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miércoles, 28 de mayo de 2014

Red Thread. Chapter XIV


XIV

No tenía idea porque me encontraba tan nerviosa y emocionada por ir a la escuela. Bien, era un nuevo año en una nueva escuela, pero al final de todo estábamos hablando de la escuela.

Suspiré mientras me veía en el espejo.

Sabía que la primera impresión en la preparatoria era lo que más contaba, así que tuve mucho cuidado en escoger mi ropa. No porque me diera miedo ser rechazada, sino porque sabía el tipo de etiquetas que te daban al momento de pisar la escuela.

Además, también quería verme bonita para él.

Al final de tanta ropa que miré, decidí ponerme un vestido holgado, en la parte de los pechos hasta la cintura, era de color gris, de la cintura a la cadera de color blanco, y el resto de color negro. Como el vestido llegaba a la mitad de los muslos, me puse medias y tomé un par de Docs negras. La mañana estaba fría, así que me puse una chaqueta de cuero negro, tipo motociclista.

Dejé mi cabello, que ahora tenía una tonalidad más rojo cobrizo y no rojo intenso como antes, suelto con un poco de las ondas naturales de mi cabello. Puse mi inseparable sombrero negro, ya que no tenía ganas de peinar más mi cabello.

Agarré mi mochila y bajé a la sala, satisfecha por mi aspecto.

-¡Mamá! Una motociclista se metió a la casa.- gritó Luca cuando me vio bajar por las escaleras.

Lo fulminé con la mirada y el sonrió, bromista.

-Sabes que te quiero Sorella.- me dijo, recalcando la última palabra con un acento italiano demasiado fingido.

Puse los ojos en blanco.

-Ti odio fratello.- le dije

-¡Oh dios mío! Hacía tanto que ustedes dos no decían algo en italiano.- dijo mamá conmovida.

-Luca solo lo habla cuando quiere impresionar a alguna chica.- dije molesta.

Luca se acercó a mí y me abrazó.

-Tu si sabes, hermanita.

Le sonreí. Como quería a ése idiota.

-Bueno, mi niños, que les vaya muy bien en su primer día de clases. Éxito.- se despidió mamá dándonos un sonoro beso en la mejilla a los dos, para después encerrarse en su estudio.

Vaya mamá loca.

Luca me miró y yo me encogí de hombros.

Me despedí rápidamente de Luca, y cada uno se montó en sus respectivos automóviles para empezar nuestro día escolar. Él en la universidad que estaba en la ciudad, y yo en la preparatoria a unas cuantas millas de casa.

Como típica preparatoria americana, tenía una gran fachada hecha de ladrillo, con el nombre de la preparatoria arriba, y un gran reloj debajo. Muchos chicos caminando por el césped que estaba a los alrededores, chicas chillando al ver a sus amigos, muchos abrazándose y elogiando bronceados y nuevos cortes de cabello.

Estacioné mi viejo chevy en un espacio libre, algo lejos de la entrada y suspiré.

Deseaba que éste día fuera bueno.

Me bajé de mi carro y como no quiere la cosa, comencé a caminar hacia la entrada buscando con la mirada a Suzie o a Scout. O tal vez a Alan o a Patrick. Sólo necesitaba ver a alguien que conociera. Muy en el fondo, mi subconsciente deseaba ver a Ian.

Gracias a mi ingenio, no necesité ir a las oficinas por mis horarios, ya que ya lo tenía, al igual que el mapa para llegar a todas mis clases. Sonará muy estúpido, pero un día antes me había aprendido el mapa para no tener que preguntar a nadie en donde estaba cada salón.

-Eh, pelirroja!- me gritó una voz familiar a mis espaldas.

Sonreí y volteé.

Alan me sonrió y corrió a darme un abrazo de oso.

-Menuda fiesta la de la semana pasada, eh.- me dijo sonriendo.

Me reí.

-Me alegro de que me hayas encontrado, estaba buscando desesperadamente alguna cara familiar.- le comenté mientras caminábamos por uno de los pasillos atestados de estudiantes.

-Suzie por ahí debe de andar, y Scout, bueno, ella siempre llega tarde, así que la veremos en el comedor.

Me mordí el labio, mientras miraba al suelo. Preguntándome internamente si era bueno o no preguntarle por Ian.

-Sé que quieres decir algo, así que dispara, nena.- me dijo

Le sonreí agradecida.

-Ian... ¿Lo has visto?

Alan me empujó suavemente con el hombro.

-Suzie me dijo ayer, felicidades.- me dijo con una sonrisa en su rostro.

Me ruboricé y murmuré mi agradecimiento.

-Y, bueno, no he visto al chico, así que no te puedo ayudar. Pero si le preguntas a cualquier chica de aquí si lo ha visto, inmediatamente te responderán. Es el crush de todas, aquí, a pesar de que no es  capitán del equipo de futbol, el mariscal de campo o cualquiera de ésas cosas que te convierten directamente en un atractivo para las chicas.

Arqueé una ceja, y me acerqué a una chica, para ver si lo que me decía Alan era cierto.

-Disculpa, ¿has visto a Ian?

La chica me miró de arriba a abajo y arqueó una ceja.

-Que te importa.- me respondió y siguió hablando con sus amigas.

Entrecerré los ojos.

-¡Vamos! Solo quiero saber si le has visto.

Ella se volvió hacia mi y rodó los ojos.

-Sí, si lo he visto.- me respondió sinceramente, pero casi escupiéndome.

-¿Sabes en dónde está?

-Mira, si lo que intentas es meterte en la cama con él, no lo vas a conseguir ¿sí? Será el mas perseguido por las chicas, pero a él no le interesamos nosotras.- me dijo, señalándose a sí misma y a sus compañeras.-, y créeme que si no le intereso yo, que soy la chica más buscada del instituto, menos le vas a interesar tú, que eres toda una...- me volvió a escanear con la mirada.- chica claramente desesperada por encajar.

Abrí la boca de asombro y parpadeé varias veces, tratando de asimilar lo que ésa chica de bronceado artificial me acababa de decir.

Esto era el colmo.

-Sienna, encontré a Ian.- me gritó Alan.

Yo fulminé con la mirada a la chica y caminé hacia Alan, cabreada.

-¿Oíste lo que me dijo ésa chica?- le pregunté ofendida.

Alan se rió.

-No debiste preguntarle a ella, Marie Claire es una de las acosadoras de Ian.

Bufé. Hasta nombre de maldita tenía. "Marie Claire".

Ugh.

-¿Y yo que diablos iba a saber?- bufé.

Y de repente unos brazos me rodearon por la espalda.

-Hola guapa.- dijo Ian en mi oído.

Mi mal humor se disipó inmediatamente.

Dí media vuelta para mirarlo de frente.

-No sabía que tenías admiradoras.

Él tocó mi mejilla con su dedo índice, haciéndome cerrar los ojos al contacto.

-Son unas pesadas.- me dijo.

Yo sonreí.

-Ya me dí cuenta, espero que no den problemas.- dije medio en broma, pero diciéndolo también en realidad.

El me miró a los ojos y me dio un corto beso en los labios.

-No voy a dejar que te lastimen, ni que se metan en nuestra relación. No te preocupes, Sienna.- dijo seriamente, con su mano acariciando suavemente mi nuca.

-Ugh, cuanto amor.- dijo un divertido Alan.- Apuesto que ya se habían olvidado de mí.-siguió diciendo con una ceja alzada.

Yo me reí, negando con la cabeza. Éste chico era imposible, todavía no me creía que era gay.

Atrás de Ian, miré una falda azul con estampados de abejas. La chica era rubia, con su cabello rizado y totalmente esponjado.

Chillé de alegría.

-¡Suzie!-le grité haciendo que varias personas me voltearan a ver como si fuera una retrasada.

Suzie se dio la vuelta y chilló, tal y como yo lo había hecho.

Ambas nos echamos a correr, y nos abrazamos fuertemente como si no nos hubiéramos visto en años.

A pesar que apenas la conocía, ya la quería muchísimo, su personalidad era increíble, era muy amorosa, divertida y sobre todo, buena amiga. Además, ¡vamos! ya era parte de la familia, como novia no oficial de Luca, ya se había vuelto en mi hermana.

Su característico olor a canela y miel se apoderó de mis fosas nasales.

-Llevaba rato buscándote, maldita. ¿Cuándo llegaste?- me dijo rompiendo el abrazo.

-Hace menos de 10 minutos, encontré primero a Alan y después a Ian.- me reí.- Cuando vi esa fabulosa falda, supe que eras tu.

Ella se encogió de hombros y extendió su falda con sus manos, como las chicas en las fotos de Tumblr que enseñan su fabulosa falda que solo les queda a las chicas talla cero.

-Encontré esta falda en el armario de mi abuela, así que la hurté.- dijo riéndose.

Abrí los ojos en fingida sorpresa.

-No es bueno robarle faldas a pobres ancianas.- la reprendí mientras contenía una risa.

Ella se encogió de hombros.

-Ésposeme oficial, y hágame cosas malas.

-Éso se lo dejo a Luca.- suspiré.

Ella me golpeó en el hombro amistosamente y negó con la cabeza, murmurando algo parecido a "no sabes lo que dices".

-Ian, con que el Romeo de tu Julieta ¿eh?- le dijo Suzie a Ian, acercándose a él.

Ian asintió y me tomó de la mano, acercándome a él. Yo me estremecí ante el contacto. Todavía no me acostumbraba a éste hombre. Sus manos eran otra de las cosas perfectas que tenía, ya saben, grandes y masculinas, pero sin ser ásperas. Mis manos encajaban en las suyas perfectamente.

Fruncí el ceño, porque alguien faltaba.

-¿Y Patrick?- pregunté

Alan se rió.

-Vamos pelirroja, él ya es un machote universitario.

Parpadeé varias veces. Juraba que él también era de preparatoria. Quizá por éso Luca congenió tan rápido con él y los demás.

-Wow, no tenía idea.

-Patrick es el chico medio dark, ¿cierto?- preguntó Ian

Suzie asintió.

Yo estaba a punto de preguntar de nuevo por Scout, cuando la campana sonó.

-¿Qué clase tienes?-me preguntó Ian.

Repasé mi horario en mi cabeza tratando de recordar, hasta que me acordé que la clase era Biología.

-Biología.

-¿Quieres que te acompañe?- me preguntó amablemente

-No.-le sonreí.- Sé donde está el aula, además tu también tienes que ir a clases, es el primer día, no puedes llegar tarde.

-Bien chicos, tengo Educación Física, tsk, que fastidio. Nos vemos en el comedor en el descanso.- dijo Suzie y se fue.

Alan se despidió con un saludo militar y también se fue, dejándonos solos.

Ian suspiró y apretó mi mano.

-De acuerdo, nos vemos mas tarde.

Le sonreí y le dí un beso en la mejilla.



Dejé caer el montón de libros que me habían dado en solo 4 horas, en la mesa de la cafetería en donde estaban sentados todos, menos Alan.

-En Las Vegas era todo más fácil. Nos daban un iPad al comienzo y de ahí descargábamos los libros.- dije mientras me sentaba.

Scout resopló.

-Las Vegas será una cosa, pero aquí es otra.

Yo entrecerré los ojos, sorprendida ante la frialdad del comentario de Scout. Miré a Suzie y ella me sonrió encogiéndose de hombros.

Lo dejé pasar. Quizá andaba en sus días.

Ian pasó su brazo por mis hombros y me acercó a él.

-¿Qué tal tus primeras 4 horas?

Yo suspiré.

-Me han tocado las más pesadas, sin embargo creo que me las arreglaré.

El sonrió y me besó la sien.

-Ugh, malditos melosos.- dijo Suzie en broma.-Toma, bebe esto.- me pasó una limonada mineral.

La agarré y la miré interrogante.

Ella se encogió de hombros.

-No has ido a agarrar nada de comer y puedo aportar que ya no hay nada más que barras de cereal.

Ian chasqueó la lengua.

-¿Por qué, Sienna?

Puse los ojos en blanco.

-Bueno, quería venir a saludarlos primero. No sabía que la comida se acababa tan rápido aquí.

Ian me dió una manzana.

-Cómete la manzana y bebe la limonada.- casi me ordenó.

Volví a poner los ojos en blanco.

-Sì, signore.- murmuré y le dí una mordida a la manzana.

Él sonrió complacido.

-¿Saben? El entrenador Platt ya no empezó con su discurso emotivo, ahora solo calentamos e hicimos equipos para jugar voleyball. No fue tan terrible.- contó Suzie.

Todos los presentes se asombraron, menos yo. No tenía idea de lo que hablaban.

-El entrenador Platt siempre da el mismo discurso, ya hasta me lo se de memoria...- dijo Scout al ver que yo no entendía.

-"Así que dejen sus malditos aparatos, levanten su trasero de ésas sillas y corran, jueguen, disfruten del aire..."- dijo Alan, mientras se sentaba.

