Broken Dolls. Capítulo 20.
--Todo va a estar bien—Grita Chris sobre el sonido de los
helicópteros.
Incluso aunque le fuera a creer, su bonito diálogo muere en cinco segundos,
cuando escuchamos una explosión muy cerca. Muy
cerca.
El helicóptero de volteretas en el
aire, y en el proceso mi cabeza pega contra el vidrio. Las personas gritan, y
cuando vuelvo a mirar arriba, el cristal está lleno de sangre que se corre
hacia abajo.
Nos han disparado. A nosotros. El helicóptero
sigue dando vueltas y me estrello contra Chris, quien grita de dolor. Intento
separarme, pero no puedo. Cuando miro hacia la ventana, debajo de nosotros hay
sólo pasto verde. Ningún testigo de lo que ocurre. Es perfecto. Para ellos,
claro: Nos eliminarían sin un escándalo.
Holly
está muerta.
Y creo que ahora vamos a morir nosotros. Lo sé cuando caemos en picado, como
una de esas caricaturas que se quedan congeladas en el aire unos segundos antes
de desplomarse. Esos somos nosotros. O al menos, así lo sentí.
Holly
está muerta.
Es lo último que pienso.
ﮪ
Para este entonces, ya han entendido que darme un sedante no es necesario. No
me muevo. No hablo. No como. No hago nada excepto mirar las paredes blancas. Se
parecen mucho a las de la clínica donde mis padres me encerraron para
deshacerse de mí. Mis tíos. Se siente
mucho como eso.
Supongo que lo que está destinado a
ser siempre encontrará su manera de vuelta, al final.
Está este enfermero/carcelero/persona
que viene a checarme de vez en cuando. Revisa mis heridas, me da medicina,
inyecta mi cuerpo. Pero puedo ver algo más en sus ojos, algo que no pude
descifrar hasta que un día deslizó un cabello que estaba en mi cara detrás de
mi oreja.
Sí, buena suerte, amigo.
--¿Dónde están mis amigos?
Parece sorprendido al escuchar mi voz por primera vez en… Bueno, no lo sé. El
tiempo se ha convertido en una mancha borrosa. No estoy segura de cuánto tiempo
he estado aquí.
--No tengo información sobre eso—Dice.
Él es un poco mayor que Nate, con pelo castaño y hoyuelos, pero a estas
alturas, no podría importare menos. Cruzo mis piernas sobre la cama, unos de
los pocos objetos en la habitación y lo miro.
--¿Quién sí?
--El jefe.
Por supuesto que sí.
Después de eso, vuelvo: Me tumbo, mirando a la nada hasta que mis respiraciones
se hacen más lentas y me caigo dormida. Esto es lo que ha pasado cada vez desde
que ellos nos encontraron, salvaron y luego encarcelaron. ¿Qué más podría esperar
de John? Su hija está muerta, su sobrino un traidor, y yo… Bueno, no soy mucho
mejor.
ﮪ
El
día siguiente, le pregunto lo mismo, y cuando no me da una respuesta vuelvo a
cerrar la boca y a mirar a la nada.
--¿Qué has hecho, de cualquier manera?
No desvío mi vista de la pared, hasta que veo de reojo el espejo y mis ojos
viajan hacia ahí antes de que pueda evitarlo.
Ella ya no me sonríe. Tal vez se ha
dado cuenta de que hay algo mal pasando. No estoy segura si ella se da cuenta
de cosas en absoluto, pero esta vez, de alguna manera es diferente. Ella baja
de la cama rígida y diminuta, y camina hacia mí, pero sólo llega al borde de su
lado del espejo, naturalmente. Pone las manos en el frío vidrio y apunta al
enfermero.
--¿Qué?—Susurro.
--¿Disculpa?
Enfermero/algo/algo me mira fijamente, y yo sacudo la cabeza. Cuando miro de
vuelta a la chica en el espejo, está acostada en la cama, no mirándome en
absoluto.
Mírame. Pienso.
Por favor mírame.
Aún puedo recordar los días en donde
sólo quería llegar al anochecer sin verla. La ignoraba. Y ahora ella me está
ignorando a mí.
--¡Maldita sea, mírame! ¡Dime!—Salto de la cama para enfrentarme
al espejo, pero el chico me toma del estómago y me devuelve a la cama. Pataleo,
pero al final saca una jeringa, inyecta, y…
El mundo se apaga. Muy lentamente…
En el espejo, ella ha desaparecido, y me veo a mí misma siendo llevada por el
sueño.
