios. Mi novio. Así que chicas, están advertidas. Él es mío. Un poco psicótico, pero mi novio.
  De la escritura no puedo decirles mucho, ya que es bastante simple. Es un libro muy ligero y muy divertido.




In The Company Of Liars
In The Company Of Liars, en en
idioma original.
Yo lo leí en español (Pero no encontré
su portada en la web): La última
Mentira.
David Ellis.
Libro único.
Afeijskfneuslfneuhfesk. Sólo léanlo.

                                                                          


Una mujer acusada de asesinato se ve atrapada en un laberinto piscológico que le deja sólo un escape: El suicidio. O no?
Contado en cronología inversa, de su enigmático final hasta su brillante principio, In Company Of Liars es un viaje de fuerza tentador.

*Yo hice la traducción. No estoy muy segura de la última parte. Pero quién quiera tomarla siéntase libre de hacerlo.
















"Muy inteligente"--Lee Child.

"Inminentemente satisfactoria"--Orlando Sentinel.

"Un viaje emocionante"-The Philadelphia Inquierer.

Ajá.

         La sinopsis del libro en español te explica más de lo que trata el libro, pero como no la encontré en la web (Ya sé, bien raro), me veo en la obligación de explicártelo por mí misma.
    O sea que te cuentan en libro en orden cronológico inverso. Si no sabes qué es, es una patada en el trasero. ¿Sabes de ésas películas que te muestran una escena y no le entiendes nada, pero después te muestran Un día anterior, una hora antes, dos días antes, o whatever? Así es exactamente este libro. Y puede que pienses que es genial. Pero no lo es tanto.
  O en absoluto.
El primer capítulo te cuenta en final de la historia, y el último capítulo el principio. Se van hacia atrás en el tiempo hasta llegar ahí. Lo que es confuso, porque mientras yo estaba leyendo el libro, tenía todas estas escenas de cosas que pasaron esparcidas por mi cabeza y no sabía en qué orden ponerlas, aún cuando me había puesto hace cuántos días eso había sido. No podía unirlas, y era tan frustrante.
In The Company Of Liars
Otras portadas.
  Así que hice lo más inteligente que se me ocurrió: Lo leí del capitulo final hasta el primero.
¿Y crees que así me enteré de algo? No. Aunque estaba leyendo el libro como se supone que tenía que ser contado, no me enteré si el otro era malo o bueno, si ella se suicidó o no, si el otro hizo esto o no. No me enteré de nada. NADA.
  Otra de las desventajas de tomar el camino fácil es que está lleno de memorias (que pues yo ya vi) y se pone un poco repetitivo.

La Última Mentira no fue para mí, pero no crean que no fue por mi edad o algo así, como me comentaron recientemente, es más bien por este asunto de la cronología inversa. Y bien, fue aburrido y un poco tedioso.
  No ha sido para mí, pero creo que a alguien más que le guste este asunto de las cosas que pasaron antes de ésta cosa le va  a gustar.
  O no.

Nah. Lo dejo en sus manos.

Saludos.
Sthep S.

Un Premio (8)

  Este premio nos lo concedió Xally, de Evening Sun. Muchas gracias! :)   

                                         

Reglas del premio:
1-Nombrar y agradecer al blog que te lo concedió.
2-Responder a las once preguntas que se formulan.
3-Enumerar once cosas sobre ti.
4-Conceder el premio a once blogs con menos de 200 seguidores.
5-Formular once preguntas para los blogs nominados.
6-Visitar los blogs que fueron nominados junto al tuyo.
7-Informar al blog de su premio.

Preguntas.

1-¿Qué canción es la que no para de escuchar en este momento?
Lizzie: Just Give Me a Reason de Pink y When i was your man, de Bruno Mars. Lo se, muy dramáticas.
Sthep: Panic Cord, de Gabrielle Aplin.
2-¿Qué carrera estudias o te gustaría estudiar?
Lizzie: Criminología o Literatura, no se..
Sthep: Probablemente psicología, lo cuál es irónico, porque yo no creo en ello, yo creo en escribir.
3-¿De qué país eres?
Lizzie: México 
Sthep: México! :)
4-Si pudieras elegir un país que no es el tuyo... ¿cuál elegirías, porqué?
Lizzie: Brasil o Australia..
Sthep: Tennessee. Nashville es el lugar de la música Country. Y yo amo la música Country.
5-¿Practicas algún deporte? ¿Cual?
Lizzie: No, practicaba Handball, pero ya no... Soy muy floja.
Sthep: No. No quisiera asesinar a toda la raza humana con la pelota. (Bueno, sería interesante, pero ya me entienden)
6-Descríbete en tres palabras.
Lizzie: Imaginativa, Soñadora y MUY malpensada.
Sthep: Soy tan genial que lo puedo hacer es dos: Puro. Desmadre.
7-¿Qué libros quieres que leer y no has podido conseguir?
Lizzie: Divergente.
Sthep: Muchos. Un ejemplo puede ser... Todos los de Susan Elizabeth Philips. (Tengo tres)
8-¿Tocas algún instrumento musical? ¿Cuál? Si no, ¿Te gustaría aprender a tocar alguno?
Lizzie: Tocaba Guitarra, o eso creía.
Sthep: Estaba en piano, pero salí de ello por falta de disciplina. Me gustaría continuar con piano y me encantaría el violín y el chelo. Me gustan también los sonidos muy dramáticos, aparte del Country.
9-Si pudieras ser el personaje de un libro, ¿Cuál serías y porqué?
Lizzie: Beatrice Pior.
Sthep: Katniss Everdeen. Es un personaje muy fuerte. Yo quisiera ser así.
10-¿Cuál es el libro que puedes leerte una y otra vez sin aburrirte de él?
Lizzie: Lonely Hearts Club, Elizabeth Eulberg.
Sthep: Si Decido Quedarme, de Gayle Forman.
11-¿Hay algo que te gustaría ser de tu manera de ser?
Lizzie:Terminar cosas inconclusas... Siempre me aburro de lo que hago y lo dejo a medias...
Sthep: Quisiera ser más responsable. Y soy mal hablada. Muy mal hablada.