Suzie continuó.

-"Si ustedes no saben lo que es el sudor apestoso, conmigo sabrán lo que es."

Ian se rió.

-"Quiero botellas de agua con ustedes y si ponen empeño en mi clase, al final, tendrán unos músculos de oro... Jankins, deja de acosar a Brittany. Hey, a la dirección ustedes dos."- terminó Ian.

La mesa estalló en carcajadas.

-Buena ésa, Ian.- dijo Alan.

Él se encogió de hombros.

-Éso dijo el año pasado en mi clase.

-Nunca tuve mis músculos de oro.- se quejó Scout.

Suzie bufó.

-Tal vez no escuchaste la parte de "si ponen empeño" y que yo sepa, tú nunca le pones empeño a nada.

Scout tomó sus libros y se fué enojada.

-¿Qué diablos pasa aquí?-preguntó Alan.

Suzie negó con la cabeza mientras se terminaba su sándwich.

Yo tomé un trago de la limonada mientras apoyaba mi cabeza en el hombro de Ian.

-Demasiada tensión para ser el primer día, ¿uh?- me dijo Ian tan bajito que apenas lo escuché.

Yo solo asentí.

10 minutos después, la campana sonó, anunciando que ya era hora de reanudar las clases.

Suspiré.

-Nos vemos en 3 horas.- le dije a Ian mientras lo abrazaba.

-Nos vemos en 3 horas.- dijo de vuelta mientras me abrazaba más fuerte.



Historia me tocaba a la última hora, pero el profesor había tenido un "accidente" en la mañana, por lo que no podría ir la primera semana de clases.

Podía predecir que sería el típico maestro que siempre pone pretextos para no ir y regresa precisamente en la semana en la que nos tiene que evaluar.

Así que tomé mis cosas, caminé hacia la salida mientras le mandaba un texto a Ian.

Mi día había sido aburrido, algo que nunca pasaba en Las Vegas.

En LV simplemente cargaba mi iPad en una pequeña bolsa, que contenía un lapiz labial y mi teléfono. Allá los primeros días eran de ver muchísima gente nueva, siempre estaba la policía afuera esperando llevarse a algún chico con mariguana entre los supuestos cuadernos. Todo el tiempo allá te daban detención el primer día, ya sea por no poner atención, por seguir el juego con las bolas de papel o el típico guerra de comida.

Sonreí con nostalgia.

Aunque aquí me encontraba bien, no podía evitar acordarme de mis amigos.

No tenía nada más que hacer en la escuela, Ian y los demás se encontraban en clases.

Después de mucho pensar, decidí ir a tomar café a la cafetería que había descubierto hacía unas semanas.

La misma señora que siempre me atendía cuando iba, ahí estaba, sonriéndome amigable.

-Hola, Sienna. ¿Cómo te va?- me preguntó Margaret.

Como iba casi todos los días, supuse que sería bueno presentarme y preguntarle su nombre. Honestamente, Margaret, podría ser una mujer mayor, pero con un carisma y un humor de una chica de 20.

-Hey, todo bien. Primer día de clases y éso. ¿A usted cómo le va?

Margaret que se encontraba preparando mi mocha blanco, suspiró cansada.

-Ay nena, si supieras..

Yo arqueé las cejas y me recargué en el mostrador, mientras la veía trabajar.

-¿Qué pasa?- pregunté con interés.

-Pues, se que no debería quejarme pero, últimamente han habido muchísimas ventas y yo me he sentido tan cansada éstos últimos días que creo que debería cerrar por un tiempo la cafetería.

Yo abrí los ojos como platos.

-¿Qué? Pero... No. No puede cerrar. ¿No tiene a alguien que le ayude?

Margaret negó con la cabeza.

-Oh, no. Mis hijos tienen trabajos estables y viven en la ciudad. ¡Que va! No vendrían a ayudarme una temporada.

-¿Y sus nietos?- le pregunté

Ella me dió mi mocha blanco. Le sonreí en agradecimiento.

-Que mas quisiera que me ayudaran, pero ellos están completamente enamorados de sus aparatos electrónicos. Y Albert, mi esposo, ya quiere que descanse de todo ésto.

Hice una mueca y tomé de mi café.

Y entonces tuve una idea.

-Yo puedo ayudarle aquí. Claro, en las tardes y fines de semana.

Ella negó con la cabeza.

-No puedo pedirte éso.

Yo suspiré.

-¡Oh, vamos! Será divertido. Además, creo que sería bueno para mi tener un trabajo.

-No podría pagarte mucho...

Le sonreí.

-El dinero no es problema, puedo trabajar sin paga.-me encogí de hombros.-Me encantaría ayudar, no quisiera que la cafetería cerrara. Me iba a deprimir.- dije con sinceridad.

Ella suspiró, dándose por vencida.

-De acuerdo. Pero no creas que trabajarás sin paga, éso sería un abuso de mi parte.

Yo casi brinqué de alegría, dí vuelta al mostrador y la abracé.

-No la decepcionaré, Margaret.



-¿Entonces ahora trabajas en la cafetería que está justamente enfrente de Starbucks?- me preguntó Ian.

No habíamos podido vernos al final, porque yo me quedé en la cafetería y él tenía que irse a trabajar. Así que a la hora que él salió de trabajar, le llamé por teléfono y le conté lo de mi nuevo empleo.

-Si, sé que es extraño, pero el café es mil veces mejor.

Pude escuchar la sonrisa de Ian através del teléfono.

-Entonces, creo que iré a ésa cafetería a partir de hoy. Quizá pueda conseguir el teléfono de ésa nueva trabajadora pelirroja.

Me reí.

-No creo que te haga mucho caso.

-¿Por qué?

-Tiene novio, y lo quiere mucho.

Ian bufó.

-Cuando me conozca a mí ya no va a querer saber nada acerca de su novio.

-Eres un idiota, ¿sabías?

-Claro, pero así me quieres, ¿o no?.- dijo

-Te quiero mucho mucho.- dije mientras le sonreía al techo.

-Yo te quiero más.

Se me derritió el corazón.

-Cuando comenzamos con nuestras cosas cursis, a veces me dan ganas de pegarte una bofetada.

Ian se soltó riendo.

-¿Por qué?

Me encogí de hombros, aunque sabía que él no me podía ver.

-No lo sé, todavía intento saber el motivo.

-Bueno, es interesante el hecho de que me quieras golpear cada vez que te digo algo romántico. Es... ¿cómo decirlo?... peculiar.- suspiró.- ¿sabes? acabas de estropear un momento cursi.

-Tsk, dicen que también eso es romántico.- le dije bajito mientras acomodaba la almohada debajo de mi cabeza.

-¿Ian? Estoy en casa.- dijo una voz femenina al otro lado de la línea.

-Estoy en mi cuarto, en un momento voy.- dijo Ian, aparentemente cubriendo la bocina del teléfono.- Lo siento, Sienna, mamá a llegado. Nos vemos mañana, sabes que te quiero ¿cierto?

-No te preocupes, saluda a tu mamá de mi parte. Claro que sé que me quieres, al igual que tu sabes que yo te quiero.- dije

-Buenas noches, Sienna.

-Buenas noches, Ian.- dije y colgué con una sonrisa estúpida en mi cara.

Éste chico superaba mis límites.

Cada ves me sentía mas enamorada de él.

-LizzieG

miércoles, 21 de mayo de 2014

Red Thread. Chapter XIII

XII
Ian era tan malditamente caballeroso; y eso me gustaba mucho.
Estábamos en un lindo parque de la ciudad, caminando agarrados de la mano mientras comíamos un helado, el de vainilla y yo con uno chocolate y menta.
Los faroles del parque daban un aspecto acogedor y romántico, me sentía cómoda, además, no éramos los únicos que estábamos ahí.
—Ahora dime, ¿a qué te referías con eso de "uno de mis alumnos"?— pregunté casualmente, intentando que todo esto de la cita fuera bien, ya saben, sin los silencios incómodos de los cuales no sabes como escapar.
El sonrió, como si hubiera escuchado lo que había pensado con anterioridad.
—Bueno, sabes que trabajo aquí en la ciudad en una tienda de música.—asentí.—Pero en las tardes, doy clases de guitarra a niños. Me encanta interactuar con pequeños y adoro ver ése brillo de emoción en sus ojos cuando una nota les sale bien.
—Aww.- dije con ternura—¿Sabes? Me encantaría verte tocar, ya sabes, la guitarra.—aclaré, para que no se dieran malos entendidos, sólo por si acaso.
—Un día de éstos.—prometió.—Ven,—dijo apretado mi mano, e indicándome por dónde caminar.— quiero mostrarte algo.
Tomamos un camino fuera del que estaba iluminado por los faroles, esquivamos árboles y una que otra planta. No había precisamente un camino, pero parecía que Ian sabía muy bien a dónde iba.
Al cabo de unos segundo, Ian se detuvo. Yo no podía creer lo que estaba viendo. ¿Cómo rayos conseguía Ian encontrar paisajes tan hermosos?
Había un inmenso lago en medio del parque y en él se reflejaban los árboles que estaban a la orilla y las estrellas. Pero lo impresionante era que, había luna llena. El lago reflejaba con total plenitud aquél precioso cuerpo cósmico.
Era como si estuviera dentro de una de esas películas dónde hay buena fotografía y siempre todo es hermoso.
Estaba maravillada.
—Vaya.— fue todo lo que pude decir.
Lo único que se escuchaba ahí eran nuestras respiraciones y unos cuantos grillos que andaban por ahí. No se escuchaba ni los autos ni nada. No podía creer que estando en medio de un parque de una ciudad considerablemente grande, no parecía que nos encontráramos en medio de la civilización. Era un escape de la realidad, sin realmente salir de ella.
Las estrellas se miraban con claridad, como si no hubieran edificios luminosos cerca de ahí.
Nos sentamos a la orilla del lago, en silencio, ambos contemplando el paisaje.
—Eres un ocioso.— le dije por fin.
Ian se rió.
—¿Por qué?—respondió mientras me miraba con el ceño fruncido, pero con una sonrisa en la cara, ya sabes, la típica expresión de "¿qué le pasa a ésta?"
—¿Cómo te las arreglas para encontrar lugares como éstos?—le respondí con otra pregunta
Él suspiró.
—Mi papá me traía aquí. Decía que era un buen espacio para pensar sin alejarse mucho de la realidad. Aunque creo que sólo venía aquí para librarse una rato de mamá.—bromeó y yo sonreí.
Él volteó hacia el lago y lo miró con nostalgia.
—No se muchas cosas de ti.
—Ni yo de ti, ¿qué color te gusta?—le pregunté, aún sabiendo que esta pregunta era todo menos original.
—El amarillo. Me da esperanza, es vivo.—contestó simplemente.—¿Y a ti, cuál te gusta? ¿El negro?
—No tengo un color favorito,—respondí con sinceridad.— siento que dependo de todos ellos y no me gusta sentir preferencia por uno de ellos, creo que si digo que me gusta uno, los otros colores se van a sentir mal.
Ian asintió, aunque sabía que no entendía mi lógica. Porque, ¡vamos! todos tienen un color favorito o a lo mucho dos, pero no podía decir que era extraño que yo no me decidiera por uno solo.
Y así pasamos la noche, preguntándonos cosas personales y no tan personales. Hasta ése momento sabía que su color favorito era el amarillo, que en 2 meses cumpliría 18, adoraba las banderillas, odiaba con toda su alma a los que maltrataban a los animales, su animal favorito era la boa, adoraba tocar la guitarra y no estaba muy seguro de que quería hacer con si vida en un futuro.
—Hasta ahora me has hablado bastante de tu madre, pero, ¿qué pasa con tu papá? apenas se nada de él.
Sus ojos se entristecieron por un momento, pero su expresión rápido cambió. Oh, oh. Creo que algo dije mal. Tonta Sienna.
—Bueno, él era buen hombre. Amaba a mamá más que a nada en el mundo, era la clase de personas con las que podías hablar de cualquier cosa sin aburrirte. Muy imaginativo y espontáneo.
—¿Era?—pregunté en un susurro, temía la respuesta, aunque era algo obvia.
—Murió hace 5 años.—murmuró.
—Oh dios mío, no debí de haber preguntado. Cuanto lo siento, de verdad.—dije mientras bajaba mi mirada al suelo.
Debía sentirme afortunada por tener a mis padres conmigo todavía, pero sabía que en algún momento—muy lejano,claro—ellos, pues, iban a pasar a una nueva vida. Tenía que hacerme a la idea.
No podía comprender el dolor que debe ser perder a  tu padre tan joven. Por un momento sentí pena por Ian, pero después saqué ese sentimiento de la cabeza, porque con Ian, debía sentir todo, menos pena.
Él tomó mi barbilla y la levantó, para que yo lo pudiera ver a los ojos.
—No lo lamentes, es algo que ya pasó. Además, el murió por nosotros.—comenzó a decir.—era soldado.
Le sonreí.
—Gracias por contarme estas cosas.—le dije.
—No hay de que.
Nos miramos a los ojos por varios segundos, minutos, horas o que sé yo. Me perdí en esos lindos ojos que inspiraban confianza.
—Muero por un beso tuyo en estos momentos.—murmuré, casi supliqué.
—Diablos, tengo que grabar éso para mi ringtone.- murmuró con cierto toque de arrogancia.
Yo me solté riendo.
—¡Oh, vamos! ¡Tenías que arruinar éste momento romántico!—dije pegándole suavemente en el hombro.
—Arruinar momentos románticos, es romántico.—dijo encogiéndose de hombros.
—Deja de robarte frases de Tumblr, querido Romeo.Ya no quiero besarte.—
—¿Por qué no?
—Porque no.
—¿Segura?—preguntó acercándose peligrosamente a mí.
Oh, bastardo.
—Uhm.
Él estaba a pocos centímetros de mi cara, ya podía sentir su aliento cálido y dulzón.
—¿Qué tan segura?—preguntó bajito, todavía mas cerca.
Sus labios rozaban los míos. Mi corazón no podía con ésto, pero mi orgullo impedía que levantara los brazos, lo acercara a mi y lo besara con fervor.
—Muy segura.—dije jugando un poco con él.
Y cuando estaba segura que el iba a poner sus labios sobre los míos, se alejó con un movimiento brusco. Prácticamente dejándome con las ganas.
Malvado.
Lo miré con el ceño fruncido y él me regaló una linda sonrisa, mirándose inocente.
—Idiota.—dije negando con la cabeza.
—Tsk tsk tsk.—chasqueó él con la lengua.—Dijimos que sin insultos, nena. Si tanto deseas mis labios, bésame, entonces.
Abrí los ojos sorprendida y entrecerré los ojos. ¿De verdad me había dicho nena?
De un momento a otro pasó de ser un caballero andante, a ser un idiota divertido.
—Quizá seas tu el que desea mis bellos y suaves labios.—le respondí burlona mientras rozaba mis labios con mi dedo índice, incitándolo.
—Puede que tengas razón.—dijo y antes de que yo pudiera parpadear, él ya tenía sus labios sobre los míos.
Como pudo, me tomó de la cintura y me acercó más a él. Yo rodeé su cuello con mis brazos y tiré del cabello que se encontraba en su nuca.
No podía pesar en nada cuando sus labios hacían contacto con los míos. No podía controlar mi corazón, ni ninguna de mis extremidades. No sabía porque mis defensas caían tan rápido al estar en sus brazos.
Ambos nos separamos en busca de aire, jadeante, le sonreí con cariño.
—Creo que ambos deseábamos que esto pasara.—le dije.
Él asintió riéndose.
—Sienna...—dijo poniéndose serio de repente.
—¿Sí?—contesté poniéndome nerviosa.
—Mierda, sé que es demasiado rápido, que apenas nos conocemos y todo éso. Pero de verdad me gustas y me gustas mucho. No puedo controlar lo que siento en éstos momentos, de verdad yo quería ir lentamente, a tu ritmo, pero...—agarró aire y se pasó una mano por el cabello.—cada vez que te veo mi corazón da un vuelco, y quiero hacer las cosas bien, así que Sienna, ¿quieres ser mi novia?
Estúpido Ian multifacetas. Caballeroso guión idiota guión romántico.
Comenzaba a enamorarme de éste hombre y luego me suelta ésa bomba, estando en un lugar precioso, después de haberlo besado con entusiasmo. Si hubiera sido otra persona la que hubiera dicho todas esas hermosas palabras, hubieran sonado vacías, para nada románticas, pero él se las arreglaba para que todo fuera lleno de significado, cargado de cariño.
¡Vamos! Quería a este idiota, y mucho.
Asentí y lo abracé con fuerza.
—Ya no eres simplemente el "idiota".—dije y el me apartó, para poder ver mi cara. Me miró ceñudo y yo le sonreí.— Ahora eres el idiota de mi novio.