ﮪ
Con el paso de los días, me descontrolo: Salgo del agujero en el que estaba, y
el vacío se convierte en furia y frustración. Ataco al enfermero un par de
veces cuando toca mi pelo o intenta tener una conversación conmigo, veces en
las que termino siendo tomada y ahogada en la inconsciencia. Le pregunto muchas
veces dónde están mis amigos, pero me repite que no sé. Pero debe de saber. Alguien tiene que saber.
Me pregunto si atraparon a Olivia
también por mi culpa. Me hace sentir tan culpable, y eso me hace sentir más
enojada por alguna razón. Soy una olla de agua hirviendo a punto de explotar. A
punto de quemar a todos.
Y todo este tiempo, Ella ha estado mirándome a través del
espejo, queriéndome decir algo, lo sé, sólo que no sé qué es esa cosa. Cuando
el enfermero me deja sola, me miro en el espejo y espero que ella me diga algo,
pero parece estar tan enojada como yo. A veces desaparece, dejándome sola.
Pero esta vez, aparece frente a mí, con
su cabello enmarañado de tanto pelear y más delgada que la última vez que la
vi. Me pregunto cómo puede sostenerse a sí misma.
--Tiene un Taser—Me suelta, poniendo las manos en el vidrio.
--¿Un qué?—Vagamente, me suena familiar, pero no sé…
--¡Un arma de electroshock! Supongo que tiene que usarla para cuando te
pongas violenta, pero debido a que por alguna razón bates tus pestañas y es
todo, prefiere no usarla en ti.
--¿Y eso qué tiene que ver?
--¡Idiota! ¡Consíguelo y noquéalo! ¡Encuentra tu camino hacia Chris y
Nate!
--Pero no sé dónde están…
--Entonces tendrás que averiguarlo, ¿No, cariño?—Su tono afilado
me perfora. Bruja.
Mi respiración se convierte pesada, y
ella me mira como si no creyera que pudiera lidiar conmigo.
--¿Por qué ayudarme, si siempre has sido una bruja conmigo?
--Tú me has traído.
--¡Yo no te he traído nada! ¡Has estado aquí desde siempre!
--Fuiste tú, todas esas veces. Tú me hiciste.
Y luego no está.
Mis ojos abiertos de par en par y mi pecho que sube y baja es mi pista de que
se ha ido. Me quedo viéndome en el espejo unos segundos hasta que la puerta de
mi cárcel/habitación se abre, y el enfermero/persona entra, sonriéndome como si
esperara que hoy de hecho no lo golpease.
--No has comido tu comida—Dice, señalando a la bandeja en la
cama.
--¿Por qué no me han matado ya? ¿Por qué estoy aquí?
--Sigues haciendo las preguntas al hombre equivocado, cielo. Sólo estoy
aquí para asistirte.
Quiero decirle que se vaya al diablo,
pero miro al espejo, y ella está de vuelta observándome críticamente.
--Hazlo—Susurra, pero no es necesario que lo haga: Nadie puede
oírla. Nadie ha podido hacerlo durante mucho tiempo. Tal vez es por su
existencia por lo que ellos decidieron que yo era una psicópata. Tal vez es
porque hablé de ella.
Miro de nuevo al chico y le sonrío un
poco, sentándome en la cama y tomando la comida “de hospital”.
--Mira quién está comiendo. Me preocupaste por un tiempo. Es mejor que
cooperes, de esta manera.
Podría decirle en dónde se puede meter su colaboración, pero me lo callo de
igual manera.
--¿Crees que estaré bien?
El colchón se hunde bajo su peso cuando se sienta y estira una mano para tocar
mi mejilla. Las yemas de sus dedos viajan hasta mis labios y su pulgar hace
pequeños círculos en ellos. Y como ella dijo, levanto mi mirada para
encontrarme con la suya y muevo mis pestañas. Él respira profundo y yo me
acerco a él. Puedo sentir su aliento en mi cuello y yo puedo oler su fragancia
a algo que parece ser menta. Luego nos estamos besando: Me tumba en la cama y
se pone encima de mí. Lo dejo toquetearme un poco, y hago lo mismo alrededor de
su espalda antes de volver a su cintura, donde el Taser está. Sus labios están
en mi cuello cuando lo arranco de su lugar de seguridad en su cinto y lo
enciendo, pegándolo a su nuca. Jadea
unos segundos antes de desmayarse sobre mí.