  11 Cosas

Lizzie:
1-Tengo una seria obsesión con 2 Broke Girls.
2-Llevo más de un mes leyendo un libro. No voy ni a la mitad.
3-Me gustan los nachos.
4-¡Toqué un delfín!
5-Me gustaría saber pintar o dibujar, pero a penas y puedo dibujar una flor.
6-No me gusta subirme a las Roller Coasters, me dan miedo, pero cuando me subo, me gusta. ¿qué complicado no?
7-Hace unos días atropellé a un venadito bebé. Merezco morir.
8-Soy asquerosamente mal pensada, si no me creen, pregúntenle a Sthep.1313
9-No me gusta la leche, a menos que tenga chocolate o fresa.
10-No me gusta el chocolate.
11- Ya no se que poner aquí, así que.... Me gusta verle el trasero a los muchachos guapos. 

Sthep:
1- Tengo un perro que es un desmadre. Deja sus sorpresitas en todas partes. De preferencia en mi cuarto.
2-Soy muy mal hablada. Pero en el blog intento no hacerlo.
3-Algo gracioso es que generalmente soy muy tonta. Digo muchas tontadas y me río todo el tiempo. Y cuando escribo soy de una manera completamente diferente. Es como este otro lado de mí.
4-El capítulo 7 de Fade es el que me ha tomado más tiempo escribir y el que tiene más páginas de Word. Ayer terminé de escribirlo.
5-Gabrielle Aplin es genial. Deberían definitivamente chequearla en Youtube.
6-Estoy escribiendo otra cosa, pero esto es más complicado. No sé si estaré mostrándolo en el blog. Depende de cómo resulte al final.
7-Debo a escribir como siete reseñas. A veces me da flojera escribirlas después de terminar un libro.
8-Ya van a arreglar mi computadora <3
9- Cuando era pequeña pensaba que Chicago estaba en China. Mátenme.
10-Cuando escribo sobre uno de mis personajes, hago una carpeta para ellos con su nombre, para que no se me pierdan las cosas que he escrito para ellos en hojas de cuaderno.
11- Hace un tiempo estaba en el gimnasio y había un tipo al cuál le estaba viendo el trasero. Entonces yo estaba detrás de él en la bicicleta y él se movió, así que naturalmente yo me moví también para seguir apreciando el arte. En esto, me voy cayendo de la bicicleta y cuando volteo a verlo para ver si me vio, él estaba caminando hacia mí. Porque, oh, resultó ser un amigo de mi primo (Al cual yo conocía) Vino a saludarme y tal y de hoy en día no sé si sabe que estaba apreciando su trasero. Tengo una herida en la pierna que puede probarlo.


Preguntas (De nosotras, para ustedes)

1- ¿Cantante favorito?
2-¿Cuál fue la película que viste?
3- ¿Alguna vez te ha pasado algo por estar viéndole el trasero a alguien (como a mi) ?
4-Me dio curiosidad, así que, ¿Qué estudias o que estudiarías?
5-Si pudieras elegir una palabra para definirte a ti mismo... ¿Cuál sería?
6-¿Tu color favorito?
7- ¿Cuál es la peor cosa que te podrían decir?
8-¿Tienes novio/esposo/prometido? Soy una metiche, lo se.
9- Si no te ha pasado algo vergonzoso por estar viendole el trasero a alguien, entonces comparte una por alguna otra razón. Me hará sentir mejor.
10-¿Eres adict@ a alguna red social?
11- Ahora tienes que elegir sólo un novi@ literario. Elige sabiamente.


Blogs:

Sara, de Queramenos
Matias, Anubis Tales (Que sale por 19 seguidores, pero aún así hay que ponerlo porque es muy genial)
Leticia Carmen Cabas, Entre Palabras Felices
Lunnaris, Mis sueños imposibles
Marina BooksObsession, Books Obsession
Lectora, tanto por Little Dreams Come True y *HOLA*
Lis, Nox Invictus
Jane ahh Bajo el mismo cielo en diferentes lugares

Feliz vacaciones y así :)

martes, 2 de julio de 2013

Fade. Capítulo 5.

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Fade. Capítulo 5.

La Libreta. Página 5.
¿Cómo salvar a alguien quién está tan feliz con su fría oscuridad?