-LizzieG 

domingo, 27 de abril de 2014

Red Thread. Chapter XI

                                                                                                    XI                                                                                                

-¡Es la última semana, maldita sea!- gruñó Luca haciendo que mis papás y yo nos sobresaltáramos.
-Hijo mío, sabes que te quiero mucho pero, ¿podrías dejarnos desayunar en paz?- dijo mamá dulcemente.
Papá sólo miró la escena mientras se tomaba su expreso silenciosamente.
Luca tenía razón, sólo quedaban 7 días de vacaciones, el próximo lunes entraríamos a la escuela, él a la universidad y yo a mi último año de preparatoria.
-No hemos hecho nada digno de buenas vacaciones.- siguió diciendo Luca.
-Nos mudamos.- dijo papá.
-Éso no cuenta, yo necesito fiestas salvajes, mucho alcohol, drogas y mujeres desnudas a las cuales pagarles para que sean mis perr...
-Luca..- advirtió papá.
-Está bien, está bien, pero ya saben a lo que me refiero, demonios. Necesito desastre, algo digno de recordar.
Mordí mi magdalena de naranja.
-Hay que hacer una fiesta.- dije como no quiere la cosa.
Luca le pegó un puñetazo a la mesa, derramando el expreso de papá.
Mamá negó con la cabeza.
-Yo no limpiaré éso.
Luca suspiró y fue por servilletas.
-¡Hagamos una fiesta, entonces!
Me reí bajito.
-No seas idiota, no conocemos a nadie mas que a Suzie, Scout, Ian, Alan y Patrick.
-Pero ellos conocen a más personas, haremos que se corra la voz y vengan chicos de la ciudad también, que vengan de diferentes pueblos solo para venir a la fiesta de los Dellapiane.
Mamá carraspeó.
-¿Y en dónde harán ésa maravillosa fiesta?
-Aquí, por supuesto. Pero ustedes deberán irse, no están permitidos los adultos en ésta magnífica fiesta que Sienna organizará.
Me ahogué con un pedazo de magdalena.
-¿Yo? Oh no, ni loca. Sólo fue una idea.- dije inmediatamente.
-¿En qué momento les dijimos que podían hacer una fiesta en la casa?- preguntó papá con una ceja alzada.
Luca sonrió con malicia.
-Tengo planeado hacerla el miércoles.- me miró.- tienes dos días para organizarla.- y luego siguió.- Ustedes cumplen años de casados el miércoles, así que no creo que quieran tener una noche de pasión aquí en casa sabiendo que sus dos hijos están aquí sabiendo lo que ustedes se encuentran haciendo detrás de la puerta de su recámara. Ustedes se irán a la ciudad, cenarán en un restaurante caro francés y luego se quedarán en un lujoso hotel.
-¿Pero qué mierda, Luca?
Mamá miró a papá y sonrieron.
-Perfecto.- dijo papá aceptando la propuesta.
Luca sonrió orgulloso.
-Termina de limpiar éso.- lo regañó mamá.

-¿Compraremos Heineken, Blue Moon o Budweiser?- dije mientras veía los estantes llenos de alcohol que tenía Wal-Mart.
-8 de Heineken, 2 de Blue Moon, 6 de Budweiser.- respondió Luca mientras empujaba el carrito con alegría.
Le ayudé a echar las cajas de cerveza a su carrito, ya que el mío ya se encontraba lleno de botanas y adornos.
En un principio me encontraba renuente a organizar la fiesta, pero después lo encontré divertido, ya que obligatoriamente tenía que pelear con Luca y una pelea con el siempre era para matarse de risa.
-¿Por qué solo dos de Blue Moon?- dije mientras veía las cajas de cervezas que ya estaban en su carrito.
-No sé.- respondió mientras empujaba su carrito, para salir de ése pasillo.
-No creo que vaya a alcanzar ésa cerveza.- dije siguiéndolo.
-¿Tu qué sabes, Sienna?- me preguntó cabreado.
Puse los ojos en blanco.
-¿La vas a revolver toda y la pondrás en un barril?- dije medio en broma
Al ver que Luca se quedaba callado, me reí.
-¿Lo harás?
-Puede ser.
-Maldito tacaño.
Él se rió.
Nos separamos para ir a buscar otras cosas, yo fui directo a los vasos, ya que no era fiesta si no habían vasos desechables rojos y Luca, probablemente fue por mas alcohol.
Ya era martes y ya estábamos un poco atareados, ya que según Scout, ya habían confirmado 50 de sus amigos mas cercanos, Suzie había invitado a todos sus amigos en Facebook, Patrick hizo carteles y folletos y los pegó por todo el pueblo y hasta fue a la cuidad a repartirlos, mientras que Alan hizo un evento en Facebook, uniendo a los amigos de todos los que habían confirmado ir, para que fuera todavía mas gente.
Mañana en la noche sería un desastre, un gran desastre. Y yo tendría que limpiar, claro, porque el idiota de mi hermano estaría con una resaca de los mil demonios por haber bebido tanto.