Lo tiro al suelo y salto de la cama, tomando las llaves de él también.
--Bien hecho—Dice ella desde el espejo—Ahora sácanos de
aquí.
--Agradezco tu ayuda—Murmuro—Pero después de esto no
descansaré hasta hacerte desaparecer.
Voy hacia la puerta sin esperar ninguna
respuesta de ella. Aprieto fuerte el arma contra mi mano y tomo un gran
respiro. Abro la puerta y salgo en puntillas. Puedo ver a un guardia al final
del pasillo, pero no mi escucha venir: No estoy segura de pesar lo suficiente
como para hacer ruido. Estoy más o menos arruinada.
Sólo se voltea cuando el sonido del Taser hace eco en el pasillo, pero para él
ya es demasiado tarde. Cae al suelo con un solo golpe seco, como si tirara un
saco de papas. O varios. Espero por el sonido de pisadas, por si alguien oyó y
vine a ver qué pasa, pero al no oír nada le quito la pistola y guardo el Taser
en mi escote.
Es cuando veo las cámaras. Una luz roja
en ellas parpadea y segundos después, una alarma suena.
Atrapada.
Corro esta vez, pero no llego muy lejos
antes de que me encuentre con tíos malos dispuestos a sacarme los sesos. Pero algo
ha cambiado en mí. No estoy segura de cuándo empezó, pero no estoy segura
tampoco si me importa. Hay una parte de mí que ha sido reemplazada por otra,
porque antes nunca hubiera podido dispararle a alguien en mi vida. Pero ahora
lo hago. Les disparo a todos ellos, intentando no darle al pecho o cabeza para
no matarlos y hacerme sentir mejor conmigo misma, pero en los lugares adecuados
en los que me dejarán en paz. Soy un asco con esto de la puntería, así que
gasto todas mis balas y tiro esa pistola al suelo. Tomo otras dos de los tipos
malos y sigo mi camino, trotando por el pasillo.
Disparo a muchas personas, y uno de
ellos me dispara a mí en el brazo. No ha ido muy profundo, pero duele como el
maldito infierno. Grito un poco, porque estoy furiosa, y eso me hace disparar
un poco más hasta que pego contra unas puertas. Intentan hablar conmigo, hacer
que me rinda, pero desisto. Luego les disparo en un lugar en el que sé que no
van a sobrevivir. Me he dado cuenta de que no soy tan mala con esto de
disparar, pero necesito otras dos pistolas desde que no tengo idea cómo
recargar una y espero nunca tener que saberlo a partir de ahora. Es un bonito
pensamiento. Improbable, sí, pero hermoso de cualquier manera.
No sé de dónde he sacado esto. Tal vez
fue ella. Tal vez es porque vive en mí. Tal vez es lo que, al final del día,
me asusta más. Pero hoy, lo tomo. Lo uso. Así que los cuerpos caen uno contra
otro, y yo estoy perdiendo sangre aunque aun así no está en mis planes inmediatos
rendirme.
Luego las veo: Las puertas con su
nombre en él. Abro las puertas estrepitosamente y respiro pesadamente como si
fuera la primera vez en mucho tiempo con mi cabeza dentro del agua. Alzo ambas
armas, aunque mi brazo herido no puede tomar mucho el peso y baja la altura,
sólo un poco.
John me mira como si nunca me hubiera
visto antes. Sorprendido, furioso, incrédulo. A su lado, su hermana Lucy, la
madre de Chris, me mira con el ceño fruncido y unas mejillas rojas como si
hubiera estado en una discusión acalorada.
--¿Me han extrañado?—No me contestan, y yo señalo a las sillas
enfrente del escritorio de la oficina de John—Siéntense.
--No hagas algo de lo que se arrepentirá toda su vida, señorita Hastings—Me
dice él fríamente, sentándose lentamente. Lucy le sigue. No quiero matarla,
pero no sé en qué lado está y prefiero apuntar un arma a ella que ella a mí.
--Creo que ya he pasado esa línea antes y estoy simplemente bien. Maravillosa.