Paso las páginas del cuaderno de cuero marrón de Isabel. Mi cuaderno de cuero marrón.. Mi manera de diario.
Hay sólo cuatro hojas escritas en él. Textos cortos, textos largos. Unas líneas cortas, otras no. Pero es mi manera de respirar.
 Es mi manera de escapar.
Y es justo lo que necesito ahora mismo. Estoy saboreando el pequeño momento de tranquilidad mental cuando siento los pasos que bajan por las escaleras. Es el tío David. El hermano menor de mi papá, de treinta y pocos, un hombre alto y muy guapo que no he visto desde el funeral de mi hermana.
--Se ha tomado unas pastillas para dormir, finalmenteDice David, mientras alcanza con una mano un vaso de cristal y lo llena con agua.
Suspiro y cierro mi cuaderno.
--Gracias, tío David.
Él se toma el agua enfrente de mí, recargado en la encimera, con las piernas cruzadas y un brazo atravesado por su pecho mientras sostiene el vaso con la otra.
--¿Por qué no me llamaste antes, Cassidy?
Suelto un suspiro y me froto la frente con la palma de mi mano.
--No quería tener que molestarte.
--Cassidy, tu madre ha estado tan mal que han tenido que meterla en rehabilitación. ¿Y tú no querías molestarme?
Hay un deje de acusación en su voz.
Genial.
--Es tarde. Me voy a dormir.
Inconscientemente cierro con más dureza el cuaderno y me levanto con más firmeza y rapidez de lo que pretendía.
  No debí intentar hablar de lo que pasó a Isabel con mi madre. Si yo no lo hubiera hecho… ella no estuviera encerrada ahora en una habitación pequeña sin ventanas al exterior.
--Cass, espera. Lo siento.  No quería atacarte. Yo… --Respira hondo y me giro hacia élSólo que es mucho.
 Lentamente me acerco a él y dejo de nuevo mis cosas sobre la isla.
--Dímelo a mí.
Me mira a los ojos.
--Siento que estés pasando por todo esto, Cassidy.
Me encojo de hombros.
--Gracias por ayudarme. Ya sabes, con mamá.
Asiente y se queda en silencio. No es incómodo, sin embargo quiero salir de éste, así que tomo mis cosas y me marcho.
  Pero mi nombre en sus labios me sostiene en mi lugar.
--¿Cassidy?
--¿Sí?
--Cuando estuve hablando con tu padre… Él me dijo que tu carta, y que tu repentina charla sobre Isabel, no era la única razón por la cual entró en ese estado de… depresión.
  Eso es una manera particularmente linda de decir que mi madre entró en pánico y me asustó tanto que tuve que llamarlo.
--Me dijo que ella había obtenido una llamada esa mañana. De una antigua amiga suya. Dijo que Vivian había muertoHace una pausa--¿Sabes quién es esta chica y qué tiene que ver con tu madre?
  La mentira sale tan natural y perfectamente limpia de mis labios cuando me encojo de hombros y digo:
--Ni idea.


                                                                             




Había una vez, dónde las cosas eran diferentes. Era una época lejana en un mundo que parecía distinto dónde mi madre era feliz, mi padre amaba su matrimonio, Isabel tenía amigos y yo podía dormir de un tirón por las noches.
 Pero nada de esto importa. Sólo la penúltima.
Mis momentos de mi infancia son borrosos. Son escenas borrosas que se han gastado y quemado por los bordes, se han difuminado. Pero en todas estas, recuerdo a Isabel. Joven, entusiasta, feliz. Y Vivian.
 Vivian.
El teléfono suena en el piso de abajo. No bajo a responder. Papá está dormido gracias a las pastillas de mamá en su habitación. No sé dónde está David.
  La llamada suelta en el buzón de voz.
Una llamada de teléfono.
Cierro los ojos.
…Érase una vez, una mañana en un mundo ideal, dónde yo bajaba un sábado a comer el desayuno con mi familia. Mi madre sonreía y mi padre bromeaba. La radio sonaba. Una vieja canción Country.  Los ruiseñores cantaban fuera. El aire fresco se deslizaba entre las ventanas.  Tan perfecto. Luego, el teléfono sonó. Una vez, dos veces, tres. Mi mamá se levantó, con esa sonrisa en su rostro. Pero cuando se puso el auricular en la oreja, el suelo se desvaneció y todo se tornó en un negro cegador.
  Mi hermana había muerto.
Y ahora otra llamada de teléfono anunció otra muerte. Trajo otro golpe al corazón de mi madre.
  Vivian es una historia diferente.
… Érase una vez, una cama tendida de cobertor morado donde yo estaba acostada, y enfrente de mí, mi hermana de quince años acomodando su vestido azul oscuro de fiesta. Minutos después, una madre estacionó su carro rojo enfrente de nuestra casa. Dos adolescentes saludaban desde el cristal de la ventana. Una de pelo negro como el plumaje del cuervo, Cam. Otra, con pelo castaño y lacio, Vivian.  Después de que Isabel se despidiera de mis padres y desapareciera dentro del carro, yo me quedé dormida.
  Pero desperté. Pero era diferente. La noche ya había caído. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Es cuando sentí que me movía. Mi padre me sacudía. “Cassidy, despierta. Hay que ir al hospital”. ¿Al hospital? Y luego, paredes blancas.“¿Qué ha pasado?”, pregunté a papá; “¿Dónde está mamá?”. Silencio. Extendiéndose por todas partes. “¿Papá?”.
     No me enteré de lo que pasó hasta el día siguiente.
Isabel tuvo un accidente.
No me enteré qué clase de accidente o porqué, hasta que escuché a mi padre hablando sobre ello con tío David, quién había llegado a la cuidad al saber.
 “Isabel salió de la fiesta con sus amigas”, dijo mi padre entre sollozos, “Fueron a emborracharse a las vías de trenes. No sabían que estaban activas…” Y mi padre se ahogó en sus sollozos.
  Cam cayó a la vía de tren. Todas estaban tan borrachas que no podían ayudarla a levantarse. Un tren venía.
          La lluvia se encargó de limpiar la sangre. Pero no pudo limpiar la escena grabada con fuego en la parte trasera de la mente de Isabel.