Luca dijo que él prepararía las bebidas y que yo no me preocupara por nada.
Yo llené de botanas algunos bowls de plástico transparente y los puse la barra de la cocina.
Quité todo lo que se pudiera romper y lo de valor y lo guardé bajo llave en la habitación de mis papás.
Cuando miré que todo ya estaba listo,fui al piso de arriba y me metí a bañar.
Me puse una blusa de color azul apagado, sin mangas y no tenía botones, sólo 3 pequeños moños al frente que si los deshacías se desabrochaba toda la blusa. Me llegaba por arriba de el ombligo. También me puse unos skinny jeans que me caían a la cadera de cuero sintético, un cinto de cadena que caía a un lado y unas Jeffrey Campbell negras.
Puse sombra negra en todo mi párpado para darle mas profundidad a mis ojos y delineé un poco mis ojos. Pinté mis labios de color rojo quemado.
Mi cabello solo lo cepillé y lo sequé, dejando que quedara con sus ondas naturales.
Me miré en el espejo. Tenían razón, me miraba muy bien de pelirroja.
Salí al cuarto y ahí pude escuchar la música a todo volumen, miré por la ventana y me dí cuenta que ya habían muchas personas en el jardín, todas con un vaso rojo en la mano.
Sonreí.
Salí del cuarto y bajé al primer piso.
¿De dónde salió tanta gente tan rápido?
-¡Preciosa!- gritó una chica detrás de mí y yo sonreí.
Miré a Suzie que venía hacia mí con su cabello completamente liso y de color rosa.
Traía un vestido rojos con puntos de color negro, unas medias cruzadas y unas Docs negras.
-¡Adivina qué!- gritó por encima de la música
-¿Qué?
-¡Patrick traerá pintura neón!- gritó emocionada
 Sonreí, me había contagiado su emoción, sin importarme que tendría que limpiar éso también.
-¿Y Scout?- le pregunté.
Y como si la hubiera invocado, ella apareció detrás de Suzie, con una blusa negra con mangas y cuello en "u" que le llegaba por arriba de la cintura, una falda negra llena de remaches de color dorado, medias negras y botas con tacón, hasta la rodilla. Traía un gorrito rojo.
-¡Hola, perras!- gritó y nos abrazó
La saludamos mediante señas y ella nos señaló a la puerta, diciendo si queríamos ir afuera.
Salimos al jardín y ahí nos encontramos con Alan, que traía pareja.
Les sonreí  con emoción y le guiñé el ojo a Alan.
Me daba tanta felicidad que mis amigos estuvieran felices, sólo faltaban Scout y Patrick, pero podía ver la química entre ellos dos, sabía que terminarían juntos.
-Miren chicas, él es Marco.- nos presentó.
Era un chico bastante alto, muy blanco y la cara llena de pecas muy claras, sus ojos eran azules como los míos y tenía una muy bonita sonrisa. Su cabello le llegaba a los hombros y era de color café claro.
-Mucho gusto.- nos dijo y luego me miró a mí.- ¿Henna?
Yo sonreí y asentí.
-Te queda bien el color.
El chico era muy amigable e inmediatamente se adaptó a nosotras.
Yo hice mutis en ésa plática y me dirigí a la cocina.
Luca se encontraba bailando y cantando junto a otros chicos y chicas, mientras licuaba algo verdoso.
Me senté en un taburete de la barra y tomé una papa frita mientras lo observaba.
-Hey, hermanita!
-Ciao! ¿Divirtiéndote? - le dije mientras tomaba otra papa frita. Cielos, creo que me las comería todas yo sola.
El asintió y sirvió el líquido verdoso en un vaso rojo. Se lo dio a una rubia que yo nunca había visto.
-¿Quieres algo de tomar?- preguntó
Sonreí.
-Claro
-¿Qué cosa?
-Sorpréndeme.
Él sonrió maliciosamente y comenzó a echar a la licuadora líquidos de distintas botellas que no pude distinguir.
-¡Guerra de pinturas! -gritó alguien afuera
Y todo pasó demasiado rápido.
Yo me bajé del taburete y corrí hacia la puerta del jardín, pero ahí se encontraba Patrick, que me miraba maliciosamente, intenté regresar pero ahí estaba Scout, toda manchada de pintura azul y verde neón.
Grité y ellos corrieron hacia mí, me llenaron de pintura naranja y rosa neón. Tenía marcas de manos en todo mi cuerpo pintadas con pintura y diversas figuras en mi cara.
Malditos, me las iban a pagar.
Miré a Luca y el se estaba partiendo de la risa, el también tenía pintura, pero sólo figuras que él mismo que había hecho. Idiota.
Corrí a la sala en dónde ahí estaban las pinturas y tomé un bote lleno. Me dirigí al patio y encontré a Suzie y le pinté un bigote en la cara.
Todos estaban partiéndose de la risa mientras se dibujaban cosas en el cuerpo o se manchaban completamente.
Todo era demasiado divertido.
Alguien me pegó en el trasero y no pude ver quién era. Miré mi trasero y efectivamente, ahí estaba una mano marcada de color azul.
Encontré a Scout y le tiré toda la pintura en el cuerpo.
-¡Zorra! - me gritó mientras se reía a carcajadas.
Entonces, alguien bajó todos los interruptores de la luz y todos comenzamos a brillar.
Era la cosa más genial que había visto. Todos los invitados de la fiesta estaban manchados y era algo muy bueno de ver. Era un arcoiris de personas en mi propia casa.
Sonreí, esto superaba mis expectativas. Bendito sea Patrick y sus ideas raras.
Volví a la cocina y Luca me tendió mi vaso con una bebida extraña dentro.
-¿Qué es esto?- pregunte con recelo.
-Un coctel. Tiene limonada,vodka y manzana verde. Es el único que vas a tomar.- me advirtió.
Suspiré y le dí un trago.
Estaba rico y no se sentía el sabor del vodka.
-Tienes una mano pintada en tu trasero.- dijo cuando me di la vuelta para salir de la cocina.
-Ah, ¿enserio?- dije con sarcasmo.
El pegó una risotada y yo salí de la cocina para volver al patio.
Cuando llegué ahí, me llevé una sorpresa.
Ahí estaba Ian.
En mi columpio para leer.
Con una chica.
Cálmate Sienna, cálmate.
¿Por qué tenía fuertes deseos de alejar a la chica muy lejos de Ian? ¿Por qué la quería golpear hasta dejar su carita bonita morada y mallugada?
Tenía celos de la chica que estaba enseguida de MI amigo.
Inhalé aire fresco, lo exhale, arreglé mi cabello, tomé todo lo que quedaba de mi bebida y me acerqué a ellos con una sonrisa falsa.
Ian también estaba pintado, tenía 4 manos en su pecho y bigotes de gato en su cara que hacía que se viera extremadamente tierno. La chica sólo tenía un corazón en su mejilla de color verde.
Perra.
-Hola Ian.- dije melosamente.
Él me miró y sonrió como el muy bien sabía hacerlo.
Mi corazón latió desbocado.
-Hola Sienna, muy buena la fiesta.
La zorra, digo, la chica carraspeó, pero Ian la ignoró olímpicamente.
-Umm, iré por una bebida, ¿quieres algo?- dijo la chica.
El le sonrió y negó con la cabeza.
La chica se alejó.
Maldita sea, él primero la ignora y luego le sonríe. Sólo me tiene que sonreír así a mí, ¿qué se cree?
Lo fulminé con la mirada.
-¿Quién es ésa?
Él arqueó la ceja.
-¿A quién te refieres?
-A la zo.. chica que estaba contigo hace un segundo.
-¿Por qué quieres saber?- preguntó divertido
-Porque sí.- contesté un poco enojada.
-"Porque sí" no es una respuesta válida.
-Para mí si lo es.
-Para mí no.
-Para mí si.
-Para mí no.
-Te odio.
-Es mi prima.
Abrí los ojos como platos.
-¡Te gusta tu prima! ¡Degenerado!- grité y le pegué una bofetada.
-¡Claro que no me gusta mi prima! Me refiero a que, ¡es mi maldita prima! La traje para no venir solo.
-¿Entonces no te gusta tu prima?- murmuré
-No, me gusta otra persona.
Y me restriega en la cara que le gusta alguien. Que se joda.
-¿Y porqué diablos no trajiste a la chica que te gusta?- le grité enojada.
Los malditos celos me comían.
-¡Porque ella está aquí!- me gritó, respondiéndome.
-¡Pues vete con ella! - le grité de vuelta
Yo lo miré con intensidad y el me devolvió la mirada, pero en un parpadeo, como su nos hubiéramos leído la mente, él se acercó a mí, me tomó de la cintura y me acercó mucho más a él, con nuestras caras a pocos centímetros
-Me gustas tú.- susurró.
Mi corazón de derritió y mis piernas comenzaron a sentirse como fideos.

-La desaparecida LizzieG.

LO SIENTO, ahora sí prometo publicar todos aquellos días que debo hacerlo (Miércoles y Viernes).

miércoles, 19 de marzo de 2014

Red Thread. Chapter X

X

Una figura masculina estaba sentada en mi sillón.
Pero que diablos.
Ian, al verme, se levantó y me miró intensamente con esos ojos cafés que tenía.
-¿Qué haces aquí?.-pregunté extrañada, enojada y avergonzada por el hecho de tener su camisa ahí todavía.
El apuntó mi cabello y abrió los ojos desmesuradamente.
-Tu..¿qué diablos!? ¿porqué lo hiciste?
Entrecerré los ojos.
-Porque se me dio la gana, ¿algún problema?
El sonrió.
-Me gustabas de castaña, no digo que te veas mal así (porque te vez estupenda), pero me gustan las morenas.
Puse los ojos en blanco.
-Deja de hacer eso.
-¿Qué cosa?
-Decirme cosas bonitas, o por lo menos intentarlo, cuando en este momento estoy enojada contigo.
El frunció el ceño y suspiró.
-A eso vengo, me siento extraño estar mal contigo, ¿sabes? es extraño ya que apenas te conozco y todo eso, pero es como si siempre te hubiera conocido, no se sí entiendes.
Me quedé callada esperando a que siguiera.
El se rascó una ceja con el meñique, mirándose incómodo.
-Está bien, lo reconozco yo fui un estúpido al negar algo que era muy obvio, así que lo siento, de corazón te lo digo. No puedo disculparme por lo de "inmadura" y eso, sin embargo así me caes muy bien y quisiera que lo intentáramos de nuevo.- terminó, miró al suelo y luego me miró a mí con cara de cachorro abandonado.
Demonios, estaba jugando sucio.
-Entonces, ¿le pides perdón a ésta inmadura malhablada solo porque te cae bien?- pregunté con la ceja alzada.
Quería hacerlo sufrir un poquito.
Asintió con la cabeza, todavía con ésa cara.
Ugh.
-Está bien, perdonado...-suspiré, pues yo también tenía que pedir disculpas.- También lo siento, ya sabes, por gritarte y éso.
Él sonrió con una de ésas jodidas sonrisas que derriten a cualquiera.
-Entonces...¿amigos?-preguntó
Sonreí.
-Amigos.
Y así, ambos estrechamos las manos amigablemente,probablemente iniciando una nueva amistad.
-¿Qué hace mi camisa ahí?-dijo Ian acercándose a dónde estaba arrumbada su camisa.
Me sonrojé.
El la tomó y caminó hacia mí.
-Hey, está en mi habitación así que ahora es mía.- rezongué mientras trataba de quitársela de la mano.
-Así que quieres algo de mí, uh.
Rodé los ojos.
-Idiota.- el me dio la camisa con una de ésas sonrisas calienta bragas y yo la tomé molesta.- ¿Me podrías decir como demonios entraste a mi cuarto?
Todavía con ésa estúpida sonrisa en su cara, me guiñó.
-Tengo contactos.
Medio sonreí.
-Fué Luca, ¿cierto?
El asintió, riéndose.
-Me descubriste.
-¿Te quedas a cenar? Mi mamá hará pasta.
El se encogió de hombros.
-Vale, ¿por qué no?
Le sonreí, y bajamos al primer piso, en donde ya estaba toda mi familia ahí reunida.
Papá me miró con los ojos abiertos como platos.
-Tú.- me señaló.
Toqué mi cabello y se lo mostré.
-¿Les gusta?
Papá suspiró.
-¡Desvirgaste tu cabello!- dijo Luca dramáticamente.
Escuché la risita de Ian y yo sonreí.
-En realidad no, es Henna, 100% natural.
Mamá se acercó a mí y tocó mi cabello.
-Te miras preciosa, que bueno que te lo teñiste con Henna, así cuidas al ambiente.- sonrió ampliamente y luego miró a Ian que estaba a mi lado, mirándolo todo en segundo plano.- ¿En qué momento éste muchachito tan guapo entró a la casa?
Me sonrojé.
-Debe de haber entrado por la ventana.- dijo Luca chasqueando la lengua.- Quién sabe que tipo de cosas estuvieron haciendo allá arriba, par de cochinos.
Papá se rió con nerviosismo.
-Oh, ¡pero que cosas dices, Luca!- dijo mientras le daba la mano a Ian, saludándolo.- Me alegro de verte otra vez, ¿Irvin?
Luca soltó una monstruosa risa y yo solté una risita. Miré a Ian, que tenía la cara y el cuello rojo, mientras sonreía con incomodidad.
-Soy Ian.- murmuró.
Papá lo miró avergonzado.
-¡Oh, lo siento!
Mamá me sonrió.
-¿Es el chico que te gusta, verdad?- me dijo al oído.
Abrí los ojos como platos.
-¡Mamá!- susurré.
Ella me guiñó y le sonrió a Ian.
-¿Te quedas a cenar?
-Sí no es mucha molestia..- dijo Ian, agarrando mas confianza.
La cena fue tranquila, hubo un par de bromas de parte de Luca, haciendo que yo me ruborizara y que Ian se riera, mamá hizo su lasaña e Ian la alabó por éso, diciendo que era la lasaña mas rica que había comido.
-Gracias por quedarte a cenar.- le dijo mamá a Ian después de terminar.
El sonrió.
-No, gracias a usted por invitarme a cenar.
-Yo creo que es totalmente injusto que acepten a éste chico, que probablemente desvirgó a Sienna hace unas horas allá arriba, como si nada.
Fulminé a Luca con la mirada.
-No seas idiota, mejor vete a besuquear en una esquina con Suize y deja de meterte en mis asuntos.
-Creo que ya es hora que me vaya.- dijo Ian.
-Oh, está bien.- dijo mamá.- ¿No quieres llevarte un poco de Tiramisú?
-No, estoy bien así, pero gracias señora Dellapiane.
-Que tengas buenas noches, hijo, descansa.- le dijo papá a Ian.
-Igualmente, hasta luego.-se despidió de toda la familia y yo lo acompañé a la puerta.
-Siento todo lo que dijo el idiota de mi hermano, a veces puede ser un tanto.. en fin.
-No te preocupes, fue agradable pasar la tarde contigo.
Me ruboricé.
-Lo mismo digo.
Ya afuera, el me miró y me regaló una de sus sonrisas torcidas. Mi corazón delator, comenzó a latir con fuerza.
-Buenas noches, Sienna.
-Buenas noches, Ian.- murmuré.
Él se acercó a mí y mi corazón comenzó a latir mas con fuerza. Cerré los ojos.
Estaba esperando un mágico beso en la boca de despedida, pero lo único que sentí fueron unos suaves labios en mi mejilla. ¡En la maldita mejilla!
Abrí los ojos y sonreí.
-Hasta luego.- se despidió.
Lo miré hasta que se alejó.
Toqué mi mejilla y me mordí el labio. ¿Por qué sentía tantas mariposas en mi estómago?
No me iba a lavar la mejilla nunca.
Jamás.

Red Thread. Chapter IX.