Ahora, ¿Dónde están mis amigos? ¿Dónde están Chris y Nate, Lauren y Angelo?
Lucy me mira, asombrada al escuchar el
nombre de Nate.
--Si, ya lo sé. Y por mucho que te odio por alejarlo de mí y te amo por
haberlo salvado, no quitaré esta arma de tu cabeza. Quiero saber dónde están.
--Ellos recibirán el castigo justo—Interrumpe John—Lauren y
Angelo serán eliminados, justo igual que tú. Pero no tienes que preocuparte;
dejaré que tu hermano se vaya a casa, ese pobre chico, teniendo que lidiar con
basura como tú. No sé en qué estaba pensando cuando pensé que podías hacer
esto. No tienes que preocuparte por Chris, de cualquier manera. Él recibirá su
merecido en una bonita y privada prisión en algún lugar remoto en la tierra
donde nunca podrás encontrarlo. Debiste decir adiós antes.
Disparo su pierna. Llámame inmadura,
pero para lo que me importa al final. Él chilla de dolor y me grita obscenidades.
--¡Tú no vas a hacerle nada a mi bebé!—Le grita Lucy--¡No
lo permitiré!
--No te preocupes, querida: Tú irás con él—Sisea.
Lucy se levanta y yo ajusto mi arma a ella, pero no parece darse cuenta. Le da
un bofetadón a su hermano que hace que mis costados tiemblen. Auch, chico.
--Tú no mereces este puesto—Le murmura—Nunca has merecido
nada de esto. Debí haberte enfrentado hace mucho tiempo, y siento que haya sido
hasta ahora cuando puedo verlo. Ahora dime, ¿Dónde tienes a mi hijo?
Espera un segundo. ¿Entonces ella
tampoco sabe?
--No.
Ello lo golpea de nuevo, y yo no tengo más que bajar la pistola que la apunta.
Mi brazo herido me da las gracias.
--¡Dime!
--No.
Lucy me mira.
--Fallon, dulzura, ¿te importa?
--En absoluto—Le paso mi pistola extra y ella apunta a la cien de
John.
--¿Qué tal ahora?
--No lo harías. Soy el único que sabe dónde están. Nunca los encontrarás
sin mí. Yo no te diré.
--No a la primera, no—Concuerda—Pero me has enseñado
muchas cosas durante los años, Johnny. Como
el fino arte de la tortura. Y es hora de ponerlo en práctica, ¿No crees?
Cuando veo el destello de temor en los
ojos del padre de Holly, sé que ahora sí esta es una línea que no he cruzado, y
que si lo hiciera estuviera completa y definitivamente arruinada por el resto
de toda mi vida.
Así que aparto los ojos.
--No morirás—Susurra Lucy—Es muy fácil. No, vas a vivir.
Vas a vivir sintiendo dolor, todos los días, pensando que pudieras estar tan
cerca de Holly… tan cerca… Pero no lo estarás. Nunca estarás con ella, John.
Y creo que, cuando vuelvo la mirada,
esto para él es peor que el dolor de la tortura física. Es el emocional. Es
haber perdido a su hija una y otra vez todos los días, sabiendo que está muy
cerca de que se termine, pero aun así… Nunca ahí. Debe matarlo. Debe hacer que
su respiración se corte.
--Pero si me dices…
--En veinte minutos—Dice, rompiéndose—En veinte minutos un
avión los llevará a todos a una prisión en Austria, en el medio de la nada,
bajo tierra. Nunca nadie los va a encontrar. Excepto Nate. Nate está en una de
las celdas, en el cuarto piso.
Lucy y yo intercambiamos miradas.
--Ve por tu hermano—Dice—Yo iré por los demás.
--Confío en ti, pero no tanto.
Resopla, la adrenalina corriendo por su cuerpo.
--Bien. Pasamos por tu hermano realmente rápido, luego vamos al avión—Toma
a su hermano de la corbata y lo arrastra fuera de la silla. No puede sostenerse
debido a la bala en su pierna—Tú. Tú vas a llamar a todos tus pequeños
soldados y les vas a decir que retrocedan, ¿De acuerdo? Vas a venir con
nosotras. Y tú, Fallon. Tenemos que empezar a movernos si queremos salvar a tus
seres queridos antes de que ese avión despegue o antes de que tú te desangres a
morir. ¡Ahora!
-Sthep Stronger.