                                                                          
 


--¿Dónde está papá?
David se da la vuelta y sonríe.
--Buenos días. Salió a comprar pan.
Miro el pan arriba del refrigerador.
--Pero si hay pan.
--Lo sé. Tu padre necesitaba tiempo solo.
Me siento en la sillita de la isla mientras él me pregunta qué quiero que me prepare para desayunar.
--Está bien. Me hago mi propio desayuno.
Él alza la ceja.
--Pero si tu madre nunca dejaba que nadie tocara su cocina…
Se da cuenta de su error; “Dejaba”, de antes.
--¿Cuánto tiempo te vas a quedar?Le pregunto, cuando él se sienta enfrente de mí con una taza de café.
  Suspira.
--No lo sé.
--¿Qué va a pasar con mamá?
--No lo sé.
--¿Ya le han dado un diagnostico en la clínica?
--Cassidy, han pasado menos de veinticuatro horas. Ellos llamarán en cuanto sepan.
--Deberíamos estar ahí.
--Ellos no nos dejan estar ahí. Creen que es una distracción para tu madre.
--¿Crees que ella se va a curar?
--No lo séDice con tono más duro.
Me quedo callada, con los ojos clavados en él.
Se frota la cara.
--Mira, Cassidy, lo siento. Han sido tiempos duros.
Que me lo diga a mí.
Parece que los papeles se giran, porque ahora es él quién me interroga:
--¿Vives con esto desde hace cuatro meses?
--Antes no era tan malo. Es la primera vez que mamá pierde los estribos de esa manera.
Y fue peor cuando alcancé el teléfono y asustada me encerré en el baño, marcándole a David, quién llamó a los loqueros mientras mi madre gritaba y golpeaba la puerta.
--¿Quién ha estado pagando las cuentas?
--Papá paga su parte, como es usual, pero también las de mamá. Ella ha dejado de ir a trabajar.
--¿Quién cocina?
--Yo. He aprendido unas cuantas recetas de internet. Y en la televisión hay un programa de cocina.
Aprieta la mandíbula.
--¿Quién te pregunta cómo ha ido tu día?
Me quedo callada un momento. Y puedo ver en sus ojos que él sabe la respuesta.
---Nadie.
--¿Y quién te da el beso de buenas noches?
Frunzo el ceño.
--Acabo de cumplir dieciséis años.
--Sigues siendo una niña, Cassidy. ¿Cómo has estado cuidándote sola todo este tiempo?
Me encojo de hombros.
--Sólo necesito que alguien pague las cuentas. Puedo hacer el resto por mí misma.
Me mira con una chispa de algo en sus ojos. Parece alguna combinación de enojo, lástima y negación.
--¿Qué hay de esa carta?Dice, cambiando de tema.
--¿Qué tiene?
--Esa escuelaHace una pausaCassidy, ¿Por qué elegiste esa misma escuela? ¿Querías herir a tus padres?
Me pongo a la defensiva, preparada para todos los golpes y las bombas que me va a lanzar.
--Es una muy buena escuela que me va a abrir muchas puertas para muchos lugares en que sólo unos se atreven a soñar. Así que perdóname si quiero ir a esa escuela.
  Él levanta sus manos, mostrando sus palmas, a la altura de su rostro.
--Cálmate, Cass. Sólo quiero entender. No estoy atacándote.
--No se siente así.
--Entonces perdóname. No estoy en mucho contacto con niños.
Relajo mis hombros y dejo pasar el hecho de que me llamó niña. Le pregunto:
--¿Por qué nunca venías a visitarnos?
Se encoje de hombros.
--Como te habrás enterado antes, yo y tu padre nunca tuvimos una muy buena relación.
--¿Por qué?
Se encoje de hombros.
--Ya sabes cuán religioso él es. Y yo, yo era un adolescente que rompía todas las reglas. Creo que él estaba convencido de que un demonio se había apoderado de mi alma.
 Ríe un poco.
--Era difícilConcluye.
  Lo entiendo.
Muchos padres son estrictos y educan a sus hijos de cierta manera con ciertas reglas: “No digas esto, no te sientes así, no recargues los codos en la mesa, di siempre por favor y gracias…”
Pero mis reglas eran más precisas.
Amarás a Dios sobre todas las cosas. No tomarás el nombre de Dios en vano. Santificarás las fiestas. Honrarás a tu padre y a tu madre. No matarás. No cometerás actos impuros. No robarás. No dirás falsos testimonios ni mentiras. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. No codiciarás los bienes ajenos… Luego estaban los frutos prohibidos. Los frutos malos: Egoísmo, egocentrismo, orgullo, celos, posesividad… La lista de reglas continuaba. Era infinita.  Tan difícil de seguir. Y lo peor, lo peor es que cuando actuaba de una de estas maneras, de repente para mis padres yo era la peor persona del mundo.
  Lo entiendo.
Le sonrío amablemente y él me sonríe de vuelta.
--Estaré por aquí un tiempoDiceHasta que todo se resuelva.
¿Hasta que todo se resuelva?, pienso con furia, ¿Qué cosa? ¿Qué cosa se puede resolver aquí? ¿Qué mi madre deje de llorar por aquella hija que tuvo un trauma a los quince años? ¿Por qué esa misma hija murió un poco antes de cumplir los dieciséis?  ¿O que deje de llorar porque  su hija menor la abandona para ir al lugar donde su hermana mayor se desvaneció? ¿Qué deje de llorar porque ahora también Vivian está muerta, esa joven que era solamente un año mayor que yo?
  ¿¡Qué!? ¿¡Qué podemos resolver?!
Me trago las palabras y subo a mi habitación asintiendo con la cabeza.