IX

Miré la camisa azul de Ian que yacía en una esquina alejada de mi habitación hecha bola.
No la había querido lavar porque ¡diablos! olía a él. Y a mi sangre. Y a tierra.
Gracias al cielo no me había roto el tobillo ni nada como éso, solo se me había torcido, nada grave.
Estaba acostada en la cama viendo una película sin sentido en la tv, cuando mi puerta se abrió.
Suzie entró con su habitual alegría que hacía que todo fuera estupendo.
-Hey.-la saludé mientras me hacía a un lado para darle espacio.
Ella se acostó a mi lado
-Hey, espero que no te moleste que haya venido.
Le resté importancia con la mano y sonreí, para después darle "play" a la película
Milagrosamente, estuvimos calladas las dos horas que duró la película, sin comentar nada, sin movernos ni nada.
Cuando los créditos aparecieron en la pantalla, Suzie se sentó en la cama cruzando las piernas.
-¿Qué te trae por aquí?- dije sonriendo.
Ella se ruborizó y bajó la mirada.
Con ése simple gesto yo me senté inmediatamente, ésto prometía ser bueno.
-Te considero mi mejor amiga, te lo dije cuando nos conocimos por primera vez, me trasmites confianza y tranquilidad, algo que nadie había hecho... Así que.. bueno...
Me mordí el labio, esperando que continuara.
Ella respiró hondo y me miró a los ojos.
-Salí con un chico ayer.
Chillé de emoción.
-¡Cuéntame todo!- dije, sacando mi lado cotilla.
Ella se rió.
-Bueno, él me invitó días antes y yo le dije que lo pensaría. Obviamente yo desde que lo conocí me sentí atraída por él, pero quería hacerme la difícil e interesante.-asentí con la cabeza.- Así que ayer me llamó diciéndome que si quería acompañarlo a la ciudad y yo le dije que sí, allá me llevó al cine, fuimos a comer y caminamos un rato agarrados de la mano en la playa...
-Aww, que cosa tan más romántica
-Cuando me dejó en mi casa, se acercó a mí y me besó de la forma más dulce. Nunca nadie me había besado así. Pero hay un problema...- dijo mirando sus manos, sonriendo tristemente.
-¿Qué problema?- murmuré, mirándola comprensiva.
-Tiene novia.- dijo mordiéndose el labio.-Y siento que estoy enamorada de él.
-¿Cómo se llama ése estúpido? Porque nomas lo encuentre me va a conocer a mí y a mi puño de oro, lo haré saber que no debe jugar con mi mejor amiga.
Suzie derramó una lágrima.
-Es Luca.
Oh, mierda.
Abracé inmediatamente a Suzie, y por un momento odié a mi hermano.
No era justo que jugara con Suzie así teniendo a Camila en Las Vegas, no es que Camila me cayera súper bien, pero de todos modos era una total falta de respeto para ella.
A decir verdad, yo sabía que ellos tarde o temprano terminarían, pues las relaciones a distancia no funcionaban, pero no era justo la situación.
-Lo siento tanto, Suzie.- dije cuando Suzie rompió el abrazo.
Ella negó con la cabeza.
-No tiene importancia, yo fui la tonta, ¿sabes? no es la primera vez que me pasa algo así. Siempre termino enamorándome de los imposibles. Luca no tiene la culpa, el no sabe que yo estoy enamorada de él y el beso fue tal vez un impulso para él... Yo misma hago que me lastimen.
-No digas éso Suzie. No eres una tonta, mi hermano si lo es. No es justo que esté jugando contigo así. El beso no fue un impulso, éso es una excusa patética y...-mi teléfono sonó.
Le lanzé una mirada de disculpas a Suzie y fui a contestar.
-¿Diga?
Un sollozo se escuchó en la otra línea.
-Sienna, se que no te caigo muy bien, pero no se a quién recurrir.- dijo una voz femenina.
Hablando de rey de Roma..
Fui a mi armario, discretamente, para que Suzie no escuchara ésta conversación.
-¿Qué pasa Camila?- dije frunciendo el ceño.
-Luca ter...ter.. terminó conmigo.- sollozó.
Luca se estaba ganando una buena patada en el trasero.
-¿Cuándo?
-Hoy en la mañana, me habló por teléfono y me dijo que ya no quería nada conmigo, que ésto no iba a funcionar y que ya había conocido a otra persona.
Hijo de perra.
-Tranquila, mira, no sé de que manera ayudarte, pues mi hermano tomó una decisión. Sin embargo, tu puedes hacer tu vida, no es el fin del mundo.
-Quiero que me ayudes a recuperarlo.
Puse los ojos en blanco y bufé.
-Oh no, a mí no me metas en ésto.
-Es porque no te caigo bien, ¿cierto?
Suspiré y negué con la cabeza estúpidamente.
-No, no te voy ayudar a recuperarlo, porque ese no es asunto mío. Yo no puedo obligar a mi hermano a hacer algo que él no quiere. Son sus decisiones y yo no me voy a meter en sus cosas.
-Eres una zorra.- sollozó Camila.
-Y tu una perra.- y así finalicé la llamada.
Ya recordaba porque me caía mal...
Salí del armario y me encontré con Luca y Suzie hablando seriamente.
Decidí que era bueno que me bañara y me cambiara, pues llevaba todo el día con la piyama.
Después de un largo rato en la ducha, me puse mi ropa, que era una blusa negra sin mangas, y unos pantalones cortos de mezclilla. Como el clima estaba fresco, me puse un jersey de lana con botones al frente, que tenía estampados indie de los colores rojo, naranja, ivory y azul marino. No era la gran cosa, pero no pensaba salir de casa, quizá iría mas tarde por café y donas para pasar el resto de la tarde.
Me miré en el espejo y suspiré derrotada, mi cabello no tenía arreglo.
Lo desenredé como pude e hice un moño en lo alto de mi cabeza.
Cuando ya no había nada mas que hacer, decidí salir del baño e ir a enfrentar al enemigo, porque ¡que diablos! es mi cuarto.
Pero en el instante en el que crucé la puerta, deseé no haberlo hecho.
Rodé los ojos y aclaré mi garganta para hacerme notar.
Luca y Suzie dejaron de besarse y me miraron avergonzados.
Me encogí de hombros. No me metería en esto.
-Ustedes sabrán.- dije mientras sacaba 50 dólares de mi cartera.- iré a caminar un rato. Nos vemos.
No quería ser la tercera rueda, así que lo mejor era escapar. Ya era hora de comprar donas y café.
Guardé el dinero en mi bolsillo trasero mientras bajaba por las escaleras.
Mamá estaba en la sala mirando su cuadro, con una taza de algo humeante. Mientras que papá estaba buscando algo en la estantería.
Al escucharme bajar, papá me sonrió.
-¿A dónde va la principessa?
-Iré a comprar café y donas, quizá entre a una que otra tienda a mirar.
Él asintió y siguió buscando.
-Mmm, ¿papá?
-¿Sí?
-¿Qué le pasa a mamá?
El se encogió de hombros e hizo un ademán con las manos, diciendo que estaba loca.
Yo me reí y salí de la casa no antes de despedirme.
Una fuerte rafága de viento me caló hasta los huesos y maldije a mi mamá por haber querido mudarse a éste pueblo costero. Aquí hasta en verano hacía un frío de los mil demonios, ¿cómo sería en invierno? No quería ni saber.
Debía admitir que me gustaba vivir aquí, la tranquilidad que daba al caminar por las calles, sin el temor de que alguien te fuera a amenazar con un cuchillo y que te quitaría todo tu dinero. La vida aquí era relajada. Aquí, al igual que en Las Vegas, era turístico. Pero todo mas tranquilo.
Al llegar a una de las calles principales, me topé con dos cafeterías: una mundialmente conocida y la otra local. Sin dudarlo, entré a cafetería local. Starbucks se había vuelto para mí, una cafetería popular solo por su logo y por la etiqueta que te daban al estar ahí, no por el sabor del café y debo decir que para mí, el sabor del café lo era todo.Yo y el café éramos uno.
El sabroso olor a café me golpeó en cuanto entré en aquella pequeña cafetería.
Una señora de unos 60 años que estaba detrás del mostrador, me sonrió amablemente.
-Buenas tardes cariño, ¿qué te gustaría que te sirviera hoy?
Miré los tipos de café que servían, que estaban escritos en gis en una pizarra gigante que abarcaba casi toda la pared.
Sonreí al ver que tenían ahí mi favorito.
-Un café mocha blanco, con mucha leche vaporizada arriba.
-Perfecto, ¿quieres algún panecillo?, acaban de salir del horno.-miró a los lados y sonrió.- Y aquí entre nos, estos son los mejores.- dijo señalando unas magdalenas con arándanos y ralladura de naranja encima.
Ésa señora me caía muy bien.
-Pues, me da uno de ésos.
-Muy bien, siéntate en dónde quieras. En un momentito te llevo tu orden.
Asentí y me senté en un sillón de color chocolate que daba a la ventana, ahi, había varios libros apilados y algunas revistas esparcidas en una pequeña mesa de color crema.
Tomé el primero y lo hojeé despreocupadamente.
La amable mujer me trajo mi pedido y yo le agradecí enormemente.
Disfruté de mi café, que por cierto era una maravilla, tranquilamente, mirando a las personas pasar por la calle. La magdalena era la cosa mas deliciosa que jamás había probado, ¿por qué las personas no venían aquí?  Los precios eran justos y la calidad era suprema.
Al terminar le pagué los 6.45 dólares de mi pedido a la mujer y salí no antes de prometer que vendría en otra ocasión.
Caminando por la calle mas transitada por los turistas, me encontré con un anuncio en un salón de belleza que me llamó la atención:
"¡Píntate el cabello naturalmente con Henna!, rápido, seguro y barato."
Fruncí el ceño y decidí entrar en aquél salón de belleza, no con la idea de teñir mi cabello, sino que me había dado curiosidad y quería saber que tan natural era todo el asunto.
Al entrar, inmediatamente reconocí a alguien que jamás me hubiera imaginado encontrar en un lugar como éste. Un chico pelirrojo y ojos cafés que inmediatamente me miraron con curiosidad y un poco de timidez.
-¿Alan?
-Hey, Sienna. ¿Cómo te va?- dijo educadamente.
-Muy bien, gracias. Umm, ¿qué haces aquí?- pregunté sin saber bien que decir.
El se rió entre dientes.
-Yo trabajo aquí, ¿tú que haces aquí?
Me quedé en estado de shock.
-B-bueno, miré el anuncio de aquí afuera y no sé, me dio curiosidad.
Y como si hubiera apretado un botón, el me explicó todo lo que tenía que saber de la Henna, sus propiedades, los pros y los contras de teñirse el cabello; y sobre todo, el precio. Gracias a su parloteo y mi necesidad de callarle un rato la boca, me senté en una de ésas sillas enfrente del espejo y le recé a Dios porque me viera bien de pelirroja.
-¿Por qué trabajas aquí?-le pregunté en la primera oportunidad que ví.
El dudó un poco, suspiró y después me miró a los ojos a través del espejo, mientras cubría mi cabello con una especie de bolsa.
-Esto es lo que me gusta hacer...
Sonreí.
-Oh, eso es genial. Ya tengo un amigo a quién pedirle que me arregle el cabello de vez en cuando.- medio bromeé.
-Bueno, todas las mujeres sueñan con tener un amigo gay...- dijo simplemente.
Me quedé estupefacta.
-¿Eres gay?- dije mientras volteaba la silla para verlo de frente.
El asintió como que no quiere la cosa.
-¿Por qué yo no lo sabía?-pregunté un poco enfadada, se suponía que era mi amigo.
-Según yo ya lo sabías. Además es obvio, siempre estoy bien peinado, combinado de pies a la cabeza perfectamente siguiendo los colores de temporada, mis ademanes, mi forma de caminar, ser y hablar.
Me reí.
-No lo supe ver, pero es bueno saberlo. Sería una pena que me hubiera enamorado de tí y que luego me enterara que no te gustan las mujeres, rayos, ¿por qué los guapos siempre son gays?
Ahora el rió despreocupadamente.
-Por que somos fabulosos, obvio.- dijo siguiendo mi juego.
Me puse seria, de repente
-Alan, si yo no hubiera venido, ¿me hubieras dicho alguna vez?
-Por supuesto, eres mi amiga, no te dejaría afuera de todo esto.
Le regalé una de mis mejores sonrisas de agradecimiento.
Una hora después, Alan lavó mi cabello, lo secó y lo peinó.
-Te ves magnífica, el rojo te sienta muy bien.
Sonreí mientras me miraba en el espejo.
Ahora mi cabello era rojo y se miraba muy natural, Alan lo había dejado suelto y gracias al secado, las puntas comenzaron a ondularse naturalmente.
Me veía bien, debía de admitir.
-Gracias, en realidad no tenía planeado teñírmelo, pero tu me has convencido con todo éso de "no daña tu cabello" y "el color se cae con cada lavada".- dije imitando lo mejor que pude su voz.
-No hay de qué. En un mes más, te tiñes de rubio.- dijo mientras me guiñaba un ojo.
Oh, dios. ¿Por qué tenía que ser gay? Con tanta carisma y coqueteo era imposible no fijarse en él.
Después de una pequeña lucha, Alan terminó regalándome el cambio de look (que no tenía planeado) y salí de ahí, ya que se había hecho de noche.
Al caminar por las calles del pueblo, me puse a pensar en la preferencia sexual de Alan, no en contra ni en favor, solo intentaba que mi cerebro pudiera procesar ésa información lo mas pronto posible, ya que todavía me encontraba en un estado de shock.
Pero me sentía feliz por él, él se sentía bien con ello, así que yo también. Además, ¡tenía un amigo gay! Menuda sorpresa.
Metí mis manos a los bolsillos de mi jersey tratando de calentarlas un poco, la temperatura había bajado considerablemente.
Al llegar a casa, decidí no entrar por la puerta principal, me dirigí hacia el patio y entré por la puerta de la cocina y como miré que no había nadie en la cocina me escabullí a mi habitación. No quería que nadie viera mi, ahora rojizo, cabello.
Cuando iba caminando por el pasillo, sentí un leve aleteo en mi estómago y éso significaba que algo iba mal. Ya que estuve enfrente de la puerta de mi recámara mi corazón no dejaba de latir desbocado, inmediatamente me llevé la mano a mi pecho, como si éso pudiera evitar que mi corazón se me saliera.
Malditas sean las corazonadas. Ésto comenzaba a darme miedo.
Respiré hondo y abrí la puerta tratando de ser valiente.
Oh dios.

domingo, 16 de marzo de 2014

Red Thread. Chapter VIII



-Oh diablos.-masculló Ian.
¿Por qué diablos Ian siempre tenía que estar en mis peores momentos "salvándome"?
Ahora se cumplían las dos veces en las que Ian me encontraba en el piso como una maldita serpiente.
Estando con él, posiblemente me volvía torpe, o era algo de lo que nunca me había dado cuenta.
-Me voy a morir.-gemí de dolor.
Ian me levantó con mucho cuidado y me apoyó en un tronco de árbol.
Se quitó su chaleco negro, y después su camisa azul a cuadros, quedándose solo en su camiseta blanca con cuello en "v". La camisa azul la hizo bola y con ella me limpió la cara suavemente y las rodillas, mientras yo hacia muecas de dolor y gemía bajito.
-¿Crees que puedas caminar?- me preguntó suavemente cuando terminó de limpiarme.
Anudó su camisa en mi cintura.
Asentí y traté de caminar, pero grité de dolor. Para mi sorpresa mi tobillo dolía asquerosamente, ésto era una agonía.
Ian rápidamente vino hacia mí y me cargó como cuándo el novio carga a la novia en la noche de bodas. Pasé un brazo por su cuello y con la otra mano me limpié las lágrimas traicioneras.
-¿Por qué me tienes que salvar siempre?- pregunté escondiendo mi cabeza en su cuello.
Ian siguió caminando, sin responder.
Suspiré, sin ánimos de pelear.
Al llegar a su Jeep, el me paró con mucho cuidado enseguida de su carro, después abrió la puerta del pasajero y volvió por mi para cargarme de nuevo como bebé.
Me sentó con mucho cuidado, como si yo fuera un trozo de vidrio muy fino o un delicado pétalo de rosa que en cualquier momento se pudiera romper.
-Sube tu pierna arriba, si la dejas abajo quizá se inflame y puede ser peor.- ordenó.
No se subió al carro hasta que vio que subí la pierna.
Maldito mandón.

Cuando ya íbamos entrando al pueblo yo comencé a odiar éste silencio incómodo que nos había acompañado en todo el camino.
-Dí algo.-murmuré.
-Algo.- dijo.
-No seas idiota, enserio, ésto es frustrante y comienzo a odiarte.
Ian se rió fríamente.
-Sienna, ¿qué quieres que te diga?
-No tengo ni la más mínima idea, pero dí algo.
Un piquete de dolor en mi tobillo hizo que chillara de dolor.
-Bueno, pues quiero que sepas que me siento como la mierda al verte así, lastimada y con tu cara de sufrimiento, y es mi culpa.
Ahora fui yo la que reí.
-A ver, conmigo no te hagas el jodido mártir que no funciona.
-¿Pero qué diablos, Sienna? Estoy diciendo lo que pienso y luego tu me atacas siempre te encuentras a la defenisva, entonces, ¿qué diablos debo hacer para que no me estés atacando con tus estúpidas palabras hirientes?  Porque, aunque tu lo digas como algo natural, lo que dices lastima, tienes que madurar, joder.
Mis ojos se empezaban a llenar de lágrimas, no de tristeza, sino de rabia. Tenía ésa estúpida manía de llorar de coraje.
Y aquí comenzaron los gritos
-No tienes ni una jodida idea de quien diablos soy, no puedes saber si soy madura o no. Así que mejor vete a la...- grité histérica, pero Ian me interrumpió.
-¡Expresándote con puras blasfemias no llegas a nada! ¿Sabes que pensamos los hombres de las mujeres mal habladas?-me miró, pero antes de que pudiera contestarle con una palabrota pero el siguió.- Que es una mujer insegura y necesita llamar la atención de cualquier manera, aparte de ser mal educada e inmadura.
Miré por la ventana y fue ahí en dónde me di cuenta que estábamos afuera de mi casa y el carro se había detenido.
Abrí la puerta y como pude me bajé, procurando no hacer ni una mueca o sonido de dolor. Quería tener ésa salida dramática después de una pelea que todas soñamos.
-Eres un imbécil de mierda.- susurré.
Cerré la puerta con toda mi fuerza y cojeé hasta la banqueta.
Ian ya estaba ahí, tratando de ayudarme, pero yo no lo dejaba. Siempre que acercaba una mano hacia mi yo le pegaba y lo miraba con odio.
-No seas inmadura, Sienna, te vas a caer.-gruñó.
Traté de controlarme, juro que traté, pero no pude, en vez de éso me volví y le propiné una sonora bofetada.
-Si me caigo o no, no es tu jo-di-do problema, si soy inmadura, no es tu jo-di-do problema, así que vete a la m-i-e-r-d-a.- dije mientras deletreaba lentamente las groserías. A lo último, ya para terminar, hice un ademán con las manos y di media vuelta.
Cojeando y con todo el dolor del mundo, llegué a la puerta y entré a la casa triunfalmente, entre comillas, ya que mi rostro estaba surcado en lágrimas.
Nunca, jamás había peleado así con alguien, ni con Brian que en su momento amenacé de muerte.
-¿Pero qué diablos?-gritó Luca al verme.-¡Pareces un jodido zombie!
Mamá y papá posiblemente se alarmaron por el grito de Luca, por lo que inmediatamente estuvieron con nosotros.
Mamá se llevó una mano a la boca y papá se acercó a mi para intentar cargarme y llevarme a la sala, pero no me pudo, por lo que Luca tuvo que hacer todo el trabajo.
Ya acostada en el sillón y con bolsas de hielo en el tobillo, mejilla y quijada, pude sentirme mejor.
-¿Te hizo algo ése idiota?-preguntó Luca, alarma.
Negué con la cabeza.
-Yo fui la idiota, corrí por un sendero en la oscuridad y algo se me atravesó y yo resbalé.
-¿Y dónde está el muchacho?-preguntó papá con el ceño fruncido.
-Me pelee con él, antes y después de mi caída.- bajé mi cabeza para mirar mis manos, llenas de raspones.-Lo llamé imbécil de mierda, sapo y le di una bofetada.
-¿Y porqué te peleaste con él?-preguntó mamá maternalmente.
-Cosas de muchachas.-murmuré.
Mamá miró a papá y a Luca y ellos entendieron. Se levantaron del sillón y huyeron.
¿Por qué los hombres huyen cuando se trata de alguna cosa de mujeres?
-Ahora sí, ¿qué pasó?
Suspiré y me dispuse a contarle la parte de la "velada", omitiendo la caída.
-Mira hija, los hombres son tan impredecibles e inseguros, que tienes que dejarlo tomar la iniciativa a él. Tal vez si era una cita, cielo, pero al preguntarle si era una cita, lo dejaste desarmado y el simplemente dijo que no. Relájate, ustedes dos saben bien que si fue una cita, así que no te pongas mal.-me dio una sonrisa maternal.- ¿Ahora me podrías contar el resto de la historia sin omitir detalles, por favor? No me has contado como te caíste.
-Ya te dije, en el momento que le dije "sapo", casi corrí para alejarme de él, como estaba todo muy oscuro algo se atravesó en mi camino y me caí dramáticamente. Luego Ian llegó hacia mí y me "salvó", puedo decir que se portó muy dulce y caballeroso en todo momento.
Mamá me dio una mirada muy rara y luego sonrió un poco mas pícara.
-Es un buen chico.
Negué con la cabeza y crucé los brazos.
-No deja de ser un idiota.-me miró esperando el porqué, como sabía que no me podía librar de ella, suspiré, dándome por vencida.-Comenzó a decirme que era una inmadura sin motivo aparente.
-Debe de haber un motivo, Sienna la gente no dice las cosas sin no tener un motivo aparente. Ahora dime.- dijo mientras enlazaba sus dedos y me miraba expectante, como si esperara que ocurriera algo emocionante.- ¿ése chico te gusta?
Miré las escaleras, después miré a mamá y luego a mi tobillo.  No había escapatoria.
-Tal vez me gustaba antes, ahora lo detesto.
Mamá se rió suavemente.
-Del odio al amor solo hay un paso, princesa.- dijo mientras se paraba del sillón con una destreza impresionante y caminaba hacia su estudio.
-Claro que no.-refunfuñé.
Miré la espalda de mamá, mientras ella caminaba.
-Solo uno, recuérdalo.- dijo antes de encerrarse en su mágico mundo de la pintura.