                                                                             




Mañana ingreso a Ashford.
Han pasado ya las vacaciones y mañana tengo que partir para tomar mis clases el lunes temprano en ese internado caro.
Vacaciones con mamá metida en un manicomio, profesionalmente diagnosticada como Mentalmente Desorientada. Papá llega tarde a casa después de salir todo el día, a veces borracho, a veces medio dormido. A veces no sale de su cuarto. Y David se está haciendo cargo de mí. Le repito constantemente que no tiene que hacer esto, que puedo cuidar de mí misma, y que ahora no importa porque me marcho a un internado donde todo estará bien. No me hace mucho caso.
  David no me deja visitar a mamá. Mi padre no ha hablado conmigo desde hace ya tiempo, así que no puede darme su opinión. Sin embargo, esta tarde le he dicho a David que voy a ir a estudiar a la librería porque no puedo concentrarme en mi cuarto. Pongo énfasis en la última parte para hacerlo creer que estar en esta casa llena de memorias me hace daño.
  Tomo el metro para ir al manicomio.
Nunca me ha gustado pensar en lo que pasó aquella noche que apagó a Isabel. Intento no pensar en ello. Pero siempre que estoy en el metro no puedo evitar mirar las vías. Y entonces las imágenes borrosas de mi memoria tienen a Isabel, Vivian y Cam ahí. Y oigo a Isabel gritar, aunque sé que no es real.
  Cierro los ojos.
Cuando llego, empujo la puerta con todas mis fuerzas y me dirijo hacia la mujer de la tercera edad con mucho labial rojo y pelo castaño. Pregunto por mi madre, pero cuando me pide el nombre y no estoy en la lista, y no soy mayor de edad, no me deja pasar. Explico que soy su hija, y le muestro mi credencial de la escuela para que compruebe el apellido.
Me deja pasar, de alguna manera.
Confían mucho en los apellidos y ésas cosas. Pero no cuentan con que tal vez me hayan prohibido venir aquí. ¿Quién es David de cualquier manera? No lo había visto desde el funeral de Isabel.
  Mi madre está sentada en una sala de juegos junto con otras personas. Deben de ser tal vez quince en general. Tiene ropa cómoda, ha adelgazado, cara está sin maquillaje, y alguien le ha hecho una bonita trenza con su pelo corto.
  No se da cuenta de mi presencia.
No creo que se de cuenta de nada a su alrededor.
Me siento en la mesa de fierro enfrente de ella, y coloco mis manos en  la fría superficie. Levanta la vista.
--Hola, mamá.
En su cara se muestra el reconocimiento.
--Cassidy, cariño.
Sonrío aliviada, intentando no llorar.
--¿Cómo estás, mami?
Ella asiente.
--Bien. Me aburro algunas veces. Pero todos son muy amables. Excepto ese doctor. Siempre quiere que me tome las pastillas. ¿Cómo estás, Cassidy?
--Bien. Feliz de verte, mami.
Ella sonríe.
--Qué curioso. Es exactamente lo mismo que me dijo Isabel.
  … ¿Qué?
Se lo pregunto.
Asiente.
--Sí, sí. Isabel vino a verme dos noches atrás. ¿No te ha visitado a ti? Oh, cariño, no te preocupes, pronto lo hará. Ya sabes que tu hermana te quiere mucho.
  Silencio.
Silencio esparciéndose por la sala llena, viajando hasta más allá, a cada habitación vacía. Como mi corazón.
  “Mentalmente Desorientada. Claro que sí”
Por alguna razón, esperaba que fuera mentira.
--Eso esperoContesto, controlando mi voz. Carraspeo--¿Te ha visitado antes?
Ella asiente.
--Oh, sí, claro que sí. Me hace demasiadas visitas. De vez en cuando.
--¿Desde cuándo?
Ella piensa.
 --Un poco antes de que cumplieras dieciséis. Primero pensé que me estaba volviendo loca… Pero ella seguía viniendo. Mi niña.
Mi madre tiene alucinando desde hace meses. Genial.
--¿Y qué te dice?
Ella agita la cabeza y saca un lamento.
--Oh, Cassidy. He hablado con Isabel y le conté lo de Vivian. Lamentable.
No llores, Cassidy, no llores.
--¿Ah, sí? ¿Se lo tomó muy mal?
Mi madre inclina la cabeza a un lado.
--De hecho, fue ella quién me consoló a mí. Ella lo comprendió.