-LizzieG 

miércoles, 22 de enero de 2014

Red Thread. Chapter VII



Hoy era de ésas veces en las que deseaba ser aprueba de balas.
Cada mirada de mamá cuando me encontraba con ella, era como recibir una bala, de ésas balas que duelen y lastiman pero desgraciadamente no matan.
Papá era más sutil, sabía esconder demasiado bien su enojo conmigo, pero yo sabía que estaba ahí. Sus balas eran mas poderosas, pues eran silenciosas, rápidas y como consecuente, dolían más.
Luca se sentía muy culpable por el comportamiento que estaban teniendo mis papás conmigo, pero él no podía hacer nada, porque el comportamiento de ellos era, según ellos, justificable.
Habían pasado 5 días y nada cambiaba, todo era igual.
Hoy no había bajado a desayunar, a comer, ni siquiera a cenar. Prefería morirme de hambre a soportar una mirada o un comentario mas.
Estaba leyendo un libro que contenía algunas recopilaciones de fabulas que papá me había regalado cuando cumplí los 10 años, cuando la puerta de abrió y mamá asomó la cabeza tímidamente.
Dejé el libro a un lado crucé las piernas para sentarme sobre ellas y la miré mientras se acercaba.
-¿No vienes a cenar?-preguntó mamá.
Negué con la cabeza mientras posaba mi mirada en la taza de café que estaba en el suelo desde hace 3 días.
Mamá suspiró y se sentó en el sillón, cruzando sus piernas.
-Sienna, yo...-comenzó mamá pero la interrumpí, ya harta.
-Mamá, ya tengo claro que la culpa siempre la tendré yo. Es obvio que si Luca hubiera estado en mi lugar ustedes hubieran dicho que lo que hizo el era lo correcto, pero en cambio yo soy una chiquilla inmadura que...
-¡CÁLLATE!- me gritó mamá antes que pudiera seguir.
Me quedé con los ojos bien abiertos del asombro. No dije nada, ni ella, solo nos limitamos a vernos a los ojos, ninguna apartó la vista. Si yo la apartaba significaría sumisión, tal y como sucedía con cualquier animal tales como los perros.
-¿Sabes que te quiero mucho, verdad?- dijo mamá después de un rato.
Asentí tímidamente, todavía sin apartar mi mirada de la de ella.
-Lo siento mucho, no quería hacerte sentir mal por mi regaño. Estoy consciente del hecho que me estoy disculpando muy tarde, pero es mejor tarde que nunca, ¿no es cierto?
Me encogí de hombros restándole importancia.
Mamá suspiró.
-Mira, lamento haberte hablado así y echarte la culpa, papá también se siente muy mal por haberte tratado así, ahora sabemos que estabas preocupada y no pensaste en lo demás... ¿Me perdonarías?
-Diablos mamá, salí de ti, sería una estupidez no perdonar algo como ésto.
Mamá sonrió, para luego levantarse del sillón y abrazarme con todas sus fuerzas.
Amaba realmente como olía mamá, siempre a una combinación de canela, fresias y pintura. Ella nunca necesitó comprar perfume, su olor siempre me recordaba a mi niñez.
-¿Ahora si quieres cenar?- me preguntó con una ceja alzada después de terminar de abrazarme.
Negué con la cabeza.
-Sabes que odio dejar un libro a medias, así que no, gracias. Tal vez mas tarde baje a la cocina por una manzana o algo ligero.- sonreí.
Mamá suspiró y asintió.
-Hay sándwiches de queso en el horno.
Caminó hacia la salida y antes de salir volteó hacia mí.
-Te quiero, hija.
Sonreí.
-Yo más, má
Ella sonrió como solo las mamás saben y salió del cuarto, dándome privacidad.
Un cuarto de hora después, mi estómago rugía como monstruo, no lograba concentrarme en la lectura por el hambre que yo tenía.
Suspiré, sabía que no podía aplazar mas ésto, así que dejé el libro en la cama, abierto en donde me había quedado y cuando estaba a punto de tomar el cerrojo de la puerta, mi teléfono sonó.
Sonreí abiertamente.
Por fin se había dignado a funcionar.
Rápido lo tomé y contesté algo extrañada, ya que el número era desconocido.
-¿Hola?
Hubo un carraspeo al otro lado y yo sonreí.
-Sí, umm, ¿se encuentra Sienna?- dijo la voz que claramente era de Ian.
Por un momento me extrañó que me hablara, hasta que me di cuenta de algo. ¡ERA MARTES! Quise gritar, patalear y echarme a llorar en el piso, lo había olvidado completamente.
-Ella habla, ¿eres tú, Ian?
Se escuchó una sonrisa.
-Hola, Sienna, ¿como estás?
-Bien, ¿y tú?
-Bien... Oye, mm, estoy afuera de tu casa. ¿Sabes? Vengo por ti, ya sabes, lo de la salida y éso... Espero que no se te haya olvidado.
Antes de que terminara la oración yo ya estaba bajando las escaleras, hasta que recordé que traía mi piyama, que consistía en una blusa sin tirantes de color rosa y unos pantalones cortos de franela de color café que apenas cubrían mi trasero.
Abrí la puerta de la entrada y me lo encontré de espaldas, recargado en su Jeep.
-Voltea.- dije despacito.
El volteó, tal y como le ordené. Posó su mirada en mi y sonrió.
Caminó hacia mi y cuando ya llegó a donde yo estaba, él arqueó una ceja.
-No sabía que sería una salida de piyamas, me hubieras dicho y me hubiera cambiado.- dijo mirando su ropa.
Traía puesta una camisa blanca con cuello en "v" que se pegaba en su pecho y marcaba su trabajado, pero no tan musculoso abdomen. Arriba de ésta traía una camisa azul a cuadros de manga corta y todavía, arriba de la camisa azul, un chaleco negro que le quedaba de muerte. Sus jeans estaban rotos y deslavados, junto a sus converse negros y un lindo sombrero negro en su cabeza.
Estaba a punto de ponerme a babear, cuando me acordé de mi piyama.
Me sonrojé furiosamente.
-Bueno, me quedé dormida y me despertó el timbre del teléfono. Pero, no te preocupes, me cambiaré.- dije seriamente, mintiendo descaradamente.
El se rió.
-No hace falta.- dijo mirándome de arriba a abajo, lascivamente.
-Idiota.
Se rió todavía mas fuerte.
-Venga, pasa y espera un rato, para tu mala suerte si me cambiaré de ropa.
Y para mi mala suerte, Luca salió de su escondite y miró a Ian divertido.
Lo miré suplicante, pidiéndole que no le hiciera nada.
-Ian, él es Luca mi hermano. Luca, el es Ian un amigo.- dije presentándolos rápidamente.- Háganse amigos, lo que sea. Iré arriba a cambiarme, en un segundo bajo.
Ian asintió y a Luca se le vió una mirada maliciosa.
Suspiré y subí rápidamente las escaleras. Cuando llegué a mi habitación, me frustré, si me hubiera acordado de la cita/no cita hubiera preparado mi ropa y no andaría por todo mi armario buscando que maldito trozo de tela ponerme.
Me resigné y tomé lo primero que encontré.
Me puse una camisa vieja de papá que había encontrado mientras desempacábamos la ropa de Led-Zeppelin, le hice un nudo abajo, al lado derecho para que me quedara al cuerpo. Encima me puse una blazer negra y unos shorts igualmente negros, junto a unos converse viejos de color rojo.
Solté la trenza que traía en mi cabello y lo cepillé, dejándolo caer en ondas, hacia un lado.
No hice mucho con mi cara, puse una capa de mascara para ojos y me pinté los labios de rojo, poniéndole una pequeña capa de brillo labial.
Ya que no había nada mas que pudiera mejorar mi aspecto zombie, tomé mi inseparable mochila negra y guardé todo lo necesario, para después bajar.
-Entonces, ¿eres su novio?- preguntaron abajo.
Mierda. Corrí escalera abajo y me encontré con mis papás y Luca, sentados alrededor de Ian.
El solo sonreía amablemente.
-Carajo, ¿pueden dejarlo en paz?- dije fuerte, y los cuatro voltearon a verme.
Papá me miró.
-¿A dónde vas?
Me encogí de hombros.
-Yo qué sé.
Ian se levantó y se puso a mi lado, ya que llegué a la puerta de entrada.
-Mucho cuidado, hija.- dijo papá, serio.
Sonreí.
-Seguro.- dije.
Papá miró a Ian con advertencia y yo casi puse los ojos en blanco. Casi.
Ya que nos subimos al carro, lo miré.
-¿Qué pasa?
-¿Qué te dijeron papá y Luca?
El se rió.
-Creen que somos novios, éso es todo.
Sonreí mirando al frente.
-Que entrometidos.
El se encogió de hombros.
-Así son los papás.
Asentí.
Al rato, como no supe a dónde íbamos, decidí preguntar.
-A un lugar hermoso, es mi favorito.- dijo mientras que entraba por un camino de tierra.
-¿Estás seguro que no eres un violador o un secuestrador?- pregunté burlesca.
El sonrió mientras estacionaba el carro en una área despejada.
Él se bajó del carro, y antes que yo pudiera hacer nada, me abrió la puerta como un caballero. Le sonreí con gratitud.
-Seguiremos el sendero, ven.- dijo mientras intentaba tomar mi mano.
No quería hacerme la fácil, por lo que alejé mi mano de la de él disimuladamente y comencé a hablar de un árbol que tenía forma extraña.
Al ser las 7 de la tarde, el sol todavía seguía fuerte y no daba señales de querer meterse, por lo que seguir el sendero fue demasiado fácil. A los lados del sendero había cientos de flores silvestres blancas,tantas, que se perdía la mirada a lo lejos.
Al cabo de unos minutos llegamos a un pequeño claro rodeado de grandes árboles.
-La puesta de sol aquí es hermosa, hace que todo sea especial.- dijo Ian, mientras yo observaba todo.
Ahí, había una manta a cuadros, Ian me condujo a ella y ambos acostamos mirando hacia arriba, al cielo.
La luz filtraba las hojas de los árboles, haciendo una vista preciosa.
-Me gusta como la luz atraviesa los árboles.- comenté después de un rato.
-Aquí me gusta venir a pensar, a estudiar, a relajarme un poco. Todo es tan... natural, es cómodo estar aquí, además que no hay recepción de teléfono. El lugar es perfecto cuando no quieres que nadie te moleste.
-Un sitio perfecto para  matar a una persona...- comenté, todavía viendo hacia arriba.
Ian se rió.
-¿Todavía no confías en mi?- preguntó divertido.
Bufé.
-¿Crees que estaría aquí, sola contigo, en un lugar en dónde los dos sabemos perfectamente que nadie me encontraría, si no confiara en tí?
El se volteó para verme, con el codo en el piso y su mano sosteniendo su cabeza.
Traté de no mirarlo, pero fallé, terminé mirándolo de reojo, el me miraba, sonriendo.
-Así que... ¿Ésto es lo que haces?- pregunté.
-¿Qué cosa?
-Ya sabes, traer a la chica a un lugar que tu dices que es especial para ti y todo éso, para que al final de la noche caiga a tus pies.
El negó con la cabeza, serio.
-No, eres la primera persona a la que traigo aquí. Si trajera a todas las chicas con las que he estado, éste sitio ya no sería especial para mi, porque estaría lleno de chicas buscando uno de mis codiciados besos.
Me mordí el labio tratando de contener una risotada.
-Eres todo un idiota.- dije, pero luego lo miré.- Un idiota muy dulce, debo destacar.
-¡Wow! La chica dura a disfrazado un insulto con un lindo comentario, me siento halagado.
Le pegué, como pude, en el brazo.
-No soy una chica dura.- dije algo molesta.- Tenías que arruinar el momento.
El pegó una risotada.
-Sabes que era una broma, vamos, no te enojes.
Fruncí el ceño y miré al cielo de nuevo, ignorándolo.
De repente, Ian estaba haciéndome cosquillas, yo me retorcía mientras gritaba y lloraba de risa.
-No me hagas reír cuando estoy enojada.- dije cuando Ian paró.
-¿Todavía estás enojada? Porque puedo seguir.- dijo con una sonrisa maliciosa.
Negué con la cabeza rápidamente.
-No, ya estoy bien.
El resto de la tarde, o lo que quedaba de ella, estuvimos acostados hablando de cosas sin importancia, riéndonos de cualquier tontería y haciéndonos bromas. Era demasiado fácil estar con él, no necesitaba fingir algo que no soy con el para que yo le gustara.
El sol comenzó a ocultarse e Ian tenía razón, aquí la puesta de sol era increíble, nunca en mi vida había visto algo tan hermoso como lo que estaba viendo en estos momentos.
El cielo tenía matices rojizos, naranjas y rosas. Todo era tan perfecto.
-Esto es perfecto.- dije.- Gracias por traerme aquí.
Tomé su mano y la apreté. Él la apretó de regreso.
Con ése simple toque, mi corazón comenzó a latir a mil por hora.
-¿En dónde trabajas?- le pregunté.
-Sonará muy soso, pero trabajo en una tienda de música en donde hay puros discos de vinilo.
Me levanté de golpe, con los ojos muy abiertos y lo miré.
-No inventes!- exclamé.
El sonrió y también se levantó.
-Lo digo enserio, y pesar que ya no hacen más tocadiscos, la tienda siempre se encuentra llena.
-¿Está en el pueblo?
El negó con la cabeza.
-En la ciudad.
Hice un mohín.
-Tienes un trabajo perfecto, debo decir. Me encanta la música, tanto, que soy de ésas raras que tienen un tocadiscos en su habitación. Pero es triste que esté en la ciudad.
-Tenemos una cosa en común, no tengo un tocadiscos, pero disfruto mucho de la música.- sonrió orgulloso.- En mis tiempos libres doy clases de guitarra en el garage de mi casa.- terminó, contando de casualidad.
-¿Sabes tocar la guitarra?- pregunté emocionada y algo escéptica.
Asintió.
-Wow, y aparte cantas...Un día deberías llevarme una serenata.-dije medio bromeando.
-Claro, cantaré Poison Heart.- dijo riéndose de su mal chiste*.
Puse los ojos en blanco y le pegué un golpecito en el hombro.
Él se tiró al suelo, haciendo una cara de dolor.
Me reí por el teatro que estaba montando. Ian se unió a mi y rápido nos dio un ataque de risa.
-Dios, mi estómago duele.- dije entre risas.
Ian, dejó de reír y miró hacia el cielo.
-Oscureció no sé desde cuando y todavía estamos aquí.- dijo algo preocupado.
-Oh, vamos. Confío en ti y todo éso. Relájate.
El se paró y me miró desde arriba, negando con la cabeza.
-Vamos, levántate.-dijo mientras extendía su mano hacia mí.
La tomé y él me ayudó a levantarme con facilidad.
Le di las gracias con la mirada.
Caminamos por el sendero en un sepulcral silencio, ambos mirábamos lados opuestos, yo miraba la Luna, que se veía mejor que nunca. Distraídamente miré a Ian y como no queriendo la cosa, lo empujé suavemente con mi hombro.
El me volteó a ver y sonrió.
-Vaya, no puedo tener 5 minutos de silencio contigo.- dijo con tono bromista.
Puse los ojos en blanco mientras cruzaba los brazos.
-Bueno, los silencios me resultan incómodos en la primera cita, así que..-comencé a decir pero Ian me interrumpió rápidamente.
-Perdón pero, ¿ésta fue una cita?
Y ahí mi trabajada autoestima cayó a los suelos, pero rápidamente la levanté. Malditos sean los hombres y su poca sutileza.
¿Qué clase de persona te lleva a "su lugar especial" a donde no a llevado a nadie, para ver la hermosa puesta de sol y luego decirte que éso no era una maldita cita?
Quería ahorcarlo. Oye, está bien, soy grosera y un poco masculina, pero soy una jodida chica, también tengo sentimientos y esto CLARAMENTE era una maldita cita.
-Perdón pero, ¿no fue una cita?-ataqué.
-No, yo pienso que no.
Lo sabía, era claramente una ci... Espera, ¿qué?
-¡Pensé que eras un lindo caballero, pero no eres mas que un sapo!- le grité mientras caminaba, casi trotaba siguiendo el sendero.
Una cosa si sabía, no me iría con él en su carro, o no, claro que no.
Llena de rabia lo dejé atrás mientras caminaba por la oscuridad, cuando algo se cruzó en mi camino y yo me tropecé con éso.
Chillé de dolor, pues algo se me había encajado en las rodillas, posiblemente una piedra o algo. Maldije el momento en donde decidí ponerme shorts, si me hubiera puesto pantalón la tela me hubiera protegido mas de los raspones, pero ya con shorts, no había nada que hacer.
Mis manos también dolían, al igual que mi mejilla, ya que me resbalé digno de película, hacia enfrente y con todo el cuerpo en el suelo. Posiblemente tendría un feo raspón en la mejilla y varios moretones en la quijada.
Quizá parecía un estúpido monstruo.
-Oh diablos.-masculló Ian

*Poison Heart habla sobre un corazón venenoso, ahí, Ian hace alusión a la forma de ser de Sienna.