  Isabel en la vida real estuviera devastada por la muerte de su mejor amiga. Incluso cuando después de ese accidente en las vías de tres perdieron contacto.
Si estuviera viva.
--Imagino que fue duro.
Asiente.
--Oh, sí. Lo fue. Vivian. Esa pobre niña. Oh, Dios. Murió tan joven. Sólo tenía diecisiete años. La edad de tu hermana. Pobre niña. No me imagino por lo que ha de estar pasando su madre.
  Yo sí.
Me imagino más o menos lo que tengo enfrente de mí.
--Lo más duro fue cuando Isabel me dijo que la habían asesinado.
Mi madre agita la cabeza con disgusto.
Yo entiendo; Eso es por lo que mi madre se alteró tanto. No fue exactamente por la muerte de Vivian en sí, sino porque alguien ahí afuera estaba matando niñas, en general.
--¿Isabel te dijo eso? ¿Cómo sabía?
--No se lo pregunté. Pero, Oh, Dios, Cassidy. Fue terribleSuspiraLas niñas en nuestro país están en riesgo. Por eso digo que tenemos que ir a vivir a algún otro lugar. Me encantaría vivir en un lugar de Francia. Pero tu padre no ha aparecido por aquí. ¿Cuándo vendrá, Cassie? Han pasado ya horas desde que me metieron aquí. Nunca se había tardado tanto antes.
   ¿Horas? No han sido horas, han sido meses. No puede ni siquiera tener la conciencia del tiempo.
--Claro, mamá. ¿Te mencionó algo sobre mí? ¿Isabel? Le pregunto a mamá.
Mamá asiente.
--Claro que sí. Como yo, ella no está de acuerdo en que te vayas a esa escuela. No es buena.
--¿Te dijo por qué?
Mamá no me contesta.
--He visto a Cam tambiénDice, intentando cambiar el temaAnda por aquí a veces.
--¿Sí? ¿Y cómo es?
--Oh, Cassie. Justamente como la recuerdo. Con ese pelo negro tan bonito en un peinado de trenza y un vestido corto amarillo.
  Así es como Cam estaba la noche de la estación de tren. Mi madre está viendo sus memorias.
--Siempre fue muy bonitaComento.
Ella asiente.
--Ella en verdad no está muertaDice, inclinándose hacia míDice que sólo está viajandoSonríe y se hecha hacia atrás de nuevo recargándose en el respaldo de su sillaClaro, le di una buena regañada a esa niña. ¿Cómo preocupa a su madre así?
 Ella suspira, pero seguido sonríe.
--Pero tú nunca harías algo así, Cassidy, ¿Verdad? Tú nunca le harías nada a tu madre.
Ella alcanza mi mano y la sostiene entre la de ella.
--Claro, mamá.
--Dime que no irás a esa escuela, Cassie. Dime que te quedarás en casa y esperarás a que tu padre me saque de aquí
Asiento, mirando disimuladamente cómo ella aprieta mi mano en la suya.
--Claro, mami.
Ella sonríe mostrando los dientes.
--¡Eh!Dice una enfermera, trotando hacia nosotras desde la esquina de la habitación--¡No está permitido el contacto físico!
--Es mi hijaRezonga mi madre, pero suelta mi mano.
La enfermera, morena y de edad media, se para ahí enfrente de nosotras con mirada cautelosa.
--Señora Blake, ¿Se ha tomado sus pastillas?
Mi madre se sacude, irritada.
--No me gustan las pastillas.
--Tiene que tomárselas.
--No me gustanMamá vuelve a decir, con un tono de voz más alto.
--Señora Blake…
Con la esquina de mi ojo veo cómo más enfermeros se acercan sigilosamente hacia nuestra mesa.
--¡He dicho que no!
--Es necesario…
--¡Déjeme en paz!Mi madre la interrumpe, con voz en un estruendo.
Mi madre se para de la mesa repentinamente, con sus ojos llameando y su ceño crispado.
Y entonces todos están sobre nosotras.
Los enfermeros se acercan a mí, y me toman de los brazos y de la cintura para alejarme de ella, pero ella se estira hacia mí y todo el mundo se vuelve loco. Algunos enfermeros la jalan fuera de mí, pero ella clava sus uñas en mi brazo y pronto comienza a arder. Me caigo hacia atrás cuando me jalan también. Mi madre grita mi nombre, pero los cuerpos no me dejan verla. Lo último que sé es que un señor mayor con bata impecablemente blanca pincha en el brazo de mi madre con una jeringa. Segundos después, hace efecto.
Ella deja que la inconsciencia la tome y la arrastre a ese lugar oscuro.