-LizzieG

viernes, 27 de diciembre de 2013

Red Thread. Chapter VI

VI

Me quedé medio ida viendo cuerpo inerte de Luca enfrente de mi.
De no haber estado preocupada por el hecho de que se encontraba inconsciente ya me hubiera reído de él.
Cuando me recuperé de mi shock, me arrodillé a su lado e intente levantarlo, pero era un monstruo corpulento, no podía con él.
-Vamos pedazo de estiércol, levanta tu flojo trasero.- dije medio en burla, medio preocupada.
Al ver que no reaccionaba, el alcohol que estaba fluyendo por mis venas, rápidamente se desvaneció, haciéndome mas consciente.
Estrujé a Luca con todas las fuerzas que pude, pero no había respuesta, mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
Alan y Patrick intentaban ayudarme a despertarlo, al parecer a ellos también se les había quitado la borrachera, al igual que Suzie y Scout que estaban pálidas del susto.
Nadie hacia nada para ayudarnos, todos miraban ésto como si también fuera un jodido espectáculo. En mi vida había estado tan asustada, no sabía que le pasaba a mi hermano si estaba bien o no, ni siquiera había recibido cuidados médicos.
No me permití llorar, no, todavía no.
-¿Sienna, traes tu carro?- preguntó alguien a mis espaldas.
-¿Qué?- dije con una irreconocible voz, producto de un nudo en la garganta gracias al esfuerzo que estaba haciendo para no llorar.
Ian se paró enfrente de mí y repitió la pregunta.
Asentí con fuerzas y el, como pudo, paró a Luca y con la ayuda de Alan y Patrick, lo sacaron del bar casi arrastrando.
Fui por mi mochila, que estaba en los sillones e inmediatamente corrí detrás de ellos.
Al llegar a mi carro, abrí la puerta trasera y metieron a Luca como un cadáver.
Mi corazón no paraba de latir con fuerza.
Que no sea nada malo, por favor, que no sea nada malo.
Abrí la puerta del conductor y miré a los chicos con gratitud.
Ian se acercó a mi.
-Deja que te acompañe al hospital.
Necesitaba apoyo, y no estaba dispuesta a llamarle a mis papás hasta que no supiera que tenía Luca.
Asentí, me dispuse a manejar, pero sabía que no era prudente, aunque estaba muy asustada y al parecer se me había bajado la borrachera con el susto, no me sentía muy segura.
Le tendí las llaves a Ian y el comprendió al instante.


Hacía una hora que estábamos en la sala de espera del pequeño hospital de aquél pueblo, esperando que nos dieran noticias de mi hermano.
Me sentía tan débil, tan frágil, sentía que no era yo.
Mis ojos no soportaban mas el tener que estar con lágrimas, las cuales tenía que derramar, me dolían, al igual que el nudo en la garganta. Pero nada dolía mas como mi corazón, sentía que se quebraba, mientras mi mente me jugaba una mala pasada haciéndome pensar en cosas horribles acerca de Luca y la tardanza de las noticias.
Ian trataba de tranquilizarme.
-Las malas noticias vuelan rápido, Sienna. Ten paciencia, seguro tu novio está bien.
Casi pude reírme, pero en vez de éso, mi pecho dolió más.
-Es mi hermano.- dije luchando contra las lágrimas, por milésima vez en ésta hora y media.
-Lo siento mucho.- dijo.
El me miró a los ojos y suspiró.
-Debes llorar, llorar hace bien.- me dijo después de un rato.
Lo miré incrédula.
-¿Para que me tengas lástima? No gracias, estoy bien así.
El se rascó la cabeza e hizo una mueca con la boca.
-No te tendría lástima, con lo poco que te conozco se que eres una persona fuerte.- al ver mi expresión de "cállate la boca" suspiró.- ¿Quieres por lo menos un abrazo?
-No.
Miré el extraño cuadro que tenía plasmado una linda cascada, en donde había un lago y grandes superficies llenas de césped y flores silvestres, algo muy vivo para un hospital.
Me mordí el labio y abracé a Ian.
El pasó sus manos por mi espalda y masajeó en círculos, tratando de tranquilizarme.
-¿Familiares de Luca Dellepiane?
Casi empujé a Ian y corrí hacia donde estaba el doctor.
-Su hermana.- dije desesperada.
Juzgando por la expresión del doctor, el esperaba ver alguien mayor, pero suspiró y me miró con comprensión.
-Hicimos estudios de sangre y vimos que tenía una cantidad considerable de alcohol en sus venas, según hipótesis, su hermano se cayó y se golpeó la nuca, dejándolo inconsciente, además de un fuerte golpe en la cabeza.
-¿Pero está bien?- preguntó Ian robándome la pregunta.
El doctor sonrió.
-Sí. Lo hemos traído a la realidad ya está consciente.
-¿Lo puedo ver?- dije todavía mas desesperada.
-Claro.
Le di las gracias al doctor y corrí a la habitación de Luca.
Ian decidió darme privacidad y se quedó afuera.
Cuando abrí la puerta y miré a Luca acostado en ésa camilla, fue cuando me permití llorar.
No tenía la intención llorar tan escandalosamente, pero todo se fue a la borda cuando sollocé y Luca me miró.
-Oh, no no no, Sienna, ven acá.- me pidió con una voz ronca.
Me acerqué a él y lo miré.
Luca tomó mi mano y la apretó.
-Estoy bien.- dijo tranquilizándome.
-No sabes cuánto me asusté, Luca.- dijé sollozando.
-Estoy bien.-repitió.
Y ahí fue cuando toda mi furia interior salió a flote.
-¿ME DICES QUE ESTÁS BIEN CUANDO ESTAS EN UNA CAMA DE HOSPITAL CON GOLPES EN LA CABEZA POR SER UN MALDITO BORRACHO? ¡ME ASUSTÉ MUCHO, CON UNA JODIDA!- grité con todas mi fuerzas y luego me subí a la camilla para acostarme junto a él y lo abracé con fuerza.- No se que hubiera sido de mi si te hubiera perdido, por favor, no vuelvas a asustarme así.
El me despeinó y sonrió.
-No prometo nada, pero nunca dejaré a mi hermanita menor.
Sonreí.

Ésa misma noche dieron de alta a Luca, por lo que no hubo necesidad de hablarle a mis papás.
¿Para qué preocuparles si él ya se encontraba bien?
Luca se subió a mi carro y yo me quedé un rato con Ian.
No lo miré a los ojos.
-Gracias Ian, por todo.- dije algo apenada.
El sonrió y se encogió de hombros.
-No hay de qué, me alegro de haberte visto ya se me hacía que nunca te vería, pero las razones por las que estuvimos juntos no fue lo mejor.
Sonreí y le di un empujoncito.
-Sabes donde vivo.
-No soy así, soy buen chico.
Me reí.
-Enserio, algún día hay que salir sin que un hermano borracho lo impida.- dije señalando con el pulgar a Luca, que estaba atrás de mí, en mi carro.
-¿Qué te parece el sábado?
-¿Qué tienen los sábados? ¿No puede ser un martes o un Lunes?
El se rió.
-Trabajo por las tardes, pero si quieres, podríamos salir un martes después de que yo salga de trabajar.
-Depende de que horas salgas de trabajar.
-No trabajo en un stripclub, salgo a las 7.
Sonreí.
-Perfecto, pues el martes será.
-Me parece bien.- dijo y pasó una mano por su cabello.
-Nos vemos.- dije.
-Nos vemos.
Me subí al carro y me despedí de él con la mano.
-Te gusta.- dijo Luca.
-Cierra el pico, apenas lo conozco.
-Es Ian, ¿no?
-Cierra el pico, no te metas.- dije mientras me concentraba en ver el camino, no quería chocar ni nada.
Luca se rió.
-Claro que te gusta.
Negué con la cabeza.
Seguí ignorando los comentarios de Luca el resto del camino a casa.
Era ridículo, no me gustaba Ian. Debía admitir que era apuesto y agradable, una combinación muy extraña ya que los chicos guapos generalmente eran unos arrogantes y egoístas.
Comencé a pensar en la hermosa canción que había cantado, cuando caí en cuenta de algo:
¡Había hecho una escenita borracha, cantando una estúpida canción, enfrente de Ian!
Quise desaparecer.
Llegamos a casa, estacioné la chatarra que tenía de carro en el garaje y me percaté de que el pickup de Luca estaba ahí.
Mierda.
Miré a Luca, desesperada.
-Ya inventaremos algo.- dijo con toda la calma del mundo.
Se bajó del carro y caminó hacia la puerta para entrar a la casa que estaba en el garaje, mientras yo me quedaba ahí, en el asiento tratando de encontrar alguna excusa.
Suspiré, le pegué al volante, resignándome y bajé.
Cuando entré a casa, Alan y los chicos se encontraban junto a Luca. Mamá negó con la cabeza y papá frunció los labios cuando me miraron.
Scout me miró y corrió hacia mis brazos, abrazándome.
-Temí lo peor, yo creí que...- y comenzó a sollozar.
Yo le froté la espalda.
-Shh, el idiota está bien, todo ya pasó. Gracias por traer el carro de Luca.- le murmuré al oído, al parecer éso le tranquilizó que dejó de abrazarme y me sonrió, mientras secaba sus lágrimas.
Tanto los ojos de Scout como los de Suzie estaban rojos de tanto llorar, no podía imaginar mi aspecto.
Miré a Patrick y Alan que estaban mirándome. Fui hacia ellos y los abracé al mismo tiempo poniendo un brazo en sus cuellos.
-Gracias, chicos.- les dije bajito.
Alan me besó la mejilla y Patrick, dejando atrás su onda medio emo, me abrazó mas fuerte.
Suzie estaba con Luca en el sillón. Me pareció una linda escena, por lo que decidí no interrumpir y fui con mis padres, que estaban en la cocina, esperándome.
Papá fue el primero que habló.
-Tocaron a la puerta ésas jovencitas hechas un mar de lágrimas preguntando por ustedes, a los minutos, llegaron ésos muchachos con el pickup de Luca. No entendía que sucedía hasta que Suzie nos contó lo que pasó. No sabes lo...-dijo, pero mamá lo interrumpió con voz severa.
-No sabes lo que pasamos al saber que Luca estaba inconsciente quién sabe en donde, contigo y un chico que apenas conoces. ¿No pudiste haber llamado? Es una gran irresponsabilidad de tu parte, Sienna.
Me mordí el labio, quería realmente contestar, pero sabía que ellos no habían terminado. No quería meterme en mas problemas.
-Nos has decepcionado, Sienna.- dijo papá.
Bajé la cabeza intentando ocultar las lágrimas que se habían escapado de mis ojos inconscientemente, papá casi nunca me llamaba por mi nombre, siempre era Principessa, cariño, o algo así. Lo que más me dolió fué ese "Nos has decepcionado, Sienna" en tono lastimero.
No hay peor cosa que éso.
-Pero él está bien.- susurré, todavía mirando al suelo.
-¿Y si no lo hubiera estado?- dijo mamá.
Era mi turno para hablar. Limpié mis lágrimas con rudeza y miré a los ojos a mamá.
-Ni siquiera me preguntan mi versión de lo sucedido, sacan sus propias conclusiones y al final termino cargando toda la culpa, como siempre. Estoy cansada de esto, muy cansada. Y si los he decepcionado por el hecho de preocuparme de mi hermano en vez de llamarlos a ustedes para decirles lo sucedido, pues lo siento mucho,pero las cosas son como son, ya no puedo regresar el maldito tiempo.
Di media vuelta y caminé hacia la sala en donde estaban los chicos.
Suzie se dio cuenta de mi estado y me sonrió tiernamente, de ésas que dicen "todo estará bien".
Los chicos se quedaron un pequeño rato, pero al final tuvieron que irse, dejándonos solos.
Yo suspiré y fui a las escaleras.
-No fue tu culpa.- dijo Luca, siguiéndome.
Volteé a verlo poniendo los ojos en blanco.
-Córtala, ¿sí?
-No, Sienna. No hagas caso de lo que digan nuestros papás, no es fue tu culpa. Yo me embriagué y por idiota me pasó éso, tu no tienes que cargar con toda ésta mierda.
Negué con la cabeza y subí las escaleras, dejando a Luca hablando solo.
Cuando estuve bajo la protección de mi cuarto, me acosté boca abajo.
Sin quitarme ni siquiera los zapatos, quedé sumergida en un profundo sueño, en donde el protagonista era Ian.

-LizzieG.

Pd. ¡Feliz Navidad!