                                                                     



--¿Encontraste el libro que querías en la biblioteca?Pregunta David, concentrado en la cena, sin mirarme apenas.
--Asiento, dirigiéndome hacia las escaleras.
--En esta escuela empiezan el día un poco más temprano que lo que acostumbras, quizá deberías cenar rápido e irte a dormir. Mañana las cosas serán diferentes.
  Oh, claro que lo serán.
No tiene ni idea.



-Sthep Stronger.

Fade. Capítulo 4.

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Fade. Capítulo 4.

La Libreta: Página 4.
El tiempo no cura las heridas.
Eres tú.



La calentadora empieza a chillar ligeramente, y yo me lanzo inmediatamente a apagarlo antes de despertar a mis padres. Aunque no tiene sentido; ninguno durmió anoche. Mamá no paró de llorar por horas.
Es curioso, ¿Sabes? Porque un mes atrás me sentía tan mal por el dolor de mi familia, pero ahora es sólo cansado. Es sólo irritante.
Suspiro mientras me sirvo silenciosamente el café; Sé que si hago ruido probablemente alguien va a bajar a comenzar a fingir  que todo está bien. Y no estoy de humor. Porque no he dormido nada tampoco, aunque no por las mismas razones que mis padres. No he dormido nada porque he estado estudiando.
Porque necesito una beca para Ahsford.
No es que sea tonta o algo por el estilo. De hecho soy la tercera en mi clase. Pero Isabel era la primera, y sólo así obtuvo una beca. Así que estoy sentada aquí en la cocina, con la isla llena de libros, haciéndome un café, esperando a que ninguno de mis padres baje todavía. Son las seis de la mañana. Espero que sigan durmiendo. O fingiendo hacerlo, como sea.
  Sin embargo yo no soy tan afortunada, porque mi padre baja las escaleras lentamente en su pijama azul de cuadros. Cuando él me mira, sonríe ligeramente y viene a besarme la cabeza.
 Puedo casi escuchar oración de agradecimiento porque yo no estoy muerta.
--Buenos días, princesa. ¿Por qué te levantaste tan temprano?
--Tengo examen mañana. Estoy aprovechando mi día. ¿Cómo dormiste?
--Bien.
Tantas mentiras en tan pocos diálogos.
No es como si yo no sospechara que papá se quedó despierto y que probablemente me escuchó bajar las escaleras en la noche, ya que el hombre tiene muy buen oído.
No es como si ambos no supiéramos que las pruebas acaban de pasar, que yo no tengo ningún examen mañana. No es como si yo me levantara seguido para “Aprovechar mi día”. Como si yo no supiera que él no durmió.
  Lo puedo ver en sus ojos. Puedo ver que sabe. Por su manera de mirarme, de estudiarme. Puede ver que yo sé.
No lo digo. Y no me dice.
No podemos ayudarnos.
Y cuando le pregunto cómo está mamá, él me contesta que sigue durmiendo. La mitad es verdad. No sigue, acaba de hacerlo. Gracias a unas píldoras.
Viva la medicina.
Cosa graciosa es que tiempo atrás él se hubiera sentado a hablar conmigo sobre lo que me preocupa. Es muy gracioso como las cosas cambian.
¿No se supone que así no es como debería de ser? ¿No se supone que son los padres los que cuidan de sus hijos, los que los llevan por el buen camino, los que hablan de las cosas que no podemos enfrentar? ¿No es su trabajo obligarme a mirarlo a los ojos y decirle la verdad? ¿Que deje de mentirle? ¿No es su trabajo?
No se supone que es así como debería de ser.
Sólo queda el tiempo. Sólo queda a esperar a que el tiempo vende sus corazones para que puedan ser los padres que se supone que tienen que ser.
Mis antiguos padres.
De la manera en que era antes de que todo hubiera desaparecido. Antes de que se hubiera ido.
 Mi padre se sirve una taza de café y yo lucho para no cerrar los ojos y quedarme dormida. Números, letras, fechas, nombres, formulas, idiomas. Todo da vueltas en mi mente.
Y las matemáticas. Nunca han parecido tan terribles en mi vida. Hasta ahora, no había topado con una cosa tan horrible… Hasta que papá se acomoda en la silla a mi lado y me pregunta qué estoy estudiando.
--MatemáticasRespondo apresuradamente, moviendo unos papeles disimuladamente para que no vean información que imprimí de la página Web de Ashford.
Sé que algún día yo tengo que decirles lo que estoy planeando.
Lo que decidí cuando llegué a casa el día anterior.
Sin embargo, tengo miedo. Porque soy lo único que ambos tienen justo ahora. Y me iré. Al mismo lugar en dónde Isabel encontró su destino.
Donde encontró la muerte.
Sólo sería poner el dedo en la herida. De cualquier manera, tal vez ni siquiera me acepten. Tal vez no soy lo suficientemente inteligente para Ahsford. Tal vez todo esto es en vano. Tal vez…
Tal vez sí me acepten.
--¿Cuántas tazas de café te has tomado?Pregunta señalando mi taza a medias.
--Una.
Aunque esta es mi cuarta.
Sé que lo nota.
“No preguntes”, reflejan sus ojos. “No es importante”.
Él intenta fingir que todo va bien por un pequeño lapso de tiempo antes de darse la vuelta y desaparecer escaleras arriba.
 Miro mi libro y cuaderno y por un momento pienso que no quiero hacer esto. Tengo sueño. Quiero irme a la cama. No quiero estudiar hasta quedarme ciega, no quiero trabajar tan duro por una estúpida beca.
Sin embargo el pensamiento dura un segundo.
Necesito café. Sí, necesito mucho café.
Cierro mis ojos y sólo los abro cuando escucho pasos acercándose.
--Y CassidyDice, en el pie de las escalerasFeliz cumpleaños.

                                                                         
                                                                           


--Es tan ridículoFarfulla Miranda al otro lado de la líneaLos exámenes aún no están. Llevas ya dos semanas sin salir de la cueva con un estúpido libro en la mano. ¿Quieres dejar de ser una nerd y continuar con tu vida social? ¡Hay que celebrar tu cumpleaños! ¡Venga!
--Hey, Miranda. No tienes que ser tan dura. Déjame, ¿Si?
--¿Te has estado oyendo? Lo único que ha salido de tu boca es “Déjame”, “Tengo que estudiar”. ¿Qué hay de tus amigas?
Mis amigas no lo comprenden.
Ni siquiera son mis amigas. Cece, Lisa, Scarlet. Todas ellas, tachadas. Y con Miranda… Me he estado comenzando a cansar de su actitud.
--Quiero ser primera en clase, Miranda. Se supone que deberías apoyarme como amigaLe recrimino.
--Oh, vamos. Deja de ser tan aburrida. ¿Por qué simplemente no te sueltas el pelo y dejas de ser tan mojigata? Esos padres que tienes tan raros están empezando a lavarte el cerebro, como a tu hermana.
  El silencio continuo al otro lado de la línea me dice que Miranda ha notado el error de sus palabras cuando éstas salieron.
Algo que nunca había salido de mis labios y que haría temblar a mi madre si me escuchara pronunciar sale de mi boca:
--Eres una perra.
Cuelgo el teléfono.


                                                                        




Y días pasaron. Muchos días. Días sin fin.
Días solitarios sin Miranda, sin Cece ni el resto. Realmente… no las extraño. Es curioso.
Pero extraño a mis padres. Extraño poder dormir por las noches. Extraño desayunar todos juntos exactamente a las ocho de la mañana, las canciones en el carro antes de ir a misa.
 Extraño mi vida.
Extraño ésos días.
Pero ello de alguna manera se esfuma esta mañana, cuando yo bajo las escaleras después de dormir casi cuatro horas cuando mi madre finalmente dejó de llorar. Porque cuando bajo ésas escaleras, el correo está tirado en el porche. Y cuando lo recojo, por primera vez hay algo para mí. Es una carta. El sobre es grueso de color marrón y hay tinta negra estilizada en las caras. Mi nombre está ahí escrito.
Y cuando miro hacia arriba, me doy cuenta de que mi madre no bajará, probablemente porque se ha tomado esas aspirinas de nuevo. Y entonces oigo un portazo. Es mi padre, un hombre deshecho y cansado. Él se acaba de esconder en su estudio en el piso de arriba. Significa que estoy sola en casa. Por mi cuenta.
Como en éstos últimos cuatro meses.
Sin embargo hoy es diferente. Hoy es muy diferente. Porque hoy se cumple el mes número cuatro de la muerte de Isabel. Significa misa, un día repleto de silencio, una habitación vacía llena de personas. Significa que cuando abro el sobre, no puedo mostrarles la carta de aceptación que viene dirigida a mí.
No hoy.
Subo y escondo la carta en el cajón de mi ropa interior. Mi madre ya lo lava de cualquier manera. No hace nada.

                                                              
                                                                           



 Dos semanas. Soy la número uno es mi clase. Los maestros me aman, pero no tengo amigos. Y mi carta sigue guardada.
  Hasta ahora.
El nombre de mi hermana es Isabel, por la prima mayor de María. Y mi nombre iba a ser ése; María. Sin embargo nana Cassidy murió. Supongo que mis padres reconsideraron recrear la biblia, porque tuve éste nombre y no tuve ningún hermano llamado Gabriel ni Miguel.
  Creo que es mejor así. Porque ninguna llamada María ni Ángela, ni Isabel sería tan insensible como para despertar a su madre y sacar a su padre del estudio y obligarlos a cambiarse, a sentarse en la mesa. No los obligaría a ver la carta de aceptación, y decirles:
--Necesito que firmen.
Ninguna María podría sentarse ahí viendo como su madre la mira y le grita qué pasa con lágrimas en los ojos. A su padre mirando la carta confundido. El dolor.
A María le importaría.
Pero soy Cassidy.
Y como Cassidy, sólo espero a que terminen de lamentarse para que me firmen la carta. Cassidy saben que tiene que firmar ahora que se está acercando el término de éste ciclo escolar. Es mayo.
Hay gritos. Hay lamentos. Hay negaciones.
Sigo siendo Cassidy.
Sigo siendo ella por horas. Días. Semanas.
Pero probablemente es María quién asiente y besa a sus padres cuándo éstos la llaman y le dicen que si va a ir hay dos condiciones. Una, María tendrá que llamar después de levantar y antes de acostarse. Segunda, María tiene que venir a casa los fines de semana.
  Sé que mis padres no entienden por qué hago esto.
María les promete que es por el buen desarrollo académico.
Pero Cassidy está ansiosa por jugar con fuego.
¿Quién soy yo?



                                                                              




Cuando me levanto esta mañana, escucho el silencio en mi habitación. Y cuando bajo las escaleras, mis padres están sentados en la sala, engullendo su desayuno, intentando ver la televisión, pero noto cómo sus ojos se desvían hacia las cajas con mis cosas. Sólo son unas pocas, pero puedo ver el dolor que les causa. ¿Qué demonios piensan hacer cuando yo me haya marchado a la universidad?
 Es cuando me doy cuenta.
No puedo quedarme ahí sentada a esperar a que el tiempo cure sus heridas. A que alguien o algo venga a recoger y pegar los pedazos rotos de mi familia.
Tengo que hacerlo yo.
Yo soy la persona, el pegamento que tiene que ponerlo todo junto. La cura.
--Mamá. Papá. Tenemos qué hablar.
Ellos despegan la vista y me miran.
Mamá pregunta:
--¿De qué, cielo?
--De Isabel.
Después, la furia y miseria del infierno se desata, abriéndome las puertas; Dándome la bienvenida.


-Sthep Stronger.